Paseo

4300 Palabras
Serena amó a Alex Killian desde el primer momento que lo conoció. La atracción del joven fuerte, gallardo y hasta distante fue lo que orilló a las hormonas adolescentes a crecer para convertirse en una mujer que quería llegar al corazón indómito del ojiazul. Sus sueños se basaban solamente en efímeros deseos que llegaron a cumplirse rápidamente debido a la insistencia de su madre o la amabilidad de su padrastro, que debido a su enorme capital pudo darle lo que de niña jamás había imaginado. Ese fue el inicio de sus visitas a centros médicos suizos o ingleses, donde las investigaciones para combatir su enfermedad se llevaban a cabo y sin descanso. Toda su vida había cambiado desde el momento en que se enteró de su enfermedad y aún más antes, cuando guiada por su impasible madre hubo salido de casa de su padre y de la vida de su hermana mayor a quien más quería en el mundo. Ella recordaba sus dulces cantos los cuales funcionaban como distracción a los ensordecedores gritos que sus padres sostenían en la planta baja. July era su todo, solo su sonrisa y su fortaleza podían brindarle más esperanza de vida, aunque bien sabía que mucho no se podía hacer, por eso cada día rogaba ganarle un segundo más al despiadado tiempo mientras abría los ojos con cansancio y ojeras, producto de sus dolores y sofocos nocturnos. Cada mañana sonreía y contemplaba los intentos de su rubia hermana por sacarle adelante y hacerle olvidar por solo un momento, la terrible pesadilla que estaba viviendo. Sabía que su esposo velaba por ella desde lejos, jamás había sido muy cálido, excepto por los minúsculos cambios que se formaron en él durante esos años, lo entendía y lo amaba, más por la preocupación que le profesaba. La resolución de invitar a July a vivir con ellos había sido estupenda y no se lo podría pagar con nada en el mundo. Esa mañana no fue la excepción y tras tranquilizarse un poco para no alertar a la enfermera que la cuidaba suspiro hondo y trato de controlar el estrepitoso latido de un corazón que a cada segundo se desvanecía. — No, hoy no—  murmuró de pronto cuando un mareo le atacó obligándole a cerrar los ojos. Y es que ese día en particular July había planeado un picnic cerca del lago artificial con el que contaba la mansión. La algarabía digna del espíritu libre que era su hermana la habían hecho sonreír aún más de lo que podía y aceptó aquella tentadora oferta. Lo malo había sido el reclamo de su esposo, quien escuchando de lejos pero siempre atento debatió con la rubia hasta que ambos quedaron satisfechos con varias propuestas que ninguno objetó. Maravillosamente Alex iba a acompañarla a esa pequeña escapada al aire libre, estaba acostumbrada a la ausencia de su marido y fue la repentina ilusión que terminó por convencerla de estar bien para ese día en particular. Sintiendo las fuerzas renovarse con solo ese pensamiento la pelirroja se incorporó con mucho esfuerzo hasta quedar sentada en la cama, miró su habitación y se sintió apesadumbrada, odiaba que corrieran las cortinas, el sol era el único que le decía silenciosamente: "Estas viviendo un nuevo día, no lo desperdicies". — Layla ¿puedes abrir las cortinas? La enfermera que hasta ese momento permanecía dormida se despertó súbitamente ante el llamado de la joven. — Pero señora... — Ya sabes que aborrezco la oscuridad, por favor, ábrelas—  volvió a pedir en tono afligido. La mujer de blanco asintió, tras desperezarse un poco realizó el pedido. Afortunadamente tenía el sueño ligero, tal vez por su disponibilidad de dormir donde fuera estando aun así atenta a cualquier situación fue la razón por la cual la habían contratado para cuidar de la desahuciada señora Killian. Una chica encantadora pero condenada a perecer muy joven. — Gracias—  musitó Serena recibiendo los rayos del sol—. Ya me hacía falta sentirme viva. — Recuerde no esforzarse demasiado o no podrá asistir hoy. — No, no digas eso ni en broma—  negó la chica con presteza—, este día es importante, hasta Alex lo sabe. — ¿Acaso el señor le propuso este súbito cambio de actividades? La incrédula faz de la enfermera hizo reír a la pelirroja. — No, ¿cómo se te ocurre? — Ya decía yo. Serena volvió a reír, tan predecible era su esposo que era raro imaginarlo hacer algo fuera de su rutina. — Ha aceptado acompañarnos al paseo de hoy. — ¿En verdad? — Si, sé que es difícil de creer que Alex pierda un día de trabajo por esto, pero no sabes lo feliz que me ha hecho. Layla era lo bastante experta en enfermos como para conocer debilidades y fortalezas y sin duda Alex Killian era ambas para aquella chica. No sabía cómo una criatura tan dulce como la pelirroja había terminado casada con un frio gruñón como el ojiazul, eso solo le aseguraba una cosa: "que polos opuestos se atraen". Aunque no estaba muy segura si dicha historia había existido. Ella conocía muy poco sobre la relación del matrimonio Killian a pesar de haber pasado una temporada considerable velando por la muchacha, cada determinado tiempo el castaño realizaba una rotación de enfermeras, de esta manera les daba descanso y un trabajo seguro. A su parecer no era un hombre tan inhumano como muchos lo catalogaban, más bien le era difícil expresar sus sentimientos, muestra de ello era la chica que no paraba de hablar del excelso día que iban a tener. Para su ojo profesional aquella salida libre no le iba a hacer ningún bien, pero era inútil discutir con algo que ya estaba decidido. — ¿Qué te parece el vestido azul cielo que Alex me trajo de París? — Me parece perfecto señora, es muy veraniego y vistoso para esta época. — Sí, eso mismo pensé cuando lo vi... que debía utilizarlo en una ocasión muy especial. Era tan fácil hacer sonreír a la frágil muchacha que incluso el vuelo de un pajarillo le arrancaba lindos y soñadores suspiros. Layla estaba consciente de ello y con la mayor disposición se dispuso a ayudar a la chica a vestirse apropiadamente para ese día tan especial. Por otro lado, July había elegido un vestuario común que consistía en jeans deslavados y una blusa blanca sin mangas, el día era más que perfecto, estaba dispuesta a hacer inolvidable cada momento que su hermana pasara al aire libre. Mientras trataba de peinar sus rubios cabellos recordó la manera tan inusual de invitar a la pelirroja. Desde el día que hubo encontrado el lago, la idea de un picnic a sus orillas no la había abandonado, tal vez era por su empecinada esperanza de llenar de vida los pulmones y el débil cuerpo de su hermana, lo que le hizo luchar incluso contra Killian. — "¿Estás loca?, ella no puede salir"—  había sido el reclamo del ojiazul que le había enfrentado con fiereza y estaba listo para atacar si era preciso. — "No es como si fuera a Rusia, solo son unas horas bajo el aire fresco y el sol, ¿qué mal podría hacerle eso?" El ataque perfecto había ocasionado una revolución completa en la sala de té donde la pelirroja había intentado por todos los medios apaciguar a sus dos personas favoritas. Pero una buena pelea verbal y miradas de la joven enferma habían obrado el milagro, haciendo ceder tanto a la rubia como al castaño de aquella batalla sin sentido. — "Está bien, pero yo iré con ustedes". Fue el triunfo para ella y era un momento que no cabía en sí por la felicidad, le había ganado una al obstinado cabeza hueca de Killian y el regocijo era tanto que no podía contenerlo en el pecho. — Ya verás cómo hago este día algo inolvidable, hasta tú vas a decirlo, aunque te sangre la boca—  decía July sonriendo frente al espejo y sin más salió de su habitación. Todo se encontraba preparado ya: comida, bebidas, sombrilla, mantel, la clásica canastita de madera y cualquier minúscula cosa que pudiera hacer falta. Tal vez Julianna Wells solía ser una despistada, pero cuando se planteaba hacer las cosas bien nadie podía contra ella. — Muy buenos días señorita. — Ya te he dicho que me llames July, solo July. — No podría hacer eso. La pena de Naya le hizo gracia, el cómo la nana de su sobrino había pasado de odiarla a respetarla era todo un misterio. — ¿Ha venido por Matt? — Así es. — Lo estoy vistiendo, se lo tendré listo en cinco minutos. La sonrisa que la nana le dirigió le hizo recordar el enorme camino que siguió para ganarse esa confianza. Más de dos semanas pasaron desde que Killian le invitara a su casa y en todos esos días había aprendido a conocer un poco más de funcionamiento de un hogar que solo había visitado muy pocas veces, a pesar de eso la servidumbre le conocía y respetaba no solo por ser la hermana de la señora, sino por haber sido fundamental en la existencia de un m*****o de esa familia que ya no estaba entre ellos. Todo iba bien, excepto por la nana que algunas veces lograba intimidarla con solo la mirada. Una noche cuando el insomnio típico en ella la fastidiaba, entro a la habitación de Matthew para ver si todo estaba bien, sin embargo, apenas entrar se había topado con la dura mirada de la muchacha, quien sin mucha cortesía le cuestionó. — "¿Se le ofrece algo...señorita?" — "Yo solo..." — "Mi trabajo es estar con el joven amo de día y de noche, así que pierda cuidado, no le falta ni le faltara nada". July estaba desconcertada. — "¿Puedo saber por qué tanto odio hacia mí, Naya?" La nana la había ignorado sentándose en la mecedora que a veces la pelirroja utilizaba. — "¿Naya?"—  repitió la rubia algo exasperada. En su vida July había tratado con infinidad de personas desesperantes y ella no sería quien venciera su record, por ello acercándose a la cuna de su sobrino pudo mirarlo dormir pacíficamente alejado de todo ruido y realidad, su angelical carita era todo lo que contrastaba con la tenue lamparilla en forma de osito y ella había sonreído por eso. — "Es porque usted no lo quiere". El repentino murmullo la hizo voltear a mirar con asombro a la nana. — "¿Qué?" — "Que no me agrada porque usted no quiere a Matt; ande, dígaselo a la señora y puede despedirme, pero mi opinión es esa y no cambiará". La dureza de las facciones femeninas la dejaron en shock por un momento, lo que Naya decía era duro pero cierto, quizá era la única persona que podía ver a través de ella. Con un suspiro al aire se volvió nuevamente hacia el niño dormido y con delicadeza le acarició la carita. — "Tal vez tengas razón"—  murmuró rompiendo el silencio. — "Este niño es lo más bonito que he visto en mi vida y aun así... no puedo aceptarlo del todo". Naya asintió cruzando los brazos, como quien espera una explicación. — "Lo siento, es la verdad; tal vez mi falta de familiaridad con los niños sea lo que me orille a esto" — "Puede ser"—  le dio la razón la nana, observando a la rubia. — "Y sin embargo deseo quererlo"—  fue la afirmación que no creyó, pero deseaba escuchar—. "Por qué es algo muy importante en la vida de mi hermana y ahora en la mía, no quererlo sería como... desalmado". — "Entonces pretende quererlo solo por la señora". El reclamo había hecho sonreír a July de tal manera que la nana parpadeó para estar segura de que no veía mal. — "No, también es por mí, por mi pasado y el presente que no puede cambiarse". Naya no comprendió nada de lo que la rubia dijo, pero conforme pasaron los días pudo observar un cambio completo en July, la cual se interesaba mucho más en los asuntos referentes a Matt. En ocasiones la muchacha acompañaba a la nana en la tarea de los ejercicios diarios, así como en la preparación del biberón y la muda de pañales. Si debía ser sincera, July jamás se hubo imaginado asistiendo a la nana, sin embargo, ahí estaba esperando al infante y ganándose la confianza de la chica quien ya no la miraba como una amenaza o persona distinta al bebé. — Muy bien, le he puesto los tres biberones, cinco cambios y varias mantas por si desea acostarlo un rato, también le daré el protector de insectos, bloqueador solar... eso sí, no lo exponga mucho al sol o se le irritará la piel y... — Naya, solo vamos al lago, no me fugaré con él. La muchacha asintió con cierta pena, pero las recomendaciones nunca estaban de mas, sobre todo cuando la rubia era novata en cuanto a bebés. July se colgó el gran bolso al hombro con todo lo indispensable que Naya creía conveniente llevar. — Esto pesa a horrores. Se quejó la chica al cargar las cosas y tras recibir al bebé que sonrió un poco ante el cambio de brazos. — Debe ser así, ¿o quiere que le explique de nuevo para que sirve cada cosa? — No, no, sí lo recuerdo. La rubia catalogaba a Naya como algo obsesiva y paranoica, no obstante, comprendía la preocupación por el niño y aunque aún no amaba a Matt, si continuaba así terminaría por hacerlo. Caminando entonces por el pasillo y dejando a una atareada nana gritando las ultimas indicaciones, se apresuró a bajar en busca de la pareja que seguramente ya estaban esperándoles, pero lo que vio no le agrado. — ¿Acaso vas a ir en esas fachas a un picnic? El reclamo llegó a oídos de Killian como el zumbido de un molesto insecto y arrugando la frente miró a la recién llegada. — Ten más respeto, para tu información este traje es uno de los más caros. — Pues a mí no importa si te costó millones, si planeas ir así al lago entonces déjame decirte que vas desperdiciado. Azul y castaño volvieron a encontrarse con enfado y esta vez no hubo quién los detuviera. — ¿Cómo enseñarle a una idiota lo que es vestir con prestigio y distinción?... oh claro, es una cosa imposible. De no ser porque Matt permanecía en los brazos de July seguramente su puño se habría estampado en el rostro del castaño, por lo que trató de tranquilizarse; no le iba dar el gusto a Killian de verla enfadada, no en ese día quera tan especial para su hermana, así que sentándose en la mesa del comedor junto a él y mirándolo con inusual seriedad le habló. — ¿Lo olvidaste, cierto? Alex enarcó una ceja, el cambio súbito de tono lo había desconcertado un poco y tuvo que decir la verdad. — Tengo una reunión en media hora. — ¿Enserio? — Jamás hablo en broma—  le recordó la seria voz. July friccionó su mano libre al punto de lastimarse la palma con las uñas, lo que estaba escuchando era simplemente inaudito. — No es posible—  espeto con ira contenida—, ella confía en ti. Killian se incorporó de la silla y camino hacia la salida ignorándola completamente, con o sin el niño July siguió a Alex quien de reojo miraba atentamente a su hijo. — Cuidado con mi hijo, idiota, si llegas a hacerle algo lo pagarás. — No más de lo que voy a hacerte por todo esto. El castaño se detuvo para acomodarse la corbata y mirar a la enfadada joven frente a él, de todo el tiempo que llevaba de conocerla no la había visto tan molesta y controlada al mismo tiempo. Estaba seguro de que Matthew tenía mucho que ver en el repentino control de impulsos de la muchacha quien tenía una ira realmente latente. — ¿Cómo puede ser posible que tu maldita empresa te importe más que la felicidad de mi hermana? ¿Qué no fuiste tú quien me dijo que debía tratar de hacerla feliz y dejar de lado otras cosas que no fueran ella? Me decepcionas Killian y no me explico como mi hermana aún sigue contigo. Ante el miedo de tirar al inquieto bebé, July terminó por tragarse su odio e irse a algún lugar donde pudiera calmarse de verdad, se había contenido para no gritar y abalanzarse sobre el hombre que sin tapujos dejaba plantada a su hermana. Cuando lo escuchó decir: "Yo iré con ustedes", sintió una enorme contradicción, pero felicidad por su hermana quien había sonreído más que nunca. Saber a Serena feliz porque su marido iría con ella a un picnic era impensable y a la vez muy importante, sin embargo, había olvidado que Alex siempre dejaba las cosas importantes de lado, y sin reprimirse, lo detestó por ello. — ¿Y ahora como le explico a tu madre que el patán de Killian no ira? Fue el suspiro amargo que lanzó mientras arrullaba al bebé entre sus brazos pensado la manera más adecuada de no romperle el corazón a su hermana. ♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦ ♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦ Alex Killian subió a su limusina con el ceño fruncido, friccionando su mano sobre el asa del maletín, lo que indicaba su verdadero humor, y cuando el jefe se encontraba así, lo mejor era no hablarle. El chofer con presteza encendió el motor y se dirigió a la corporación, cotidianamente y a pesar de su difícil carácter Killian era tratable, pero cuando algo le enfadaba era mejor no inmiscuirse con él o cabía la posibilidad de pagar consecuencias que no le correspondían. — Estúpida, maldita seas—  fue lo que salió de los labios del castaño—. ¿Cómo te atreves a reprocharme? ¿Quién te lo permitió? Sobre todo, cuando tu mejor que nadie sabe... maldita sea. Un golpe lanzado con odio hacia el respaldo del asiento solo pudo acrecentar su enfado por lo que al arribar a su corporación nadie se atrevió a sonreírle o felicitarle por las acciones ganadas en la bolsa. — No quiero interrupciones, de ningún tipo— ordenó a la temerosa secretaria que asintió escuchando la puerta de la oficina principal azotarse con tremenda dureza. Lanzando el maletín y sirviéndose la copa del licor más fuerte que tuviera es como el ojiazul trato de tranquilizase un poco, la imagen de la rubia reclamándole y mostrándole su rencor bastaba para hacerlo explotar de rabia, no solo porque July se metía donde no le correspondía, sino porque jugaba con algo muy peligroso; dos copas más y muchas maldiciones aparentemente fueron suficientes para tranquilizarlo, en ese momento, una persona aprovechó para entrar en su privado y hablarle de algo. — Señor perdone la interrupción. — ¿Qué quieres? Ed procuró cerrar perfectamente bien la puerta para evitar oídos ajenos, pero dada la propaganda era seguro que toda la empresa ya se había enterado. — No quisiera molestarlo aún más cuando ya está molesto, pero creo que le interesara saber esto. Killian miró a su guardaespaldas con el ceño aun fruncido y tomó la carpeta que este le cedía, Ed aguardó para escuchar las maldiciones proferidas por su jefe. — Mierda ¿¡qué acaso esa gente no conoce otra forma de joderme la existencia!? — Lo lamento señor, era necesario informarle. Alex asintió de mala gana y dispuesto a servirse otra copa preguntó. — ¿Cuándo salió? — Esta mañana, y no es la única, usted ya conoce a la prensa y los medios ya deben estar hablando del tema. El millonario contempló nuevamente la revista, le pareció lo más vil y despreciable que alguien pudiera hacer contra su persona; ya antes había luchado con miles de calumnias sobrepasándolas a todas. — Infelices— susurró, estrujando la revista para después lanzarla a la basura—. Haz que me comuniquen a... — Con todo respeto señor— interrumpió Ed en tono calmo—. Si desea una sugerencia, bien podría darle yo alguna. Alex confiaba en Ed para su seguridad, pero no estaba seguro si era buen consejero. — Dime. — Yo jamás podría juzgarlo, señor, y creo que esta vez se extralimitó. — ¿No? ¿De veras? Que gran descubrimiento— esa mofa hizo apenar a Ed. — Solo digo que hasta que la señorita Andersen regrese usted debe mantenerse al margen, ya sabe cómo son estas cosas, no dudo que su secretaria en este momento este recibiendo un sin fin de llamadas pidiendo explicaciones o ruedas de prensa con usted. — No tengo porque explicar nada, con un carajo es mi vida— explotó, lanzando la copa que aún no se había servido. — Lo sé y lo comprendo, pero sea realista señor, usted solo no puede hacer nada y dado su carácter... Ed no temía hablarle con la verdad, por eso, aunque los ojos azules de su jefe lo fulminaron no se inmuto en lo más mínimo. Killian por otro lado volvió a tensarse, al parecer su vida estaba llena de porquería y no encontraría un segundo de paz que pudiera disfrutar realmente, tal vez su guardaespaldas tenía razón, debía aguardar a que su asesora de imagen regresara, ella siempre le había ayudado y estaba convencido de que esa vez no sería diferente. — ¿Entonces qué sugieres que haga? — Vaya a casa, al menos por hoy, cancele sus citas, la prensa no tardará en juntarse aquí. Ya mañana verá que hacer respecto a los chismes. Killian estaba convencido de que Ed había escuchado la discusión sostenida con July esa mañana, por eso... — Está bien, no pierdo nada. El corpulento hombre sonrió disimuladamente, cuando su jefe pensaba con tranquilidad, razonaba las cosas con más facilidad, por ello se felicitó mentalmente mientras esperaba a que el castaño dejara indicaciones a sus empleados. — «Me debe una señorita Wells »— fue el pensamiento que Ed se guardó para sí. ♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦ ♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦ La triste mirada de la pelirroja estaba partiéndole el alma a July, cuando la chica hubo bajado con ayuda de los sirvientes pudo notar el brillo intenso que hubiera opacado hasta al mismísimo sol, su felicidad esa evidente y no por el hecho de salir, sino por salir con su esposo, aunque todo cambio cuando se dio cuenta. Sin embargo, ahí estaban, junto al lago y aparentando disfrutar un paseo que se había ido al demonio gracias al "magnífico" Alex Killian. — No estés triste, ya verás cómo tu marido se desocupa rápido y regresa contigo. — ¿En verdad piensas eso?— fue la pregunta que casi le sofoca la voz. — Si... claro ¿Por qué no?... él prometió volver y no es su culpa que la empresa lo llamara para una reunión inesperada, ¿o sí? July tenía que admitir que había cambiado los hechos, dejar la imagen de Killian pulcra e intachable frente a su hermana era lo mínimo que podía hacer, aunque ese imbécil no se lo mereciera. Serena miraba el lago y suspiro sin querer, había estado ansiosa por estar con su esposo en ese paseo, pero tal como July decía, él no tenía la culpa de los imprevistos de la empresa. Así que tratando de mitigar su desilusión es como se concentró en la charla de su hermana quien estaba relatándole una de sus tantas anécdotas vividas en Inglaterra. Ella imaginaba cada una de las calles y lugares que su hermana visitó, ya que, aunque ella había estado en dicho país todo el tiempo se la pasaba en el hospital o descansando en casa, le habría gustado conocer todos esos lugares, pero obviamente jamás podría hacerlo y debía conformarse con los relatos y el conocimiento de July. Mientras una leve brisa envolvía el ambiente y el sol comenzaba a ascender aún más, las memorias de la rubia sirvieron para entretener a su hermana, quien, olvidándose de su enfermedad por un momento, se atrevió a introducirse en todos aquellos papeles de obras que July había mirado alguna vez. Desde el celoso Otelo hasta el despiadado capitán Hook, quien sobre Neverland llevaba al niño Peter Pan a través de grandes aventuras y muchas otras más. — Y ¿qué te pareció? — Formidable, no me imaginaba que hubieses visto tantas obras. — Eso no es nada, cuando la compañía de teatro en donde trabajo crezca, podremos... Su parlanchina boca se detuvo, recordando entonces su situación actual. — ¿Sucede algo July? La muchacha negó, no deseaba abrumar a su hermana con sus problemas, por ello no menciono nada sobre su renuncia al teatro o de que solo tenía un poco ahorrado para mantenerse mientras vivía con ella. — Nada, solo recordé algo, es todo, ¿en que nos quedamos? — En que eres una torpe para hablar.... La repentina voz a sus espaldas las exaltó un poco, hasta que el brillo en los ojos de su hermana se intensificó. — ¡Alex! Killian con todo y su carácter se sentó a lado de su esposa y le permitió besarle la mejilla mientras se abrazaba a él. July no comprendía lo que pasaba, así que solo se alegró por su hermana quien había comenzado a hablar con el castaño de lo que hasta ese momento habían hecho. El cómo cambió la atmosfera fue radical, la rubia ya no tenía la confianza suficiente para relatar sus historias con total soltura, por eso prefirió encargarse de Matt quien se divertía con cualquier cosa que le mostrara. Pasado un rato ella lo escuchó. — Debemos hablar Julianna.
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