Capítulo 9

1078 Palabras
Esteban La negativa de Amber hoy me confirmo que sigue amando a Santiago a pesar del daño que le ha causado. Sin embargo, pensé que podia lograr que su corazón me quisiera de la misma manera en que lo hace el mío y, aunque odie admitirlo, no puedo forzarla a que este conmigo, si quiere una amistad, se la daré, aunque me duela. Cuando me dirijo al despacho, el teléfono suena nuevamente y al ver el número, mi corazón se acelera. Rechazo la llamada y lo guardo en el bolsillo del pantalón. Esta mentira se esta cayendo a pedazos, no debí aceptar verla de nuevo y mucho menos a espaldas de Amber. Si se llega a enterar, me odiara y la perderé para siempre. Suena de nuevo y maldigo: debo cambiar de número. Mi mente esta semana ha estado hecha un caos desde que se presentó en el hotel y le di las gracias a Dios de que Amber jamás se enteró de esa visita, porque no sé de qué manera hubiera reaccionado. La puerta se abre y subi la mirada al ver de quién se trataba. Es Bruno. —Señor Ignacio, el estilista acaba de llegar. —Llevalo a la habitación de Amber y le dejas en claro que debe tener la mayor discreción —asiente y se retira. Amber viene de una familia muy reconocida y aunque lleva años fuera del ojo público, muchos la recuerdan y no quiero que nadie se entere de que esta en Venezuela. Quiero ver la sorpresa en su familia al ver que la mujer que quisieron hundir hace años, ha surgido desde las cenizas para demostrarle que es más fuerte. Me quito la chaqueta y la lanzo al mueble de al lado. Me preparo una copa de whisky y la bebo de un solo golpe, ocasionando que me arda la garganta, pero eso no impide que me detenga y siga tomando. Los ojos me arden y la vista se me nubla. Escucho pasos en la escalera y me pongo de pie. Salgo de la sala y me asomo creyendo que me encontrare con el estilista, pero no es él, es Amber, pero algo se distorsiona en mí y no veo a la mujer que creo amar, lo único que puedo ver es a Rebeca, su hermana. Me quedo congelado, sin poder mover ningún músculo de mi cuerpo a causa del miedo que siento. —¿Esteban? —La voz de Amber me hace reaccionar—. ¿Estás bien? Estás pálido. Ven, siéntate. Dejo que me guíe a los muebles y me siento, no digo nada, no puedo con la vergüenza que siento. ¿Qué me sucede? Me gusta Amber y al verla lo que hago es pensar en su hermana. —Dime algo. Parpadeo y la miro a los ojos, su preocupación es notoria y me siento mal al verla así. —Estoy bien, tranquila —acaricio su rostro—. El whisky, al parecer, me cayó mal. —Es muy temprano para estar bebiendo —me regaña—. Sube y te das un baño mientras que te preparo algo para que comas. —No tienes que hacerlo, además. —Miro lo hermosa que esta—. Pareces un ángel con este vestido. Rueda los ojos y me señala las escaleras. —Sube. Me rio y subo las escaleras, necesito sacarme de la mente a Rebeca, esto es una traición a Amber. Abro la puerta y entro en mi habitación, me desvisto y me dirijo al baño para quitarme este olor a alcohol que tengo. Ya desnudo, entro en la bañera y el agua me hace estremecer el cuerpo de lo fría que esta. Dejo que libere un poco esta tensión que siento y la carga de esta semana que no me ha dejado en paz por un segundo. ¿Por qué tuve que caer de nuevo? ¿Por qué tuvo que ser precisamente ella la hermana de Amber? Es como si el universo se hubiera puesto en mi contra al volverme a los brazos de la mujer que me dejó con el corazón roto luego de su partida. Alejo esos pensamientos y comienzo a secarme, no voy a volver al pasado, ella se quiso ir con el primero que le podía dar una vida llena de riquezas y ahora tiene que atenerse a las consecuencias de sus decisiones. A mí me perdio y no tengo la intención de volver con ella. Al salir del baño miro la hora en mi teléfono y son ya las seis de la tarde. En una hora tenemos que estar en la suite de unos de los hoteles de Santiago. Tuve que usar mi dinero y poder para que el nombre de Amber no estuviera en la lista de invitados, solo estoy yo, que figuro como un gran benefactor de España. El traje que usare para esta cena es azul marino, a juego con el de mi acompañante. Abren la puerta y es Amber con una bandeja con una variedad de comida, entre frutas y tostadas. —Como no bajabas, decidí traerla—La deja en la cama—. ¿Te ayudo con la corbata? Miro el desastroso nudo que estaba haciendo y me sonrojo. Asiento y ella se acerca. Lo hace de una manera eficaz y rápida. —Lo siento. —Perdoname tú a mí por no corresponderte como quisiera —rodea mi cintura con sus brazos. —Tienes un corazón de oro y jamás estarías conmigo cuando sabes que eso dañaría mi corazón, amo la manera que cuidas de mí —beso su coronilla—. ¿Estás lista? —¿La verdad? —dice mirándome—. No, no estoy. —No tienes que sentirte así, estamos juntos en esto. —Lo sé. —Eres la mujer más valiente que he conocido —le digo—. Has pasado, por tanto, y sigues aquí. —Lo soy por mi hijo. —Lo eres porque así lo has decidido. —Gracias por creer en mí. —Siempre lo haré. La llevo de la mano a la cama y comimos, todo esta delicioso. La molesto y juego con ella, nos reímos de la vida, de la manera en que nuestros problemas nos unieron y cómo hemos luchado por salir adelante. Rebeca es el pasado que no quiero volver a repetir. Si tengo que recordármelo hasta los últimos días de mi vida, lo haré, pero esa mujer no volverá a destruirme.
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