— Debemos hablar Julianna.
Ese susurro la sobresaltó, pero logró disimularlo para voltear a ver a Killian.
— ¿De qué?
— Bien sabes de qué.
July observó a su hermana profundamente dormida sobre el mantel y supo que ni Matt podría evitar esa conversación, así que permitió que el castaño la llevara junto con el niño a un lugar donde no molestaran el sueño de la pelirroja.
— ¿Estás molesto por lo de esta mañana?— interrogó la rubia sin poder soportar el silencio que le había seguido a la petición del ojiazul.
— ¿Tú qué crees?
Obviamente la respuesta era afirmativa.
— Solo te dije la verdad, bien sabes que no se hubiera complicado si tu no olvidaras las cosas...
— ¿Importantes?
La seca mirada hablaba por sí misma, July asintió tras bajar los ojos, observando el agua del lago balancearse con la brisa.
— Tal vez pueda olvidar las cosas, sin embargo, las rectifico.
— Sí, pero si no las olvidaras desde un principio no tendrías por qué rectificarlas.
— ¿Acaso es malo hacerlo?
— No, pero ni todo lo que puedas hacer es suficiente para el sentimiento que dejas tras tus acciones, ¿puedes darte idea de todo lo ella sufrió al enterarse de que no vendrías?, tuve que mentirle y mira que por poco le digo sobre...
— ¿Sobre qué?— indagó el ojiazul retando a la chica quien suspiró, limitandose a caminar por la orilla del lago con un Matt ya dormido.
July no podía darse el lujo de explicar lo que su corazón le gritaba, había cosas mucho más importantes que sus simples palabras para el millonario y ella una vez más tendría que guardarse lo que deseaba expresarle.
Killian miró a la rubia alejarse un poco, no era bueno hablando con ella, mucho menos cuando se enfrascaban en peleas que terminaban muy lejos de la idea principal que las originaba. July era la única persona que le hacía perder la paciencia extremadamente rápido y también era la única que siempre le había dicho la verdad de todo.
— Sé que soy un maldito desgraciado, eso no tienes por qué recordármelo— mencionó cuando supo que la chica aun lo escuchaba—. No puedo cambiar de un día para el otro.
— ¿Por qué no? Ella te ama lo suficiente como para hacerlo.
— Las cosas no son así— reveló el ojiazul.
— ¿Entonces qué es lo que necesitas? A ella la puedes hacer feliz con tan poco... y aun así siempre mantiene una sonrisa a medias en el rostro... Me prometiste que la harías feliz y hasta ahora no lo has cumplido.
Alex supo lo que era sentirse inferior por segunda vez en su vida y aunque no le gustaba tuvo que admitir que lo que July decía era verdad.
— No puedo prometer algo que no quiero y no obstante lo he intentado.
— ¡Pues no ha sido suficiente!— reclamó enfadada, aquella conversación estaba comenzando a alterarse.
— ¿Qué pretendes entonces? ¿Qué sea hipócrita con ella?
— No, solo que intentes quererla.
— Yo la quiero.
Para su desgracia, lo ojos de la chica le decían otra cosa.
— Tal vez, pero aun no es suficiente; sí de verdad te importa, al menos demuéstraselo en su último tiempo.
Con su máscara de tranquilidad en el rostro regresó sobre sus pasos al mantel donde su hermana descansaba, no podía quedarse más tiempo junto a Killian o terminaría haciendo cosas que había evitado a toda costa desde que llegó.
Mientras tanto con Alex, la cercanía de July lo alteraba y al mismo tiempo le hacía tanto bien a pesar de sus duras palabras, pero verla alejarse era lo más razonable o de lo contrario estaba seguro que no se detendría de hacer lo que por mucho tiempo había suprimido. Así que regresando a su usual carácter volvió al mantel donde Mathew comenzaba a inquietarse y July intentaba contentarlo para que no despertara a su madre, fallando miserablemente en el intento, eso y el acceso de tos de la pelirroja no gusto nada a ninguno de los dos, por tal razón decidieron regresar inmediatamente a la casa para que la enfermera revisara la salud de Serena y ambos pudiera meditar sobre lo sucedido.
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Las noches en esa mansión eran únicas, el cielo podía admirarse a la perfección desde el jardín, aquel lugar era el favorito de Noa y ella lo sabía, pues éste se lo había dicho infinidad de veces durante sus charlas.
— Ojalá no te hubieras ido, te extraño mucho— musitó sin obtener respuesta y dejando que el viento se llevara sus palabras.
Amaba mirar las estrellas tanto como amaba su más profundo y bello sueño. Ambos estaban relacionados, pero no tenían comparación, pues mientras unas brillaban en el firmamento, sus sueños lo hacían sobre la tierra donde se veían muy lejos de realizarse.
Pensando que el clima se ponía un poco frio decidió regresar a la casa; cada día se le dificultaba más aparentar tranquilidad o emplear su arte cuando todo lo que tenía eran ganas de gritar, pero dentro de esa casa había alguien que la necesitaba y ese era su deber como la hermana mayor.
— Por favor, que no termine por volverme loca— sonrió amargamente, mirando cerca las luces de la mansión.
Caminó con agilidad hasta que divisó a lo lejos un automóvil que se dirigía a toda velocidad hacia la entrada. Era extraño, las visitas en esa casa eran nulas, excepto por su madre o alguno que otro empleado o socio importante. Killian no era de vida social o amigos, por lo que intuyó que tal vez era para su hermana, pero la pregunta principal era: ¿Quién?
Curiosa por naturaleza corrió hasta la mansión ocultándose entre algunos arbustos que le permitieron total visibilidad, el lujoso auto se estacionó y del interior descendió una bellísima y elegante joven, entonces no le cupo duda de que al que visitaban era a su cuñado.
— Ah, señorita Andersen, que gusto verle por aquí.
— Buenas noches ¿se encuentra Alex?
— Por supuesto, pase.
El mayordomo la había invitado con total familiaridad y cordialidad, por lo que supo que la mujer no era una total desconocida. Armándose de valor se adentró en la casa procurando ocultarse para pasar desapercibida, fue hasta que Killian apareció que contemplo la enorme sonrisa de la muchacha, así como la dulzona manera de saludarlo besándole ambas mejillas, el genio por su parte fue cortés y nada despreciativo.
— Qué bueno que llegaste.
— No sabía que me extrañabas tanto, querido.
— Vamos a mi despacho, ahí podremos hablar con más privacidad.
— Como gustes.
July no podía entender porque aquella chica hablaba de esa manera al castaño o por qué él no refunfuñaba o era grosero como siempre. Algo no le agrado, no solo era cordialidad lo que existía entre esos dos.
— Maldito Killian— susurró friccionando las manos—, ¿quién demonios es esa mujer?
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July miraba por el gran ventanal del comedor como si el misterio del universo se encontrara justo ahí, hacia media hora que su desayuno estaba en la mesa y ella ni siquiera lo había tomado en cuenta, era algo que no podía quitarse de la cabeza.
— ¿Le ocurre algo, señorita?
La muchacha negó, no era bueno su comportamiento, después de todo ella estaba ahí solo como visita y por mucha curiosidad que tuviera no tenía derecho de indagar sobre la vida de las personas que vivían ahí.
— No ha tocado su desayuno, ¿acaso no es de su agrado?
El leal mayordomo se esforzaba por agradar a la rubia y ella lo notó por la mirada del hombre sobre el plato.
— No es que tenga algo de malo, es solo que... no tengo hambre.
— Igual debería comer, cualquier preocupación que tenga no podrá arreglarla con estómago vacío.
Indudablemente todo el personal de aquella mansión estaba capacitado para observar si algo ocurría, el ex dueño de aquella enorme casa sabía lo que hacía al momento de contratar al personal y no pudo evitar sonreír un poco ante el involuntario halago que le lanzaba al antiguo amo.
— No puedo engañar a nadie por más que lo niegue todo.
— ¿Entonces qué sucede?
July también sabía que toda la discreción del mundo podía ser depositada en cada una de las personas que laboraban en la mansión y se sintió segura de preguntar lo que desde la noche anterior la carcomía.
— Yo... anoche no pude evitar mirar una situación bastante peculiar que llamó mi atención.
Mirando de lado a lado el mayordomo y le indicó a la joven que continuara hablando cuando se sintió seguro de que no los observaban.
— Y bueno... me topé con un auto muy lujoso, ¿tu sabes quién es su dueña?— el hombre asintió echando un último vistazo a su alrededor.
— Se trata de la señorita Annya Andersen.
— Ah— exclamó, como si eso resolviera sus dudas, por lo que el mayordomo continuó.
— Es la asesora de imagen del señor Killian, trabaja para él desde hace tiempo.
— Oh, ya veo— las cosas iban aclarándose en la imaginativa mente de July, quien respiro con alivio—. ¿Y sabes para que vino?
El mayordomo parpadeó, todo en aquella casa se sabía a su tiempo, pero eso no quería decir que el fuera la persona más adecuada para revelarle cosas "importantes" a la visitante.
— Yo... pienso que para solucionar algún problema.
— ¿Referente a su imagen?
— Seguramente señorita.
July meditó las cosas, había escuchado de Gabriel que los asesores de imagen se distinguían por casi salvarles la vida a sus clientes, quienes recurrían a ellos con la finalidad de mejorar su reputación e imagen ante la sociedad y los medios de comunicación. Era raro porque Alex no debía tener esos problemas, el solo podía con un batallón de prensa y el mundo entero, aun así, enterarse de que en ciertas ocasiones dependía de un profesional era algo muy grande.
— Comprendo, ¿entonces no tiene alguna idea en específico?
— N... no... discúlpeme señorita, pero tengo cosas que hacer, ¿se le ofrece algo más?
July negó y el mayordomo se inclinó retirándose del lugar antes de ser bombardeado por preguntas que no debía responder.
— Esto es cada vez más extraño— se dijo a sí misma la de ojos melados, sabiendo que descubriría la verdad tarde o temprano, no por nada algunas veces la llamaban: entrometida.
Así pues, inconforme con lo que sabía, se dedicó a indagar con los empleados sin conseguir resultado alguno. Y para colmo la preocupación no la bandonaba.