July vivía sola desde que tenía quince años y a pesar de las condiciones en que lo hacía, para ella era la libertad, su apartamento no era una castillo, pero al menos le servía para dormir y guardar las pocas pertenencias que tenía, era mucho mejor que vivir con su padre alcohólico, no es que quisiera recordar cosas malas, su padre nunca se responsabilizó de su hija, no obstante, la gota que derramó el vaso fue cuando en una de sus borracheras le exigió dinero para alimentar su vicio, ella se negó firmemente y lo único que obtuvo fue la peor golpiza de su vida, se había criado más en las calles que en casa, sabia defenderse, aun así, no supo por que no pudo agredir a su progenitor. Cuando despertó en el hospital le informaron que tuvo algunas hemorragias internas y desgraciadamente el mayor problema era que su sistema reproductor estaba severamente dañado, le había pateado tantas veces el vientre que la había dejado estéril, fue un enorme shock en su vida, gastó todos sus ahorros en las cuentas del hospital y en fingir que fue una pelea callejera o de lo contrario terminaría en una casa hogar, decidió alejarse de su padre y vivir por su cuenta.
Del hombre generoso que cada noche llegaba a casa con chocolates o caramelos no quedaba nada, solo el recuerdo de una vida feliz, tal vez por eso no pudo odiarlo, se estaba matando el solo y no vio necesidad de imprimirle una cosa más. Después de huir, tres años más tarde le dieron la razón, su padre murió de una congestión alcohólica y fue enterrado en una fosa común.
Todo eso ya no le preocupaba, era algo que había dejado en el pasado entendiendo que nadie se iba a preocupar por su vida más que ella misma, suspiró observando el techo que más bien parecía colador y trató de no mortificarse. Su vida era complicada, sin embargo, no se sentía un pobrecito ser humano sobre la tierra, estaba segura que había gente que lo pasaba peor, aunque a veces le gustaba fantasear sobre una vida normal: una infancia llena de juegos y bromas, con una madre que la esperara en casa con la comida lista, con una sonrisa o un leve regaño tras alguna travesura; un padre trabajador responsable de su familia y por último, una hermana saludable que charlara por teléfono largas horas con sus amigas, esperando conquistar al chico que hacia latir su corazón. Que sueño tan bello e idealista que conscientemente sabía que jamás pasaría.
La vida le había dado todo lo contrario, siendo su hermana su única preocupación, Serena estaba enferma y ella estaba impotente pero dispuesta a ayudar sin importar la molestia de su madre o la debilidad que poco a poco carcomía la vida de la única persona dentro de su familia por la cual valía la pena luchar. La chica sonriente de rasgos bonitos e inocentes era su luz y no se imaginaba la vida sin ella, aunque físicamente estuvieran separadas.
A pesar de los nubarrones sobre su vida, ella siempre sonreía, de lo contrario sabía que terminaría con una severa depresión, además, su sustento eran sus amigos y su hermana, podía soportar todo gracias a ellos. Pese a todo, se esforzaba en sus empleos para que alguna moneda extra fuera a parar al fondo de los estudios médicos de la pelirroja, no obstante, ninguna ciencia podía dar con la causa ni mucho menos la cura, creando así pocas esperanzas de vida para la joven.
Sin duda la mala suerte la seguía a todos lados; como hoy, por ejemplo: recordando a un par de ojos azules que le hicieron fruncir el entrecejo.
— Imbécil presumido— pronunció plenamente convencida de sus palabras.
Había algo que le molestaba mucho, no comprendía porque quedó hechizada bajo unos bellos zafiros, lo cuales no se despegaron de su mirada, hasta que el mequetrefe de Jack tocó su hombro desviando su atención. Fue entonces que se percató que permanecía encima del joven. Toda roja de pena, se irguió rápidamente tendiéndole la mano al muchacho que la rechazo con un manotazo, levantándose ágilmente en el acto.
— "Ten más cuidado, arruinas mi traje".
— "¿Eh?"
Estaba tan sorprendida que no reaccionó y la helada mirada azul congeló su sistema.
— "¿Qué? ¿Tengo algo pintado en rostro, idiota?"
— "¿Cómo me llamaste?"— indagó la rubia inmediatamente, sintiendo que la pena se transformaba en enfado.
— "Idiota, eso es lo que pareces con esa cara de boba y tu ineptitud al caerme encima ¿Acaso tienes problemas de motricidad?"
El enfado de July pasó a encabronamiento.
— "¿Quién te crees para andar insultando a las personas? Bastardo engreído; ¿¡Qué!? ¿tus papis se enfadaron contigo y por eso te castigaron mandándote aquí?"
A su espalda el grupito de Jack reía con estruendo, si con insultos jugaba el castaño, ella lo haría también, y a pesar de las peleas callejeras en las que se hubiese metido, no se comparaban con la fuerza de aquel tipo que la había tomado con facilidad de las solapas.
— "Escúchame bien, basura, no vuelvas a meterte conmigo o te destruiré".
— "Uy que miedo me das, niño mimado"— fue la respuesta que le ganó un empujón a la chica la cual cayó al piso.
— "Quedas advertida, idiota".
Sin más había visto partir al ojiazul, al instante Christian había salido en su auxilio ayudándola a levantarse, mirando de reojo a Grace y a Trisha sostener a Daniel para no salir detrás del castaño y golpearlo.
— "¿Estás bien?"
— "Sí, aunque ese bastardo se ve delicado sí que tiene fuerza"— fue su respuesta tratándo de darle un toque bromista al asunto.
Sin querer se la pasó el día entero pensando en aquellos ojos azules y lo que la intensidad de su mirada le había hecho experimentar.
— Todo por accidentes bobos— susurró esperando dormirse pronto o no se despertaría para su trabajo matutino, el cual encontró gracias un buen contacto.
No obstante, July no era la única que tenía una mala noche. Alex por su cuenta, estaba lidiando de manera no tan eficaz con la mesa directiva, la cual lo habían citado esa misma noche en la sala principal de juntas.
— Es inaudito— habló un hombre de traje pulcro.
— ¿Que? ¿Qué haya decidido hacer mi vida como mejor me parezca?— respondió el castaño sarcásticamente.
— Sí, no puedes andar por ahí haciendo lo que quieras.
— Entonces han perdido su tiempo al citarme aquí.
— La corporación es muy importante joven Killian.
— Le hemos dedicado años de nuestra vida.
— No podemos permitir que toda la compañía se vaya a la basura por tus tontos caprichos.
— Si Roderick estuviera vivo no permitiría tal falta de juicio.
Alex escuchaba los parloteos de esos viejos de manera distante, lo que en verdad deseaba hacer era ir a casa y recostarse en su mullida cama, su día había sido estresante, no estresante como los días en la empresa, pero sí mucho; y en lugar de estar charlando con su hermano o de ocuparse de sus asuntos, estaba ahí, escuchando a una bola de hombres decrépitos que solo trataban de quitarle la empresa a ambos hermanos que la habían salvado de la ruina y la perdición.
Era una batalla de nunca acabar y comenzaba a pensar en la posibilidad de mandar a aniquilar a esos hombres sin dejar rastro, aunque pensándolo bien, debía persistir en esa idea, sería el principal sospechoso; ya harto de todo decidió intervenir.
— No olviden — dijo con voz fría—, qué joven o no soy el actual y legítimo dueño de la corporación y que, en su derivado, si algo llegara a sucederme mi hermano se haría cargo de la compañía; por ello, ustedes no tienen absolutamente nada que reclamar, si fue mi decisión estudiar en la universidad es un asunto que solo a mí me concierne.
— Pero está prohibido por las leyes que un menor...
— ¿Y quién dijo algo sobre eso?
Los hombres se miraron entre sí, descubrieron gracias a su espía los planes de Killian y creyeron que con esa nueva oportunidad podrían apropiarse de la empresa, por lo que lo citaron para exponerle su descontento; no obstante, el muchacho tenía todo perfectamente planeado.
— Noa no puede hacerse cargo mientras tú te encuentres estudiando.
— Sí, según la ley no puede hacerlo hasta que cumpla la mayoría de edad.
— En efecto— asintió Alex cansado—, eso dice la ley, y qué, ¿me creyeron lo bastante idiota como para dejar desprotegido a mi hermano?, se ve que no me conocen.
— Necesitaría una persona admitida por la junta o por tus padres para que supervise a Noa y de una vez te aclaramos que no aceptaremos a nadie, así que si deseas continuar en la universidad la compañía estará a cargo de uno de nosotros.
— Que interesante información— medio sonrió el ojiazul mostrándoles el triunfo en cada una de sus facciones. — ¿Acaso olvidan a Oliver?
— Bennett fue elegido para ti, no lo puedes transferir a Noa y nosotros no lo autorizaremos.
— Lástima que sus palabras no cuenten; déjenme decirles que si continúan aquí es por el contrato que mi padre les dio y puedo asegurarles que Roderick Killian de tonto no tenía nada.
Sin prisa el castaño les tendió una carpeta donde un montón de documentos se encontraban en perfecto orden, algo que no les gustó a los empresarios.
— Esto es imposible— murmuró uno sin creer lo que miraba
— Mi padre era un maldito, pero sí que tenía gran poder de predicción, si pensaron que no vería a futuro, sí que estaban equivocados; Roderick se dio a la tarea de facilitarle un asesor a mi hermano, el cual, para mi sorpresa resulto ser Oliver, mi padre firmó esto en presencia de notarios y testigos, señores, me temo que no pueden hacer nada, así que si me place irme años y dejar a mi hermano al frente de la corporación, lo haré sin miramientos.
Lo que más amaba Alex era ganar, sentir la superioridad y la satisfacción de victoria recorriendo sus venas cual adrenalina, al ver el cetrino rostro de los hombres frente a él no pudo evitar sonreír con ironía y una malvada dosis de sadismo.
— Hagan el favor de retirarse y no vuelvan a meter su nariz en mis asuntos o en cuanto pueda haré rodar cabezas, ¿les quedó claro?
Fue una orden que los hombres acataron sin desearlo, pero con legalidades sobre la mesa estaban derrotados y cabizbajos se retiraron, dejando al genio al cual siguieron odiando.
La soledad le dio un respiro y se reclinó confiadamente sobre su silla, era increíble como los buitres no se cansaban de sobrevolar la empresa. Su padre sí que sabía lo que hacía, contratar a los ambiciosos animales de su mesa directiva era parte de su estrategia, que mejor que personas predecibles para evitar ser derrocado, esa clase de gente no puede ver más allá de sus deseos. Todo era una estrategia casi como en el ajedrez, eso era lo que su progenitor le había enseñado.
— "La vida es como una pieza de ajedrez, cuando menos lo esperes se mueve y con ella las demás piezas, cada jugada debe estar perfectamente planeada y sin riesgo de que alguien te ponga en jaque, siempre debes dominar el juego y todo lo que te lleve a la victoria". Y eso era lo que hacía, dominaba el juego, aunque no siempre como deseara.
Finalmente iba de regreso a su casa en limusina, reclinándose en el asiento en su búsqueda de relajación acudieron a su mente el par de ojos melados que lo hicieron estremecer, el cómo existía tanta bondad e incertidumbre al mismo tiempo dentro de un solo color y persona, jamás lo sabría, sin embargo, la gama de emociones experimentas tan solo con una mirada le causaba perplejidad.
No había vivido tal cosa, mucho menos con otro ser humano.
— Niña tonta— musitó, recordando lo sucedido después de que se desvaneciera el hechizo que lo mantuvo hipnotizado.
La dueña de aquellos ojos había resultado ser una chica poco agradable, notablemente lejos de su condición social, educación e inteligencia por lo que inmediatamente resultó en una visible y mutua repulsión, terminando con insultos y forcejeos que a su parecer fueron culpa del acoso de sus fans.
— Bola de inútiles cabezas huecas, no saben con quien se meten.
Cundo el joven de cabello azabache recibió a su hermano mayor en el umbral de la puerta pensó que su humor no era bueno ni malo.
— Al parecer esos hombres te amargaron el rato, ¿verdad?
— Como siempre, inútiles inservibles— asintió Alex derrumbándose sobre uno de los sillones de la sala.
Noa sonrió y animando a su hermano trató de comunicarle algo bueno.
— ¿Sabes?, hoy vino el doctor.
— Que dijo— cuestionó el mayor mirando los ojos que se parecían a los suyos solo que un poco más grisáceos.
— Dice que estoy progresando, parece que la terapia está funcionando.
Y no era para menos, los fisioterapeutas y especialistas que Alex había contratado eran los mejores.
— Me alegra saberlo.
— ¿Sí?
El mayor asintió acariciando la cabeza del chico que sonrió y sintió el afecto de quien más lo quería en la vida.
— Espero pronto volver a caminar, quiero.... quiero volver a las carreras de autos y correr. Correr todo lo que pueda— compartió Noa, expresando su sueño que se encontraba truncado por razones físicas.
Alex no comprendía del todo los sueños de su hermano, pero si eso deseaba, se lo daría, habían sufrido en su infancia y ahora ambos tenían el derecho de hacer y disfrutar de su nueva vida como quisieran, él haría todo por Noa.
— Te prometo que volverás a sentir la velocidad muy pronto, por lo mientras, debes esforzarte cada día por mejorar; no quiero escuchar nada de "estoy cansado" u "hoy no", ¿entendido?.
El falso tono de orden del castaño solo le hizo sonreír. Si al de cabello azabache le hubiesen pedido que identificara a su persona especial, este sin duda seria su hermano y no solo por ser su sangre, sino porque Alex hizo lo impensable, como protegerle y cuidarlo aun cuando su padre se lo prohibía.
— Gracias hermano— fue todo lo que musitó el menor a sabiendas de que ambos no sabían expresar sus sentimientos.
Alex le sonrió sinceramente, palmeándole la espalda al joven que siempre era su prioridad, después solo permanecieron en silencio mientras cenaban, era su lenguaje especial, un silencio en el que ninguna palabra, ofensa o regaño podía arrebatarles esa quietud.
— Es tarde, es mejor que vayas a dormir.
— No tengo que madrugar, de todas maneras, es aburrido hacerse cargo de algo que tú haces por las noches.
— No me retes— enarcó una ceja, haciendo reír a Noa que solo negó con la cabeza.
— Bien, iré a mi habitación solo porque sé que estás cansado y que no vas a contarme sobre tu "fantástico primer día de escuela", pero ni creas que mañana te libraras ¿eh?
El castaño suspiro resignado, la terquedad de Noa superaba con creces la suya y en ambos era inevitable no serlo cuando tenían tantas cosas en común que los unían.
— De acuerdo, vete ya de una buena vez.
El chico en silla de ruedas asintió y antes de salir del comedor se detuvo en seco.
— Oye Alex.
— Dime.
— ¿Por qué no hay vida en este lugar?, deberíamos cambiar las cortinas, la pintura o... algo para que se viera diferente, ¿qué opinas?
El ojiazul alzo los hombros, fue su manera de decirle al menor que hiciera lo que creyera más conveniente.
— Lo discutiré con el personal mañana, buenas noches Alex y no te desveles.
— No mamá.
Noa se fue entre risitas la cuales se extinguían mientras más se alejaba. Ya en la completa soledad el castaño desanudó su corbata y exhaló todo el aire que había contenido, realmente estaba cansado, tal vez porque sus actividades habían cambiado radicalmente, su vida había cambiado en un dos por tres solo por vengarse de aquel que yacía muerto.
— Tengo que hacerlo, aunque eso signifique alejarme de la compañía un tiempo.
Estaba tan resentido. Cuando cumplió ocho años de edad el obsequio de su padre fue una enorme enciclopedia de economía, donde las hojas de en medio habían sido marcadas para señalarle en rojo el estatus que su corporación tenían entre la sociedad. Roderick siempre le había echado en cara lo que jamás tendría, pues según el hombre nunca heredaría ni el cinco por ciento de su fortuna debido a su holgazanería; para Alex, si estudiar quince horas seguidas era holgazanear, no sabía lo que eran los inútiles que solo laboraban ocho. Pero ese era el modo de pensar de su padre y entre más cosas le había hecho, más deseaba darle la contra, principalmente para demostrarle que estaba equivocado.
Lo primero en su agenda ya estaba cumplido, sin embargo, aún faltaban otras cosas que, aunque leves, le causaban una enorme satisfacción por el solo hecho de haber sido prohibidas por su padre; sobre todo aquello que guarda con recelo muy en el fondo.
Fue a su despacho, y cuando se sentó tras el escritorio dispuesto a plasmar las nuevas ideas que tenía volvió a recordar esa mirada, ¿Por qué esos ojos no salían de su mente con nada?
— Estupideces... maldición, este ha sido el peor día de mi existencia y todo por esa torpe, espero no volverla a ver en lo que me resta de vida.
* * *
El que había dicho que las coincidencias no existen jamás conoció a Alex Killian y a Julianna Wells, quienes a pesar de estudiar cosas completamente diferentes en edificios totalmente separados parecía que el destino se había ensañado con ellos para hacerlos tropezar en cualquier sitio y a cualquier hora.
Como era costumbre, después de mirar escondida los ensayos de las obras en el teatro de la universidad, July corría un jueves en la mañana para llegar a su clase temprano por primera vez, por eso, sin notarlo, tras saltar unos arbustos y pasar a toda velocidad entre unos árboles para acortar camino fue que tropezó con quien menos deseaba.
— ¡¿TÚ?!, Dios el cielo debe odiarme mucho como para ponerte en cada lugar al que voy— se quejó la rubia.
— Pienso lo mismo, no sé porque siempre me acosas.
— ¿ACOSARTE?, ¡ACASO ESTAS DEMENTE!
En los días anteriores, ambos, después de una "mágica" casualidad se enfrascaban en riñas tontas y palabras no muy sanas para oídos decentes y esa ocasión no sería la excepción.
— Claro que no, algo de lo que gozo y evidentemente tu no, es de un cerebro excepcional, que lastima que tengas que acosarme a falta de no tener una vida, pero claro eres lo más bajo de lo bajo en esta sociedad.
— Eres... eres la persona más despreciable y ruin que he conocido en la vida, SEGURO TU ERES QUIEN ME ACOSA, MADITO ENFERMO.
— ¡¿YO?!, ¿Y para que quisiera acosar a alguien que no vale nada?, es más, ni siquiera puedes ser llamada persona porque tu NO P-I-E-N-S-A-S.
Era todo, esta vez sí le iba a romper la cara, ese chico siempre terminaba humillándola, no señor, no permitiría que ese sujeto con complejo de Dios se burlara de ella, por eso soltó su mochila y a sabiendas de que nadie pasaba casi por ahí se abalanzó contra él para darle un bien merecido puñetazo, pero no contaba con que el ojiazul tomara su brazo y fácilmente lo torciera tras su espalda sometiéndola contra un árbol.
— ¿Que? ¿La idiota se enfadó?, pues qué pena, obviamente ahí se puede ver la clase de educación mediocre que tienes.
— Cállate, ¡Tú no sabes nada!, riquillo de mierda.
Alex no golpeaba mujeres, pero eso que se encontraba frente a él no era una mujer, era una bestia salvaje que le saltaría a la yugular apenas se distrajera, aun así, debía contenerse porque, aunque no fuera una, si tenía la forma de una mujer, no podía golpearla, pero si mostrarle la diferencia entre ellos.
— Obviamente la diferencia de inteligencia es mucha, mientras yo medito tu simplemente te lanzas sin la más mínima concepción de lo que es el razonamiento, es la mayor prueba de lo poco civilizada que eres.
July arrugó la frente en consecuencia del dolor que aquella maniobra le estaba provocando, pero no le iba a dar el gusto de rendirse.
— Si me pides perdón, te dejaré ir.
— Nunca— siseó la rubia, recibiendo un jalón más intenso que le sacó un quejido involuntario; Alex no quería lastimarla enserio, pero sí quería espantarla.
— Dímelo o te romperé el brazo.
La joven pudo escuchar perfectamente el murmulló del chico, pues estaba muy cerca; en esos escasos días, Alex había podido percatarse del placer que humillar a otros le provocaba, pero ella era a quien más había fastidiado, después de toparse por "casualidad" en los bebederos, la puerta principal de la rectoría, el estacionamiento, doblando la esquina de cualquier edificio y más recientemente aquel lugar de descanso del castaño que se escondía de las pestes que lo rondaban igual que zombis a la carne fresca.
Él era fuerte como ningún malandro callejero al que se hubiese enfrentado, sin embargo, no la conocía, no por nada la respaldaba un historial completo de riñas y peleas que por lo regular había ganado, así que mirando a la perfección la sonrisa pedante del otro, fue como decidió demostrarle a aquel individuo quién era Julianna Wells.
Alex pensaba que sus frustraciones se terminarían con ese enfrentamiento, luego de tal escarmiento ella no se acercaría más a su persona, no sabía cómo, pero se la encontraba en todos lados, y al no saber realmente como lidiar con ella y lo que le hacía experimentar, le causaban una ansiedad, rabia y odio totalmente irracional. Las peleas verbales siempre fueron su fuerte, sin embargo, la rubia había sido una buena oponente, eso no lo negaba, pero si se trataba de fuerza no había manera de que perdiera, aun así, su narcicismo no le hizo percatarse del astuto movimiento de la chica, la cual tan rápido como un parpadeo le dio tremendo pisotón y se empujó con fuerza para atrás haciéndolo caer al piso junto con ella, quien rápidamente colocó su rodilla encima su pecho apresando sus brazos arriba de su cabeza.
— ¿Y ahora quien rogara perdón a quién?
Killian miró sorprendido a la rubia, sometiéndolo con una actitud arrogante que definitivamente no toleró.
— ¡Quítate!— exigió sintiendo dolor por la rodilla que se clavaba en su pecho, maldición, para ser una chica sí que tenía fuerza.
— No hasta que me pidas perdón, ¿o qué creías?, que nadie te podía dar tu merecido solo por ser quien eres; pensaste que era débil y lo pagaras.
— Suéltame imbécil, ¡Suéltame antes de que te destruya no sin antes romperte el cuello como una ramita!
— Sí, sí, solo escucho tu bla bla bla, pero no me preocupa porque solo eres un bocón.
July se permitió sonreír con triunfo mientras apresaba más fuerte las muñecas del tipo que trataba de liberarse, aquel ataque significaba una pequeña venganza contra el ojiazul que le hacía perder los estribos cada vez que se encontraban, reconocía la antipatía que se tenían y mirar al otro bajo su yugo la lleno de algo parecido a la gloria, al menos podía desquitarse un poco.
Pero como todo lo bueno, nunca dura, las cosas dieron un giro, July al estar ensimismada en su victoria, le dio la oportunidad a Alex de darle vuelta con un espectacular movimiento de judo, invirtiendo sus posiciones.
— Primera regla, jamás te confíes boba... ¿y bien? ¿quién es el mejor?
- Cállate nefasto hijo de...
Alex apresó aún más los brazos de July contra el pasto, y ella vio su oportunidad, por lo que realizo el mismo movimiento del castaño para girarse nuevamente, ganando su oportunidad en aquella rara pelea.
— Segunda regla, nunca le muestres a un oponente como vencerte.
El chico frunció el entrecejo y reconoció que la rubia era una buena adversaria, pero ni de joda la alabaría, así que usando una de las técnicas de fijación más complejas y eficaces que conocía le dio la vuelta, sin oportunidad de que la joven se la regresara. Así estuvieron durante un rato forcejeando hasta que la chica le dio un súper cabezazo, lo que hizo que se lo pudiera quitar de encima y que continuó con los dos rodando por el pasto. Aunque supuestamente era una pelea, más bien parecían dos niños problemáticos jugando luchitas.
Como no podían seguir para siempre con eso, cuando estuvieron muy cansados y habían llegado a su límite, ya con la respiración acelerada, el último movimiento se efectuó, dejando ambos fuera del juego, uno de los dos, no sabiendo con exactitud quién efectuó una extraña maniobra que terminó con el castaño quedando arriba de la rubia.
— Yo gano— fue el murmullo entrecortado que el ojiazul lanzó a la chica que con algo de dolor abría los ojos.
En ese momento ambos volvieron a mirarse con claridad, dedicándose una mirada hipnótica igual o más intensa que el día de conocerse. Azul y castaño volvieron a fundirse, indagando en los sentimientos y sensaciones del otro. Era algo extraño y totalmente nuevo para ambos, pues a pesar de estar exhaustos y levemente lastimados, lo que sintieron dentro del pecho y el estómago no se debía a la riña de antes, no obstante, era demasiado pronto para que algo más pudiera suceder entre ellos, por lo que igual que una pequeña temerosa ante una experiencia desconocida, la rubia tomo todas sus fuerzas para escapar, colocando ambos pies en el abdomen del chico lanzándolo por encima de su rubia cabeza, siendo el castaño que acabara tirado en el pasto con un golpe en la espalda.
— ¡Es un empate!— dijo la chica incorporándose instantáneamente, tomando sus cosas y desapareciendo a la velocidad de la luz, ya había perdido mucho tiempo con ese loco.
Alex tocó su espalda tratando de apaciguar el dolor, pero al saberse desconcertado frunció el ceño e hizo lo mismo que la rubia, se levantó y se alejó del lugar pensando en lo que acababa de suceder y en la pequeña fascinación que sentía
— Esto que siento.... solo debe ser la adrenalina de la pelea.
Esa fue la mentira que ambos se dijeron sin saberlo, comprendiendo que aquello que catalogaban como casualidad se estaba transformando en otra cosa de la cual no deseaban saber.
* * *
— ¿Pero qué te pasó?— preguntó Grace alarmada por su amiga quien había perdido la clase y que se veía despeinada, con pasto en la ropa y algo de polvo.
— Nada, solo... me caí, aunque me duele un poco la cabeza— respondió la rubia sabiendo que no le podía revelar que estuvo peleando porque la pelinegra se preocuparía más.
— Sí, parece que te diste un buen golpe, tu frente esta roja; vamos, te llevaré a la enfermería.
Al menos por ese día el par había sacado lo que sea que fuera aquello que sentían cada vez que se veían.