CAPITULO 40

1187 Palabras

Con el tiempo, la búsqueda se fue diluyendo como arena entre los dedos. Los nombres que quedaban en la lista ya no tenían sentido; se mezclaban en su cabeza como una maraña interminable de rostros que no eran ella. Una noche, sentado en su coche frente a una tienda de conveniencia en Glendale, comprendió que no tenía fuerzas para seguir. Regresó a casa de su padre. La vieja casa olía a lo mismo de siempre: a madera húmeda y café recalentado, a rutina estancada. Su padre lo recibió con un apretón de hombro y un silencio incómodo, ese que cargaba más palabras no dichas que cualquier discurso. Pero Ethan no se sentía en casa. Caminaba por los pasillos, entraba en su antigua habitación, miraba las paredes desnudas y sentía que ya no le pertenecían. Como si todo lo que alguna vez le dio sent

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