Un pequeño accidente

4982 Palabras
La vida está llena de decisiones y sin embargo es imposible saber a dónde terminaran llevándonos; July lo sabía perfectamente, y cuando era más joven, armándose de un tremendo valor había decido seguir sus sueños y cumplirlos a como diera lugar; había pasado la mitad de su vida trabajando por y para ella, por eso, un hombre que consumía más alcohol que todas las personas que conocía no iba a interferir en sus planes. Estaba decidida a forjarse un futuro y hacer lo que más quería. Su vida no era la mejor, la más ejemplar o la más cómoda, siempre había estado llena de obstáculos y pesares que había soportado como el mejor de los valientes en la guerra. Desde temprana edad aprendió lo que era el desamor y lo que es ganarse el pan, sufrió el rechazo varias veces, pero aun así ella siempre sonreía, porque "no existía un mejor contrataque que la sonrisa para llenar su oscura existencia con un poco de luz", ese era su lema el cual la acompañaba pese a todo. — Hey, llegas tarde. Su amigo Christian era el vivo ejemplo de lo que se podía lograr con muchas horas en el gimnasio y dedicación, la esperaba como todos los días en la banca cerca de su salón de clases, el rubio muchacho estudiaba ingeniería mecánica y ya había realizado varios proyectos que tenían que ver con una de sus pasiones: las motocicletas. — Lo lamento, tuve que pasar primero a solucionar algunas cosas del trabajo. — ¿Continúas con los diarios? — ¡Ay no!—  exclamó la chica haciendo reír al rubio– eso ya no es para mí; estaba bien en la preparatoria o antes, ¿qué pensarías si una universitaria te entregara el periódico en tu casa? — Pensaría que definitivamente no tienes nada mejor que hacer que montarte en una bici y recorrer la cuidad en media hora. La rubia asintió haciéndole ver a su amigo que tenía razón. — ¿Entonces de que trabajas ahora? — Trabajo en... digamos que cuido las tuberías. — ¿De plomera? El sonrojo de July le provocó risa. — Eres una especie de cosa sabelotodo con patas, July ¿qué cosa no sabes hacer? — Pues... se me dificulta hacer trabajo en gasolineras o salones de fiesta, la última vez me echaron porque quebré una vajilla. Christian volvió a reír abrazándose a la rubia quien lo seguía hasta el pasillo donde regularmente se separaban para dirigirse cada quien a sus respectivas aulas. — Eres una cajita de monerías, eso es bueno. — Sí, sí... te veré más tarde, debo llegar a clase de historia o la profesora Emilia volverá a regañarme. — ¿Por qué siempre llegas tarde a tus clases aun cuando llegas a tiempo a la universidad? La sonrisa de la chica se amplió a tal medida que Christian adivino la respuesta. — Es que siempre le dedico cinco o seis minutos a mirar las obras que se ensayan en el teatro. — No cabe duda de que eres una soñadora empedernida. — No, solo quiero cumplirlo. Ambos se despidieron y la rubia se desvió del camino por unos minutos como todas las mañanas, el máximo sueño de Julianna Wells era actuar, sentir la emoción sobre las tablas, la luz de los reflectores, hacer suyo al personaje y darle vida con la intensidad requerida de interpretarlo ante el público en una trama perfecta. Deseaba de todo corazón ser actriz y por ello pese a sus padres, ella estaba ahí aprendiendo para algún día cumplir su sueño. — Llega tarde señorita Wells. La muchacha recibió la reprimenda con un leve sonrojo en las mejillas, no obstante, ya era costumbre. — Por hoy se lo pasaré, tome asiento y espero que mañana llegue a tiempo para el inicio de la clase. — Lo intentaré profesora. La mujer de mediana edad y de anteojos perdía la paciencia ante la joven rubia, no sabía cómo una persona, cuyo habito es la impuntualidad podía pensar en ser actriz, sin embargo cuando se llevaban a cabo las dinámicas que solía emplear para disipar la mente de los estudiantes, la habilidad de July para apoderarse de un personaje sin importar si era hombre o mujer era fantástica, por ello a veces pasaba por alto que la chica no llegara temprano, no hiciera la tarea o que en ocasiones dormitara cada vez que explicaba sobre Platón y Aristóteles. — Bien, prosigamos con la clase—  aclaró la mujer tras suspirar resignada a la manera de ser de su estudiante "especial". Una vez que July se sentó en su lugar hasta atrás, saludó a su compañera entre murmullos. — Hola Grace.   — Hola. La chica bajita de expresión sonriente saludo inmediatamente a su amiga. — De nuevo llegando tarde July, ¿cuándo aprenderás? — No es por gusto, que culpa tengo yo que los del teatro comiencen tarde con sus ensayos. Grace Miller contuvo una carcajada, sin duda la rubia siempre tenía un pretexto bajo la manga, definitivamente la palabra puntualidad no era propia de ella. La clase pasó como siempre, al final la expresión de cansancio de la mujer le hizo suponer a July que debía comenzar a considerar la salud de su profesora y llegar temprano, aunque fue un pensamiento fugaz que se quedó en solo eso, un pensamiento. — Ojalá que la profesora no tenga problemas de la presión. — July, si fuera así ya te hubiera corrido de la clase. — Es que soy una prometedora estrella. La risa macabra de la rubia sacó una de pena en la chica bajita, quien ahora caminaba junto a ella por los pasillos después de la clase.. — ¡Hola chicas!, ¿todo bien? A ellas se acercó una joven de cabello y ojos castaños, con quien compartían algunas clases como danza y desenvolvimiento escénico, Trisha era su nombre y aunque era la melosidad andante era una buena chica. — Sí, solo es July y sus ideas megalomaníacas. La muchacha miro a la aludida quien solo la saludo con su sonrisa de siempre. — Eres incorregible, pero es lo que hace tu personalidad adorable. — Juas juas juas, eso es todo lo que necesito para triunfar. — A veces me pregunto si no tienes tu listón muy alto, yo con ser bailarina me conformo— externó la castaña. July negó, y caminando al lado de sus amigas les expresó lo que pensaba. — Yo sé que lograré ser actriz, no necesito de ningún otro sueño, eso siempre es lo que he deseado y nada ni nadie podrá quitármelo nunca. Mas había un viejo refrán que dictaba: "Nunca digas nunca" porque corres el riesgo de retar al destino; eso fue lo que precisamente hizo la rubia, sin saberlo tentó al destino y éste la puso a prueba.   *     *      *   Era sabido por todos que la "K Corporation" era la empresa más amplia y rica de todo el continente, su ex dueño Roderick Killian había invertido todo su tiempo y esfuerzo en alzar un imperio inigualable, su sueño había sido cumplido, creando así la compañía más grande de todo el mercado y los actuales dueños la habían mejorado aún más renovando su visión y concepto. Roderick había sido considerado por muchos como un loco fascista que solo creía en lo que él hacía, por lo que no era extraño que se hubiera forjado un buen número de enemigos y competidores que solo deseaban arruinarlo, sin embargo, lo único que tal vez había hecho excelente era criar a su dinastía con las armas suficientes como para jamás perder su herencia ni ninguna guerra que pudiese destruir su imperio. Su máximo error fue encerrar a sus dos hijos y no permitirles contacto alguno con el mundo, quien a su vez era visto por ellos a través de la compañía y de ninguna otra manera. Mas muerto el tiránico hombre debido a un paro cardiaco hacia tres años, la corporación quedó libre y a cargo de un par de chicos que hacían un trabajo perfecto, donde a pesar de las dificultades, la empresa continuaba siendo la número uno, no solo en la invención de nuevos productos, sino en otras ramas que eran de sumo interés para sus dueños. — ¿Estás seguro de hacerlo? — Completamente. El hombre que miraba al muchacho de desbordante seriedad por la pantalla suspiró hondamente para no gritar. Oliver Bennett había sido nombrado tutor de los jóvenes Killian hasta que cumplieran la mayoría de edad, lo cual el primero ya había logrado. Algo política y forzosamente necesario entre las leyes; sin ningún respaldo, esos chicos por muy ricos o inteligentes que fueran no tendrían ni voz ni voto dentro de su empresa, pero ahí estaba él, supervisando cualquier idea que los muchachos pudiesen tener. Alex Killian, el hermano mayor, era la persona más sensata y autónoma que Oliver hubiese conocido en la vida, no en vano el difunto Roderick había criado personalmente a sus dos herederos quienes contaban con una mente prodigiosa que les valía tanto el halago como la envidia de muchos. — Pero Alex... — Nada de peros, es hora de que haga lo me plazca. — ¿Y quién cuidara de...? — Mi hermano es capaz de valerse por sí mismo, no es ningún inútil. Era tan fácil hacer enfadar al castaño que el hombre tuvo que morderse la lengua para aceptar las palabras de ojiazul. — Alex... — Ya he soportado por muchos años que alguien domine sobre mi vida, ahora me toca hacer lo que me dé en gana. — Y ¿estás consiente de lo que esto podría provocar?, dejaras vulnerable una buena parte de la empresa y sabes perfectamente la infinidad de excusas que algunos buscan para... — Ya lo sé. Resignado entonces, Oliver aceptó sabiendo que no podía ganarle a Alex, el chico era muy listo, pero también muy terco y cuando se traía algo entre manos, nadie lo haría cambiar de opinión. — Al menos dime que Noa está de acuerdo. — Lo está, él se hará cargo de lo que se necesite mientras estoy fuera. — ¿Lo que será un tiempo aproximado de...? — Seis horas— el rostro de su tutor le dijo que lo consideraba demasiado tiempo. –Por favor, solo voy a ir a la maldita universidad, ¿tienes que hacer un escándalo mundial por eso?, creo que en j***n no te escucharon. — Sé que tus deseos de ser libre son los que predomina aquí y no voy a detenerte, por fin eres mayor de edad, tu sabes lo que haces. — Sí, y si te llame es para hablarte de Noa, le faltan dos años para cumplir veintiuno, por eso los viejos de la mesa directiva no deben enterarse de que estará manteniendo él solo la compañía, de ser así no quiero pensar de lo que pueden ser capaces esos buitres. Oliver lo sabía, la mesa directiva estaba conformada por un grupo de hombres que tenían por fin ganarse el poderío completo de la empresa, durante años ocultaron sus verdaderas intenciones, no obstante en el momento de verse liberados de Roderick Killian habían mostrado sus verdaderos colores y atacaron con todo; afortunadamente el difunto ex-dueño de la empresa entrenó bien a Alex, quien con su ayuda lanzó un eficaz contraataque que los mantuvo a raya hasta que el chico hubo alcanzado la mayoría de edad, sin embargo, en las actuales circunstancias era peligroso arriesgarse demasiado. — Solo iré a la universidad, Oliver, no es que me vaya para siempre, además Noa ama investigar y dirigir la empresa tanto como yo, la corporación estará bien. — No lo dudo, de todas maneras, estaré en contacto constante con Noa, no podemos arriesgarnos. — Haz como gustes, te veré después. El castaño terminó la video llamada y respiró tranquilo, Oliver era eficiente, pero muy nervioso para su gusto, un rasgo que rompía con la perfección de lo que estaba acostumbrado. — ¿Tuviste suerte? La voz de la persona que iba entrando le hizo tranquilizarse, podía comportarse como un lobo sediento de sangre fresca cuando se encontraba en la empresa o con desconocidos, pero cuando se trataba de la confianza que solo la fraternidad le daba, su verdadero carácter se presentaba y era algo diferente a lo que Roderick les había inculcado. — Sí, al menos ya no grita espantado por la idea. El muchacho que con facilidad rodaba su silla de ruedas se instaló frente al escritorio que ambos compartían en aquella casa. — Papá te habría desheredado. — No lo creo, quizá se habría enfurecido a morir. — Me encanta tu n***o sentido del humor. — Cuando quieras. Ambos hermanos eran similares, criados bajo mano estricta, habían alcanzado niveles fascinantes de inteligencia, desde pequeños fueron sometidos a duros entrenamientos mentales que en cierta forma ayudaron a fomentar en los dos un duro y estricto carácter. Tenían una diferencia de dos años y cuando se trataba de negocios, la parte del apellido Killian salía a la superficie convirtiéndolos en témpanos de hielo irrompibles. — Y ¿cuándo comenzaras? La voz sutil de Noa rompió el corto silencio en que se vieron sumergidos, pero para el mayor no fue molestia. — Hoy, más tarde. — ¿Qué año cursaras? — El ultimo, ambos sabemos que no requerimos la universidad, sin embargo, es mi deseo ir. — Papá siempre fue muy estricto en cuanto a nuestra educación, especialmente en que no sucediera fuera de casa, jamás lo comprendí. Aunque pudiera llegar a comportarse tan estoico como su hermano mayor he ahí el secreto, Noa era más sensible que el otro, tal vez había sido porque Alex en el cariño instintivo que le tenía al pequeño, reconfortaba a éste cuando más lo necesitaba — No es necesario quebrarse la cabeza con eso, olvídalo. Noa entendía el odio de su hermano hacia su padre, aun así, él no odiaba a su progenitor, aun cuando en ocasiones los había tratado peor que animales. — Me alegra saber que eres feliz. — ¿Quién dijo que lo era? — la voz retante de Alex se escuchó siseante. — Bueno... vas a la universidad por gusto, ¿no? — Sí. — ¿Entonces? La sonrisa irónica del mayor respondió la pregunta, por lo que Noa resopló y movió la cabeza de lado a lado. — Eres imposible, solo vas para vengarte de papá, ¿no es cierto? — Creo que el diagnostico "brillantez aguda" queda corto para ti hermanito. — No veo chiste en una venganza donde papá no te ve. — No, pero se retorcerá en su tumba. Noa no supo si reír o no, Roderick les había prohibido tajantemente asistir a escuela alguna relegando su educación a él mismo o a profesores que pasaban fuertes dispositivos de examinación antes de ser contratados. No sabía los motivos para tal locura, sin embargo, Alex rompería las reglas y estudiaría en una universidad, y no en cualquier privada sino en una pública, eso le daba más sabor a su venganza. — Espero que al menos te sirva de algo. — Claro, para reírme de los ineptos que tardaron años en llegar a donde están, yo bien podría cursar tres carreras en un día mientras que esos... — Sí, sí, sí, lo sé... solo hazme un favor, ¿quieres? — Dime. — Diviértete un poco, si vas a vengarte de papá haz el trabajo completo. El guiño del mayor hizo sonreír a su hermano, otra idea loca de su padre había sido la cero diversión, de no ser por los juegos de prueba que la compañía creaba o los simulacros de aviación o de autos que de vez en cuando se empleaban para una estrategia de estudio, jamás se habrían desahogado un poco. La recreación era una prohibición extremista y su sola mención causaban nauseas en el hombre, pero con él muerto y la libertad necesaria, ambos muchachos podían hacer lo que quisieran y si eso incluía la diversión, por supuesto que lo harían. — Lo intentaré. — Entonces vete ya, no quiero que llegues tarde a tu primer día de "escuela". — Chistoso— gruñó el mayor incorporándose de su asiento. — Yo mientras tanto estaré al pendiente de la empresa. — Más te vale. Noa acompañó a Alex hasta la puerta y ambos se despidieron, vio a su hermano mayor tomar uno de muchos autos que habían comprado después del funeral, muerto el problema, por fin se daban el lujo de lo que fuera, por eso mientras el joven de cabello azabache veía el automóvil desaparecer, pensó en su situación y en lo mucho que le hubiese gustado acompañar a su hermano en su nuevo recorrido por el mundo, no obstante, existían varias imposibilidades que se lo impedían, principalmente la silla que lo transportaba a todos lados, era un trago amargo para una mente tan joven.   *     *      *   Era un hecho, la universidad no era la mejor, ni mucho menos lo que esperaba, pero el nivel de educación era aceptable, así como la construcción y el inmueble, algo que seguramente su padre habría despreciado con el alma, eso solo le ocasionó un grado más de satisfacción. Salió del lujoso auto con altivez y desplegando su dura mirada, ahí estaba, cumpliendo el capricho de "educarse" lejos de las paredes de su casa. Era un ambiente totalmente distinto al que estaba habituado y estaba rodeado de lo que seguramente eran un montón de tontos que podrían aprender más de él que de toda la bola de inútiles profesores. Su narcicismo cubría niveles exorbitantes y caminando con elegancia fue como se encontró con el ambiente universitario: chicos sentados en los jardines, conversando, estudiando, riendo... algunos enfrascados en la resolución de sus tareas o coqueteando. — No es la gran cosa, solo son un montón de basuras inferiores. Se mofó abiertamente sosteniendo su maletín con aire de arrogancia y su estilizada figura de siempre. Tenía tantas miradas sobre su persona, Alex Killian era consciente de que su crianza lo había dotado de cierto aire atrayente que en esos momentos deseaba minimizar, su porte ejecutivo y los exquisitos rasgos que conformaban su rostro solo podían valerme miles de sonrisas y suspiros que obviamente acrecentaban su vanidad. Finalmente llegó al edificio central, en donde el decano o la persona "apropiada" lo guiaría en su primer día de clase, con la diferencia de que estaría en último año solo por el afán de hacerlo. — Buenos días señor Killian, lo estábamos esperando. Un hombre de mediana edad con traje cafe lo saludó en la recepción y permitiéndose un poco de confianza con el muchacho le palmeo el hombro. Alex miró el acto como indeseable y así lo noto el decano quien tembló un poco ante aquellos zafiros congelantes. — L— le doy la bienvenida... todos nos sentimos sumamente halagados de que haya elegido esta institución para... — Si pudiera darme mi horario de clase podríamos terminar con esto más rápido, estoy perdiendo mi tiempo y como sabrá, cada segundo cuenta para mí; la holgazanería no me gusta. Duras y directas palabras provenientes de un muchacho, o al menos eso fue lo que pensó el decano, que comenzó a sudar por la sola presencia del magnate. — Si, como usted diga... sígame por favor. El castaño estaba feliz de concluir con el absurdo protocolo y las miradas anonadadas no se desviaron de su persona hasta que estuvo lejos de la dirección. — Lo guiaré hasta su área de estudio, ¿dijo que deseaba administración y economía? — Sí. — Por lo regular los estudiantes prefieren carreras no muy difíciles ya que... — Yo no soy como los otros. El decano comenzó a creer que los rumores sobre el reacio y difícil carácter del dueño de la grandísima "K Corporation" eran totalmente ciertos. Él tenía conocimiento sobre el trabajo del ojiazul y su enorme capacidad intelectual, sin embargo, no terminaba de comprender el por qué se encontraba en la universidad cuando obviamente no lo necesitaba. — "Caprichos de ricos"— pensó el hombre, cediéndole el paso a su nuevo e importante estudiante. Durante los aproximadamente tres minutos que duró su trayecto al edificio donde las clases del muchacho se impartían, ninguno de los dos cruzo palabra, hasta que llegaron. — La universidad está constituida en su mayoría por secciones, de esta manera se nos facilita la localización de materias y carreras; esta es la "sección D", la mayoría de sus materias le serán impartidas aquí. — Comprendo. — Le hago entrega de su horario, por ahora tiene la primera clase con el profesor Frederick Brown... si me permite adelantarle es un magnifico administrador y experto en mercadeo, espero no tenga dificultades con algunas clases, ya que como nunca ha cursado... — Eso no es de su incumbencia, si me permite, tengo un horario que cumplir. El castaño caminó importándole poco dejar al decano con la palabra en la boca, lo único que le importaba era seguir sus objetivos. Decir que la clase de Administración Mercantil había sido aburrida, habría sido como decir que la lluvia no tiene agua. Tal vez el profesor era una eminencia y sus conocimientos eran grandes en comparación a cualquiera, pero desde que Alex Killian puso un pie en el aula, cada una de las miradas estuvo atenta a sus acciones, dejando de lado al casi siempre alabado profesor quien por cierto evidencio su enfado. Era inevitable no admirar al nuevo estudiante, pues un increíble historial lo respaldaba. Y así terminó la clase, entre chismes y cuchicheos, cediéndole el paso a los curiosos que se aglomeraron alrededor del ojiazul para resolver sus cuestiones — Hola, yo soy Sara y ella es Miriam, tu eres Alex Killian ¿verdad? Mas el aludido ni siquiera les prestó atención, continuaba tecleando rápidamente sobre su portátil una magnifica nueva idea que hubo diseñado durante la clase. Ambas muchachas se miraron con cierta interrogación, pero no se rindieron en su intento por acercarse al millonario. — Nos preguntábamos si ya conoces las instalaciones, si no, podemos guiarte para... — Realmente son fastidiosas, no necesito su falsa amabilidad, desaparézcanse de una maldita vez— exigió el chico dándoles una gélida mirada a ellas y a todos los que estaban cerca, los cuales se retiraban murmurando cosas no muy buenas sobre el genio. Alex exhaló aire varias veces, odiaba a los chismosos y que lo acosaran, como supuso la clase fue aburrida, no obstante, estaba ahí por su venganza, lo cual no quería decir que tuviera que socializar con alguien, las personas eran cómo molestos mosquitos en busca de sangre que succionar y él tenía el derecho de espantarlos o destruirlos si intervenían con sus planes. No estaba ahí para tratar con las personas y así seguiría, aunque terminara siendo odiado por esas basuras, estaba acostumbrado a ello y un montón de personas más uniéndose a la lista lo tenía sin cuidado. Seguramente "nadie" lograría llamar su atención como para tener una conexión realmente importante con ese lugar. Sin embargo, él fue la segunda persona que tentó al destino ese día. *    *     * July estaba llegando a su límite de cordura, Christian estaba enfrascado en una teoría numérica con Daniel Smith, un chico de cabello largo que estudiaba casi lo mismo que el fornido rubio, ambos amaban la mecánica o cualquier cosa que necesitara energía para funcionar; y mientras Chris estudiaba para hacer el motor más perfecto del universo, Daniel lo hacía para fundar su propia empresa automotriz. Por algo sabia la rubia que se llevaban perfectamente, los dos eran buenos amigos con los cuales podía contar siempre, pero cuando se metían de lleno a debatir sobre matemáticas y física comenzaban a exasperarla, detestaba los malditos números, le revolvía el estómago de solo recordar las calificaciones reprobatorias y cursos de verano en la preparatoria, quizás era porque nunca tuvo ningún buen maestro en el área, por ello indicándole a Grace y a Trisha que entraría a la cafetería se encamino a la entrada. — Hey, ¿por qué se fue? — cuestionó el rubio a la pelinegra. — Ya sabes que odia los números y ustedes la están la sacando de quicio. — Es que July es rara— agregó Daniel. — Sí, no sabe discutir de lo bueno de la vida— secundó Christian. — Pues yo estoy con ella, no entiendo nada de lo que estaban hablando— finalizó Trisha mirando a los chicos que se sonrieron cómplices. Se habían conocido en la preparatoria, ahí iniciaron una sólida amistad en donde todos conocían los que les gustaba o disgustaba del otro, aunque era raro ver tres artistas y dos intelectuales. — Grace antes de que July llegue hasta la barra, le puedes pedir me que traiga un pay de queso, estoy molida por los entrenamientos de danza y no puedo moverme. — Sí Trish— la pelinegra se levantó y llegó con su amiga rubia. La cafetería estaba llena y la rubia estaba cansada, solo quería su almuerzo para poder continuar con su día, de la nada la ojivioleta apareció a su lado. — July, puedes traer un pay de queso para Trisha por favor. — Sí, no veo porque no— mientras le respondía a Grace algo llamo la atención de la rubia —¿Me pregunto qué está pasando ahí? Señaló hacia un grupo se arremolinaba alrededor de alguien. — Quien sabe, seguramente un loco jugando vencidas. — Puede ser. Aunque el barullo aumentó y su curiosidad era mucha, July prefirió ignorarlo e ir por su comida y el encargo de Trisha, mientras Grace volvía afuera con los chicos quienes podían verla a través de la pared de cristal. Por otro lado, no muy lejos de ahí, Killian se debatía entre mandar al diablo todo este estúpido asunto de la universidad o no. Había decidido ir a la cafetería en busca de un poco de paz encontrándose exactamente con el mismo remolino de personas curiosas que sin reparo se congregaban a su alrededor preguntado cosas tontas que solo le estaban provocando jaqueca. Y era extraño que no hubiera gritado ya, aunque, la idea de que Noa se burlara por no soportar ni un solo día de clases menguó su ira remplazándola con la idea de no ser humillado por su hermano menor, no iba a darle gusto y ganaría la apuesta. Así es, Noa le había dicho que no soportaría una semana en la universidad y él había aceptado apostado como "premio" la creación de un nuevo chip de robótica el cual se lanzaría al mercado con el respaldo de alguno de los dos. Eran usuales esas competencias que al final solo beneficiaban a su empresa, no obstante, una patente era una patente y llevarse el crédito era lo mejor. No soportándolo más, el genio se incorporó casi violentamente de donde estaba sentado y caminando con molestia se retiró lejos de esas personas, ser el centro de atención era a lo que estaba acostumbrado, pero eso se había vuelto excesivamente fastidioso. — ¡DEJENME EN PAZ, DE UNA MALDITA VEZ! — gritó, apretando el asa de su portafolio con fuerza, pero eso no hizo desistir a su grupo de fans, que continuaron siguiéndolo. Por otro lado, July seguía esperando en la fila, debía darse prisa o la hora del descanso finalizaría y la siguiente clase requería de todas sus energías para dar a conocer su mejor dote histriónico. Una vez que pudo tomar la charola con sus alimentos y pagar por ellos, vio que unas mesas adelante estaba Jack Crimson, un bufón por naturaleza, que se encontraba bromeando con sus amigos quienes reían estrepitosamente. July no pudo evitar mirar la maniobra de Jack, el muchacho había logrado mantener el equilibrio sobre una mano por encima de la mesa mientras elevaba todo su cuerpo hacia arriba, era una faena asombrosa y después de admirarlo decidió seguir su camino. Fue entonces que las cosas sucedieron y al destino se le ocurrió intervenir. Como era de esperarse Jack perdió el equilibrio y cayó de espaldas empujando a uno de sus amigos, que a la vez empujó a una chica y ésta a un joven que caminaba con su charola llena de comida y bebida. El caos era imaginable, pero no el pequeño accidente que le sobrevino. Tratando de huir de sus "fans", Alex se acercó sin darse cuenta a la zona del desastre, tratando de no perder los estribos y no matar a la bola de ineptos que lo seguían como abejas a la miel; para colmo, no se percató del desastre de comida a sus pies igual que cierta joven. La caída había sido atroz, el escuchar risas de burla en el fondo le hizo perder la paciencia, pero ahí no terminaba todo, alguien había caído horizontalmente sobre su persona, aprisionándolo en el piso sin salida. En cuanto se recuperará del choque pretendía destrozar a quien estaba sobre él. July tampoco pudo evitar caer porque el piso estaba resbaloso con lo que parecía ser soda y restos de comida, además sin saber cómo, terminó encima de alguien, reponiéndose rápidamente estaba lista para disculparse con quien amortiguo su caída o en su defecto gritarle a Jack por su incompetencia y falta de sensatez, sin embargo, sus ojos se encontraron con otros que le hicieron retener el aliento por tiempo indefinido. Azul y castaño melado se miraron impresionados, observando mucho más allá de un superficial color y emociones indescifrables, no terminaron el contacto de un par de desconocidos rodeados de risas y cuchicheos; dentro de sus mundos se detuvo el tiempo, cediéndoles la eternidad de ese momento. Ambos sintieron su piel erizarse por solo ver en la profundidad de un azul o de unos ojos melados que decían mucho. Así fue como el primer contacto se dio y de cómo el destino fraguó una vida que al final era totalmente incierta.  
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