Gabriel le miraba desde el marco de la puerta sin mediar palabra, tan solo la miraba y eso era suficiente intromisión.
— ¿Estás segura de lo que haces?— interrogó sintiéndose tonto ante el inusual silencio que había entre los dos.
Siempre era July quien hablaba mientras él escuchaba impaciente o algunas veces con atención, escuchar silencio donde nunca existía era cosa extraña para los que compartían vida con la rubia.
— Sí— asintió la joven, que observaba atentamente si se le olvidaba algo en aquella habitación.
— Entonces no te detendré, si haz solucionado los problemas que tenías estoy feliz por ti.
July elevó la mirada y la posó sobre el castaño claro, quien repentinamente se sintió nervioso.
— ¿Qué?
— Nada, es solo que... en el tiempo que llevo viviendo contigo, esta es la primera vez que me dices eso.
Gabriel tragó con dificultad, la infalible sonrisa de July había aparecido y ni el ser más helado del mundo podía contra ella.
— Lo que pasa es que, no me había visto en la necesidad de decirlo—comunicó el muchacho tras aclararse la garganta.
— Si tú lo dices.
— No me creas entonces.
— Sí te creo, pero algo me hace pensar que lo estás diciendo porque vas a quedarte solo en este departamento.
— ¿Yo?, tengo a mucha gente que querría compartir este lugar conmigo, es más, voy a vivir solo.
July no pudo ocultar la risita que le precedió al "digno" comentario del inglés quien repentinamente mostró unas coloradas mejillas.
— Si Gabriel, yo también te voy a extrañar, no obstante, recuerda que no es para siempre, así que más te vale tener esta habitación desocupada para cuando regrese.
— ¿Qué te hace suponer que quiero que regreses?
La chica rodó la valija hasta posarse frente al otro quien le miraba altiva y hasta amenazadoramente.
— No lo sé, tus ojos me lo dicen.
Fue la simple respuesta que desarmó al muchacho quien tras un suspiro cerró la habitación de durante mucho tiempo le había pertenecido a su amiga.
— Espero que todo se solucione de alguna manera, no conozco a tu hermana, pero por el modo que tienes de hablar de ella, sé que es un encanto.
— Lo es— afirmó July guardándose una manzana para sí—, y debo encargarme de que siga así.
— Sí.
Después de que la muchacha hubo llegado esa mañana, anunció que viviría con su hermana y el momento de la despedida había llegado, ninguno de los dos era bueno para tal cosa, mucho menos Gabriel a quien no se le daba demostrar demasiado el afecto.
— Bueno mi amigo, hasta aquí podemos llegar como...
— ¿Compañeros de departamento?
— Iba a decir: relación pasajera, pero lo tuyo suena mejor.
Gabriel dio un golpecito leve en el hombro de su compañera para después sonreírle con algo de tristeza.
— Voy a extrañarte cabeza hueca, aunque sé que te vas para bien.
— Sí, eso espero yo también.
— Háblame de vez en cuando, al menos para molestarme cuando más necesito silencio.
July sonrió, era algo natural en ella hablar y distraer cuando no debía, no podía excusarse por ello, sin embargo, era su muy particular manera de ganarse a las personas.
— Cuídate y no descuides tu trabajo, que el día en que sea una estrella te contrataré para que lleves mis finanzas.
— Eso solo sucederá si me vuelvo loco.
Sin previo aviso July haló a su compañero y le abrazó con fuerza, tres años no pasaban en vano y aunque no podían catalogarse como súper amigos debido a la diversidad de carácter, en el fondo sí que lo eran.
— Ten cuidado July, pase lo que pase te apoyaré.
— Gracias Gabriel, muchas gracias.
Un momento memorable mientras el abrazo servía para intensificar una buena amistad y el valor que ella requería más que nunca. Después de unos segundos se separaron tratando se sonreír, al menos la rubia lo intentaba mientras se limpiaba un par de lágrimas.
— No seas llorona, anda, vete ya o terminaras por contagiarme de tu sentimentalismo.
— Ay, tu no cambias Gabriel.
— Ni tú.
July salió del apartamento y sin voltear entró en el elevador que de inmediato se cerró tras ella. Ya estaba, había salido de aquella vida para entrar a otra, pero, así como le había dicho al inglés: "No era para siempre", cuando el lapsus se terminará él volvería a recibirla en aquel departamento que había sido su hogar más estable.
— ¿Todo bien?— indagó Ed, mientras ayudaba a la chica a cargar la valija.
— Si, aunque verdaderamente no me gustan las despedidas— anunció tratando de sonreír un poco.
— Son duras pero indispensables, créalo.
— Aun así, no dejan de ser difíciles.
July le había pedido al guardaespaldas que aguardara afuera, lo que había hecho tenía que realizarlo sola.
— ¿Está lista para partir?
— Sí.
Ambos entraron al auto que Killian les había prestado, sin duda era lujoso, pero para la rubia seguía siendo un auto, uno que la llevaría a un nuevo destino.
— ¿Necesita hacer alguna otra parada?
— Si, una más y después volvamos a la mansión.
— Lo que ordene.
July echó un último vistazo a su vecindario por la ventana, estaba dejando muchas cosas en ese lugar, sin embargo, el cambio era necesario; suspiró al doblar la esquina y le deseó mucha suerte al muchacho que allí vivía y que sin saberlo la despidió desde la ventana con los mismos buenos deseos.
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Todo lo que Ed deseaba en la vida era proteger a otros que lo necesitaran, su idea no distaba mucho de lo que hacía en la actualidad, podía decirse que amaba su trabajo y la paga por supuesto que no era mala.
Había terminado bajo el mando de Alex Killian después de servir por varios años en una compañía de seguridad privada. Que más que trabajo solo le había dado dolores de cabeza; era servicial y atento pese a su complexión ruda e imponente, aun así, logró ganarse la confianza del magnate después de un duro recorrido.
Evidentemente el muchacho necesitaba de mucha seguridad, por lo que no era extraño mirarle con dos o tres fornidos guardaespaldas cada que daba una conferencia de prensa o asistía a lugares públicos. La labor de seguridad del millonario estaba basada en complejos sistemas de resguardo, así como también en un código ético y profesional que muy pocas personas en la actualidad conservaban...Él había cumplido con el perfil y luego de un atentado hacia el joven, se había convertido en el jefe de seguridad.
Ed lo recordaba perfectamente, ese día el fallecido Roderick Killian salió de la cuidad dejando "K Corporation" bajo el mando de su hijo mayor. Fue la misma rutina de siempre: salir de casa, viajar en limusina hasta la corporación y aguardar a que el chico saliera para regresar a la mansión; un trabajo sencillo si se hacía con cuidado pero que exigía toda la precaución posible. No obstante, aquel día, un tráfico descomunal hizo que la limusina se desviara varias calles de su ruta cotidiana, por lo que él, viajando siempre en un auto aparte presintió lo peor. Por ello tras intentar hablar con su protegido se había percatado que la comunicación con la limusina estaba perdida y actuó recurriendo a su entrenamiento profesional. Resultó que la limusina había sido secuestrada y ocultada un uno de los barrios bajos de aquella ciudad; sin perder tiempo Ed entró en acción junto con refuerzos para salvar al secuestrado hijo del millonario Roderick Killian.
El ojiazul había sido drogado para evitar problemas y cuando éste despertó en el hospital se enteró rápidamente de lo que había pasado, expresando por primera vez su gratitud le dio un significativo aumento y el puesto más alto entre su personal de seguridad.
— ¿Ocurre algo?
— Nada señor, solo estaba recordando algunas cosas.
Killian asintió mientras esperaba el informe de su mejor elemento, un hombre que consideraba valioso no solo por sus servicios sino por su confidencia y lealtad.
— Era un barrio normal, a mí me pareció bastante decente.
— Decente ¿cómo de buena posición?
— Yo más bien diría que de mediana posición.
Alex enarcó la ceja izquierda y cruzo los brazos, señal de que escuchaba atentamente lo que su guardaespaldas le relataba.
— No pude mirar al ex compañero de la señorita Wells, pero puedo decir que la despedida entre ellos fue muy emotiva.
— Julianna siempre hace un mar de una gota de agua.
— Si me permite decirlo, esta vez creo que tuvo motivos por los cuales hacerlo.
Killian le indicó a Ed que continuara.
— Después fuimos al teatro.
— Era obvio, ella no puede vivir sin esa palabra.
— Las personas adentro la recibieron con una sonrisa, luego desapareció como por veinte minutos para de la nada aparecerse en compañía de una chica.
— ¿Una chica?
— Si, una muy linda si me permite agregar, aunque era demasiado estrambótica.
— ¿Estrambótica? ¿En qué sentido?
Ed se acomodó de mejor forma posible sobre la silla, aquel interrogatorio le pareció algo tonto, pero conocía demasiado a su jefe como para no saber lo que había detrás de eso, así que habló con franqueza, sabiendo que no estaba traicionando ni la confianza de su patrón ni la de la rubia a quien había acompañado esa mañana.
— Muy dark, señor.
— ¿Y luego?
— Se fue con ella.
— Y seguramente te dejó a ti la labor de traer su equipaje.
— Sí señor.
— Esa idiota, ya verá cuando llegue a casa.
Ed habría querido reír ante la imagen que tenía delante, aunque probablemente le habría costado el empleo y la cabeza, por eso con toda la fuerza del mundo mantuvo su seriedad y aguardó la siguiente orden de su patrón, el cual se paseaba de un lado al otro de la oficina.
— Retírate, necesito pensar.
— Como ordene, señor.
— Una cosa más Ed.
— ¿Si dígame?
— ¿Aun tienes las valijas de July en el auto?
— Sí señor.
— Es todo, retírate.
A Ed no terminó de gustarle la sonrisa diabólica que su jefe había expresado un segundo antes, planeaba algo y como siempre tendría que ser él quien velara por la seguridad, no solo del millonario sino también de la chica a quien pertenecía toda la algarabía.
— Cielos parece un crio, bueno, al menos vuelve a sonreír— murmuró entrando al ascensor para ocupar supuesto dentro de la corporación.
Por otro lado, Killian continuaba sonriendo, no por nada era un genio y sus ideas eran demasiado buenas para ser verdad, mucho más cuando se trataba de hacer rabiar y sacarle litros de bilis a la persona que tenía en la mira. Así que sintiéndose un poco más vivo que de costumbre, retomó labores mientras saboreaba el regocijo que pronto obtendría.
— ¿Señor?, su asesora de imagen por la línea cuatro— le avisó su secretaria—, ¿paso la llamada?
— Sí, hazlo.
De inmediato el ojiazul tomó el auricular y escuchó la dulce voz de la mujer al otro lado de la línea.
— Hola Alex.
— Desde hace días espero tu llamada ¿puedes decirme que te retrasó?
— Digamos que no eres mi único cliente, querido.
— Debería.
— ¿Acaso estás celoso?
— No, solo que yo debería ser prioridad.
— Lo que tú digas.
La voz femenina pareció reír ante esta última sugerencia de su cliente, mientras que al ojiazul sonreía solo un poco, aquellas charlas eran tan comunes entre los dos, tanto que ya era natural.
— ¿Y cómo ha estado mi cliente favorito?
— Como siempre.
— Alex, ya te he dicho que no me hables de esa manera, me haces pensar que eres una especie de robot con grabadora incluida.
— ¿Y no lo soy?, eso es lo que dicen allá afuera.
— Oh, entonces ya sé por qué tanta urgencia en encontrarme, por un momento creí que me necesitabas a mí y no a la profesional que soy.
Killian respiró hondo, la pequeña línea de sensibilidad femenina jamás había sido su fuerte, las mujeres eran demasiado complicadas a su manera de ver las cosas y por tal habría que tratarlas con sumo cuidado... aunque él tenía su propia excepción.
— Te llamé para una labor especifica.
— Tan típico de ti querido, sin embargo, ya estoy acostumbrada a eso.
— Dejándonos de rodeos y tontas excusas enfoquémonos en lo que nos compete.
— Claro, claro, después de todo es mi trabajo, ¿entonces... cuál es el problema?
El castaño giró sobre su silla para admirar desde el tráfico hasta el bonito paisaje, la cuidad a sus pies era realmente hermosa, aunque en ocasiones no parecía así.
— Te has quedado callado Alex, entonces debo deducir que el problema es mayor de lo parece.
— Creo que esta vez no podrás solucionarlo con un Versage y una colonia italiana.
— ¿Tan grave es?
— Digamos que alguien comenzó a divulgar... cosas sobre mi... y me temo que eso ha afectado mi imagen más de la cuenta
— ¿Puedes ser más específico?
Killian odiaba los chismes y a los medios, que a pesar de saber que eran la base de la mercadotecnia benéfica para él, no terminaba de tolerarlos, porque una noticia suya sacudía demasiado su mundo y allí entraba él con alguna forma de desmentirla, poner en su lugar a los difamadores o hacer cualquier cosa que enfocara la atención de las personas en algo que no fuera su vida privada.
— ¿Alex?
— ¿En dónde estás?
— En una bellísima Riviera francesa, y déjame decirte también que un muy lujoso hotel.
— Qué vida la tuya— respondió entre envidioso y sensato.
— Sí, lo sé, pero volvamos a lo que nos atañe, querido.
— Los paparazzi me enferman, te envié un correo con la copia de una de las tantas revistas de quinta, en ella hablan sobre...
— Ya veo.
El ojiazul esperó unos momentos hasta que la chica volvió a emitir una exclamación.
— Vaya vaya vaya ¿Pero que tenemos aquí?, te descuidaste mucho mi querido Alex
— ¿Eso crees?
— Las fotografías hablan por sí mismas mi vida, y me temo que es un chisme bastante grande como para solucionarlo con un módico soborno al editor.
— ¡Suficiente, no voy a rebajarme!
— Alex, olvidas las reglas, tu solo mírate bonito que yo me encargo de lo demás.
— Pero lo que dicen no son más que calumnias— objetó molesto el hombre, odiaba que le dijeran que hacer.
— Cálmate, lo solucionaremos, pero no por teléfono.
— ¿Qué sugieres entonces?
— ¿Sería demasiado pedirte que vueles hasta acá?
El parco silencio del castaño le dio la respuesta a la asesora.
— Está bien, ya entendí, déjame ver qué puedo hacer.
— Si tardas demasiado esto va a complicarse y no quiero que chismes estúpidos enturbien la paz de mi hogar, ¿entendiste?
— Por supuesto.
La suave voz de la muchacha le dio a entender al genio que ésta pensaba con seriedad, era confiable y sabía lo que hacía, personas como ella lograban satisfacer al exigente Alex Killian.
— Por el momento cuídate las espaldas mientras voy diseñando un plan.
— Estaré esperando tu llamada, no tardes o yo mismo tomaré medidas extremas
— No creo que demandar sea lo más apropiado.
— No, pero es lo mejor que se me ocurre.
— Aguarda un poco solamente, ya se me ocurrirá algo.
— De acuerdo.
— Nos vemos, señor gruñón.
El castaño colgó el auricular para después estirarse, eso era tan innato como apretar la mandíbula y sentir que los dientes se deshacían bajo tanta tensión. Un hombre como él tenía razones para vivir de esa manera y aunque no terminara de gustarle debía soportarlo y buscar soluciones para imprevistos como aquel, donde una revista había publicado fotografías realmente comprometedoras que hasta el momento Serena no había visto. Era degradante y vergonzoso, y cuando la prensa sobrepasaba muchas veces su propia libertad, ahí era cuando los problemas se formaban. Por el momento no podía hacer nada más que esperar que su diseñadora de imagen resolviera aquella situación y orar porque su mujer no se enterara de cosas que preferiría seguir guardando en secreto.
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Natalia observaba con detenimiento a la rubia que aguardaba por sus capuchinos, la rubia era una chica atractiva, el tiempo había sido benévolo con ella pues los cambios físicos y hasta emocionales parecían favorecerle bastante, continuaba siendo la chica divertida y hasta aniñada que había conocido en la universidad, ciertas cosas la hacían irremplazable y hasta querida.
El director los había citado ese día para un último ensayo y ella se había encargado de mandar el mensaje al móvil de July quien hubo llegado media hora tarde; enterarse de que la muchacha deseaba hablar con ella era algo bastante inusual, July era una persona importante en su vida, no solo porque se trataba de una buena amiga, sino porque era la mejor de todos, su aire despreocupado, su pasión por el trabajo y su pinta de belleza de películas americanas la dotaban de mucha gracia y magnetismo.
— Aquí tienes tu capuchino, con una poco de vainilla.
— Gracias.
— Es un placer.
La chica tomó asiento frente a la dark y fue ahí que la verdadera charla comenzó.
— ¿Qué es eso tan importarte que quieres decirme, July?
— Voy a dejar la obra y quería comunicártelo antes que los demás.
Si Natalia no se atragantó fue porque no estaba tomando nada, tal vez había escuchado mal y su gris mirada interrogó de más a la otra.
— No escuchaste mal, me voy, me retiro por un tiempo.
— Pero... si a ti te encant...
— Es una decisión que me tomó mucho tiempo, sé que es lo mejor.
— ¿Estás loca?
— No, digamos que necesito dejar algunas cosas si deseo conservar otras— la sonrisita forzada de la rubia hizo enojar a la dark.
— Eres una mentirosa Julianna Wells, y nunca comprenderé por qué lo eres.
— No miento Natalia, es la verdad, necesito alejarme de las tablas por un tiempo, al menos hasta que mi hermana se... recupere.
Natalia amaba el teatro tanto como July, así que no entendía el porqué de tal decisión. Seguramente algo muy poderoso la había hecho cambiar de opinión y solo podía existir una explicación.
— ¿Ella te lo pidió?— interrogó tratando de reponerse.
— No, jamás lo haría.
— ¿Entonces? ¿Por qué cometes una locura?, sabes que este es el impulso que has estado esperando, si te rindes ahora puede que no vuelvas a...
— Ya lo sé, estoy consciente de eso Natalia, aun así, no revocaré mi decisión.
La peli azul se encontraba pasmada, ¿qué era lo que había sucedido en aquellos días de no verse?
— Solo dime una cosa July ¿lo estás haciendo por tu hermana o es por...?
— Por ella, todo lo que hago es por ella.
Ambas guardaron silencio por unos momentos, si continuaban hablando probablemente terminarían por herirse, lo mejor era meditar primero antes de cometer una imprudencia.
— ¿Ya hablaste con el director?
— Sí, lo hice hoy, e igual que tu no quería comprenderlo.
— Es natural— bufó la chica.
— Pero lo hizo después de contarle mi situación y me deseó suerte.
— Bruno es un idiota, pero es un buen director.
— Lo es.
— ¿Y de qué vas a sostenerte July?, esto te daba para comer y para pagar la renta con Gabriel ¿Qué harás mientras tanto?
July siempre había ganado su propio dinero y no le gustaban ni las limosnas ni la lástima, pero por el momento no tenía que gastar en nada.
— Quien sabe, aun lo estoy pensando.
— ¿Y no puedes hacer ambas cosas?
— No, el teatro me quita demasiado tiempo y no lo tendré para estar con mi hermana... ¿Quieres que sea más clara Natalia?, Serena se está muriendo y yo debo estar su lado.
Las lágrimas obstinadas en no salir de aquellos ojos melados le hicieron comprender a la dark la gravedad del problema.
— Lo siento, no sabía— musitó apenada, por un momento creyó que la rubia estaba dejando las tablas por un simple capricho.
— Ella me necesita y no puedo concentrarme en el teatro, al menos no hasta que todo acabe.
Natalia sostuvo la mano de July y esta agradeció el gesto, todo lo referente a Serena la debilitaba y la hacía sentir vulnerable.
— Tranquila, todo saldrá bien, ya lo veras, tu regresaras a las tablas y ella a su vida.
— Quisiera creerlo, pero Alex dice que...
— ¿Alex?
¡Diablos! Ahora debía explicarse para no ser malentendida por Natalia.