Capítulo 10

1101 Palabras
Amber La hora de ver a mi familia ha llegado. No sabía si mi hermana estaría presente en la gala, pero, conociéndola como lo hago, estoy segura que no va a desaprovechar esta oportunidad para pasear de la mano con Santiago y hacerle ver a sus amigos que tienen el matrimonio perfecto, cuando estoy convencida de que no es así. El vestido que eligió Julián, mi estilista, es hermoso. La puerta se abre y entra Esteban; sus ojos me miran con amor y devoción, algo que me hace sentir incómoda por lo sucedido hace unas horas. —¿Estás lista, preciosa? —me pregunta, trago con fuerza y asiento. Esteban me toma de la mano y salimos de la habitación. En la sala, nos esperaban unos diez guardaespaldas que hacen una leve inclinación como saludo al vernos llegar. —Lo importante esta noche es la seguridad de Amber —dice Esteban, con voz firme—. Si algo le pasa, verán las consecuencias, y no les va a gustar. Asienten con obediencia y nos escoltan hacia la salida. El chófer nos abre la puerta y subimos, siendo acompañados por tres camionetas que siguen detrás de nosotros. —Si crees que con esa actitud caeré rendida a tus pies, estas muy equivocado —me rio—. Solo me causa gracia ver la manera en cómo trataste de intimidarlos. —Tenía que intentarlo —dice mientras se afloja la corbata—. Ya recuerdo por qué odio esto. —Estas muy guapo —Aparto sus manos para evitar que lo siga arruinando—. Quédate tranquilo. Rueda los ojos y acomodo la corbata. Sus ojos recorren con descaro mi escote, así que levanto la mirada y me alejo. —Asi estas perfecto. El viaje se me hace lento; solo quiero llegar y acabar con esta ansiedad que me consume. Esteban aprieta mi mano para darme apoyo, y durante unos breves minutos, eso me hace sentir tranquila. La limosina se detiene. La puerta se abre, y mi compañero sale ofreciéndome su mano. La acepto, pero los destellos de las cámaras me obligan a bajar la mirada para evitar ser fotografiada. Entramos al salón, rodeados de nuestros guardaespaldas. Miro todo a mi alrededor y la decoración es espléndida. Estoy segura que Rebeca tuvo algo que ver. —Tu padre esta rodeado de varios empresarios y no dejan de mirarnos —Mi espalda se tensa y volteo; cuando mi mirada se encuentra con la de mi padre, sus ojos se abren con rabia. Le sonrió y le dijo algo a sus amigos antes de venir hacia donde estoy. Sus pasos son rápidos y decididos. Estoy segura que no me hará nada; no le gustan los escándalos, y menos si tienen que ver con él. Tiene que mantener la imágen de padre ejemplar. —¿No te da vergüenza estar aquí? —se acerca tanto a mi que queda un reducido espacio entre los dos— Te lo dije hace años atrás y hoy te lo repito: no eres parte de esta familia. No sirves, eres una cualquiera... Esteban me coloca detrás de él. —¿Otro amante? —se rie— No dejas esa mala vida de revolcarte con cuanto hombre se te cruce. —Tuve el mejor maestro en casa —no voy a permitir una humillación más de parte del—. Al parecer se te olvido de donde proviene el desastre que, según tú, soy como hija. —¡Cállate! —gritó, la gente a nuestro alrededor se percatan de nuestra discusión— ¿Que mierdas hacés aquí? ¡lárgate! Esteban coloca su mano en mi cintura y me acerca a él. —Es mi invitada y será mejor que dejes de atacarla o me veré en la obligación de hacerlo quedar mal delante de sus invitados —mi padre se esfuerza por sonreír a los invitados y así calmar la situación—. Así me gusta. Con su permiso, tenemos que saludar a unos amigos. Me toma de la mano y me lleva lejos del hombre que me destruyó por completo. Miro por encima de mi hombro y le guiño un ojo, sonriendo al verlo retorcerse de la rabia al tenerme de nuevo en su vida. Este juego apenas empieza y van a saber de lo que soy capaz. Saludo a varios conocidos que se asombran al verme; por la forma en cómo me trataron, mi padre le debió decirles varias mentiras sobre mi repentina desaparición. Me elogian y no paso por alto los coqueteos de algunos socios de el. El camarero pasa cerca de nosotros y nos ofrece vino. Agarro una copa y bebo, disfrutando del sabor. Observé el lugar, buscando con desespero a Santiago. Escucho risas en la entrada y mi corazón me hace saber que es el. Está aquí. Le entrego mi copa a Esteban. —Ahorita regreso —le digo. Le hago seña a los guardaespaldas para que me acompañen. Me dirijo al baño y entro. Pongo las manos en la repisa y trato de calmarme. Soy una estúpida ¿cómo puedo permitir que me siga poniendo nerviosa a estas alturas de la vida? Abro el grifo y me lavo las manos. Debo ser fuerte. Debo mantener mi cabeza en orden; no permitiré que Santiago juegue con mis sentimientos una vez más. No soy la misma mujer enamorada que hacía todo por verlo feliz. Me seco las manos y salgo, encontrándome con dos guardaespaldas que me siguen hasta dónde está Esteban. Pero un cuerpo me detiene, y al levantar la mirada, mi mundo se viene abajo en un segundo ¿Dónde quedó mi fortaleza? Se ha esfumado. Santiago parpadea varias veces, incapaz de creer que estoy frente a él. Intenta tocarme, pero me alejo, alertando a los hombres detrás de mí. —Estás.. oh mi Dios, estás viva —sus ojos se llenan de lágrimas. Las personas a nuestro alrededor desvanecen en un segundo plano. Solo somos Santiago y yo, evocando el pasado, cada mentira, cada sufrimiento. Paseo mi mirada por su rostro y su cuerpo, recordando las veces que me hizo suya. Esta más guapo; la barba le da un aire más maduro; aún así, no deja de ser el hombre ideal para cualquier mujer. Trago con fuerza para detener las lágrimas que amenazan con salir, porque tuvo que traicionarme y dejarme cuando más lo necesitaba. Porque no puedo odiarlo y arrancarlo de mi corazón de una vez por todas. Me lastima amarlo como lo hago; no soporto más estar cerca de él. Así que lo esquivo y salgo corriendo, escuchando sus gritos detrás de mí.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR