La tormenta interior

1161 Palabras
—Tays, he estado pensando en tu desempeño en la empresa, y creo que tienes un gran potencial. Te voy a ofrecer una oportunidad única para avanzar en tu carrera, pero... Pausó un momento, y su mirada se intensificó aún más. —Necesitaré más de tu tiempo y dedicación. Esto significaría estar más cerca de mí, trabajar directamente en proyectos importantes y estar más involucrada en la toma de decisiones estratégicas. —Entiendo lo que me estás pidiendo, Alonso... —respondí, tratando de mantener mi voz firme, aunque mi corazón palpitaba desbocado—pero esto no es solo sobre el trabajo. ¿Qué significa realmente para ti que esté más cerca de ti? ¿Es solo por la empresa o... hay algo más? —Lo que significa, Tays, es que... no solo quiero que trabajes para mí, quiero que estés a mi lado. Como nunca antes lo has estado. Sé que lo que estamos viviendo entre nosotros no es simple, pero es algo que no quiero ignorar. —Acepto —respondí, sin pensarlo demasiado, porque en mi corazón sabía que ya había tomado la decisión hacía tiempo. La pasión que habíamos compartido me había dejado sin aliento. Nos encontramos frente a la chimenea, abrazados, la luz cálida y suave iluminando sus rasgos, y yo, sin poder dejar de mirarlo. —Tays... Sé que esto es inesperado, pero no puedo ignorarlo. Lo que pasó entre nosotros no es algo que quiero dejar en el pasado. No quiero que sea solo un momento más que pasa sin que lo hablemos. Tú... tú eres importante para mí. No quiero que te vayas de aquí sin saber lo que realmente siento. Estoy dispuesto a dar más de mí, si tú también lo estás. Pero no voy a presionarte. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, y sin pensar más, tomé una decisión. Me acerqué a él, mis labios buscando los suyos en un beso suave, lleno de una necesidad callada que no podía seguir ignorando. Fue un beso lento, pero con tanta intensidad que sentí que el mundo se desvanecía alrededor de nosotros. —No quiero dejar de sentir esto, Alonso. Alonso sonrió, una sonrisa genuina, casi aliviada, antes de abrazarme con fuerza, como si temiera perderme. Era extraño sentirlo tan cercano, tan... real. Me había mostrado una parte de él que había estado oculta durante tanto tiempo, y yo no podía ignorarlo. Esa noche, la tormenta había quedado atrás, pero lo que había sucedido entre nosotros no tenía vuelta atrás. Habíamos cruzado una línea, y no sabíamos cómo regresar. Las horas pasaron volando entre palabras suaves y risas, hasta que la atmósfera de la cabaña se fue cargando nuevamente, pero esta vez, no por la tormenta afuera, sino por la química entre nosotros. Nos encontramos nuevamente frente a la chimenea; esta vez no había dudas. Alonso me miraba con una intensidad que me hizo estremecer, y no pude resistir más. Sin decir una palabra, me acerqué a él, mis manos buscando su cuello, mis labios buscando los suyos, y él respondió con una urgencia que me sorprendió. La pasión que compartimos fue completamente diferente a la primera vez. Esta vez, no era solo un deseo físico, sino una conexión más profunda. Nos conocíamos ahora, y lo que sentíamos el uno por el otro era evidente en cada roce, en cada beso. Alonso me tomó en sus brazos, y nos dirigimos al sofá donde comenzamos a despojarnos de las últimas barreras entre nosotros. Cada toque suyo me hacía perder el control, cada beso encendía una llama que ya no podía apagar. Estábamos demasiado lejos de todo lo que conocíamos, demasiado cerca el uno del otro, para dar marcha atrás. Y en ese segundo encuentro, dejamos que nuestros cuerpos hablaran por nosotros, sin frenos, sin miedo. La mañana siguiente estaba llena de calma y tensión. El aire estaba pesado. Nos habíamos desnudado de todas nuestras defensas la noche anterior, pero ahora había una quietud extraña, como si ambos supiéramos que algo había cambiado entre nosotros. Desayunamos juntos en silencio, pero no era un silencio incómodo. Era un silencio lleno de comprensión, de una nueva conexión que ninguno de los dos estaba dispuesto a romper. Había algo en la forma en que nos mirábamos que lo decía todo. Alonso rompió el silencio mientras terminábamos de comer. —Tenemos dos días más. Quiero que los aprovechemos, pero de una manera diferente. Lo miré, curiosa. A pesar de todo lo que había sucedido entre nosotros, aún había muchas cosas que no sabía sobre él. Quería saber más. Quería conocerlo en todos los niveles posibles. —¿A qué te refieres? Quiero que dejemos de lado todo lo que sabemos sobre el trabajo, sobre nuestras vidas complicadas. Quiero que estos dos días sean solo para nosotros, sin presiones, sin expectativas. Asentí lentamente. Necesitaba eso. Necesitaba un respiro, un espacio donde no tuviéramos que preocuparnos por lo que esperaba el mundo de nosotros. Solo los dos, sin más personas que entrometieran en nuestra burbuja. Decidimos salir a caminar por los senderos cercanos a la cabaña. El aire fresco de la mañana me golpeó el rostro mientras caminábamos juntos, y el paisaje de bosques y montañas alrededor de la cabaña parecía sacado de un sueño. Pero lo que me sorprendió fue la forma en que Alonso se comportaba ahora, mucho más relajado y cercano. —Sabes, siempre he evitado estos lugares. Me recuerdan lo que nunca tuve... lo que no tuve tiempo de disfrutar. —¿Qué quieres decir? —Mi vida siempre ha sido... acelerada. Siempre he tenido que ser el mejor, el más fuerte, el más exitoso. Nunca me permití sentir algo por mí mismo. Siempre estaba persiguiendo algo. Suspiró, y por un momento, me pregunté si se refería a su familia, a su madre, a su historia. Sabía que había muchas capas por descubrir, pero este momento era diferente. Parecía más abierto, más dispuesto a compartir lo que realmente sentía. —Pero contigo... esto es diferente. No sé si estoy listo para lo que eso significa, pero sé que no puedo ignorarlo. No pude evitar sonreír, sabiendo que él también estaba aceptando lo que estaba ocurriendo entre nosotros. Algo real, algo que ninguno de los dos podía negar. —No tienes que estar listo. No tenemos que saber todo ahora. Solo... déjame disfrutar de este momento contigo. De repente, se detuvo y me miró de una manera que hizo que mi corazón latiera más rápido. —Lo que siento por ti... es más que lo que jamás he sentido por nadie, no quiero dejarlo ir. Me acerqué lentamente a él, tocando su rostro con mis manos, sintiendo la suavidad de su piel. Estaba completamente atrapada en el momento, en su mirada, en su sinceridad. —No lo hará. No lo dejaremos ir. Fue un susurro, una promesa que ambos sabíamos que queríamos cumplir. Y con ese simple gesto, todo lo que había entre nosotros se volvió más real.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR