Ethan llegó a la granja Daniels con paso inseguro. El polvo del camino se le pegaba en las botas y en el pecho sentía ese peso extraño, como si el aire allí tuviera memoria. Un hombre de mediana edad salió a recibirlo. —¿Vienes por el empleo? —preguntó con firmeza, estudiándolo de arriba abajo—. Necesito a un joven fuerte e inteligente. Yo pronto me retiro y alguien debe hacerse cargo de lo que hago. ¿Crees poder con el puesto, muchacho? Ethan asintió en silencio. Su porte de exmarín lo delataba: hombros rectos, mirada dura, pero por dentro todo estaba revuelto. El hombre se presentó como Harry, el capataz, y comenzó a mostrarle la granja. Ethan apenas escuchaba las explicaciones, cada rincón le parecía un eco del pasado. Caminaron hacia la caballeriza. El olor a heno fresco y a caballo

