Serena despertó con un fuerte dolor de cabeza, siempre era lo mismo cuando tenía una crisis, pero supo por la intensidad, que esta vez todo sería diferente. La aguja en su vena y el tubito que le daba oxígeno a sus pulmones no era buena señal, quería creer que en unos días estaría reestablecida como de costumbre, no obstante, algo dentro de ella le dijo que no sería así. No había pasado buena noche, la enfermera que solía cuidarla durante sus crisis estaba profundamente dormida sobre una silla y era cómico mirarle porque cuando estaba despierta era bastante seria; trató de incorporarse inútilmente y el solo intento le provocó un agudo dolor en el pecho que la hizo desistir. De pronto la posibilidad de morir en cualquier momento la hizo presa fácil del pánico y sin preverlo siquiera comenzó a sollozar débilmente.
Sus minutos estaban contados y no había nada que pudiera hacer, lo supo desde el primer momento que se enteró de ello y no pensaba que después de tantos años esa maldita enfermedad fuera a llevársela, dejando atrás un hijo y un esposo a quienes amaba profundamente.
El sonido de la puerta abriéndose le hizo limpiarse los ojos e inmovilizarse, quizá se trataba de alguien de la servidumbre quien inspeccionaba si se le ofrecía algo, pero en ese momento no le apetecía mirar a nadie, era preferible asimilarlo primero ella antes de siquiera confrontar a su esposo o a los demás. Mas el intruso no se iba y comprendió que tal vez se trataba de Alex, que renuente a acercarse la miraba de lejos, aun así, un cuerpo sentándose a su lado y acariciándole los cabellos, le hizo girar y encontrarse con una mirada similar a la suya.
— Hola dormilona, buenos días~
Aquella simple frase le hizo sonreír y también llorar, todo estaba bien porque July estaba ahí, por otra parte, la rubia pudo percatarse de lo que su hermana había deducido y si propia su angustia era mucha, la de ella era aún más. Tan joven, como madre, como esposa, ella aun tenia demasiado que dar y sin embargo la dama de n***o la reclama ya para sí. Asimilar que de un momento a otro podía irse era un martirio constante taladrando el cerebro de su hermana menor así que abrazándola fuertemente trato de transmitirle toda la valentía que en realidad no poseía.
La muchacha simplemente se aferró aún más al cuerpo de su hermana mayor, ya no importaba lo que pasara, solo quería tenerla a su lado.
— ¿Quién es usted? No puede estar aquí.
La inoportuna enfermera había roto con la cálida atmosfera, pero July no se amedrentó.
— Soy la hermana de Serena.
— De todas formas, es muy temprano para...
— Déjalo así, ella es lo mejor que me puede pasar, estoy feliz de que mi hermana este aquí.
La enorme sonrisa de la pelirroja le indicó a la enfermera que debía obedecer, así que se retiró dándoles la privacidad necesaria para que conversaran.
— Qué lindo es verte, al fin respondiste a mis invitaciones.
July se sintió realmente mal por las palabras de su hermana, pero teniendo su arte perfeccionado, sonrió para alejar la culpabilidad de su cabeza.
— En realidad, he venido por una razón.
— ¿De qué se trata?
— Pues... me han invitado a quedarme en esta casa como huésped por una temporada y he aceptado.
Los ojos marrones de la muchacha se vieron iluminados por una intensa alegría que de pronto casi no cabía en su frágil cuerpo.
— ¿De verdad?
— Claro.
— Todo es tan irreal que no puedo creerlo— dijo borrando las lágrimas de felicidad que repentinamente habían brotado.
¿Cuánto daño le había hecho a su hermana con su ausencia? ...Mucha al parecer, sin embargo, aunque cruel, en verdad no se arrepentía del largo lapsus de separación.
— Serena, quiero recompensarte por todo el tiempo que no estuve, te acompañare siempre que me necesites.
— Pero July, no puedo aceptar eso— contestó la chica mirando a sus iguales.
— ¿Por qué?
— Porque tú ya tienes una vida y no puedo acapararte todo el tiempo, eso sería injusto de mi parte.
La rubia sonrió de buen agrado, su hermana tenía un gran corazón de eso no cabía duda.
— No tienes por qué preocuparte, lo importante ahora eres tú y lo mucho que vamos a divertirnos estando yo presente; pero primero debes recuperarte y...
La joven negó con la cabeza mientras tomaba las manos de su hermana.
— July, yo sé que ya no me queda mucho tiempo, puedo sentirlo.
— Pero...
— Sé que pronto voy a irme sin remedio y espero que ese pedacito que me quede de vida pueda pasarlo a lado de las personas que amo.
— Serena yo...
— Gracias por acompañarme July, y por hacer de mi pequeña estancia en este mundo algo inigualable, gracias hermana.
La mayor sentía como la garganta comenzaba a quebrársele, era increíble ver que la chica ante ella tuviera tanta aceptación sobre su situación, mientras la rubia por su lado aún seguía dudando. Su voluntad de vivir era mucha pero aun así era objetiva, estaba bien plantada a su realidad, sin hacerse esperanzas o ilusionarse por cosas que bien sabía que no pasarían. July volvió a abrazarla, si aquel era el deseo de su hermana, ella lo cumpliría: iba a hacer de sus últimos días una felicidad completa, aunque después solo quedara su cascaron vacío una vez más.
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Alex había preferido quedarse en casa ese día, era inútil pensar en ir a la corporación y perder el tiempo mientras su mente se ocupaba de cosas que prefería nombrar como pesadillas; bien sabía que ni la enfermedad de su esposa o el hecho de salir de la rutina le molestaban y como siempre era demasiado terco para afirmar las cosas, prefirió dejarlo por la paz.
— No siempre fui así— musitó cuando la taza de café enfrente de él ya se encontraba fría.
Lo que decía era verdad, a pesar de haber crecido con las desquiciantes ideas de su padre, en un tiempo, quizás el más valioso de su vida, se había permitido un desliz en sus sentimientos y en sus acciones, los cuales le habían terminado matando aún más que los castigos corpóreos de su padre. Había sufrido, pero pensándolo con firmeza había disfrutado cada uno de los momentos de su amada época universitaria, sin pensarlo, se permitió sonreír un poco al recordar la primera vez que tropezó debido a la broma de mayor bufón de la escuela, había sido burlesco verse caer sin más, escuchar risitas a su espalda y mirarse haciendo el ridículo más grande de su existencia, no obstante, también fue el mejor día que pudiera recordar, pues ahí, mientras caía, conoció a la persona que sin aviso revolucionó su vida por completo.
Un golpecito en su privado le hizo endurecer las facciones y retomar su rígida actitud.
— Señor, ¿ya sirvo el desayuno?
— Sí.
Debido a la interrupción de mayordomo las imágenes en su cabeza se habían perdido, pero no las emociones que venían con ellas, esas malditas emociones que lo perseguían a diario y envolvían su mente en un caos que no deseaba externar. Así pues, se dirigió al comedor, donde para su sorpresa, no desayunaría solo.
— ¿Pero qué te has creído?— cuestionó con frialdad cuando miró sentada a su mujer, con la rubia a lado, que desde la noche anterior vivía en su casa.
— Nada, solo traje a mi hermana para que desayune.
Alimento con enfado no era buena combinación, mucho menos para el ojiazul, evidentemente la rubia no acababa de comprender el enorme peligro en el que se encontraba la pelirroja, por lo que procurando un tono menos "enfadado" se lo hizo saber.
— Serena no debe esforzarse.
— Lo sé y no lo hizo, yo misma la baje hasta aquí, ¿verdad?
La pelirroja asintió, por más pálida que pudiera mirarse, su semblante jubiloso era aun mayor y ante eso, el dueño de la casa no pudo discutir, así que terminó sentándose en la mesa y desplegando el diario que al menos lo mantendría ocupado.
— Agrio— susurró July, obteniendo una pequeña risita por parte de su hermana, quien a pesar de saber que su esposo y su hermana no se llevaban, al menos ya convivían.
— Alex, July me dijo que tú la invitaste a quedarse con nosotros.
— Sí— murmuró el aludido sin despegar la mirada del diario.
— Entonces quiero agradecértelo.
— No tienes porqué— indicó el hombre tras elevar la mirada y medio sonreírle a su consorte.
La muchacha sonrió y asintió con la cabeza, cerrando lo que había sido una pequeña comunicación matinal.
Por primera vez July pudo darse cuenta de la extraña convivencia que su hermana y cuñado mantenían, ambos parecían llevarse bien, y a miles de kilómetros se podía ver el profundo amor que Serena le profesaba a su marido, que aun con la frialdad y ocasional distanciamiento del joven no dejaba que ese sentimiento se marchara. La rubia suspiró y bajó el rostro pensando en lo poco expresivo que era Alex, pero sabía que como tal, mirarlo sonreír o incluso hablar de algo referente a la privacidad de la pareja estando ella presente era de por si un gran avance. — "No tanto como lo recuerdo, pero algo es algo". Fue el fugaz pensamiento del cual fue sacada debido a la plática de su hermana.
— Perdón, no estaba prestando atención.
— Le decía a Alex que ya conoces a Matt y él te pregunto tu opinión acerca de nuestro hijo.
July casi se atraganta con el jugo, pero supo reponerse a tiempo para contestar.
— Me parece un hermoso bebé, por supuesto que es así porque por sus venas corre la sangre Wells— se mofó la rubia cuando el ojiazul le miró con dejo de altivez.
— Más Killian que Wells, que no se te olvide.
— Claro que no— agregó la rubia—. Pero evidentemente su dulzura no proviene del lado de tu familia y espero que eso jamás desaparezca.
— Y yo espero que la hiperactividad y la perdida neuronal no termine atacando a mi hijo, no quiero que se parezca a ti.
July gruñó, estaba dispuesta a lanzar una ofensa más cuando la oportuna intromisión de su hermana volvió a salvar el día.
— Y hablando del rey de Roma.
Una de las mucamas llevaba en brazos al pequeño, quien entre inquieto y feliz se movía mientras era depositado a medias sobre los brazos de su madre. July miró con sumo interés como la empleada sostenía el mayor peso posible mientras su hermana le hablaba cariñosamente al infante, fue entonces que la descabellada idea de la pelirroja le llegó a los oídos, propiciando que el siempre abstraído Killian le mirara con perplejidad.
— Naya, por favor dáselo a mi hermana.
— ¡¿QUÉ?!— fue el grito que hizo llorar a Matthew.
— No grites July, el bebé es muy sensible a los cambios bruscos de sonido; anda, cárgalo.
Ni la domestica ni la elegida estaban muy convencidas de lo que la joven pedía, ambas recordaban la única y primera vez que la rubia había cargado al bebé, la cual resultó en todo un desastre, ahora, teniendo al padre de la criatura frente a ellas, no les parecía cuerda dicha idea.
— Serena, no creo que...
— Si vas a vivir aquí es importante que comiences a familiarizarte con todos y eso incluye a Matt.
— Hermana yo no... nunca he...
— Ya aprenderás July, si Alex aprendió, tú también lo harás.
Y tan terca como ella sola, la pelirroja volvió a ordenarle a la domestica que July cargara a Matt; con nerviosismo puro hizo lo posible por sostener el bultito tal y como la uniformada le indicaba. Para July, aprender los planos de un teatro o incluso el funcionamiento de las luces y telones le resultaba muchísimo más fácil que aquella faena, la cual incremento su ansiedad cuando Matt aumentó sus sollozos.
— Mécelo— sugirió la pelirroja al mirar el sudor en el rostro de su hermana.
— Pero...
— Solo dele confianza al bebé señorita, él está nervioso porque usted lo está— indicó la nana.
Era más fácil decirlo que hacerlo, así que incorporándose de la silla trato de seguir las instrucciones de ambas mujeres, ¿cómo un bebé de escaso mes y medio de nacido podía armar todo ese escándalo? Ni idea, pero indudablemente los pulmones fuertes habían sido herencia del lado de su familia.
— Ya, calma, no es mi intención dañarte— murmuró sintiéndose tonta, no obstante, eso le permitió apreciar la carita llorosa del pequeño y experimentar algo que jamás había sentido en su vida.
— Bien July, ya vas aprendiendo— aplaudió la pelirroja cuando el niño dejo de llorar y con atención miraba los castaños ojos de su tía.
Contemplando el espectáculo en silencio, Alex tuvo que reconocer que July no lo hacía del todo mal.
— Será mejor que me lo lleve para darle de comer.
July asintió a la petición y con sumo cuidado le devolvió al pequeño, quien cerró los ojos por un momento para después bostezar ampliamente y sonreír como si nada hubiera pasado.
— Así son los bebés, solo comen y duermen.
— Qué vida la suya— envidió la rubia.
— Lo has hecho muy bien July, te felicito.
— Gracias.
Se sintió azorada porque en realidad supo que lo había hecho bien, un gran logro para tan pequeña pero difícil tarea.
— Me retiro, tengo trabajo pendiente— externó Killian.
— ¿Es necesario?— cuestionó la joven con mirada piadosa.
— No iré a la empresa, pero es preciso que trabaje en mis proyectos, te veré después— dijo acercándose a la chica para besarle la cien y salir del comedor sin despedirse de su cuñada.
Cuando ambas hermanas quedaron en soledad, la rubia contempló el decaimiento y hasta la tristeza de su hermana.
— No te sientas mal, ese patán es así.
— Lo sé, y a pesar de todo lo amo.
July no dijo nada, pero quería animar a su hermana.
— ¿Qué te parece si salimos un poco al jardín?
— No estoy de humor para eso, pero si valoraría que me leyeras un poco, ¿lo harías?
— Será un placer.
Mientras el día avanzaba y la pelirroja descansaba July pudo percatarse de lo solitaria y deprimente que era aquella mansión; cierto, sus breves visitas al lugar no se comparaban con la observación más a fondo que en ese momento realizaba y dedujo que la reciente remodelación que su hermana había hecho no era suficiente para darle más vida a esa casa.
— Aunque eso no es todo— se dijo a si misma recordando lo seco que era Killian con su hermana.
Posiblemente se debía a su presencia, sabía que el carácter del ojiazul no era tan estricto cuando estaba en su hogar. Aunque al parecer los dos eran iguales a la hora de evitar expresar sentimientos; no queriendo ofuscar su día caminó por la planta baja de la mansión, admirando cuadros y cosas valiosas.
— ¿Se le ofrece algo?
— No en realidad Ed, solo estoy mirando... pensé que no estabas.
— Recuerde que yo debo estar donde está el jefe.
Ed giñó cómplice y July sonrió un poco, le era difícil creer que aquel fuerte y a simple vista temido hombre tuviera tan bondadoso corazón.
— Dime una cosa Ed ¿Por qué esta mansión es tan tétrica?
— Bueno, cada casa tiene lo suyo, incluso la más feliz del mundo.
— Lo sé, pero pensé que cuando Serena viniera a vivir aquí las cosas cambiarían.
— ¿Entonces piensa que no ha sido así?
— Al menos cuando Noa vivía en este lugar, esta casa tenía más luz que ahora, a pesar de las imposiciones de su padre, creí que con el nacimiento de Matthew todo el carácter de Alex cambiaría.
El fiel guardaespaldas invitó cortésmente a July a la sala de té que la pellirroja tenia para ella.
— He de decirle que las cosas cambiaron— afirmó el hombre retomando la conversación. —Aunque no como se suponía.
— ¿Mi hermana no está feliz con él?
— Oh no, todo lo contrario, sin embargo... usted conoce al señor Killian y debe saber la verdadera razón de no poder expresarse.
— Demasiados años con su padre lo hicieron un tempano de hielo— murmuró la rubia tras un suspiro.
— Exactamente, pero recuerde que un tiempo no fue así.
A pesar de las buenas intenciones de Ed, July prefirió dejar el tema, ya que estaba yendo por terreno peligroso.
— Quizá debería hablar con el señor, ya que estará aquí una temporada, al menos debería hacer el intento de "volverse" a llevar bien con él; todo por la señora, claro está— justificó el hombre cuando July estaba a punto de reclamar.
— Hago lo que puedo, es él el que me saca de mis casillas, sí que es insoportable— gruñó la rubia.
— Ni que lo diga— rió Ed de buena voluntad—, pero entre usted y yo sabemos que tiene el mejor corazón del mundo.
— Y el más testarudo— agregó July tras sonreír un poco.
Aquellas cualidades sin duda eran lo que terminaban por formar la misteriosa personalidad del castaño.
— Si quiere un consejo vaya conociendo a todos por aquí, Matt es en cierta forma la estabilidad de la casa y si usted como su tía puede llegar a quererlo, aunque sea un poco, para los que vivimos aquí sería mucho más reconfortante.
La rubia no comprendió del todo aquellas palabras y en cierta forma Ed tenía razón. Debía ser franca y expresar que, aun siendo muy adorable, no terminada por aceptar a Matthew... que era cruel, pues sí, no obstante, tenía un trasfondo razonable.
— Gracias, lo tomaré en cuenta— dijo mirando al hombre quien se sintió satisfecho por el logro— Ed, ¿Puedo pedirte un favor?
— El que guste y si está a mi alcance.
— Necesito ir a casa y traer algunas cosas, ¿podrías acompañarme?
— Debo pedirle permiso al jefe, más dadas las circunstancias no creo que se niegue.
— Muchas gracias Ed.
— Estoy para servirle señorita.
El custodio reverenció y se despidió de la rubia quien suspiró sonoramente apenas sentirse sola. Había tanto que hacer y una incógnita de tiempo la respaldaba, la idea de vivir ahí no terminaba de agradarle, aun así, lo hacía por su hermana que evidentemente le agradecía con el alma.
— Lo hago por ti— musitó reclinándose en el sofá para dormitar un poco mientras intentaba aclarar su mente.
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Por su parte Killian permanecía pensativo sobre su silla giratoria, las ventanas abiertas de par en par le brindaban una luminosidad que le parecía molesta, sin embargo, un día cuando Serena recién se había mudado a la mansión le había prohibido la oscuridad, una orden que en otras circunstancias hubiera denegado, pero que viniendo de aquella chica debía obedecer sin rechistar. Aunque amase la oscuridad, ese era un gusto lúgubre que muy pocas personas le conocían. Suspirando y sintiéndose tonto giró la azul mirada para toparse con un pequeño portarretratos estratégicamente oculto, el cual contenía una de muchas fotografías que se habían salvado de ser destruidas; en ella había un muchacho de rasgos finos y dulce sonrisa, miraba a la cámara con tal soltura mientras sus manos descansaban en su regazo y cuyo cuerpo era movido por una silla de ruedas... y él por su parte miraba serio y un tanto ajeno a la misma cámara con renuencia, no le gustaban las fotografías pero en aquella ocasión había accedido por petición de Noa, su hermano menor.
Había sido una labor titánica tomar esa fotografía y al final si valió la pena, sonrió un poco acariciando la lisa superficie del portarretratos.
— Todo ha cambiado tanto que si miraras la mansión no la reconocerías, siempre alegaste que deseabas una chispa de vida por aquí y tu deseo se ha cumplido... lástima que jamás lo verás.
La triste sonrisa desapareció cuando el portarretratos fue colocado nuevamente en su lugar, por más que lo intentara no podía olvidarlo todo y despertar un día siendo otra persona; el peso de sus acciones y decisiones lo perseguiría durante toda su vida. Indudablemente ese día no podría hacer nada y eso le ocurría a partir de que July había entrado de nuevo a sus vidas. Antes de siquiera encontrar su número telefónico vivía con más tranquilidad, pero en el momento en que su esposa le exigió encontrarla todo había vuelto a derrumbarse.
— O quizá nunca desapareció el disturbio en mi interior, tal vez solo estaba esperando una nueva señal para salir a flote y ahora que lo hace vuelvo a sentirme como un bastardo ansioso y perdido.
Ocultando el rostro bajo sus manos se permitió respirar una y otra vez hasta alcanzar la poca tranquilidad que podía encontrar, la cual se esfumo cuando el audible toque de la puerta lo sacó de sus cavilaciones.
— Pase— ordenó enderezándose y aparentando sosiego.
— Siento interrumpir, ¿puedo pedirte algo?
Alex asintió y miró como July se acercaba a la silla frente a él tras haber cerrado la puerta.
— ¿Qué es lo que quieres?— interrogó simulando que buscaba algunos papeles.
— Yo... solo quiero hablar.
— No tengo tiempo para eso— alegó.
— Lo sé y no planeo quitarte mucho tiempo; solo quiero hablar sobre mi hermana y del como...
— ¿Se muere?, creo que ya lo sabes, por eso te pediría que no vuelvas a sacarla de su habitación sin autorización, está saliendo de una crisis y se encuentra débil, cualquier movimiento brusco podría afectarle.
— Pero....
— ¡Pide autorización antes de hacer algo! Por eso tiene una enfermera capacitada para ello.
July se sintió como un cachorro regañado y supo que su frio cuñado tenía razón, había cometido una imprudencia al llevar a su hermana al comedor, pero no le gustaba ver a la chica sumida en la triste y parca soledad de su habitación; más si deseaba conservarla un poco más, debía tomar las precauciones debidas y acatar las órdenes médicas.
— ¿Y bien?— indagó el castaño ante el repentino silencio de su visita.
— Tienes razón, me equivoqué y no volverá a suceder.
— Eso espero, no quiero que tus idioteces la hagan sufrir.
La rubia bajó la cabeza, no por lo que dijo el ojiazul, sino por la fuerte punzada que atravesó su corazón, a pesar de la estoicidad del castaño era obvio que Serena le importaba, de no ser así ¿Por qué el millonario se preocuparía tanto por ella?; una sombra oscura se posó en su mirada y tuvo que reconocer que sus esperanzas no volverían a levantarse, ese era su destino y debía aceptarlo por difícil que pareciera.
— ¿Tienes algo más que decirme? Estoy ocupado.
— No, solo que trataré de adaptarme los más pronto posible a la situación.
— Más te vale, de eso depende la estabilidad de tu hermana.
— Sí, claro.
July caminaba hacia la salida cuando escuchó la voz de su cuñado.
— Serena esta tan débil que ni siquiera puede cargar a su hijo, eso lo habrás notado en el desayuno.
Aquella revelación sobresaltó a la muchacha, quien giró para mirar al que le hablaba calmadamente.
— Eso... no lo sabía.
— Su cuerpo tan débil no puede sostenerle por lo que la mayoría del tiempo se la pasa sentada o en cama, en ocasiones usa silla de ruedas, pero últimamente ni eso puede sostenerla, por ello me sorprendió verla en el desayuno.
— ¿Es decir que jamás desayunas con ella?
Alex negó observándola fijamente.
— En el comedor no, en su habitación, raramente usamos ese salón de no ser por alguna visita o por su disponibilidad— fue entonces que July comenzó a comprender la gravedad de aquella enfermedad mortal—. Para ella el que te encuentres aquí es un logro y una felicidad que jamás nadie le ha dado; sacó fuerzas de quien sabe dónde y te acompañó al comedor, cosa que seguramente tú le insinuaste.
La rubia asintió haciéndole ver que no estaba equivocado.
— Eres parte esencial en su mundo y tenerte cerca es una luz entre oscuridad que no debemos desperdiciar si la queremos más tiempo entre nosotros.
— ¿Pero cuánto más?
— Eso no lo sabremos hasta que llegue el momento, mientras tanto, comienza a acostumbrarte a lo que ella te sugiera hacer y lo que más le importe.
— ¿Qué quieres decir?— cuestionó sin entender aquellas palabras.
Alex enarcó una ceja para después bajar la mirada y buscar su portátil en un cajón
— Si tienes sentido común lo comprenderás, ahora vete, tengo mucho por hacer.
Killian tenía la habilidad para confundirla algunas ocasiones y esa vez no fue la excepción, sin embargo, a pesar de la incertidumbre se dio a la tarea de intentar comprender las primeras palabras sinceras que él le daba a partir de su reencuentro. Eran tantas cosas y de algo July estaba segura: necesitaba acostumbrarse a aquella nueva vida principalmente por su hermana y en segundo lugar por ella misma, así, tal vez y solo tal vez podría comenzar a curar heridas que hasta ese momento no habían sanado con nada.
— «Adaptarme es lo único que tengo que hacer»