La rubia recordó que no le había relatado todo lo referente a su nueva vida, por lo que tratando de recuperarse le contó a su amiga todo lo que había sucedido en esos días. Cuando finalizó Natalia no sabía que decir, simplemente aquello era digno de un drama o una tragicomedia.
— Cielos, ¿ahora vives con él?
— Con ellos— rectificó July mirando el vaso medio vacío de café.
— Sí claro, claro.
— No te veo muy convencida.
— Lo que pasa es que... por algo sucedieron las cosas y si tu estas ahí dando lo mejor por tu hermana, solo mantén los ojos bien abiertos y sé precavida quieres.
— Hablas como si fuera a sucederme algo.
— Solo digo la verdad.
— Sí— July bajo la mirada y sabía que esa conversación tenía que terminar–. Debo irme.
— Está bien, espero que puedas solucionar algo.
— Esperemos.
Entonces la dark en un inesperado brote de sensibilidad abrazo a la rubia.
— Cuídate.
— Igual tú.
Ambas se despidieron dentro del local, Natalia no pudo mirar a su amiga partir, lo que le había contado era realmente alarmante y algo le decía que era el principio de un largo camino.
— Y aun no sabes lo peor— murmuró sabiendo que dentro de su mochila ocultaba una revista que planeaba mostrarle a la rubia, pero debido a los acontecimientos prefirió no hacerlo.
Solo esperaba que July no se metiera en problemas y que estos no la buscaran a ella, lo único que le deseaba era felicidad, aunque con todo lo que la rodeaba eso sería muy poco probable de conseguir.
♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦
♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦
Serena miró llegar a su hermana desde su habitación y en menos de lo previsto ella estuvo a su lado para saludarla.
— Perdón por el retraso.
— Descuida, tienes una vida, yo comprendo.
La muchacha sonrió y besó la frente de la menor.
— Bien ¿Qué deseas hacer hoy?
— Me siento muy cansada para intentar hacer algo.
— Entonces nos quedaremos aquí y hablaremos de lo que quieras.
La joven denegó la oferta de la mejor manera que conocía: sonriendo.
— Yo tenía otro tipo de planes para ti July, espero que no te lo tomes a mal por insistir, yo solo quiero que se lleven bien.
— ¿Es algo referente a tu marido?
La mueca de desagrado de July hizo reír a la pelirroja quien negó entre risa y tos.
— No, nada de eso; me refiero a Matt.
— ¿Matthew? ¿Qué le pasa?
— No le pasa nada, lo que yo más deseo es te lleves bien con él y puedas llegar a quererlo.
Serena le pedía que viajara a la luna y regresara con la prueba fidedigna de que ésta era de queso. Pedía algo improbable pero no imposible y aunque la rubia hubiese querido negarse o salir de la situación por cualquier medio, no pudo. Recordando las palabras de Killian su sentido común le decía que para su hermana los más importante era su hijo y si ella deseaba unirlos trataría de complacerla, aún si no terminaba de convencerse que todo eso no estaba bien.
— De acuerdo, trataré de hacerlo.
— Excelente. Sonrió la joven con ímpetu—. Vayamos en este instante, Naya necesita un respiro.
Con sumo cuidado July ayudó a su hermana a llegar a la habitación del bebé, el aroma que ahí se encontraba era dulce.
— ¿No está dormido?— preguntó la rubia.
— No, a esta hora Naya suele hacer ejercicios con él.
— ¿Ejercicios?
— Como sabes, no podemos arriesgarnos a que Matt pueda enfermar como yo, por eso, además de que es buena la estimulación temprana, nos preocupamos de que su salud este en perfecto estado con ejercicios que el pediatra nos recomendó.
— Vaya, este niño sí que recibe mucha atención.
Serena sonrió con dificultad y pidió a su hermana que la colocara en la mecedora que ella misma había escogido por catálogo.
— Señora no debería salir de su habitación.
— No va a pasarme nada Naya, solo he venido a traer a mi hermana.
La nana observó a la muchacha quien a su vez desvió la mirada para evitar toparse con la desaprobación de la empleada, pero su hermana era obstinada y nunca cedería hasta ver cumplidas sus peticiones.
— Señora, ¿no cree que aún es demasiado pronto como para que la señorita...
— Tonterías— denegó la pelirroja en el acto—, July es la tía de Matt y tiene todo el derecho de cargarlo cuando lo desee.
— Pero señora...
— No me contradigas Naya, sabes que no cambiaré de parecer.
Aunque la dulzura jamás dejó la voz de la joven, July pudo percatarse de la molestia y al parecer la domestica también, pues con suma pena le cedió al niño con mucha más rapidez que las veces anteriores.
— Si no se le ofrece nada, iré por el biberón del niño, con permiso.
La empleada se excusó dejando la privacidad suficiente que las hermanas necesitaban.
— Naya es un poco celosa del bebé, sin embargo, tiene que comprender que no es su madre.
July acercó al bebé hasta la chica quien con todo el amor del mundo le acarició mientras le hablaba con palabras dulces, veía en Serena el dolor que seguramente llevaba en el corazón al no poder sostener o estar cerca mucho tiempo de su pequeño, así que trato de ser más cooperativa en lo que ella le pidiera.
— Ahora tú.
— ¿Yo?
— Así es, debes presentarte adecuadamente con él, solo te ha visto en dos ocasiones y no bastan para que él te recuerde.
July pensó que eso era una locura, pero debido a la fervorosa mirada de su hermana y al movimiento del niño entre sus brazos cedió y se dispuso a hacer lo que le pedían.
— Siéntate y sostenlo frente a ti, míralo a los ojos cuando le hables, es un contacto muy importante para él.
— Yo...
— Dile tu nombre.
— Cielos.
La rubia ocupó una silla no muy apartada de la pelirroja y entonces sucedió lo que no esperaba. Al hacer contacto con los ojos azules del niño instintivamente July hizo lo impensable, sus manos se aferraron amablemente en torno a la criaturita mientras éste parpadeaba admirando los castaños ojos de la chica, quien sentía la suavidad y lo frágil que resultaba aquel pequeño ser.
— Hola, yo soy... tu tía Julianna, pero puedes decirme July.
Serena se rió desde su lugar y ella se imaginó algo tonta, aunque momentáneamente feliz por la acción.
— Dile más— aconsejó la muchacha que se había reclinado en la mecedora mientras el vaivén la adormecía.
— No sé qué más decirle, no soy buena con los niños.
— El entenderá lo que quieras contarle.
No era el mejor de los estímulos, aun así, lo intentó, así que mirando nuevamente al angelito fue como comenzó un monólogo de quien era y porque estaba en aquella casa, cada una de sus palabras fueron seguidas con total atención por el bebé, quien con actos reflejos sonreía para ella y que le hacían sentir increíblemente desconcertada pero estable, como en cierto tiempo de su vida.
La renuencia de acercarlo más a su pecho seguía estando presente y cuando miró a su lado tratando de decirle a su hermana que su hijo le había babeado la mano la descubrió totalmente dormida y relajada en la silla. Ante esto July no tuvo más remedio que permanecer en su sitio y continuar hablándole al niño que poco a poco se acomodó en su pecho al escuchar los latidos rítmicos de su corazón. No sabía lo que ocurría, pero podía percibir cierta calidez dentro de sí. Matthew era la viva imagen de Alex, en cierta forma tener una parte de él entre los brazos le hizo pensar en lo mucho que ese pequeño había hecho feliz a su hermana.
Continuaba sin encontrar una definición exacta a lo que sentía, y bien podía catalogarlo como una experiencia nueva que le brindaba sensaciones increíbles que, aunque eran comprensibles, deseaba seguir experimentándolas.
Esa noche cuando bajaba en busca de algo para cenar se encontró con el dueño de la casa.
— Buenas noches— saludó no muy convencida de hacerlo.
Alex simplemente la ignoró, July acostumbrada a eso tomó asiento en la mesa cuando recordó algo que hizo dirigirle otra vez la palabra al ojiazul.
— ¿Y Ed?
— El paradero de mi guardaespaldas no es asunto tuyo.
July bufó indignada.
— Necesito que me dé mi equipaje.
— ¿Tu equipaje? ¿Qué tendría que estar haciendo mi guardaespaldas con tu equipaje?
— No voy a explicártelo, solo deseo recuperarlo.
Killian, quien miraba atentamente la agenda de su próximo día en su teléfono, desvió su mirada para posarla sobre la rubia que impaciente aguardaba una respuesta.
— Bueno, entonces búscalo.
Fue todo lo que el millonario dijo para seguir con lo suyo. July soltó un pequeño gruñido y enseguida fue a buscar al guardaespaldas, ahora lo único que quería era tomar un baño para relajarse. Salió de la casa y se guio por las sindicaciones del mayordomo, quien le sugirió tomar el lado sur de la mansión si quería ir donde Ed. July se preguntaba como teniendo 30 habitaciones, Ed dormía tan lejos de la construcción, pero eso no le concernía por lo que enfocándose en lo suyo continuó.
Al cabo de quince minutos la rubia se encontraba totalmente perdida, no fue sino hasta que un pequeño lago llamó su atención.
— ¿Cómo una casa puede ser tan grande?— se preguntó admirando la luz de la luna que se reflejaba sobre la cristalina superficie del agua.
Aquel pequeño lago hacia la diferencia en aquella enorme mansión, por lo que de inmediato se convirtió en su lugar favorito. Quizá cuando su hermana se sintiera mejor podría acompañarla a pasear a ese lugar o a hacer un picnic. Esa última idea le pareció maravillosa por lo que con esa imagen en la mente planeaba regresar a la casa y mejor buscar a Ed por la mañana, no obstante, algo curioso flotando en el lago le hizo detenerse y enfocar la mirada.
— ¿Qué hace un zapato flotando aquí?
July no lo asimiló hasta que una blusa verde con botones metálicos se atoró a la orilla del lago.
— ¡KILLLIAN! ¡MALDITO BASTARDO!
Fue el grito que nadie escuchó o al menos eso pensaba July que sin importarle mojarse se introdujo en el lago en busca de la ropa que nadie excepto Killian habría podido lanzar sin piedad al agua.
— ¿No sabes que nadar con ropa es de mala educación?
— ¡Killian, ya verás cuando salga!— gritó la rubia amenazando al ojiazul con lo que parecían ser sus bragas.
— Deja de mostrar cosas indecentes en mi casa, podría hacerte arrestar por eso.
— Entonces que lo hagan por algo que valga la pena— dijo furiosa con un brillo asesino.
— ¿Y según tú, que vale la pena?
La sonrisa burlona del castaño con su cuerpo recargado sobre un árbol. El millonario estaba disfrutando plenamente de su broma y ni los reclamos de la rubia lo sacaban de ese estado.
— Voy a golpearte.
— Uuuy que miedo tengo.
En un impulso July pretendió salir del lago, pero un paso en falso le hizo resbalar y caer de bruces contra el agua. Lo que escuchó apenas salir fue la carcajada de Killian quien no podía creer la ineptitud de la chica.
— Desgraciado, deja de reírte.
— Eres el mejor espectáculo de circo que he visto en mi vida, ¿por qué dejaste tu empleo de payasita como tal?
— Killian— amenazó July que de repente se dio cuenta de lo que pasaba.
Alex estaba riendo, no irónica o burlonamente como solía hacerlo, sino limpiamente; si antes la rubia se encontraba enfadada, al descubrir eso la emoción menguó un poco permitiéndose sonreír sin darse cuenta.
— Deja de reír— musitó tomando agua entre las manos para lanzarla hasta el muchacho que la esquivo por poco.
— Ten cuidado, este traje es costosísimo y no te conviene echarlo a perder.
July no dijo nada, simplemente se conformó con mirar al castaño volver a la normalidad.
— Sal de ahí Julianna.
— ¿Qué, temes que me resfrié?
Su sonrisita autosuficiente se esfumó con las palabras del castaño que comenzó a caminar lejos de ahí
— No, solo no quiero que contamines mi lago.
July parpadeo y solo unos segundos después estaba gritando a todo pulmón el nombre de Alex quien caminaba distraídamente y se permitía sonreír como hace mucho tiempo no lo hacía.
— Sigues siendo ingenua, July.
Así pues, la luna se alejó con él y de la rubia no se supo nada hasta que la mañana siguiente un pequeño resfrió hizo presa a su sistema. Aunque eso sí, las emociones del momento nadie puedo quitárselas a ninguno de los dos, porque a pesar de no saberlo, estaban dejando entrever cosas que habían jurado nunca más volver a demostrar.