Después de aquella noche en el bar, Ethan no volvió a pensar mucho en Wen… al menos conscientemente. Pasaron unas semanas hasta que la vio de nuevo, esta vez en la tienda del pueblo. Ella estaba en la fila, con una bolsa de pan bajo el brazo. —¿Otra vez tú? —dijo ella con una sonrisa, como si el destino se empeñara en juntarlos. Ethan levantó las cejas, sorprendido. —Parece que sí. Un cruce rápido, casi insignificante, pero que dejaba un eco. Más tarde, en otra ocasión, se la encontró caminando por el parque, leyendo un libro mientras avanzaba. Ella levantó la mirada y, al verlo, cerró el ejemplar con una mueca divertida. —Si me sigues así, voy a pensar que eres tú el que me busca. Él negó, con esa torpeza que lo acompañaba desde la amnesia. —Créeme… no lo sé. Ella rió, ligera, y

