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1812 Palabras
Mattew era el que le había conseguido ese trabajo, al parecer tenía un contacto ahí y le fue fácil que lo contrataran. El restaurante estaba corto de personal, así que ahí estaba él con un ridículo esmoquin que nunca, ni, aunque juntara todos sus salarios, podría comprar. El lugar apestaba a perfume caro, y la gente se sentaba con sus costosos vestidos a disfrutar de una exótica comida. Con lo que le pagaran en ese lugar, iban a poder vivir tranquilos hasta el mes siguiente. Era un muy buen empleo. Su hipótesis es que Mattew se la había conseguido para espiar a diferentes celebridades políticas que venían a ese lugar a cenar. Se había encontrado con muchas cosas extrañas que no tenía que ver, pero que de igual forma lo había hecho. Y era con ese tipo de información que ganaba un poco más de dinero. Si era un político con un amante, las revistas de chimentos amaban esa información. Si eran políticos juntándose con gente del lado contrario, estaba seguro que había más de una persona que pagaría por esa información. Por lo que, si tenía que decirlo, no le sorprendió mucho ver a más de diez personas entrar de forma elegante y sentarse en la mesa más vip de todas, alejados del resto del lugar. -Vaya, hoy tendremos suerte con las propinas con toda esa gente. - habló Jacob, su compañero de trabajo. El chico, unos años mayor que él, preparaba las bebidas para otra de las mesas. -Déjame llevarlo. - le dijo Joshua, después de todo, recién había terminado de limpiar los platos. - Y si, ¿esa gente viene bastante seguido por aquí? No a cualquiera se le da el VIP. Jacob asintió, soltando un suspiro. -Exacto, no a cualquiera. Esta gente es importante así que trata de no equivocarte en nada. Escucha atentamente lo que deseen y dáselo en menos de lo que puedas contar hasta tres. Créeme, no querrás tener problemas con esas personas. Ya han hecho echar a más cantidad de jóvenes de los que puedo contar con las dos manos…- observó por la cortina. - Y de los pies también. - agregó. Joshua asintió, anotando mentalmente todos los problemas que tendría si no era el camarero perfecto. Por suerte, el pedido de las bebidas no era para los VIP, así que tenía un poco más de tiempo para estar a salvo de esas malvadas garras y esas miradas juzgadoras. -Lindo traje, Shua. - escuchó a alguien a sus espaldas cuando pasaba por las puertas de los baños. Joshua se giró al reconocer la voz. ¿Qué demonios hacia ella ahí? Comenzaba a darle un poco de miedo el hecho de que siempre se cruzaban en los lugares que no tendrían que cruzarse. Gin ya lo había visto en tres trabajos diferentes, incluso así, ella no preguntaría nada. Hoy iba más formal que el resto de las veces, no llevaba puesto un traje de porrista o una cómoda sudadera. Esa noche llevaba puesto un lujoso vestido de color champagne y un collar con una enorme piedra en el cuello. Abrió los ojos sorprendido. Luego recordó aquel apodo que le había dicho ya dos veces. Shua… Esa era la forma que le decía su madre, era la única persona que lo llamaba de esa forma. Sintió muchas cosas pasando por su cabeza y corazón al volver a escucharlo, habían pasado años desde que alguien lo había llamado así. Y esa persona estaba nuevamente frente a él, con una sonrisa brillante y repitiendo nuevamente aquella palabra que lo confundía como mil demonios. Porque le salía con mucha naturalidad y dulzura y a él le gustaba… pero también lo destruía. - ¿Gin? - se dio cuenta que todavía no había dicho nada. - Hola, que sorpresa verte por aquí. - volvió a echarle un vistazo a su vestuario. - Y luciendo como una celebridad. - ¿Es mucho, no lo crees? Le dije a mi mamá que solo era una cena, y ella insistía e insistía que usara esto. - señalo el collar. Joshua observó el objeto y pensó en todas las cosas que se podría comprar si solo lo vendiera. Le compraría juguetes a Kate para toda su vida, y aun le seguiría alcanzando para más cosas… Como comida, una televisión… ¡Incluso podían comprar una consola de juegos! Sacudió su cabeza, debía verse como un pervertido viendo su collar. - ¿Has venido a cenar con tus padres? Gin ladeo su cabeza unas cuantas veces. -Podría decirse que sí. - terminó diciendo, no tan segura de su respuesta. - Pero he venido aquí antes, y nunca te había visto. - frunció el ceño, cambiando de tema. Joshua se paró aún más derecho, modelando su costoso uniforme. -Soy algo nuevo, aun me estoy acostumbrando a todo esto. - señaló el moño en su cuello. - No es mi estilo, pero la paga es buena. - reconoció, nunca se iba a quejar de unos billetes. Gin soltó una carcajada y miró para todos lados, sabiendo que en cualquier momento comenzarían a llamarla para que vaya a sentarse con los demás. -Bueno, creo que debería irme…- señaló. Joshua asintió, sintiendo que la charla había sido muy corta. -Espera, Gin…- la llamó. La chica se dio vuelta y alzo una ceja, esperando que el pelinegro hablara. - ¿Te parece… no lo sé, solo si tú quieres… ir a tomar algo después de tu cena? - cuestionó. Gin frunció el ceño, tragando saliva. Joshua… ¿la estaba invitando a una cita? Por su cara nerviosa y como se movían sus manos, podía decir que sí. Oh no, esto no sería bueno para nadie. -Shua, sabes que tengo novio. - le recordó, no quería que Joshua tuviera falsas esperanzas. No había lugar en su vida para un amante o un nuevo interés romántico. Sabía cómo eso podía afectar la carrera de sus padres. Y también sabia como terminaba esa historia. Joshua era un chico increíble, sincero y buena persona, no podía hacer que pasara por un sufrimiento que ella conocía. No quería verlo triste y mucho menos, lo quería ver sufriendo. Después de todo, lo quería como un buen amigo. -Lo sé, por Dios, no era esa especie de invitación. - su rostro estaba algo ruborizado, pero intentó esconderlo bien. - Solo decía por si querías ir a beber algo. - señaló. - Olvídalo, fue tonto de mi parte…- sonrió de lado. -Me encantaría, pero no puedo ir a beber a ninguna parte con este vestido. ¿No lo crees? - se rio para aliviar el ambiente, Joshua estaba algo tenso. - ¿Te parece si nos vemos dentro de cuatro horas en el bar donde trabajas? - alzo una ceja. Joshua la observó, ablandando poco a poco su expresión. No podía decirle que no a esa sonrisa. -Está bien, si tanto insistes…- le guiño el ojo y ahora fue él el que salió de la escena, ya que comenzaba a sentir las miradas asesinas de sus compañeros al estar tardando tanto. Gin rodó los ojos con una pequeña sonrisa en su rostro y desapareció nuevamente. -No es justo que tú seas el único que estés ligando con chicas. - hablo Jacob. Joshua se apoyó contra la barra de las bebidas. -Ella no cuenta hermano, tiene novio. Jacob negó con la cabeza. -Pobre niño…- suspiró y volvió a la cocina a buscar el otro pedido que Joshua tenía que entrar. - Hey pequeño, felicidades fuiste elegido para servir a los VIP. - señaló con la cabeza. Joshua abrió sus ojos sorprendido. No esperaba tener que ir a ese lugar esa noche. Pero ¿que podía hacer? Tenía que trabajar. Se arregló el moño nuevamente, que sentía que ahora le apretaba más que antes. Lambió sus labios y finalmente puso un pie dentro de la habitación VIP. -Bienvenidos, esta noche yo les serviré. Mi nombre es Joshua. Pueden llamarme si necesitan cualquier cosa. Les dejó la carta. - le entrego a las diez personas que lo miraban casi despreciándolo, pero él ya estaba acostumbrado a esas miradas. No le afectaban para nada. Su mirada pasó rápidamente por las personas que estaban sentadas ahí, e intentó esconder su sorpresa al ver al Señor y Señora Brown entre la gente. Así que hasta ellos venían aquí a comer. Sintió repentinas nauseas al verlos, esa gente no le caía para nada bien, los odiaba y sentía una repulsión ante ellos. Habían arruinado su vida, habían afectado cada aura de su historia y no por nada formaba parte del movimiento opositor, junto a Mattew. No esperaba verlos ahí, pero no les sorprendía darse cuenta que lo estaban mirando con asco, esperando que abandonaran el lugar. Seguramente ni siquiera recordaban quienes eran sus padres. -Okay niño, puedes quedarte aquí mientras que decidamos que comer. - ordeno el señor Brown. Joshua tragó en seco, tratando de no demostrar sus verdaderos sentimientos. Simplemente asintió en silencio, quedándose cerca de la puerta. La pareja de políticos hablaba entre ellos mientras que el resto estaba en completo silencio, expectantes de lo que ellos estaban haciendo. La puerta se abrió una vez más, Joshua se preguntaba si era alguno de sus compañeros que estaba buscándolo. Pero no. Era algo mucho peor. Era algo que lo dejó boquiabierto. Aquel vestido que había visto hace algunos minutos entraba a la habitación, ahora ella era el centro de la atención. Incluso la pareja había dejado de hablar para verla caminar. Ella era la estrella, ella era el sol. Y todos giraban a su alrededor. -Hija, finalmente volviste. - habló la que ahora Joshua sabía que era su madre. Joshua sentía que podía llorar. Sentía que su mundo se estaba cayendo. Algo en su interior estaba prendido fuego, se sentía engañado, estafado. ¿Qué era lo que estaba sucediendo? ¿Cómo podía alguien como Gin ser hija de esas dos bestias? La siguió paso a paso hasta que tomó el asiento que le correspondía. Joshua no sabría decir cómo se las arregló para anotar todos los pedidos de esa gente. Lo único que quería era salir de ese lugar, el aire le faltaba y se sentía algo fuera de él. Le mandó un mensaje a Mattew, preguntándole cual era el nombre de la chica que él quería buscar en el partido de la universidad. - ¿Hermano, que pasa? - Mattew le llamó inmediatamente. -Mattew…- soltó en un desesperado llamado. - ¿Cómo se llama la chica que buscabas en el partido? - estaba tratando de pensar en positivo, de pensar que en realidad todo lo que vio recién era una mentira. Estaba deseando que todo fuera un engaño de su mente. - ¿Que no te lo dije ya? - respondió él. - Obviamente estaba buscando a Gin Brown. ¿No lo sabias? Va a tu universidad… Joshua no contestó. Y quiso desaparecer. (...) 
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