CAPITULO 38

1084 Palabras

Ethan cruzó la frontera de California con la garganta seca y los ojos ardiendo del cansancio. El letrero de bienvenida no le dio paz, solo lo golpeó con la magnitud del problema. California. Inmensa, infinita. Ciudades que parecían mundos propios, millones de personas, y él… solo con un nombre. Madison Carter. Repitió esas dos palabras en voz baja, como si así fueran a guiarlo. Pero muy dentro sabía lo absurdo: debía haber miles de Madison Carter repartidas entre Los Ángeles, San Francisco, San Diego, Sacramento… una lista interminable de destinos y calles que nunca acabaría. Se detuvo en un motel barato al costado de la autopista. El neón parpadeaba con tristeza y el recepcionista apenas le prestó atención cuando firmó con manos temblorosas. En la habitación, tirado sobre la cama, abri

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