July se había prometido dejar de fumar y por ende había comenzado con un tratamiento, sin embargo, la angustia de vivir en esa casa la traía de nervios provocándole una intensa carga de ansiedad que se logró liberar con un cigarrillo en los labios, si, ya casi había llegado al final de su tratamiento, pero todo el esfuerzo se había ido a la basura esa mañana. Exhaló el humo que el pequeño tubito blanco le permitió y se repetía constantemente que había roto con la promesa.
— Sé que no debería fumar, y heme aquí con un montón de contradicciones, cielos, ¿por qué me sigo metiendo en problemas?— dijo, reclamándose y dejando la colilla tocar el cenicero que con mucho cuidado apagó.
Había utilizado la sala como resguardo para recaer en su debilidad, ahora tendría que abrir los ventanales para que la brisa se llevara consigo cualquier muestra de culpa, al momento de sentir el viento cerró los ojos y se permitió relajarse, volviendo a sus problemas casi enseguida.
— ¿Qué debo hacer?— cuestionó mirando al cielo.
Las fuerzas que le quedaban estaban a punto de decaer debido a las nuevas circunstancias y con todo eso aún seguía de pie, pero ¿por cuánto tiempo?; esa interrogante estaba aclarándose mostrándole el fin de todo eso, ¿cómo comenzar a relatar lo que hace unos días estaba ocurriendo? Tal vez si rebobinaba podría encontrar una explicación mejor.
Apenas dos días después de que la entrevista de presentación de Matt se llevara a cabo, la afamada revista había sido publicada en medio de cuchicheos y escepticismo de las masas, July había sido la primera en correr y comprar un ejemplar o al menos eso pensó, porque Alex Killian lo obtuvo antes que ella, ambos tenían entre sus manos lo que mejoraría o empeoraría sus vidas, el numero contaba con una serie de cuestiones que el reportero planteaba al público en general y luego la entrevista realizada a la familia Killian; no se encontraba tan detallada como July había supuesto y se alegró de que nada de lo que había dicho fuera modificado. Tras leer y buscar alguna otra cosa en las páginas se convenció de que todo había resultado como probablemente el ojiazul lo deseaba.
Conforme con los resultados procuró indagar con su cuñado sobre si le mostraría la entrevista a su esposa, porque ciertamente no se había hecho mención del escándalo, el investigador solo había comparado la actitud del castaño en un antes y después, donde seguramente todos los medios lo darían a conocer.
Resulta que la rubia no se equivocó, durante toda la semana y media siguiente no había programa donde se hablara del encubrimiento del millonario y su conducta que lo hacía ver culpable ante las infidelidades, sino todo lo contrario, Annya Andersen uso las palabras que July expresó sobre el genio, y realizó varios movimientos, logrando que de la noche a la mañana los medios más importantes del país hablaran o hicieran reportajes sobre las altruistas labores del millonario, incluso algunos hicieron documentales donde apuntaban que la visión futurista del magnate revelaba intenciones con gran relevancia para la humanidad después de que sus laboratorios encontraran la respuesta a nuevas enfermedades.
Todo pasaba tremendamente rápido, pues descartando la nota de infidelidad de Killian, todo el mundo comenzó a enfocarse en esa fase que no conocían del ojiazul y que sin saber estaba fascinando a la nación y a otros países que seguían de cerca la nueva noticia. La rubia supo aceptar que Killian sabia moverse y que había encontrado una brillante asesora que era capaz de crear una escena perfecta con tan solo vestir de seda al engreído amargado. Al final el castaño se había salido con la suya y eran pocos lo que se atrevían a criticar o recordar las fotografías que habían sido el inicio de un escándalo que terminó en farsa.
— Al menos está solucionado— se dijo a si misma July.
Y la poca comunicación con su cuñado no la dejó ver la cantidad de llamadas solicitando la ayuda del millonario para cual o tal causa, creando otro punto a resolver, aunque más rápido y seguro que el anterior. No obstante, estaba tan absorta con todo el asunto que olvido a su hermana quien a pesar de aparentar inocencia la había sorprendido, cuando un día le propuso pasear por el lago.
Era el tiempo en que las hojas comenzaban a tornarse amarillas o cafés, donde poco a poco éstas acababan por desprenderse de los árboles para dar paso más tarde a nuevas hojas que crecerían en su lugar, todo eso para Serena era una metáfora de la vida y en esta ocasión no fue la única que lo vio así.
— Todos tenemos que desprendernos de nuestro padre árbol y volar lejos para darle paso a las nuevas generaciones.
— Sí, es el ciclo inevitable de la vida— había asentido la rubia tras mirar una de las hojas danzar con la suave brisa hasta llegar a la apacible agua del lago.
— July... ¿podemos hablar?
— Por supuesto Serena, eso ni siquiera se pregunta.
La pelirroja acomodó la silla de ruedas cerca de un árbol y después de indicarle a su hermana que la acomodara encima de una manta a los pies del tronco y la otra se sentase junto a ella, comenzó su charla.
— ¿Sabes algo July?, cuando yo tenía quince años soñaba con ser una gran pintora.
— Eso jamás me lo habías dicho— externó la mayor, asombrada.
— Si, lo deseaba tanto que le pedí a mamá que me llevara a clases de arte, pero...
— Déjame adivinar, ella se negó— la pelirroja asintió bajando levemente el rostro al vagar por sus recuerdos—. Ella siempre ha sido así Serena, lo artístico no es digno de su "linaje" y puedo asegurar que te riñó bastante argumentando que yo te había infundado esas ideas, ¿no?
La chica habría querido negarlo, pero también terminó por aceptarlo.
— Mamá es... extraña.
— Ni que lo digas, a veces creo que es una especie de monstruo disfrazado de mamá.
El comentario de July hizo reír a su hermana, quien a modo de juego le dio golpecitos en el brazo.
— Ella hizo lo que pudo.
— Si, ok... mejor continuemos con lo que ibas a decirme.
July no podía revelarle la razón del rencor hacia su madre y prefería desviar el tema.
— Bueno... yo quería pintar y aunque ella trataba de persuadirme terminé por salirme con la mía.
— Vaya, eso no me lo hubiera imaginado, ¿pero cómo?
La pelirroja sonrió con un toque de malicia, lo que le hizo suponer a la muchacha que algo de sus "malos modales" sí había llegado hasta su hermanita.
— Le dije que era una de mis voluntades antes de morir.
— Wow, eres una pequeña chantajista, jamás te habría creído capaz.
En realidad, July estaba orgullosa de conocer una de las frustraciones de su madre y mejor aún porque provenía de su hermana.
— Aunque eso no te excusa de responder por qué yo no me había enterado.
— Es que no quería que te emocionaras demasiado, por eso lo mantuve en secreto.
— Ok, al menos hiciste lo que querías y aprendiste ¿verdad?
— Sí y me gustó mucho, solo que algunas pinturas me provocaban alergias y el médico insistió en que debía dejarlo o mi enfermedad empeoraría.
— Era por tu bien.
Aun así, el rostro de la joven se ensombreció un poco, dándole a entender a la mayor que debía cambiar de tema.
— ¿Y a que venía todo eso?
Serena suspiró alto y cansadamente mirando hacia el cielo,
— Porque quiero decirte todo lo que siento y pienso, antes de que sea tarde para ello.
— No hables así, aun no...
— Es que ya no podemos escapar de la realidad July, debemos afrontarlo, mucho más yo, que...cada día siento que estoy al límite de mi vida.
La rubia no quería escuchar eso, pero como su hermana había dicho: era hora de afrontar la realidad.
— Antes de ayer, cuando saliste, hablé a solas con el doctor y le pedí la verdad... dijo que ya no se puede hacer nada por mí, ese fue su verdecito final.
— Sere...
— En este tiempo, no he dicho lo que siento a nadie, ni siquiera a Layla que día a día hace lo imposible para mantenerme en este mundo... y cada mañana se me dificulta más abrir los ojos, admirar la luz del sol que tanto amo o respirar, solo consigo tensarme de dolor cuando lo siento en mi pecho y me impide toda acción. Lo único que he estado haciendo últimamente es sonreír y lucir viva para que nadie se preocupe, pero yo... ya me canse.
Las palabras de su hermana la estaban destrozando, lamentablemente era la verdad y hubiera sido injusto mirar a otro lado ignorando todo lo que la pelirroja guardaba.
— Serena yo...
— Déjame terminar, es necesario que se lo diga a alguien y no hay persona en quien confié más que en ti, ni siquiera se lo puedo decir a Alex, además el haría un escándalo por esto y no puedo permitir que su vida se enturbie cuando la mía esta por apagarse.
— ¿Cómo puedes decir eso? ...él es tu esposo y está en obligación de velar por ti, cuidarte y...
— July— el susurró cansado de la chica la calmó, por lo que la rubia observó los ojos de hermana con atención.
— Dime...
— ¿Tu jamás te has enamorado?
La pregunta había sido un shock para su persona.
— ¿Por qué... lo preguntas?
— Solo quiero saber, un día me dijiste que habías encontrado a una persona especial y después... nada, ¿qué ocurrió July, amabas a esa persona?
Ese día era diferente, ninguna de sus sonrisas pudo hacerle escapar de aquella respuesta, la cual siempre quiso olvidar, con un nudo en la garaganta respondió.
— Sí, le amaba.
— Era de suponerse, siempre que mencionabas a esa persona tus ojos brillaban y toda tu desbordabas una alegría y vitalidad que siempre desee tener, ¿qué sucedió con...?
— Las cosas terminaron porque debieron de hacerlo, eso es todo.
No quería hablar, mucho menos recordar cosas que ya no tenían sentido, ya no.
— Comprendo— murmuró la pelirroja, sintiendo que tal vez se había adentrado a terrenos prohibidos— . Y lo lamento mucho, pero si conociste ese sentimiento podrás entenderme.
— ¿En qué?
— En que cuando amas a alguien quieres ser tú quien haga feliz a esa persona.
— ...
— Por eso no puedo exigirle nada a Alex, porque ante todo él tiene muchas preocupaciones y principalmente porque me hizo el favor de casarse conmigo cuando bien pudo hacerlo con alguien más.
— ¿Favor?... él no te hizo ningún favor Serena.
El tono enfadado de July provocó que la menor suspirara y dirigiera su mirada al lago.
— Él no es feliz, yo siempre lo supe.
— ¿QUÉ?— eso tomó desprevenida a la rubia, quien aguardaba una explicación.
— Yo lo amo, mucho más de lo que pensé y desde el primer momento en que lo vi, pero ni todo eso pudo suplir la felicidad que él deseaba para su vida, sé que él no es feliz porque lo veo en sus ojos, en sus gestos o en sus acciones, quizá lo único que lo ha hecho un poco feliz fue el nacimiento de su hijo, aunque eso no ha sido suficiente para hacerlo sonreír de corazón todos los días; él no me ama y siempre lo he sabido.
July contuvo la respiración y comenzaba sentir que algo aún más fuerte le saltaría de repente.
— Serena...
— ¿Sabes por qué él no me permite tener comunicación con el mundo exterior?... es porque no quiere que me entere de las cosas horribles que los medios dicen en contra de él, no deseaba exponerme a los chismes y a que mi salud empeorara... es algo que le agradezco, porque a pesar de que no me amaba, me tuvo una estima y respeto que jamás podré pagarle.
— ¿Me estás diciendo que tú conoces...
— ¿Sus escándalos y aventuras?, claro, el que esté enferma no quiere decir que sea tonta.
Demonios, las revelaciones eran muy intensas y July no soportaría mucho tiempo, pero la joven hablaba con demasiada tranquilidad para el gusto de la mayor.
— Cuando me enteré de la verdad, mi mundo se hizo añicos pues siempre albergué la esperanza de que el llegara a amarme tanto como yo.
— Es un idiota.
— No lo es, está en su derecho de buscar afuera lo que yo no puedo darle y si eso le complace, estoy de acuerdo.
— ¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo soportas sus infidelidades sin mover un dedo o reclamarle?— protestó la rubia sin atreverse a ocultar su incertidumbre.
— Porque lo amo, y si eso se necesita para mantenerlo a mi lado, entonces lo haré.
July necesito respirar muchas veces para controlar la rabia, la tristeza, la decepción y las millones de sensaciones que la atravesaban y supo que había juzgado mal a su hermana, era muy inteligente y discreta.
— Cuando conocí a Alex formalmente, sabía que había alguien en su vida, pero quise pensar que no era lo suficientemente importante para él e intente enamorarlo de todas formas, y como sabes... fallé, jamás pude hacer que me amara y aunque duela, sé que está conmigo por algo mucho más grande que su carácter.
— Serena... es que el...
— Es un terco, su máscara de frialdad es solo eso, en lo más profundo de su ser, yo sé que no ha olvidado a esa persona y su solo fantasma es capaz de hacerlo sufrir, pero para mí es una competencia tan desigual, el saber que jamás podré ganarle.
— No sé qué decir— susurró sintiendo mil pinchazos en el corazón.
— Solo escúchame, necesito sacarme esto que me quema por dentro.
Involuntariamente la cabeza de July se movió de arriba a abajo indicando que podía continuar.
— Me siento tan inútil; hace mucho tiempo que deje de enfrentarme a los fantasmas del pasado que aun atormentan a Alex y como última alternativa decidí obsequiarle eso que solo yo podía darle: un hijo.
— ...
— Aunque como dije, eso no pudo desaparecer su infelicidad.
— Hermana, ¿cómo sabes que en realidad él no ha olvidado a... quien quiera que haya tenido en el pasado?, tal vez solo fue algo pasajero, quizá ni era por una persona... seguramente fue por algo... tonto, a él no le interesan esas cosas...
— Te equivocas— negó la chica de inmediato— . Sé que era importante y que era por una persona... sus infidelidades así me lo demostraron, eso y lo inútil que fui.
— Eso no es verdad... él es un idiota por no ver la gran mujer que tiene a su lado...
El enfado de la rubia la hizo sentir mejor y acarició la mano inquieta de su hermana mayor.
— Como sea, no tengo nada que perdonarle, al contrario, agradezco su preocupación al no querer exponerme a todo eso que hay en el exterior.
— No me parece correcto.
— Sin embargo, me parece lo más lindo que alguien ha hecho por mí, me cuidó y me dio todo lo que soñé y aunque no me ame... con mi amor basta para ambos.
Una carga tan pesada en un corazón tan noble realmente debía doler, July por fin pudo comprender todo lo que pasaba en lo más profundo del alma de Serena, haciéndola sentir verdaderamente culpable.
— Lo único que deseo para él, es que algún día pueda ser muy feliz y que cumpla aquel sueño tan anhelado...
— ¿Cuál?
— Bueno, eso debes escucharlo por él, pero estoy casi segura que sé cuál es.
— Lo siento mucho Serena... lo que me dices es doloroso, jamás quise hacerte sufrir, yo a quien quiero ver feliz es ti.
— Y te lo agradezco, aunque no he tenido todo, si tuve otras cosas que me han hecho una persona realmente dichosa, especialmente el nacimiento de mi hijo o el tenerte a mi lado de nuevo, son cosas que siempre voy a atesorar.
July no pudo soportar más y abrazó fuertemente a su hermana quien sorpresivamente rompió en llanto.
— Me siento tan impotente, tan temerosa de la muerte, no quiero morir... deseo con todas mis fuerzas ver crecer a mi hijo, cargarlo y amarlo, es tan horrible verlo sin poder arrullarlo cuando llora, lo amo tanto y no puedo estar con él por esta maldita debilidad que me devora y ya no tengo más tiempo... mi hijo se queda sin madre... y su padre... como me hubiese gustado ganarme su corazón, me habría gustado tanto que me dijera sinceras palabras de amor, no quiero morir, no quiero morir, tengo miedo...
La rubia apretó aún más el cuerpo de su hermana y simplemente la sostuvo en su congoja, dejando fluir lagrimas que se fundieron en mutua compañía. La joven madre lloró todo lo que sus pulmones le permitieron; July por su lado estaba orgullosa de escuchar a su hermana sacarlo todo, pero no quedo exenta de las emociones que comenzaban a clavarse más fuerte en su pecho, de nada valía volver a alejarse cuando todo estaba tan presente. Por eso cuando Serena cayó rendida de tanto llorar la llevó a su lecho, esperando que el expresar aquello que guardaba por fin hiciera sentir en paz a su hermana; sin embargo...
— ¿July?— había llamado la pelirroja antes de que la chica se retirara de la habitación.
— ¿Dime?
— Quiero pedirte algo.
La debilidad en la voz de la menor la asustó y antes de que pudiera llamar a la enfermera, la chica se aferró a la muñeca de la rubia.
— Necesito que me prometas algo.
— Debo llamar a Layla, estas muy débil, podrías...
— Por favor July, necesito que me prometas que te quedaras a velar por Alex y por mi hijo cuando yo me vaya... quiero que tú seas mi vínculo en este mundo con Matt, que en tus brazos sea capaz de verme y en tus besos reciba los míos sin temor a enfermarlo, quiero que cumplas mi deseo de verlo crecer y convertirse en un hombre de bien... y que Alex encuentre a la persona que lo hará sonreír y le ayude a cumplir sus metas... prométemelo July, es lo último que te pediré, lo juro.
July estaba entre la espada y la pared, sin embargo, antes de que pudiera siquiera pensarlo, la pelirroja había caído en un sueño profundo y su prioridad fue llamar a Layla que le indicó que la chica solo estaba durmiendo por el cansancio.
Esa fue la razón por la que estaba fumando en la sala, indagando en que responderle a su hermana sobre aquella promesa que solo parecía quemarle las entrañas, no podía aceptarla ni tampoco rechazarla. Ya comprendía porque la insistencia de Serena al acercarse más a su sobrino y conformarse con que su hermana cargara y velara por su hijo en su lugar.
— ¿Qué debería hacer?
El miedo de perder a su hermana se hacía cada vez más grande y muy pronto se encontraría llorando esa verdad absoluta.
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Sus triunfos siempre merecían celebración, pero este en particular sólo le había causado dolor de cabeza y una molestia enorme con deseos de no volver a saber del mundo nunca más. Los teléfonos no dejaban de sonar pidiendo audiencias o solicitando su imagen para centros de apoyo. Sí, su "filantropía" había dado resultados y no esperaba que todo resultara tan extremista. Estaba harto de sonreír fingidamente para alguna que otra entrevista o para aceptar tratos que no le convenían. En esas semanas había dejado de lado inventos novedosos para continuar con esa farsa, había perdido valioso tiempo en solucionar algo que no estaba planeado y le fastidiaba bastante.
Él nació para ser grande entre los grandes, no para fingir un carácter tratando de ganarse a una díscola sociedad que lamentablemente debía mantener conforme si deseaba seguir progresando; su padre le había dicho que las apariencias lo eran todo, pero a él nunca le pareció así, ahora, tenía que seguir aparentando que era el señor amable y altruista por naturaleza. Seguramente si su padre lo mirara en esos momentos le habría reñido su falta de sensatez y miles de cosas más que solo le enfermaban.
— Deberías estar sumamente feliz por el triunfo que has logrado— dijo su asesora.
Alex no estaba de humor, sobre todo cuando ni siquiera había tenido su hora obligatoria de sueño.
— No estoy de ánimos Annya, así que te pediría que no hables o que te retires.
— ¿Me corres?, que mal agradecido— bufó la peliblanca en tono de broma, sentándose frente al ojiazul cruzando las piernas con coquetería—. ¿Qué te molesta mi querido Alex?
— Me molesta la excesiva atención sobre mí, eso es lo que me molesta.
— Ya deberías estar acostumbrado a ello, después de todo, tu naciste con la atención del universo puesta en ti.
Killian no necesitaba que nadie se lo recordara, estaba consciente de eso.
— Por qué no tomas un pequeño descanso; han sido semanas atareadas y mereces relajarte, te aseguro que tu empresa y sus ramas están mejor que nunca.
— Lo sé, eso no puede negarse.
La asesora sonrió, era reconfortarte hacer un excelente trabajo y posteriormente mirar los frutos desde una cómoda posición, no obstante, los éxitos de Alex Killian eran otra cosa.
— ¿Qué tal si celebramos?— inquirió la joven dejando que sus ojos brillaran emocionados.
— No tengo ánimos— fue la respuesta del castaño tras cerrar una de las ventanas de su computador.
— No seas tan hosco, te mereces un descanso, anda, vámonos; conozco un buen restaurante que te hará sentir bien con sus exquisitos platillos.
— Gracias Annya, pero en verdad no tengo ánimos de nada.
Era extraño que Alex se comportara de esa manera y así se lo hizo saber la mujer que lo conocía desde hace tiempo.
— ¿Algo te está mortificando?, jamás luces tan cansado.
— Es solo esta maldita presión, es todo.
— Puedo asegurarte que ya antes te visto sometido a verdaderas presiones y en comparación: esto es como un paseo por el parque, ¿qué te ocurre Alex?
Annya podía considerarse la única amistad que el castaño tenia, por ello se permitía ciertas libertades que muchos otros no se podían dar.
— Es... Serena— musitó, suspirando un poco.
— ¿Le pasa algo?
— No creo que soporte más tiempo.
La noticia era delicada, la esposa del genio era una bondad entre lobos, por eso comprendía la mediana tristeza del ojiazul.
— Sabías que esto pasaría, debes ser fuerte.
— Sí, pero el problema es... que no dejo de sentirme culpable.
— ¿Por no amarla?
El millonario asintió sin mirar a la joven quien varias veces se había convertido en su confidente, Annya se tomó la libertad de incorporarse de la silla y acariciar el hombro del muchacho, al parecer todo el agobio estaba cayendo sobre su persona.
— Ya verás que todo saldrá bien.
— Eso espero, o Julianna va a matarme con un cuchillo oxidado mientras duermo.
La risita cansada de Killian sorprendió a la profesional, pero había algo...
— Julianna Wells ¿eh?... es toda una cajita de monerías, nunca me hablaste de ella.
— No era necesario, una torpe como ella solo se menciona si se quiere tener ejemplos de que no hacer en la vida.
— Puedo ver que no te cae muy bien.
Alex no respondió, procuró alejarse del toque de esa mujer que comenzaba a incrementarse en sus hombros.
— Tomaré tu silencio como un no, a pesar de que tengo el presentimiento de que es lo contrario.
— Siempre peleamos, ¿hay que explicar más?
— No, entiendo, ciertas personas en este mundo jamás logran llevarse bien.
La diseñadora decidió dejar el asunto zanjado, al menos por el momento, algo le intrigaba sobre la rubia, algo que no lograba descifrar.
— Será mejor que vuelva al trabajo, ya deposité en tu cuenta bancaria la cantidad pactada por tus servicios.
— Gracias querido, aunque bien sabes que lo hago más por ayudarte que por el dinero.
Alex le dedicó una mirada significativa a Annya quien tomando su bolso se encaminó a la salida.
— Estaré unos días en la cuidad antes de irme por un tiempo, búscame cuando estés disponible.
— Así lo haré.
La peliblanca le lanzó un guiño y se retiró de la oficina en silencio. A Killian le parecía una mujer encantadora, con una profesión excepcional y digna de mirarse cuando se pasaba a su lado, pero tal vez para nada mas, así que alejando los pensamientos inapropiados regresó a lo suyo, la nueva invención de un microcomponente que sin saberlo seguramente se pospondría por muchas semanas más en cuanto recibiera la siguiente llamada.
— Señor, le hablan de casa.
Lo que su secretaria avisó por el aparato le exaltó, a lo que levantó la bocina del teléfono rápidamente.
— ¿Qué ocurre?— preguntó esperando escuchar la voz de su mayordomo o el de la enfermera.
— Por favor ven... ella está muy mal.
La voz que se estaba quebrando no pertenecía a quien esperaba, sino que provenía de July, quien trataba de contener de manera imposible el llanto.
— Voy para allá.
Sin pensarlo dos veces Killian salió de la empresa, la vida de su esposa se estaba apagando y era su responsabilidad estar a su lado una última vez y darle consuelo a la chica que se había enamorado de él sin pedirlo.