Capítulo 8

1124 Palabras
Amber Hoy es la cena benéfica y no podía controlar los nervios, mi corazón quería salirse de mi pecho y odio el malestar que se sitúa en mi estómago a causa de lo que sentirá Santiago al verme después de tantos años. Solo espero poder controlar mis sentimientos delante de Esteban, no quiero causar un momento de incomodidad a causa de no saber cómo evitar lo que siento por él. Esteban ha estado desaparecido desde esta mañana y ni siquiera tuvo la delicadeza de decirme a dónde iría, lo cual es lo que me preocupa. No soy una amiga tóxica, pero siempre me informa de los planes que va a hacer y no suele desaparecer por tantas horas. Solo me envió hace media hora un breve mensaje que decía que volvería a la hora del almuerzo, nada más. Ni siquiera un “buenos días” como mínimo. Salgo de la cama y abro las ventanas, permitiendo que la luz entre y alumbre mi habitación. Me dirijo al baño para cepillarme los dientes y luego de hacerlo, me permito tomarme mi tiempo para verme de cuerpo completo en el espejo. Bajo mi vista a mi vientre y está inflamado, rozo esa parte estremeciéndome por la sensación de dolor que siento. Si no me equivoco con las fechas, solo faltan días para mí menstruación. Lavo mi rostro y me visto para bajar a comer algo y esperar a que Esteban aparezca. Solo espero que lo haga. Bajo a la cocina y me preparo café y pongo a tostar pan con queso y jamón, es lo más fácil y más rápido para mí, además no tengo mucho apetito a causa de los nervios y quiero comer algo ligero. Santiago aparece en mis pensamientos y me molesta en gran manera tener todavía sentimientos hacia él después de todo lo que me hizo. Jamás le perdonaré que me haya dejado solo por su estúpido deseo hacia mi hermana. Le haré pagar cada lágrima que derramé a causa de su traición. Escucho la puerta principal, al cerrarse con fuerza, y fijo la mirada en la entrada de la sala. Esteban viene casi corriendo hasta dónde estoy y se sienta en una de las sillas a mi lado. —¿Estás bien? —me preguntó. —La pregunta debería hacerla yo, desde esta mañana has estado muy extraño y no has parado en la casa. —Pasa su mano por su rostro y se queda en silencio por varios minutos. De verdad que estoy tratando de entender su comportamiento desde hace unos días, pero no consigo que se abra conmigo y me diga qué es lo que sucede. Es frustrante tener que adivinar lo que pasa; es desgastante. —Solo estoy un poco agotado por el trabajo, más nada. —Te creeré solo por esta vez. En sus ojos hay culpa, miedo y esos sentimientos que veo me hacen estremecer por completo, porque una traición de parte de Esteban me destruirá por completo. Su celular suena y me inclino un poco para ver quién es la persona que lo está llamando, pero no aparece nombre, solo es un número desconocido para mí, pero estoy segura de que para él no. No contesta, solo deja que suene y toma mis manos entre las suyas con cariño. —Te aseguro que todo está bien. Si siento que no puedo más, la primera persona con quien hablaré será contigo, Amber —besa mi mejilla y se pone de pie—. El estilista vendrá dentro de una hora para prepararte para esta noche. Se aleja y escucho cómo cierra la puerta del despacho. No voy a rogar por su atención y mucho menos para que me diga el porqué de su actitud, es mejor dejarlo unos momentos solo y ya veremos si tiene la voluntad para decirme lo que sucede con él. Me pongo de pie y me dirijo a mi habitación. Abro la puerta y la cierro con seguro, y me recrimino por lo que hice. Es algo tonto de mi parte, ya que los únicos que vivimos en esta casa es Esteban y yo, no he podido buscar una mujer de confianza para que este al cuidado de la casa. Quito el seguro y me río, me desvisto y entro desnuda al baño, la bañera está llena y me sumerjo en ella, el agua está fría, agarro el jabón y lo paso por todo mi cuerpo con mucha suavidad. Al cerrar los ojos, las noches que pase junto a Santiago llegan a mi mente como un huracán, sus brazos, sus manos, sus labios, la forma como me hacía sentir al hacerme suya, cada recuerdo con él está más vivo que nunca y dudo que alguien pueda sacarme este amor que siento por él. Los golpes en la puerta me hacen saltar del susto y abro los ojos con miedo. Llevo mi mano a mi pecho. —¿Puedo entrar? —me miro y la espuma cubre mis pechos. —Sí. Me sumerjo un poco más y así evito que me vea más de lo necesario. —¿Estás bien? —pregunto al verlo mirarme tan fijamente. Se arrodilló y quedó a solo centímetros de mi rostro. —Me encantas, Amber —sus dedos rozan mis mejillas con devoción—. Me duele verte amar a otra persona. Quisiera tener el privilegio de ser el dueño de ese corazón. —Esteban.. —Por favor, no digas nada —susurra—. Solo déjame demostrarte lo que eres para mí. Se inclina un poco más hacia mí y en sus ojos veo un brillo especial que logra hacerme sentir la peor mujer del mundo por no corresponder a sus sentimientos de la manera que él desea. Levanta la mano y la posiciona en mi cuello con suavidad, su dedo toca mi labio y me estremezco por el contacto. Cuando esta a punto de besarme, carraspeó y me alejó. —No es correcto, Esteban —su mirada me grita que lo ame, como él lo hace, pero no puedo—. De verdad estoy muy agradecida por todo lo que has hecho por mí, pero no estoy lista para una relación. —Lo entiendo —se pone de pie—. Perdoname por esto y por amarte como lo hago. Sale del baño y me deja sola. Estoy temblando, esto no puede volver a pasar, agarró la toalla y salgo del baño. Si temprano tenía los nervios a flor de piel por ver a Santiago, ahora están peor por rechazar a la única persona que ha estado conmigo y me ha apoyado a pesar de mi pasado, pero no puedo permitir que su corazón sea dañado por mis inseguridades. No merece que le haga daño.
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