El día de Gin empezó temprano, demasiado temprano.
Ni siquiera era de día cuando la mandaron a alistarse.
El traje lo habían pensado por semanas junto con diseñadoras de todo el mundo, cada pieza de su vestuario había sido pensado por mentes brillantes para que ella se viera amigable, confiable y respetable al mismo tiempo sin dejar de ser una chica de veinte años.
El final de campaña había llegado, era el día tan esperado por todos.
El día en el que sus padres sabrían si aún contaban con el voto del publico después de todo.
Gin sabía que si algo salía mal ella iba a ser la primera a la que culpen, por lo que los nervios ni la dejaron dormir.
El lugar en el que sería llevado a cabo el evento de cierre de campaña estaba perfectamente decorado, todo estaba en su correcto lugar.
Las sillas para los funcionarios más importantes, el espacio para los periodistas y la gente que se quedaría parada detrás de todos ellos.
El escenario era alto, para que sus padres puedan dar el discurso final que lograría convencer a todos los presentes de que ellos debían seguir al poder, de que estaban haciendo un perfecto trabajo.
Gin no estaba haciendo la gran cosa en realidad, solo debía quedarse quieta y sonreír para las cámaras, como si de verdad la pusiera feliz la idea de apoyar a sus padres.
Pero sabía que no debía estar en otro lugar, no después de haber armado nuevamente un escándalo en el bar, donde se había quitado de encima a aquellas malas amigas.
Obvio que los Brown se habían enterado de eso, se había dado cuenta cuando su madre le lanzo aquella fría mirada y lo acompaño con un ¨después hablaremos¨ cuando bajaron del auto que los llevo hasta el lugar.
También era algo obvio que los medios se tirarían sobre ella para preguntarle estupideces, como lo hacían en cada uno de sus eventos.
A la gente le importaba más como iba vestida que cuales eran sus ideas, o que propósitos tenia para ese evento. Solían verla únicamente como un tierno accesorio que debía lucir bonito y correcto, porque si no aparecería nuevamente en todas las portadas de revistas por idioteces como las que inventaban.
Los guardias de seguridad le liberaron el paso hasta que llegó al interior de aquel edificio, donde su maquillaje fue nuevamente retocado.
- ¿Algo que informar? ¿Algo que esta fuera de control? - cuestionó su padre mientras que su asistente se quedaba varios pasos detrás de él.
-No señor. - negó. - La seguridad está rodeando el lugar, cualquier persona que intente algo, no lograra escapar. - informó con su porte bien derecho y conteniendo el aliento.
-Perfecto. - susurró Jayden. - Te despediré si algo sale mal hoy. - amenazó.
Gin pudo ver como aquel empleado tragaba en seco y asentía para desaparecer nuevamente.
La chica negó con la cabeza, sus padres habían tenido una decena de empleados, siempre terminaban perdiendo el trabajo por pequeños errores que asumían por culpa de los Brown.
Gin sentía tanta lastima por la gente que tenía que trabajar con sus padres.
La puerta volvió a abrirse y Riley entró con tres ramos de flores.
Gin alzó una ceja, dándose vuelta de la silla y poniéndose de pie.
- ¿Qué haces aquí? - cuestionó.
- ¡Gin! ¡Tus modales! - le dijo Alisa. - Saluda como corresponde a Riley.
Gin soltó aire y se acercó a su novio.
-Riley, es un gusto verte. - mintió, y seguramente Riley era consciente de eso, pero de igual forma, planto un rápido beso sobre sus labios.
- ¿Cómo podía faltar a una fecha tan importante para ti? - sonrió. - Los Brown siempre contaran con el apoyo de los Hall. - dijo su propio apellido. - Les traje flores para ustedes también, Señores Brown. - aquel papel de príncipe de cuentos de hadas, tan correcto, tan bueno… Gin no se lo creía y no creía que sus padres fueran tan tontos como para creerle.
De igual forma, el apoyo de una familia tan importante como la de los Hall, siempre era bienvenido.
Es por eso que Alisa sonrió.
-Oh, siempre tan dulce Riley. - dijo. - Puedes dejarlo junto a los otros. - señalo el lugar de la habitación que estaba lleno de diferentes regalos para la familia, felicitaciones de marcas y buenos deseos de sus compatriotas.
-Gin espera, sostén el ramo y ve a sacarte unas fotos junto con él. Eso detendrá el rumor que están teniendo problemas en la relación. - antes de que Gin pueda decir algo más, las miradas de sus padres estaban sobre ella, ejerciendo presión.
Gin no tuvo más opción que tomar el brazo de Riley y salir frente a las cámaras.
Los periodistas comenzaron a impactarlos con sus flashes y preguntas, todos querían tener la palabra de la pareja del momento.
Riley sonreía, como si hubiese nacido para eso, como si esa fuera su intención desde el comienzo.
-Gin, ¿estas listas para dar tu discurso? - la atención de la chica se centró en la pregunta de una periodista.
¿De qué discurso hablaba?
Su confusión se pasó rápidamente a su rostro seguro, porque Riley le dio un pequeño empujón.
- ¡No más preguntas! - dijo el organizador y mando nuevamente a Gin al lugar donde estaban esperando.
- ¡¿Qué es lo que ellos dijeron de un discurso?!- dijo aventando el ramo de flores al suelo.
-Hija, tranquilízate. - le contestó su padre. - No es la gran cosa. Es solo un discurso que tendrás que dar después del de nosotros.
- ¿Por qué? Nadie me informo de eso, no lo hare. - se negó.
-Lo harás. - su madre se acercó a ella. - Es tu momento para dejar atrás todos los escándalos en los que estuviste metiendo. Es tu momento para mostrar que eres una verdadera Brown, que te tienen que respetar.
Gin comenzaba a ponerse nerviosa.
-No puedo hacerlo, no ensaye, no sé qué decir. - tartamudeo un poco.
Jayden dejó un papel en sus manos, Gin lo observó con el ceño fruncido.
-Ya lo escribieron para ti, solo tienes que pararte frente a esas personas y leerlo para ellos. - se encogió de hombros. - Es tu momento de brillar, es tu momento de enseñarle al mundo de que estas hecha.
Gin tragó saliva.
-Si haces esto, todos dejaran de verte como una niña estúpida que no sabe lo que hace. - dijo su madre. - todos olvidaran tus últimos días problemáticos.
Gin cerró sus ojos y tomó una gran bocada de aire.
Tendría que hacerlo.
No solo porque sus padres querían que lo hiciera, sino que tarde o temprano iba a tener que dar un discurso frente a la gente y era su momento para que comenzarla a tomarla enserio, para que la vean como una futura abogada llena de inteligencia y recordarle al mundo que ella era más que un segundo lugar.
-Bien, lo haré. - susurró.
(...)
El discurso de sus padres estaba a mitad de camino, ya había hablado su padre sobre la importancia de comenzar a pensar a futuro las problemáticas de la sociedad y toda esa bola de basura que siempre decían pero que luego, nadie veía los resultados.
Y ahora le tocaba a su madre decir toda su mierda, de prometer cosas imposibles y de llenar de mentiras los corazones de las clases bajas.
Todas esas porquerías que les venían funcionando bien desde el primer momento.
-Debemos enfocarnos en nuestras siguientes generaciones, en nuestros hijos y los hijos de estos. Debemos asegurar que ellos tengan un futuro brillante y lleno de todos sus sueños hechos realidad. - dijo frente a toda esa gente que la escuchaba atentamente. - Por eso tenemos pensados diferentes planes de educación, donde todos y todas van a poder terminar sus estudios y buscar una mejor educación en la universidad. - sonrió. - Para mí eso es muy importante y me toca personalmente. Todos ustedes saben que mi hija es una estudiante universitaria, y cuando pienso en que hay gente de su edad que simplemente no puede acceder a una mejor educación me pone tan triste y con ganas de poder hacer algo por ellos. - fingió tristeza. - Sé que, acompañada de mi esposo, y de todos ustedes voy a poder lograrlo. - exclamó. - ¡Busquemos un mejor futuro para nuestros hijos!
Ante el último grito de su madre, la multitud enloqueció, escucharla era una esperanza para ellos.
Una luz que se iluminaba en su camino y que creían que les iba a servir para sus vidas.
Escuchaban sus mentiras y se veían tan ilusionados, tan llenos de esperanza.
Gin jugaba con el papel entre sus manos, hace unos instantes juraba estar lista para eso, pero ahora que estaba casi con un pie en el escenario, comenzaba a cuestionarse si realmente debía hacerlo.
Antes de que pudiera dar un paso para atrás, su madre la llamó y los gritos se dirigieron hacia ella ahora.
El discurso de la pequeña Brown era el más esperado de aquel acto, todos querían tener la grabación, la foto o algo sobre el primer discurso público de Gin.
Todos querían tener la primicia de las palabras que salieran de aquella boca delicadamente maquillada.
Y Gin eso lo sabía.
La castaña tragó saliva, y pestañeo varias veces.
Ahí volvían los nervios, sabía que, si una palabra salía mal de su boca, todo se iria al demonio.
Sabía que un paso en falso acabaría completamente con toda la carrera de sus padres.
A pesar de saber eso, ellos habían confiado en ella para hacer el gran cierre de campaña, sin siquiera haberlo consultado antes.
Tocó el micrófono una vez, para ver si estaba prendido y supo que era su momento para comenzar a hablar.
Había leído unas veces el discurso que habían escrito para ella, pero nada le había quedado en la cabeza.
-Primero que nada, buenas tardes a todos los presentes. Mi nombre es Gin Brown y daré el discurso de cierre de campaña de mis padres. - sus manos temblaban al sostener el papel, estaba jodidamente nerviosa. Prefería mantener su vista en el blanco papel que tener que hacer contacto visual con alguna de esas personas listas para atacarla si algo salía mal. - Mis padres me encargaron esta labor como muestra de que confían en los mas jóvenes, de que nosotros somos el futuro y que todo está en nuestras manos. - leyó cada palabra. - Es una muestra de que ellos están dispuestos a todo solo para que nosotros podemos ser felices. Yo… Am…- su mirada se nubló, no podía leer nada de lo que estaba escrito para ella. Subió la mirada, la cara de los periodistas y los hombres que estaban delante era algo que no podía distinguir. Se estaba sintiendo mareada.
Luego miró un poco más lejos, donde sentía una potente mirada sobre ella.
Era Joshua, estaba entre el público.
Sonrió un poco al reconocerlo, pero él no se veía tan emocionado como ella.
Él tenía su rostro pálido y su mirada transmitía cierta ¿culpa?
La gente comenzaba a murmurar sobre su discurso y la falta de concentración. ¿Por qué balbuceaba? ¿Por qué no los estaba viendo a los ojos mientras que hablaba?
Pero nada de eso le importaba a Gin.
Nada de eso le importaba después de ver a Joshua comenzar a levantar carteles en contra de sus padres, acompañado de gritos y cantos que claramente estaban llamando la atención de todo el mundo.
- ¡Los Brown son basura, deberían estar presos! ¡No creemos ninguna de sus palabras, malditos ladrones! - gritaban, los carteles con mensajes salvajes y violentos.
Todo paso rápido para Gin.
Las cámaras ya no la apuntaban a ella o al escenario, todo estaba puesto en Joshua y los demás protestantes.
Los ojos de Gin se llenaron de lágrimas.
Alguien la estaba apuntando con un arma, aunque quisiera, no escuchaba los gritos de los demás.
Sus piernas perdían poco a poco la fuerza, sentía que podía desvanecerse en cualquier momento.
La escena estaba marcada en dos partes, por un lado, los protestantes, con carteles y humo artificial, creando la distracción para que uno de ellos la apuntara con esa arma que nunca olvidaría en su vida.
¿Era así como su vida iba a acabar? ¿Siendo asesinada por un protestante de sus padres, en frente de la persona que creía comenzar a querer?
Ella había sido tan tonta… No se podía confiar en nadie.
Las palabras de Joshua habían sido puras mentiras.
Él era exactamente como los demás…