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1780 Palabras
En ese momento Gin ya no podía escuchar ni ver nada, todo lo que estaba pasando a su alrededor definitivamente desapareció para ella.  Pensó que moriría, que nunca se graduaría y nunca podría ser verdaderamente feliz con sus propias elecciones de vida.  Realmente pensó que ese sería su fin.  Pero a su alrededor, las personas seguían moviéndose, gritando y corriendo.  La policía se abalanzó sobre los protestantes, algunos salieron corriendo y lograron escapar mientras que unos fueron capturados.  Un guardia de seguridad tiró a Gin al suelo antes de casi arrastrarla nuevamente hasta el interior del edificio donde estaba siendo llevado a cabo el evento.  El cuerpo de Gin no paraba de frenar, aun no estaba consciente de lo que acababa de pasar.  La policía terminó deteniendo también al sujeto que la había apuntado con un arma, al sujeto que había atentado contra su vida frente a todo el público.  No había forma de calmar a las personas que se habían quedado al aire libre, todo el evento se había arruinado.  Los guardias rodeaban a los tres miembros de la familia Brown, protegiéndolos de cualquier mal hasta que lograron ponerlos a salvo.  El lugar donde estarían a salvo resultó ser su propio auto, que los dirigió hacia su hogar.  Durante todo ese trayecto, Alisa y Jayden trataban de comunicarse con su hija, estaban intentando hacer que ella hablara, que dijera que se encontraba bien.  Pero no había respuesta de esa chica.  Gin se abrazaba a sí misma, sudando y viendo la imagen de aquella pistola apuntando directo a su cabeza.  Caminó casi inconsciente hasta su habitación y ahí se tiró a su cama, sintiendo la seguridad de esta. Sus padres aun le preguntaban cosas, pero terminaron abandonando el lugar después de darse por vencidos.  Ella no hablaría, ella no quería estar en contacto con ellos.  Luego de estar completamente sola, Gin dejó que las lágrimas salieran de sus ojos y se acurrucó a su almohada.  Lloró como si hubiese sido a volver solo una niña, que se había perdido y estaba esperando por ser rescatada en un día lluvioso.  Sentía su cuerpo cansado y no supo en qué momento se quedó dormida, seguramente a causa de la pastilla que su madre le había obligado a tomar mientras ella apenas podía mantenerse de pie.  Estaba jodidamente rota, y lo peor de todo, es que también estaba jodidamente sola.  Jayden no paraba de recibir llamadas, todos los medios querían escuchar su versión de los hechos. Todos querían saber cómo era que habían dejado que toda esa gente se filtrara en el evento, como era posible que un arma se haya metido y por qué su hija era el objetivo.   Eran la familia más famosa del momento, y no por una buena razón.  Habían gastado millones en censurar cualquier articulo periodístico que hablara sobre los hechos, todos debían fingir que el evento había terminado antes por algún problema de salud de Gin, nadie podía enterarse de nada.  Aunque sea así mantendrían calmos al resto de la población. Era algo tan inútil, pero les daría tiempo para resolver la mayoría de los problemas.  - ¡Quedamos como idiotas! - exclamó Jayden. - Ni siquiera pudimos evitar que esos sucios protestantes se metieran en el lugar. - negó con la cabeza. - ¿Cómo es que un hombre armado se infiltró entre los periodistas?  Ya había llegado al hogar todo su equipo de abogados, asistentes y trabajadores, todos estaban ahí intentando tapar todos los errores que podían afectar la campaña de los Brown, todos estaban buscando solucionar los problemas antes de que llegara a los medios y de que el tema del ataque a Gin Brown estuviera en boca de todos. A pesar de claro, la cantidad de dinero que habían gastado, nunca estaba asegurado que ellos cerraran sus bocas por mucho tiempo.  -Díganme algo interesante. - dijo Alisa, sentándose en la punta de la mesa.  -Los protestantes fueron en su mayoría, atrapados. - informó uno de los secretarios.  - ¿En su mayoría? - Jayden elevó el sonido de su voz.  -Algunos fueron demasiado rápidos, se escabulleron por los callejones. -Malditas cucarachas. - dijo entre dientes Alisa, vaciando su copa de vino. - Debemos encontrar a cada uno de los protestantes y hacer que nunca más puedan trabajar en ningún lugar. Así recordaran lo que es meterse con un Brown. - sentenció. - ¿Qué es lo que dice la junta? - preguntó ahora el señor Brown.  Uno de los secretarios, nerviosamente paso unos papeles hacia los políticos.  -Pasaran las elecciones un mes, el desafortunado suceso y la casi tragedia que pudo haberle pasado a la joven Brown fue suficiente para que decidieran pasar el día de las votaciones. - habló fuerte y claro.  La señora Brown soltó un suspiro.  -Tenemos un mes para volver a pararnos y sacar adelante esta vergüenza que mancha nuestro nombre. -Pónganse a trabajar, necesito nombres y necesito que averigüen todo sobre los que están detenidos. - dijo Jayden. - No olviden que su trabajo aquí también está en juego. -Sí, señor. - respondieron todos a la vez.  Esa noche, nadie en la residencia durmió.  (...)  Joshua se paseaba de lado a lado nerviosamente, mordía su uña sin saber qué hacer.  Quería arrancarse el cabello y simplemente caer desmayado en ese lugar.  Estaba fuera de la comisaria, esperando alguna noticia sobre Mattew.  Joshua afortunadamente fue de los que la policía no pudo atrapar, pero Mattew, no corrió con tanta suerte.  Joshua sabía que en esos momentos tenía que llamar al padre de Mattew, un excelente fiscal que los ayudarían a salir de esa situación. El famoso fiscal había bajado de su auto hace alrededor de tres horas, adentrándose en la comisaria, pero todavía no había ninguna noticia.  Joshua sabía que estaba jodido, que ambos estaban jodidos.  La protesta se había salido completamente de control cuando aquel lunático había sacado el arma. Por culpa de esa persona eran todos sospechosos.  Ese hombre, el portador del arma, era un desconocido para ellos y ponía una mano en el corazón cuando afirmaba que no tenían nada que ver.  Pero eso no era lo que la policía creía, los Brown querían a todos presos, no iban a perdonar tan fácilmente aquel acto en su contra.  Joshua había usado un cubre bocas, sabía que nadie lo había reconocido.  Había perdido casi un pulmón corriendo lejos de la situación, nadie sabía que él había estado en ese lugar.  Excepto una persona.  Estaba cien por ciento seguro de que Gin Brown lo había visto a los ojos y lo había reconocido, está bien que la pobre chica estaba teniendo un momento difícil leyendo aquel discurso que habían escrito para ella.  Pero no había forma en la que Gin no se hubiera dado cuenta de que Joshua estaba ahí.  No sabía qué hacer, eso lo estaba dejando calvo.  Si la gente se enteraba, no… Si los Brown se enteraban de que él había estado ahí, comenzarían a robarle información y terminarían llegando a Kate.  Era la única persona que le importaba, debía asegurar la seguridad de su hermano menor por sobre todas las cosas.  No dejaría que nadie se lo arrebatara, si alguien se atrevía a tocarle un pelo, él no sabía que era capaz de hacer.  Luego de esperar algunos minutos más lleno de miedo y de tensión, vio como Mattew salía de la comisaria acompañado de su padre.  Joshua soltó un suspiro después de extensas horas.  Ahí estaba su amigo, sano y salvo.  -Casi me matas del susto. - le dijo una vez que estaba frente a él.  El padre de Mattew asintió con la cabeza. -Espero en el auto. - señaló y desapareció, dejándolos solos.  Mattew observó a todos lados por la calle y tomó a Joshua, escondiéndose detrás de un buzón.  Joshua frunció el ceño, definitivamente Mattew había perdido el ultimo tornillo de su cabeza.  - ¿Que sucede?  -Joshua, por favor. ¿Qué demonios haces aquí?  Joshua estaba más confundido.  -Necesitaba saber que iba a pasar contigo, llamé a tu padre para…- pero fue detenido por su amigo.  -Hermano, la policía tiene todos mis datos. - exclamó. - ¿A dónde piensas que van a terminar? ¡En las manos de los Brown! Ellos querrán saber nombre y apellido de todos los protestantes, no puedo simplemente arriesgarte de esta forma. - tragó saliva.  Joshua llevó sus manos a su entrecejo, arrepintiéndose cada vez mas de haber ido al evento de cierre de campaña. Pero eso habría sido un acto muy cobarde de su parte. -No te soltare la mano ahora Mattew, si tu estas en problema… los dos estamos en problemas. - señaló, empezamos esto por el bien de la sociedad y porqué queremos desenmascarar a los Brown. Si ante el primer problema piensas que te dejare solo, estas equivocado. - se defendió, poniéndose derecho.  -Soy un don nadie, Joshua. No tengo nada que proteger. - alzó sus manos. - Tú tienes a Kate, tienes tu puesto de becado en la mejor universidad de becados. No quiero que nada malo te pase por este pequeño tonto sueño que tenemos, por este intento de ser héroes. - frunció los labios. - Necesito cuidarte, a ti y al enano.  Joshua sonrió y abrazó a su amigo, pegándolo a su cuerpo.  Podía ver el miedo en la mirada de Mattew, podía ver que estaba aterrado por la idea de que alguien sufra por su culpa.  Pero Joshua no dejaría que nada de eso ocurriera.  Todo iba a estar completamente bien mientras que mantuviera su identidad en secreto.  Y para hacer eso debía encargarse de que Gin no dijera nada.  Esa sería la parte más difícil, no iba a poder simplemente meterse bajo la piel de Gin. Su piel aún se erizaba ante la sola idea de ella recibiendo una bala.  Se había sentido tan estúpido y patético por no haber podido defenderla adecuadamente.  ¿Por qué no se había dado cuenta lo sospechoso de ese sujeto?  Sintió su corazón dejar de palpitar por un microsegundo al estar presente en esa situación, no se quería imaginar como debía estar ella.  Y sus manos hormigueaban de solo pensar que Gin necesitaba compañía, que necesitaba alguien que le dé un simple abrazo.  Pero los Brown habían comprado a todos los periodistas para que ninguna noticia sobre el intento de asesinado sea publicada, lo que significaba que solo los protestantes, los políticos de primera línea y ellos sabían sobre lo que había pasado.  Y Joshua seria juzgado como un protestante en cuanto pusiera un pie en la residencia de los Brown.  No podía verla por ahora, pero necesitaba saber que se encontraba bien.  Era tan hipócrita… Era una basura. 
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