Ya no te conozco

4986 Palabras
Alex Killian se debatía entre realizar o no lo que había discutido hasta tarde con su asesora de imagen. La profesional voló en un jet privado a Nueva York exclusivamente para auxiliarlo, debía reconocer que hasta ahora ninguno de sus empleados había sido tan eficiente, sin embargo, después de discutir varias horas los pros y los contras de cada una de las ideas de la joven, las cuales eran extenuantes y prácticamente riesgosas, al final llegaron a una opción que debía llevarse a cabo rápidamente sino quería que los medios lo atacaran y esta vez con mucha más fuerza. — Estas cosas solo me pasan a mí—  gruñó golpeando otra vez su escritorio. Decidió partir a su corporación desde muy temprano, no valía la pena continuar tenso y en un territorio imposible, desde que July se había mudado a su hogar ya nada era común, comenzando por su esposa, en lo que llevaban de casados jamás la notó tan ansiosa de su presencia... o tal vez sí, solo que hasta ese momento no se había percatado de ello, no obstante, las largas excusas que le daba a la pelirroja tras partir a su empresa hacían enojar a la rubia que cada mañana parecía rondar las habitaciones procurando que todo estuviera perfecto. Eso lo estaba sumiendo en un terrible estrés y sentirse así no le gustaba, aunque entre todo había cosas positivas, como era la sonrisa constante de Serena, al parecer July la hacía feliz conviviendo con su hijo, el pequeño Matthew parecía haber conectado especialmente con su tía, pues los miraba mucho más unidos y aunque sabía que la chica no era experta en el área infantil se divertía viéndola de lejos haciendo caras y gestos al bebé que siempre reía para ella. — Sin duda sabes ganarte a quien sea—  pronuncio suavemente, sabiendo de sobra que lo que decía era verdad. Su hijo era la parte más importante y estable de su vida hasta el momento, mirarlo sano y ajeno a la enfermedad de su madre lo hacía sentirse reconfortado, no había descanso en los laboratorios que continuaban buscando curas o una explicación a aquella enfermedad, no pararía hasta obtener respuestas, pues había riesgo de que Matthew contrajera dicha enfermedad y ese era su más grande temor... él no permitiría que su primogénito se viera sumido en la desgracia, lo protegería aunque en el lapso tuviera que olvidarse de la única persona que no dejaba de permanecer en su corazón. — Señor Killian, la señorita Andersen desea verlo— le informó su secretaria. — Hazla pasar Por fin, su eficaz asesora tenía el plan listo, el problema que lo mantenía consternado se acabaría. Sin tocar entró a la enorme oficina, tan elegante y sonriente, con el carisma innato que la envolvía. — Buenos días Alex; espero que hayas pasado buena noche. Killian se sentó cuando la chica lo hizo, y ella dejó pasar que el ojiazul no le saludara. — Mmmmm, por lo visto no la tuviste ¿verdad? — En realidad, no es algo que desee tratar. — Sigues siendo el mismo gruñón, sabes que eso no va a ayudarte. — Lo sé—  aceptó—, pero no puedo hacer otra cosa, esta situación me tiene demasiado tenso. La asesora sonrió un poco, era natural mirar a sus clientes en ese estado de preocupación que los invadía, pero era una especial delicia mirar al hombre más frío del mundo en esa situación, ya que se podía permitir un momento de narcisismo donde solo ella podía ayudarlo, aunque rápidamente recordó que el millonario que tenía enfrente era el ser humano más autosuficiente que conocía y que si se encontraba trabajando para él, era debido a circunstancias que salían de su jurisdicción. Así pues, le indicó al genio que se tranquilizara y respirara hondo. — Espero que al menos la solución a la que llegamos te haya complacido. Alex negó, incorporándose le ofreció un trago a la dama, la cual aceptó gustosa. — Es que... aún no termina por convencerme del todo, es un riesgo muy grande. — Todo en la vida lo es, querido. — No lo comprendes... El millonario le cedió el vaso de whisky a la chica y antes de terminar su frase bebió un gran trago. — ...ella no puede pasar por esto. Annya lo sabía y aun así estaba convencida de que su idea era lo mejor, para él y para la desafortunada señora Killian. — Durante este tiempo he procurado hacerlo todo con la mayor discreción posible e incluso he comprado bocas, por ello... no puedo permitir que ella se entere, sería catastrófico. — Lo comprendo Alex, mucho más de lo que supones, pero sigo firme en el plan, si tu imagen se ha manchado entonces es preciso pulirla. — Es totalmente descabellado lo que me pides, no creo que... — Yo creo que estas demasiado tenso como para usar ese maravilloso cerebro tuyo; por algo me contrastaste, así que déjame estas cosas a mí, en menos de lo que te des cuenta tendrás al viejo mundo sumergido en sus asuntos y lejos de tu vida privada. La muchacha se aproximó al castaño y ajustándole la corbata le habló. — Solo espero de todo corazón que esta experiencia te sirva para al menos ser más... cuidadoso. Alex se alejó de la mujer, no les gustaban ese tipo de contactos, aun así, asintió a lo que la joven decía, si el plan tenia éxito le incrementaría otro cero a su cheque, por el momento estaba atado de pies y manos, no podría hacer nada hasta que la idea de Annya se pusiera en marcha. — Bueno, aceptado el enfoque, concentrémonos en el cómo, hay mucho que hacer y muy poco tiempo disponible. Al instante la profesional extrajo de su maletín una laptop escribiendo un montón de cosas que azoraban al ojiazul pero que sin duda lo ayudarían bastante, su vida pública y familiar estaba en manos de esa fémina. ♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦ ♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦ July había fallado totalmente en la búsqueda de información, al parecer la lealtad iba más allá de la palabra, nadie en la mansión supo o quiso decirle nada sobre lo que preguntaba; frustrada y un tanto apesadumbrada se dirigió a la única persona que ayudaría con sus problemas. — Es que tiene que haber una explicación—  repitió la rubia por sexta vez mientras la peli azul frente a ella hacia un gesto cansado. Natalia acudió al llamado de su amiga y al enterarse del motivo había tenido que obrar de buena fe y escuchar las teorías imaginarias de la rubia hacia su cuñado y la presencia de la extraña mujer en la mansión. — July ¿no te parece que estas exagerando? — ¿Exagerar yo?, tonterías... yo sé que hay algo y voy a averiguarlo, aunque tarde. — Entonces esperaré sentada—  dijo en voz casi inaudible. — ¿Qué dijiste? — Que la manzanilla me pone irritada. La rubia se encontraba de mal humor y contradecirla solo le llevaba desgracias a quien lo hiciera, así era la chica y así la soportaba. — July, dime algo, toda esta alteración es por Serena, ¿verdad? La parlanchina boca de la muchacha se quedó muda por unos segundos, lo que le pareció a la dark una evidencia de duda. — Por supuesto, ¿por qué más seria? — No, por nada. — Natalia, se lo que estás pensando y déjame decirte... — ¿Y según tú, qué es lo que estoy pensado? — Pues que estoy preocupada por ese idiota. — Yo no dije nada. La faz de la rubia se sonrojó, lo que le valió una risita por parte de su amiga. — Oh July, eres un mar de contradicciones, ten paciencia, la verdad siempre se muestra tarde o temprano. — Pero lo quiero saber ya—  rezongó haciendo un puchero que hizo sonreír aún más a la dark. — Siempre serás una entrometida incorregible, sin embargo, debes esperar, ¿o será que te encuentras inquieta por la posibilidad que esa mujer sea más que una colega para Killian? July abrió y cerró la boca sin saber que decir, al final, un asentimiento por su parte aclaró las dudas que Natalia poseía. Pero conociendo el pasado y los secretos más profundos de la rubia fue fácil entenderla e intuirlo todo. — Quizá sí estás exagerando mucho. — Tal vez—  murmuró la de ojos melados sintiéndose vulnerable. –Aun así, no puedo alejar esos pensamientos de mi cabeza, son como... una obsesiva idea que simplemente no se va. — Si, solo espero que lo que sientes sea un simple juego de tu mente. Natalia sostuvo su mano infundiéndole fuerzas, cosa que no la ayudaba demasiado, pero que le hacían saber que ella estaría cuando la necesitase. July sabía que estaba haciendo una tormenta de un vaso de agua y trataba de convencerse que no era lo que creía. — Todo es por ella—  murmuró excusándose para ir al baño. La dark prefirió no añadir nada. July, ensimismada y repitiéndose que todo lo que hacía era en pos de su hermana chocó con una chica, la cual solo le miró feo y se encaminó al encuentro con sus amigas, la rubia suspiró regañándose mentalmente por el traspiés, sin embargo, corroboro lo que se había dicho para sí misma en ocasiones: "las respuestas caen donde menos lo imaginas". — ¿Ya supieron la nueva del multi millonario Alex Killian? — No. El grupo de chicas parecían interesada con el nuevo "chisme" y no solo ellas, también cierta chica rubia que se mantenía ocupada "anudando" las correas de sus tenis muy cerca de ellas. — Es lo más hablado de él desde que dijeron que iba a casarse con una princesa árabe y resulto ser una niña rica americana común. July bufó molesta, su hermana merecía respeto, aunque por el momento se enfocó en observar a las adolescentes quienes parloteaba, mientras ella aguardaba por saber más. Así que la chica que inicio todo sacó de su bolso una revista mostrándola a su grupo de amigas que la tomaron con gran agilidad. — ¡Oh—  exclamó el grupito parpadeando varias veces al mirar la portada, ojear el ejemplary emitir sus opiniones. — Así es, esa información está circulando por internet y por las mejores revistas del país. — ¿Entonces es verdad? — Yo pienso que sí, no creo que la prensa se arriesgue tanto al publicar algo falso en contra de ese hombre, como tiene dinero y poder... ya saben lo que la gente como él hace si lo calumnian. El grupito asintió mientras se sumían en la revista; para July aquello era desconcertante, debía enterarse y más por lo que exclamaban las féminas, el asunto parecía grave. — ¿Y qué les parece? — Un gran escándalo— puntualizó una de ellas con una enorme sonrisa. — Sí que lo es. — No me figuro la cara de su esposa, ¿me pregunto qué hará? Aquello fue suficiente, July se acercó con sigilo a las chicas y con sumo esfuerzo miró sobre ellas esperando ver algo, y cuando lo hizo... se arrepintió de hacerlo. — No es posible— dijo la rubia cuando enfoco la revista a la perfección. — Disculpa, pero estamos hablando— interrumpió una de las presentes al verla. Pero July estaba en shock, sus ojos no se despegaban de las imagenes que miraba. — Oye... ¿hola? ¿me escuchas?— interrogó otra adolescente pasando la mano frente a la mirada perdida de la rubia. — ¿En cuánto me venden la revista?— cuestionó cuando regresó en sí. El grupo se miró entre si catalogando como loca o desquiciada a la muchacha que no dejaba de mirar hacia un punto específico. — Les daré lo que quieran— imploró la chica cuando el silencio le molesto. — No queremos limosnas, quédate con ella si con eso te largas— amonestó una al reconocerla como aquella con la que chocó momentos atrás. July asintió y tomando la revista caminando de regreso a su lugar junto a Natalia, omitiendo los detalles que la hacían ver poco cuerda. La rubia no podía dejar de leer aquella publicación y no podía creer lo que veía, pero por lo que esas chicas decían estaba convencida de que todo era verdad. — ¿Sucede algo July?— cuestionó la dark al mirarla tan ensimismada. La chica le mostró la revista y echándole un vistazo terminó suspirando. — Ah, ¿así que ya te enteraste? July miró a su amiga como pidiéndole que fuera más explícita. — ¿O sea que tú ya lo sabías? La afirmación de Natalia le molestó, y aguardó por la explicación que seguramente le daría. — Es... complicado, y si con eso logro calmarte... te explicaré. — Hazlo. En los minutos siguientes la dark le dijo a la rubia todo lo que sabía sobre el tema de Killian y su mayor escándalo hasta ese momento. ♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦ ♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦ Esa tarde cuando July arribó a la mansión, su tez pálida y ojos desenfocados mostraban que algo muy malo había ocurrido. — ¿July? ¿sucede algo? Serena aguardaba por su hermana en la sala de té, al mirarla en ese estado se preocupó. — No— negó July haciendo acopio de toda su fortaleza para fingir una sonrisa como era su costumbre. — ¿No?, pero si vienes pálida, parece como si hubieras visto un fantasma, además has estado sudando—  indicó la menor cuando paso su mano sobre el rostro de su hermana— ¿Acaso estás enferma? July volvió a negar, lo que menos quería era preocupar a su hermana. — No, es solo.... que me enteré de cosas que no me agradaron mucho. — Entonces debieron ser muy malas noticias, ¿es algo sobre tu trabajo? Los finos rasgos de la consternada pelirroja se contrajeron más de lo común y su mirada preocupada fue lo que acabo de convencer a la rubia de que no podía decirle nada de lo que había visto, por ello tomando su mano, sonrió de la mejor manera que pudo tranquilizando a su hermana. — No te preocupes, es algo referente a... un amigo. — Oh July, debe ser un amigo muy valioso para que te preocupes así; dime, ¿puedo ayudar en algo? Ella negó indicándole a su hermana que descansara. — No, igual te lo agradezco; este es un asunto que solo él debe resolver, y claro, cuando yo lo golpee por estar haciendo tonterías. — Está bien, será como tú digas hermana. A July le complació la respuesta, e inmediatamente cambió la charla a otro tema, lejos de exaltaciones o comentarios que pudieran perjudicar a la muchacha. Sin embargo, como venía ocurriendo desde hacía unas semanas, la pelirroja se sentía más y más cansada, estaba demasiado débil como para continuar hablando con su hermana. Su salud empeoraba con los días y no se podía hacer nada más que esperar. — No quiero que termine así—  susurró cuando supo que su hermana se encontraba totalmente dormida sobre su cama. — Ni ninguno de nosotros, señorita. La enfermera que cuidaba de Serena había escuchado su monologo por lo que creyó conveniente interrumpir. — Usted ha sido muy buena en permanecer a su lado y ayudarla, se lo agradezco mucho. — No es nada, solo hago mi trabajo y de paso me encariño con ella, aunque eso no debería de ser. July comprendía el porqué, sin embargo, siguió agradeciendo. — No importa, usted le ayuda cuando debe y cuando se presentan sus crisis, no sé qué habría sido de ella sin ayuda especializada. — El señor Killian nos contrató específicamente para eso y aunque la señora no goce de buena salud, es un placer acompañarla y charlar con ella. — Serena es un sol—  sonrió acariciando los lacios y rojizos cabellos que se esparcían con gentileza sobre la blanca almohada—. No sé qué haré cuando ya no este conmigo. La enfermera comprendía perfectamente la situación, era normal que los parientes y personas cercanas a los enfermos terminales se sintieran de esa manera. Un ciclo donde al final el duelo se debía llevar a cabo para poder seguir adelante. — Sea fuerte—  aconsejó la mujer con una sonrisa—, Ella la quiere mucho, y si me permite decirlo, desde que usted llegó a esta casa ha estado más feliz. July podía sentirse halagada, muchas personas en la mansión le habían dicho lo mismo y sin embargo no podía terminar por creerlo. — Solo hago lo que puedo y a veces siento que voy a derrumbarme en cualquier momento; pero al mirarla tan débil y aun así con fuerza necesaria pasa seguir... no puedo quejarme, ella me ha enseñado más de mí de lo que yo pudiera expresarle. Aquello era una muestra de lo que July aún tenía en el corazón, desgraciadamente no podía liberar sus emociones o terminaría por quebrarse, y su hermana no lo merecía. — Entiendo—  musitó la enfermera sabiendo que era todo lo que podía decir, sentía un enorme dolor en la rubia que no era capaz de hacer algo para evitar la muerte de su ser querido—. La dejaré sola para que esté unos momentos más con ella. — No—  negó incorporándose de la silla al lado de la cama—. Será mejor que ella descanse y recupere sus fuerzas, yo aún tengo muchas cosas que pensar. — Como guste. En un último gesto, July besó la blanca frente de su hermana, la cual suspiró entre sueños. No tenía la más mínima idea de lo que soñaba, pero al menos estaba convencida de que eran cosas placidas y encantadoras. Al menos en sueños ella era dichosa y así permanecería. Despidiéndose de la enfermera July abandonó la habitación y caminando sin muchas ganas se dirigió a la de Matt. La luz de la tarde se introducía alegremente a través de la ventana mientras el sonido reconfortante de una cajita musical se encontraba de fondo, con el móvil danzando sobre la cuna del bebé dejando al aire las figuritas que adornaban el aparato. July no pudo evitar sonreír, inconscientemente ese niño estaba ganando sus batallas internas, de ser inaceptable pasó a ser un pedazo de vida que llenaba su maltrecho corazón. El cómo una criatura tan pequeña y divina podía hacerle experimentar calidez cuando la pesadumbre la dominaba no tenía explicación, simplemente ella se rendía ante el mágico sentimiento que crecía en su interior. — Hoy no ha querido dormir— expresó la nana. — ¿No?, qué raro, por lo regular este niño duerme casi todo el tiempo y solo despierta para comer. Naya sonrió a lo que la rubia decía, los bebés eran complicados y a la vez tan sencillos que era predecible su manera de vivir. La mirada azul del Matt reposaba sobre el móvil y de vez en cuando estiraba sus manitas para intentar alcanzarlo. — Está comenzando a moverse más. — Los ejercicios le ayudan para eso— explicó la niñera cuando July se asombró por las acciones del bebé. — Oh si, con estimulación temprana ahora los niños son más "listos"— expresó la chica, haciendo reír a Naya que no negó absolutamente nada. — Se supone que la vida les sea más sencilla o al menos más precoz. — Ya veo. Entonces ambas quedaron sumidas en el delicioso aroma que envolvía la habitación, July poco a poco iba relajándose, pero los nubarrones dentro de su mente no le permitieron disfrutar la estancia. — Idiota— susurró la rubia exaltando a la nana. — ¿Perdón? — No, no era para ti Naya, lo siento— se excusó tratando de salir de aquella embarazosa situación. — No importa, seguramente la persona a la que acaba de insultar debe estar estornudando. July rio divertida al imaginar la escena, sin embargo eso no solucionaba su enfado. — Sí, eso espero— externó la rubia acercándose para acariciar la manita del bebé, la cual se aferró con todas sus fuerzas al dedo de su tía—. Es increíble cómo siendo tan pequeñitos tengan tanta fuerza. — En efecto, es un misterio fascinante. — No puedo creer como teniéndolo todo ese maldito pueda ser tan... tan... — ¿Idiota? Ella asintió a la palabra de Naya, al parecer por mucho que tratara de enfocarse en el momento, su mayor interrogante no la dejaba en paz, enterarse de cosas que no quería mencionar había sido ya todo un espectáculo, más porque se trataba del padre de aquella tierna y delicada criatura que tras bostezar comenzaba a quedarse dormido. — Parece ser que se ha acostumbrado demasiado a usted señorita, ya ve, apenas le ha dado un contacto y comienza a dormirse, él la estaba esperando. Naya podía tener razón, en todo el día no había visto a su angelito y éste la estaba esperando, por un momento se enorgulleció de su efecto sobre el infante, pero solo fue por unos minutos porque volvió al tema que aún no concluía. — ¿Cómo puede ser que una persona cambie tanto?— preguntó sin esperar que nadie le respondiera, no obstante, había olvidado que la empleada aún permanecía junto a ella. — Las personas por lo regular cambian por las circunstancias de la vida. — ¿Pero por qué tanto?— inquirió como si la chica a su lado pudiera darle una respuesta plausible. — No lo sé señorita, creo que motivos muy fuertes son los responsables de que la persona en quien piensa haya cambiado, debería preguntarle usted misma. July estaba consciente de ello, pero temía lo que pudiera descubrir. — Cuando uno se entera de cosas terribles es un golpe duro, aun así, si hablamos quizás se encuentren resoluciones distintas a lo que pensábamos, usted parece tener un gran dilema señorita July, y si quiere un consejo: hable las cosas con quien debe. Confirmado, aquella casa estaba llena de personas intuitivas que deseaban ayudar cuando podían, la rubia sonrió y aunque sus miedos le impedían muchas cosas, ese consejo era suficiente para dar el siguiente paso. — Gracias Naya. La muchacha no dijo nada, July se desprendió con sumo cuidado del contacto con el bebé desapareciendo rápidamente de la habitación, lo que ella necesitaba era aclarar las cosas y solo lo haría con la persona indicada, el hombre cuyas acciones le oprimían el corazón. Unas horas después, cuando la calma de la mansión se encontraba en su máximo esplendor, el sonido del motor alertó a July, ya era hora de que supiera la verdad, por ello se incorporó del sofá y aguardó por el millonario en un lugar donde éste pudiera verla y no fuera a evadirla. Lo miró llegar como siempre: altivo, distante y dando indicaciones a su chofer y guardaespaldas, quienes asintiendo a las órdenes del ojiazul al final lo dejaron solo, siendo recibido por el mayordomo principal. — Buenas noches señor. — ¿Y mi esposa?— interrogó el castaño, desconcertando seriamente a su mayordomo, pues nunca preguntaba por ella. — En su habitación señor, durmiendo, hoy tuvo un día cansado. Alex no mencionó nada, con paso veloz se dirigió a la escalera luego de entregarle sus pertenencias, más el camino del genio se vio obstaculizado con la inesperada presencia de July. — ¿Tuviste un buen día?— dijo la rubia con sarcasmo. — Tengo prisa— añadió el ojiazul ignorando el tono voz en el que le había hablado. — Necesitamos hablar. — No tengo tiempo, además no tengo nada que discutir contigo— expresó fríamente, pasando de lado a la rubia que había salido a su encuentro. — Ah no, yo creo que sí, el enunciado: "SE LE VIO MUY ROMÁNTICO EN EL MEJOR LUGAR DE LA CIUDAD MIENTRAS SU ESPOSA ESTÁ ENFERMA", ¿No te dice nada? Conmocionado Killian detuvo sus pasos sobre el segundo escalón, posteriormente girando al encuentro de un par de ojos melados que le miraban con sentimientos entremezclados. — Sígueme— ordenó el castaño viéndose entre la espada y la pared. La chica se dedicó a seguir al hombre de cerca, quien la llevó a su despacho. — ¿De qué quieres hablar?— fue la directa cuestión que el castaño lanzó tras asegurar la puerta. — Quiero saberlo todo— dijo, tratando de no explotar. Killian no se esperaba esto, su plan era conversar con su esposa en privado y sin embargo ahí estaba July, derrumbando su mundo nuevamente. Se encontraba exasperado, su día no había sido normal, los teléfonos sonando constantemente y el reclamo de su junta directiva lo habían hecho encabronar, aunque bien sabía que no podían hacer nada contra él y no tenía por qué darles explicaciones, aun así, debía responder a lo que July le preguntaba, en cierta forma tenía el derecho de saberlo. — ¿Cómo te enteraste? — ¿Acaso importa?, el hecho de que no mire los noticieros o lea revistas no quiere decir que no fuera a enterarme, no sé cómo lo has hecho, pero hasta ahora me doy cuenta de que esta casa parece un claustro, fuera de toda invasión del exterior. — Eso es lo que pretendo, entre menos sepa ella, mejor será para su salud. July empuñó sus manos con enfado puro, tenía tremendos deseos de romperle la cara al hombre que se hallaba sentado tras su escritorio con total elegancia. — Eres... de lo peor, jamás pensé que te atrevieras a incomunicarla del mundo. — Si lo hice fue por asuntos meramente míos y no tengo por qué darte cuentas de nada. — En eso te equivocas, tienes que hacerlo porque yo soy su hermana y exijo una explicación. — Y yo soy su esposo y a mí no se me da la reverenda gana dártela. La rubia estaba a punto de abalanzarse contra Killian, pero el rostro inexpresivo de éste le servía para contener un poco sus instintos. — Claro, ahora todo tiene sentido. — ¿Qué quieres decir? La respiración agitada de la chica y sus palabras solo terminaron de incrementar el estrés en el castaño quien también hacia enormes esfuerzos por contener su ira. — ¡Tú, "señor soy autosuficiente y no necesito de nadie", contrataste a una diseñadora de imagen para que recogiera tus porquerías y las tapara haciendo de esa manera que quedaras bien con todos; por eso también tienes incomunicada a mi hermana... para que no se entere de la clase de... imbécil que tiene por marido! — No te permito que me insultes en mi casa. — ¡No me importa, eres un desgraciado, maldito, bastardo arrogante, ¿Cómo te atreviste a engañar a mi hermana?! Era una realidad, el escandalo había llegado hasta su casa y Alex no podía hacer nada para contenerlo. Ambos guardaron silencio, aunque sus miradas no dejaban de desprender una ira contenida. Al menos Killian intentó tranquilizarla. — No quise hacerlo, solo fueron las circunstancias. — ¿Las circunstancias? ¿Te atreves a llamar su amor una circunstancia?, eres un... — ¡Era inevitable Julianna, tu bien sabes por qué!— Killian había gritado resumiendo en una oración su verdadero motivo, pero eso no era suficiente para July. — Esa no es una razón, prometiste que la harías feliz. — Y lo he cumplido, sabes que lo he hecho, aunque no puedo hacer nada, mucho menos cuando yo no la am... — ¡Cállate!— Imploró la joven de inmediato, tapando sus oídos para no escuchar nada— Cállate maldito inconsciente, eso jamás vuelvas a pronunciarlo, nunca más. Killian se quedó inmóvil aun teniendo la ansiedad a flor de piel, era verdad, en aquella casa no se hablaba sobre el exterior para proteger a la pelirroja de toda la agitación y los excesivos chismes que a él solo le causaban dolor de cabeza, y era aún más cierto que el castaño fue tomado in fraganti por la prensa mientras salía de un hotel con una mujer no identificada y que obviamente era su amante. Ya varias veces en el pasado se habían levantado declaraciones sobre las amantes secretas del millonario, las cuales eran ciertas, pero carecían de evidencia y eran desmentidas fácilmente por el mismo genio, no obstante, las pruebas en esta ocasión eran reales y Alex no tenía manera de defenderse del caos que se formaba sobre su persona. Cosas como esas Killian prefería mantenerlas alejadas de su esposa, aun así, olvidó que July no vivía alejada del mundo y se estaba volviendo otro problema más a resolver. — No contaba con que... — ¿Fueran a descubrirte? — No, con que tú te enteraras, ahora debo solucionar esto también. — ¿Solucionar?, por supuesto que vas a solucionarlo y mas te vale que lo hagas de buena forma, porque a pesar del rencor que te tengo en estos momentos, no puedo siquiera pelear contigo ya que entonces mi hermana sospecharía y no puedo permitir que su concepto de ti se manche. — ¿Vas a ayudarme? — Solo por ella, recuerda que todo lo que hago es por ella... maldita sea la hora en la que Serena te conoció, porque en lo que a mí respecta... yo ya no te conozco Alex Killian... ¿en qué te has convertido? .... Si July continuaba más tiempo en esa habitación seguramente no podría controlarse, por ello decidió desaparecer antes de que las cosas se complicaran, y salió azotando la puerta. Alex solo pudo cerrar sus ojos y respirar varias veces, más que nunca debía mantener su autocontrol y sin embargo eso no le impidió lanzar con fuerza un cenicero que se hizo pedazos contra la pared. — Tienes razón July, ni siquiera yo me reconozco. Ahora solo le quedaba resolver el "pequeño" embrollo en el que se había metido por culpa de sus más profundos deseos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR