Capítulo 7

1045 Palabras
Amber Me despierto con el corazón a punto de salirse de mi pecho y bañada en sudor. Su voz se escuchó tan real, como si estuviera a mi lado. Me acurruco en la cama y lloro, me odio tanto, porque a pesar del daño que me hizo, sigo queriendo estar en sus brazos, besarlo y tocarlo. Debo calmar mis pensamientos cuando se trata de él, tengo que ser fuerte y poner mi venganza por encima de mis sentimientos por Sebastián. Salí de la cama y me dirigí al baño. Esteban me comentó anoche que la casa está lista y amoblada, así que dejo mi maleta lista. Hoy estaré sola toda la mañana ya que Esteban tiene compromisos que atender y se desocupa al mediodía, me cepillo y lavo mi cara, me alisto con algo cómodo y salgo de mi habitación mientras reviso mi teléfono, no me fijo de la persona que viene y terminó tropezando con él, sus brazos rodean mi cintura para no perder el equilibrio y caernos. —Oh, lo siento —dije un poco apenada con la situación. —No pasa nada, señorita —me sonríe. Carraspeo, y él fija su mirada en donde están sus manos, se sonroja y la aparta enseguida. —Perdón —me ofrece la mano y se presenta—. Un gusto, Alber Miller. —El placer es mío —Estrecho su mano—, Amber. —¿Amber? —Arquea una ceja. —Amber. —Retiró mi mano y miró por encima de su hombro—. Me tengo que ir, disculpa nuevamente por ser tan torpe y espero que tengas una linda mañana. —La tuve —me río y camino por el vestíbulo para ir al restaurante. Al llegar el lugar está lleno, busco dónde sentarme, pero no encuentro un lugar disponible. Un mesero aparece y me sonríe. —Buenos días, señorita Harris —me dice—. El señor me ordenó que estuviera pendiente para cuando llegara. Su mesa ya está lista. Nos dirigimos a una mesa apartada y que me ofrece una de las mejores vistas del hotel. Me siento y ordeno mi desayuno. El teléfono suena y lo saco de mi pantalón; es un mensaje de Esteban. “Te extrañó” Le respondo y luego de varios minutos el mesero aparece y coloca mi desayuno en la mesa, le doy las gracias y se retira. El huevo revuelto está como me gusta al igual que las tostadas. Disfruto de mi desayuno mientras me dejo llevar por la música que suena en todo el restaurante. Cuando terminó, levanto la mirada y me encuentro con el hombre de esta mañana. Fija su mirada en mí y levanta la copa de vino y me guiña un ojo. Sonrió y me levanté para irme. Salgo del restaurante para dirigirme a mi habitación. En el pasillo me encuentro con Bruno, mi guardaespaldas. —Señorita. —¿Sucede algo, Bruno? —No es nada preocupante —me abre la puerta de mi cuarto—. La llevaremos a su casa, el señor Esteban espera por usted. Asiento y entramos, sacan de la habitación las maletas que ya había ordenado, agarro mi bolso y nos dirigimos a la salida del hotel. Al salir, tropiezo nuevamente con alguien, pero esta vez no me fijé en la persona y con ayuda de Bruno entró al auto. Un hogar, un nuevo lugar donde seré feliz al lado de mi hijo, estoy ansiosa y desesperada por tenerlo en mis brazos y lograr que me ame de la misma manera que lo hago yo. Miro por la ventana y reconozco el lugar donde estamos. Jamás hablé con Esteban del lugar donde quería vivir, no pensé que fuera importante. La casa es hermosa y tiene un gran patio para que mi hijo pueda jugar todo lo que quiera y yo tener un hermoso jardín, ya que adoro las flores. Está situada en una de las urbanizaciones más costosas de Caracas. El auto se detiene y no espero que el chófer me abra la puerta, lo hago y me asombro más con el sitio. Camino por el césped cubierto de piedras que lleva a mi nueva casa. Esteban está en la puerta mientras agita unas llaves que tiene en sus manos, corro a dónde está él y me lanzo en sus brazos. —Bienvenida —se aparta y besa mi mejilla. Le quito las llaves y abro la puerta. Quedó aún más sorprendida con lo que mis ojos ven, todo está como una vez me lo imaginé. Esteban estuvo muy atento a todas mis exigencias y no dudo en recrearla en nuestro hogar. —Gracias por todo lo que haces por mí. —Te lo mereces. Me tomó de la mano y me enseñó cada rincón. Nos detenemos en la sala y me hace sentar, poniéndose de frente a mí. —No quiero arruinar este momento para nosotros, pero debes saber lo que está ocurriendo con tu hermana, Amber —dice. Mi cuerpo se pone en alerta a lo que tendré que escuchar—. Tu hermana estuvo hospitalizada, intentó quitarse la vida, lo peor es que tu hijo vio la escena. Me levanto de golpe, ocasionando que la silla caiga. Mi hermana no pudo ser capaz de tal estupidez, siempre fue una mujer fuerte y, aunque estuviera pasando por un problema de suma gravedad, no tendría la voluntad para hacer eso y mucho menos delante de Lucas. Aunque me duela aceptarlo, ella ama a mi hijo. Necesito saber qué está ocurriendo con Rebeca. Conozco a mi hermana y me sorprende que fue capaz de atentar contra su vida. Algo está pasando y no me quedaré tranquila hasta descubrir lo que realmente está sucediendo en esa casa. No quiero preocupar a Esteban con mis temores acerca de mi hermana, así que decido callar y buscar la manera de saber más por mis medios. Rebeca no es una santa, ha cometido muchos errores que me han lastimado, pero mi corazón me dice que algo más está pasando. —¿Cómo está? —Según lo que pude averiguar, tu hermana fue dada de alta, pero la situación en casa no es la mejor. —Está bien. Solo espero que Santiago esté cuidando muy bien de mi hijo.
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