Londres, Reino Unido. Ancel. Al momento de detenerme en la entrada, una sensación de desolación albergo en mi pecho, después de todo, aun sigo siendo un humano con sentimientos. A veces no entiendo mi comportamiento, actuó como un demente, sanguinario y cruel; pero también siento dolor, perdida y desolación. Tal vez, aún no pierdo esa parte de mí. Cuando los hombres que han trabajado por muchos años con mi padre, me vieron llegar, no ocultaron su asombro al verme después de un largo transcurso donde había desaparecido por completo. Cada uno, vino a mi encuentro y me dieron un abrazo, que al principio los odié, pero pude contener mi desagrado porque los entendí. Me bombardearon con muchas preguntas y me miraron a la expectativa, deseando escuchar mis respuestas, negué con mi cabeza

