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1887 Palabras
La rutina de Joshua empezaba ni bien el sol salía, incluso antes. Kate iba al jardín temprano por la mañana, antes de las siete ya tenía que estar bañado, vestido y peinado si no quería que lo volvieran a retar por haberlo dejado tarde. El cuento de los hermanos huérfanos dejaba de ser una forma de derretir corazones cuando llegaban tarde al lugar. Es por eso que Joshua se había acostumbrado a ese estilo de vida. Era difícil despertar a Kate, por parte porque se dormían tarde, y por otra parte porque al niño no le agradaba la idea de salir de su cómoda cama solamente para ir a pasar tiempo con otra gente que él no conocía y que definitivamente, nunca iban a lograr llevarse bien. Es por eso que Kate prefería los días de mucha lluvia, cuando su hermano mayor decidía no mandarlo al preescolar, y que podían pasar un poco más de tiempo juntos. Kate amaba a su hermano, lo amaba con todas sus fuerzas. Después de largos minutos de peleas, Kate finalmente tenía su uniforme y se frotaba los ojos cansado. Pero obviamente, no estaba más cansado que Joshua. La noche anterior había tenido turno en la tienda hasta pasada la medianoche, y cuando llegó a su hogar tuvo que realizar todas las tareas de la semana para la universidad, además de adelantar cosas y estudiar para los exámenes. Al tirarse a la cama y cerrar los ojos, contó hasta tres hasta que su alarma comenzó a sonar. Y ahí estaba él de nuevo, saliendo una vez más a su complicada vida. Dejó a Kate en preescolar, con la promesa de que esta noche comerían pizza. Con sus pasos arrastrándose, finalmente llegó a la universidad. Su primera clase empezaba en alrededor de una hora, por lo que directamente camino hasta la biblioteca para poder estudiar un poco más. Por su mente, pasaban comentarios de sus familiares lejanos, que se preguntaban si todo esto no era muy duro para solo un niño que apenas había terminado la preparatoria. ¿Cómo podía un mocoso hacerse cargo de solo un pequeño? ¿Cómo haría para sobrevivir toda la carga? Pero Joshua había prometido en la tumba de sus padres que Kate seria la esperanza de su vida, y haría cualquier cosa para que él sea feliz. Él sería capaz de darle una vida digna a Kate, no importaban las pocas horas de sueño o como a veces ni siquiera tenía dinero para comprarse algo de ropa. Ahí lo que importaba era ese pequeño ángel. Joshua sintió la silla frente a él moverse, alzo su vista y sonrió sin mostrar los dientes al reconocer a la chica de cabellos castaños. -Hey, ¿qué haces tan temprano por aquí? Nuestra clase no comienza hasta dentro de un rato largo. - susurró fijándose la ora en su caro reloj. Joshua se encogió de hombros, sintiendo sus parpados cada vez más pesados por la falta de sueño, ni siquiera tenía tiempo para admirar la belleza frente a sus ojos, o como ella cargaba alrededor de cinco libros en sus brazos como si no pesaran nada. -Vine a estudiar un poco. - soltó. - ¿Con el libro al revés? Realmente eres un superdotado entonces. - alzo una ceja. Efectivamente, Joshua estaba leyendo con el libro dado vuelta, hasta ese nivel había llegado su cansancio. -Lo siento, estoy algo cansado. - dijo frotando sus ojos. - No he dormido bien anoche. Gin asintió, abriendo su estuche y sacando un delicado lápiz. Ya ni siquiera lo estaba observando, ella estaba lo suficientemente ocupada tomando notas y escribiendo información en su cuaderno prolijamente que sacaba de los libros. -Todavía no estas estudiando Joshua…- alargó la chica sin sacar los ojos de sus apuntes. - ¿Te estoy distrayendo? - cuestionó. Joshua negó con la cabeza, cerrando sus ojos y soltando un suspiro. Apoyo la cabeza sobre la mesa, usándola de almohada. Sus ojos quedaron viendo al ventanal que estaba a su lado, era una mañana tranquila aún no se veía mucha gente en el campus. De pronto, su respiración comenzó a ser más relajada de lo normal. Gin siguió escribiendo y dejando notas en todo el libro, para recordar mejor que era lo que tenía que estudiar un poco más, su mano se movía a velocidad de la luz, poniendo diferentes anotaciones. -Joshua, ¿estás leyendo e…? - bajo y bajo su tono de voz hasta finalmente quedarse callada observando como el chico dormía plácidamente frente a ella. Una pequeña sonrisa se escapó de sus labios. Su rostro era angelical, había algo en esas largas pestañas que tocaban sus mejillas que le atraían, su respiración era tranquila, estaba profundamente dormido aun cuando la luz del sol golpeaba contra su rostro. Gin frunció los labios y suspiró. Había salido más temprano de lo normal de su departamento porque necesitaba un poco de aire y concentrarse en un lugar que ella amara tanto como la biblioteca. Cuando llegó vio al chico completamente perdido mirando a la nada, sabía que estaba cansado. Sus ojeras gritaban a los cuatro vientos que no había tenido una buena noche. En lo poco que conocía a Joshua, sabía que el chico no iba bajar sus muros y dormirse en un lugar donde cualquier cosa podría pasarle… Y solo se encontró caminando hasta la mesa para ayudarlo a descansar. ¿Y que haría ahora? ¿Mirarlo hasta que se despertara como una completa psicópata? Negó con la cabeza y tocó sus mejillas para verificar que no estén calientes. Volvió a sus apuntes, necesitaba completar unas tareas con información de esos aburridos libros. ¿Joshua habrá estado comiendo bien esos días? Quiso golpearse con su lapicera la cabeza al darse cuenta que otra vez mas estaba perdida observando el rostro del pelinegro. Tomó aire y se acostó de la misma forma que él, quedando ambas cabezas sobre la mesa. Aun con sus ojos abiertos podía ver parte del rostro de Joshua, los mechones de pelo cayendo por su frente y los labios rosados entreabiertos. Justo como le paso a Joshua, en un momento su respiración comenzó a ser más tranquila y luego de eso, todo se volvió oscuro. Joshua fue el primero en levantarse, al principio no sabía dónde estaba ni cuál era su nombre, no iba a mentir. Se había dormido profundamente, descansando cada fibra de su ser. Lo malo, es que en esa posición era imposible que ahora no le doliera todo el cuerpo como si hubiese trabajando levantando bolsas en el puerto. Fue en ese segundo, cuando estaba estirando sus brazos, que se dio cuenta de la chica que también estaba durmiendo sobre la mesa. Gin se veía tranquila, su respiración lenta y el cuerpo relajado. Joshua tragó saliva. Tomó su celular para ver la hora, y maldijo. -Diablos, nos hemos perdido toda una clase. - susurró para sí mismo, guardando sus pertenencias en la mochila y colocándosela sobre la espalda. Iba a retirarse del lugar, él no era quien, para despertarla, pero… ¿Acaso ella no se había quedado con él a propósito? ¿O solo eran sus tontas imaginaciones? Se quedó parado en el lugar unos largos segundos, pensando en si despertarla o no… -Gin…- le movió el brazo suavemente. - Gin, nos hemos perdido una clase. - le habla despacio, viendo como ella se movía poco a poco. Sus ojos se encontraron, y Joshua sintió que su alma abandonaba su cuerpo por un segundo. Gin frunció el ceño y se levantó poco a poco sintiendo todo su cuerpo duro. - ¿Estas bromeando? - cuestionó en un murmullo, observando la hora nuevamente en su reloj. Gin nunca había sido de esas personas que dormían mucho seguido, generalmente por las noches sufría bastante de insomnio y no podía dormir sin levantarse muchas veces. Pero, si era honesta, esa siesta había sido de las mejores en su vida, y ni siquiera estaba acostada en una cama. Aunque eso significaba que habían perdido una clase bastante importante. ¿Que podían hacer ahora? Ya habían perdido la clase. - ¿Te parece si vamos a desayunar algo? - cuestionó. - La cafetería ya debe estar abierta. - propuso Gin. Joshua asintió, no tenía muchas otras cosas que hacer ahora que estaban tarde para la clase. Aun algo somnolientos, los dos caminaron despacio por los vacíos pasillos de la universidad. -No puedo creer que me quede dormida…- habló Gin. - ¿Acaso tu tampoco dormiste bien anoche? Dudaba que Gin hubiese trabajado anoche, ¿que la tenía tan preocupada que no podía dormir? Sacudió la cabeza pensándolo demasiado, quizás solamente ella se había quedado hablando con su novio y listo. -Sí, no pude dormir bien. - confesó. - Pero nada que un poco de café no pueda resolver. - le sonrió a Joshua. - ¿Tuviste que trabajar? - ahora le preguntó. Joshua asintió. -Y hoy será otra vez así. - se encogió de hombros. - Es a lo que nos enfrentamos la clase trabajadora. Gin lo observó unos segundos en silencio. Joshua ya le había contado que era un becado en la universidad, por lo que no tenía que gastar ni medio dólar en estudio. ¿Todo eso lo hacía por el hermano? Admiraba esa parte de Joshua, era un chico huérfano que tenía que hacerse cargo de muchas cosas al mismo tiempo e incluso así, ahí estaba… sonriéndole y dejándola tranquila. - ¿No sientes que tu cuerpo duele mil demonios después de dormir así? - se rio, cambiando de tema. Joshua también rio, ambos aun caminando a la par, sus manos rozándose suavemente. -No volvamos a dormir sobre la mesa. - contestó. - Creo que el pasto del campus es más cómodo. - ¿Quieres quedarte congelado acaso? - alzo una ceja. - ¿Que propones tú? - cuestionó una vez que estaban frente a la mujer de la cafetería, pidiendo dos cafés fuertes. Gin sonrió de lado, sintiendo sus manos un poco más calientes al recibir la bebida. -Sígueme, conozco un lugar… Así fueron caminando despacio, Gin se fijaba que nadie los siguiera y Joshua simplemente se dejaba guiar por la castaña. -Aquí es…- era una escalera, del último piso. La puerta que daba a la terraza tenía un cartel de prohibido la entrada, por lo que no se podía subir más. - ¿Una escalera? - cuestionó Joshua, sentándose en el último escalón junto a Gin. -Nadie viene por estas partes, la azotea está cerrada así que nadie tendría por que subir los escalones de esta escalera. - le contó. - Es por eso que este es mi lugar para desayunar y dormir sin morir en el intento. Joshua la observó, tomando de su café. - ¿Eso significa que también puedo venir aquí? -Creo que hoy nos dimos cuenta que ambos necesitamos dormir un poco más ¿no? Joshua sonrió, sin poder dejar de observarla. ¿Quién era esta chica? ¿Porque era tan maravillosa? -Eres una buena chica, Gin. - levantó su mano para acariciar el cabello de la castaña, que se sorprendió un poco ante el toque del pelinegro. Gin también sonrió y elevo su mano, depositando sobre la cabeza del otro y acariciándolo de la misma forma. -Tu también lo eres, Shua. El corazón de Joshua se detuvo al escuchar ese apodo. 
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