La peor parte de un deceso es agradecerle a "todos" sus atenciones cuando el alma no está para cortesías o miradas cargadas de lastima. Tal vez ni siquiera los sollozos de los demás o los propios eran tan cansados como tener que aparentar cordura cuando en realidad se deseaba desaparecer o permanecer en soledad. Por eso las personas más afectadas con la perdida se mantenían ausentes y encerrados en una cárcel de carne que solo escuchaba palabras de consuelo por el solo deber de hacerlo.
En momentos como esos ninguna palabra de aliento sirve, porque simplemente el dolor es mucho más intenso y no es suficiente para mitigar la sensación de haber muerto con aquella persona que se amó en vida. Así le ocurría a July, pese a estar rodeada, mayormente por conocidos de Killian, recibía las mismas condolencias que el ahora viudo, quizá solo por ser la desdichada hermana de la difunta Serena Killian.
— Animo July, ella lo habría querido— dijo la persona a su lado.
Probablemente así era, pero ella ya no podía pensar en posibilidades, su hermana estaba muerta y siendo valada en este preciso momento en uno de los cementerios más distinguidos de la cuidad.
— Esto no está pasando— murmuró casi como en transe haciendo caso omiso a la chica que permanecía a su lado.
— July— la joven no pudo contenerse y abrazó a la rubia, que tras unos instantes reaccionó correspondiendo el afecto de su amiga de toda la vida.
— ¿Por qué tuvo que morir? ¿Por qué se fue? Aun no era su tiempo.
La muchacha de cabello oscuro y ojos violeta no supo responder, solo podía apoyarla y esperar que lo superara. Aun cuando July sentía que nunca se recuperaría de esa pérdida, todavía quedaba pendiente la promesa realizada en el lecho de muerte de su hermana, ¿qué cómo la llevaría a cabo? No tenía ni idea.
Grace Miller continúo abrazando a su amiga, a pesar de vivir lejos, había recibido una llamada e instantáneamente tomó el primer vuelo hacia Nueva York, lo más importante era estar con su mejor amiga en un momento tan difícil.
Por su parte, a pesar de escuchar con atención las palabras del sacerdote, Killian no dejaba de mirar hacia donde estaban July y su amiga.
— «Al parecer no ha cambiado»— pensó el ojiazul, aquella chica a pesar de su edad seguía siendo bajita pero no por eso era de menor utilidad.
Así pues, prosiguió el sepelio donde los rostros tristes se desplegaban a medida que las ultimas oraciones terminaban y el ataúd de Serena Killian comenzaba a descender hacia la oscuridad.
Habiéndose recuperado un poco July miró a su madre, la mujer permanecía inconsolable, llorando ríos y prensada del brazo de su esposo quien parecía seriamente acongojado por la perdida. A la rubia jamás le agradó ese hombre, pero debía reconocer que también tenía derecho de estar ahí porque como dijo su madre una vez: él era el verdadero padre de su hermana, y sus sentimientos eran tan validos como los suyos.
Siguiendo el recorrido encontró viejos amigos de su hermana, así como uno que otro desconocido y al final de la lista, el viudo, quien por ningún motivo apartaba la vista de la fosa que comenzaba a ser llenada con tierra. Mirando dentro de los orbes azules observo dolor, se preguntaba cómo siendo su hermana tan buena el genio jamás pudo enamorarse de ella, sin embargo, había cariño y eso la hizo sentirse reconfortada.
A su vez Alex Killian trataba de concentrarse en algo que no fueran los llantos de su suegra o de alguna persona que trataba de solidarizarse con su persona; de nueva cuenta, podía percibir la opresión en su pecho y el nudo en su garganta que no le daba cuartel. Las circunstancias eran las mismas solo que con personas diferentes, y como aquel día años atrás pudo experimentar otra vez la pérdida de un ser querido, en ocasiones pensaba que estaba maldito, las personas importantes para él morían, sin embargo, así era la vida y por más raciocinio que intentara utilizar solo conseguía sentirse desamparado.
Elevó la vista encontrándose con unos ojos castaños que le observaban fijamente, fue entonces que la conexión surgió y aun estando en lastimeras circunstancias no pudo dejar pensar en lo vulnerables que estaban los dos, pero al mismo tiempo tan unidos por aquel deceso. De extremo a extremo, rubia y castaño continuaron mirándose como tratando de entrar uno en el interior del otro pudiendo percatarse, de aquello que años atrás habían creado con tan solo una mirada y ambos lo sintieron mucho más fuerte e intenso.
— Alex, el director del banco central quiere hablar contigo.
Oportunamente Annya hizo acto de presencia al lado del ojiazul, susurrándole algunas cosas que le hicieron perder la concentración y virar inmediatamente dándole atención.
July se sintió melancólica al mirar a Killian desaparecer junto a unas personas, no obstante, cierta paz se refugió en su corazón permitiéndole caminar hacia donde estaban esperándola sus amigos.
— Les agradezco infinitamente que hayan venido, significa mucho para mí.
— No hables así July, después de todo para eso están los amigos, para acompañar en las buenas y en las malas.
El alto y rubio Christian Taylor habló en nombre de todos, logrando una pequeña sonrisa en el pálido rostro de July, quien por un momento pensó en su amigo, sí, aquel fornido muchacho no solo estaba ahí por ella, Chris siempre había estado enamorado de su hermana y perderla, aunque fuera un amor platónico también significaba mucho para él. July no podía hacer nada por el más que acompañarlo en su dolor y desearle buena suerte en su búsqueda por amor correspondido.
Finalmente, lanzó una última mirada hacia la tumba de su hermana mientras iba hacia a la salida del cementerio, tal vez cuando su corazón no estuviera tan roto volvería a charlar un poco con Serena, en verdad que lo necesitaba.
— Si gustas puedo llevarte a casa July— Grace le ofreció algo que no podía rechazar, así que aceptó agradecida.
Prometiendo a sus amigos una especie de reunión otro día, July se despidió de todos, además les informó a Natalia y a Gabriel que los vería después.
— Tranquila, todo estará bien.
La rubia valoraba tanto la amistad de aquellos muchachos como la de Grace y quiso creerles, así que solo asintió dejando su mirada perderse a través del cristal del pequeño auto y sobre las leves gotas de lluvia que comenzaban a caer.
La ojivioleta no sabía cómo reconfortar a su amiga, no le gustaba ver triste a la que muchas veces le dio la fuerza necesaria para salir adelante, quería ser fuerte, pero estaba empezando a caer en aquella atmosfera deprimente.
— ¿Tu abuelo te prestó el auto?— inquirió July.
— Sí... no lo utiliza mucho, ya sabes cómo es él.
— Es mejor caminar que conducir, ese es su lema de siempre.
— Exacto.
El ambiente volvió a decaer inevitablemente, Grace comprendió que era difícil hablar de cualquier cosa cuando no hay ánimos para ello. No tardaron en llegar a la mansión, que a pesar de su elegante construcción lucia lúgubre.
— Gracia por traerme, espero verte pronto.
— Yo también.... July, ¿estás segura que no quieres que te acompañe?— cuestionó la pelinegra.
— No, es mejor que me vaya acostumbrando a las cosas.
— De acuerdo, estaré algunos días por aquí, llámame ¿quieres?, no desearía que te consumas en la soledad.
La rubia asintió y luego de un fuerte abrazo salió del auto y caminó hacia la puerta principal de la casa. Mientras subía por las escaleras todo le parecía irreal, pensaba que, si entraba a la habitación de su hermana, ella estaría ahí, esperándola con una gran sonrisa, sin embargo, tenía que afrontar la verdad.
— Matthew la espera— fue el susurró de Naya, cuando sin darse cuenta había llegado a la habitación del bebé.
Entró completamente en el cuarto mirándolo muy azulado para su gusto.
— Se ve cansada señorita, si prefiere yo puedo intentar dormirlo...
— Déjalo, estoy bien— expresó sin querer dejar a su sobrino.
— Como prefiera, yo... le daré privacidad.
July no lo consideró un inconveniente, era lo que necesitaba, estar con alguien que no quisiera animarla pero que le diera algo de paz, y quien mejor para eso que el sonriente Matt en sus brazos. Sus cabellos oscuros y su cuerpecito limpio con aroma a bebé le dieron una razón para seguir, lo sujeto cariñosamente mientras ella lloraba en silencio.
— Voy a cuidar de ti, ya lo verás... te prometo que jamás te faltara... ni un poquito de amor— expresó, admirando las blancas y bellas facciones de aquel angelito que comenzaba a dormir.
Sonrió un poco sentándose en la mecedora que su propia hermana utilizaba algunas veces para verla a ella cargando a su hijo, y como si fuera lo más normal del mundo, el infante se acomodó rápidamente en el cálido pecho de la rubia, guiado por los latidos del corazón y el suave vaivén de la silla, Matt quedó dormido entre aquellos brazos que le transmitían mucha paz y amor que en un principio no existía. La chica acarició la cabecita y la espalda del pequeño, que en el sueño profundo se dejaba querer por la persona que a partir de ese momento velaría por él como nadie.
Sin que July se diera cuenta estaba siendo observada por un par de pupilas azules quienes seguían la escena con fascinación y agradecimiento. Killian había logrado salir del cementerio luego de las típicas muestras se sentimentalismo que en nada le servían, no había querido que Annya lo acompañara, ese tramo era exclusivamente suyo y entre más rápido se habituara a la soledad de su casa, más pronto se recuperaría de aquella muerte que solo le dejo pesadez.
Él quiso a su esposa y ella se había ido, aun así, aunque pareciera rudo debía aceptarlo por el bien de su hijo y el de la salud mental que se estaba viendo afectada por ello, no obstante, la sola imagen que admiraba desde la puerta bastaba para recuperar la cordura y todo lo que deseara; era como entrar a la gloria después de vivir el infierno. Sí, tal vez era una típica escena amorosa que varias veces había mirado oculto, sin embargo, ese día en especial significo mucho para él, consiguiendo unos segundos de paz para su propia acongoja.
Con mucho cuidado decido retirarse y se dirigió a su despacho, era solitario y austero como él, era el lugar donde más se sentía seguro.
Reclinándose en su asiento exteriorizó lo que durante el día había experimentado, algo que iba desde la congoja hasta la rabia, pasando por la impotencia de no poder hacer nada por la chica que ya descansaba en paz. No podía rendirse en la búsqueda, pues de no averiguar nada de esa enfermedad, su hijo o incluso July corrían riesgo de contraerla y eso no lo permitiría jamás. Ahora era responsable de la seguridad de esas dos personas que componían su vida y ya podía hablar con total libertad al decir que no los quería fuera de ella, a ninguno.
— ¿Cómo fue que llegamos a esto July? ¿Cómo fue que repentinamente nuestros caminos se separaron tanto?, solo para convertirnos en un par de seres humanos tristes dispuestos a darlo todo por aquellos a quienes más quisimos... no sé si hicimos lo correcto, pero sé que no se ha extinguido lo que siento cada vez que te miro; vivimos en la agonía de desearnos pese a las promesas...
— Hoy pagamos con la culpa,
— ¿hasta cuándo podremos ser...
— ...completamente felices?
Esos eran los pensamientos de dos personas, quienes a pesar del tiempo transcurrido frente a las imparables agujas del reloj mantenían la esperanza de que el mañana fuera diferente. No obstante, un mañana no es posible sin un pasado y mientras las campanas de media noche sonaban, un par de mentes se atrevieron a adentrarse en aquello que no los había abandonado, pero que trataron de reprimir a toda costa: los recuerdos.