— ¿July, estás bien? — preguntó Gabriel a su compañera de piso, esperando impaciente su respuesta al otro lado de la puerta, su comportamiento era muy extraño.
— Si, solo tengo nauseas, es todo.
— ¿Será acaso por los siete panqueques de desayunaste en la mañana, seguido del descomunal almuerzo que te zampaste?
— No.
Gabriel se cruzó de brazos mientras la hueca voz de July resonaba en sus oídos.
— ¿Entonces qué te pasa? Si no te conociera diría que estas en cinta.
— No bromees Gabriel, tu bien sabes cómo son las cosas.
El obsesivo muchacho se permitió sonreír, bromear con July cuando ésta estaba triste siempre la animaba, aunque tal vez no debió bromear con eso, ya que sabía las circunstancias de su amiga, ella nunca podría tener hijos.
— July, abre la puerta, sabes que puedo ayudarte.
Gabriel aguardó unos segundos hasta que el cerrojo se abrió, pudiendo entrar libremente a la medio desordenada habitación que por lo regular evitaba visitar. Así pues, encontró a su compañera recostada sobre la cama, boca abajo, ocultando su cabeza en la almohada y rápidamente dedujo lo que pasaba, aquella escena la había visto muchas veces con sus novias o hermanas; una típica "depresión" que no creyó ver en alguien como July.
— ¿Y bien?— cuestionó en tono serio pero preocupado, ya que, a pesar de lo opuestos que pudieran ser, estimaba a la rubia y saberla con problemas cuando era siempre ella quien lo ayudaba, merecía alguna compensación.
— Nada, es solo que mi vida es una porquería.
— Vaya, creí que no lo notarías.
El muchacho se ganó un golpe directo con un cojín.
— No es gracioso señor "Don vida perfecta"— gruñó al otro por debajo de la almohada.
— Oh vamos, era una broma ¿acaso tu no lo haces cuando las cosas van mal?
— Ahora si lo están enserio.
— Uuuuh, cosa grave, ¿ocurrió algo en casa de tu hermana?
— Sí.
La información parecía más la de un niño ante la idea de revelar algo demasiado vergonzoso como para mencionarlo.
Así que Gabriel se sentó a lado de su compañera e intentó indagar más.
— ¿Algo horrible?
— Sí— volvió a responder de forma melancólica.
— ¿Qué sucedió?
— Ella... ella tiene un hijo, ¿puedes creerlo?, ¡UN HIJO! POR TODOS LOS CIELOS.
La voz de la chica se apagó al igual que los gestos preocupados del que le escuchaba.
— ¿Un hijo? ¿Entonces eso es lo que te tiene así?
— Sí.
Gabriel no tenía experiencia en reconfortar a las personas, solo en vender y comprar acciones productivas para la empresa en la que trabajaba; Julianna se encargaba de las cosas emocionales, el definitivamente era un rotundo fracaso para eso, no obstante, estaba dando lo mejor.
— Un hijo no es tan malo July, mucho más si es querido, o ¿no es bienvenido?
— Lo es... y mucho.
— ¿Entonces cuál es el problema?
El joven no terminaba de entender como un niño podía alterar tanto a la sonriente chica, debía haber algo más. July por su parte, agradecía los esfuerzos de su compañero por hacerla sentir mejor, pero indudablemente nada podría conseguirlo y decidió terminar eso.
— Te agradezco lo que haces Gabriel, pero preferiría continuar con esto yo sola.
— Vaya, que agradecida eres— se indignó el castaño claro.
— No me lo tomes a mal, lo que sucede es que... ¿recuerdas la lista de cosas que no toleraría jamás en mi vida?
— Sí, ¿cómo no hacerlo? Me la restregaste en la cara diez veces.
— ¿Recuerdas la numero tres?
Gabriel enarcó una ceja, señal inequívoca de que en verdad no recordaba y solo le estaba dando por su lado.
— Esa en donde mencionaba las inesperadas señales del cielo.
— Ah sí, sí, ahora recuerdo— asintió el otro tratando de hacerlo completamente.
— Bueno, pues esta noticia fue exactamente eso: una señal que no termino de concebir.
— July no seas inmadura, era natural que estando tu hermana casada se dieran esas cosas
— Pero mi hermana está enferma; lo está y ese mal nacido no lo recordó.
La rabia que la rubia evidencio en sus facciones se atribuía a un verdadero enfado, uno que Gabriel nunca había visto en todos los años que llevaba conviviendo con July.
—No escuché que mencionaras que ella no se encontraba bien.
—Esta de maravilla, sin embargo, el temor de que le hubiera pasado algo siempre está latente, ese idiota de Killian no se detuvo por nada, con tal de conservar su apellido puso en riesgo a mi hermana y ahora...
—Sabes July, no me gusta interrumpirte cuando estas realizando tan buena descripción de tus sentimientos, pero... me temo que en realidad tu enfado no es hacia el esposo de tu hermana, más bien es por otra cosa.
¡Bingo! Pensó la rubia al instante, al parecer el siempre ausente Gabriel la conocía muy bien, así que se volteó dándole la espalda a aquel que comprendió la indirecta.
— Espero que puedas dormir al menos un poco y reflexiones sobre...
— Lo sé, buenas noches Gabriel.
— Buenas noches July.
El de ojos verdes salió de la habitación para finalizar su labor mientras intentaba recordar el por qué vivían juntos. De hecho, la había conocido por pura casualidad; ambos se encontraban en la oficina del decano, primer día de clases para July y uno de tantos para él, quien se había presentado por sus respectivos documentos de la beca y sin poder evitarlo terminó enfrascado en la conversación de la rubia, que debido a su facilidad de habla y habilidades de convencimiento no había podido escapar sin llevarla al menos hasta la sección donde se impartían las clases de actuación.
Desde el primer momento se dio cuenta que eran muy diferentes, mientras él era meticuloso, la otra no lo era, mientras él pensaba las cosas dos veces, ella no lo hacía ni una. Al final el destino tenía planes para ellos, muy a su pesar, aunque creía que no la volvería a ver, había pasado todo lo contrario, se la encontraba en cada rincón, a tal extremo que había resultado amiga de un amigo que evidentemente estaba encantado con ella. Y pese a que luchó contra cielo y tierra para evitar a la desastrosa pero siempre sonriente chica, lo inevitable se suscitó.
Un día July fue desalojada de su hogar debido a la falta de pago con la renta, desesperada había recurrido a muchas personas que no habían podido ayudarla; él no tenía mal corazón y ante una situación como esa no había podido hacer más que socorrerla y permitirle alojarse en su espacioso departamento, el cual consiguió casi como una ganga gracias a un buen contacto en bienes raíces. A partir de la primera noche, que resultó una catástrofe para el ojiverde, había nacido cierto aprecio y tolerancia para con la rubia, desde entonces la noche de auxilio se transformó en días y posteriormente en años.
— Es inevitable no encariñarse con ella— murmuró, cuando se encontraba ya acostado en su cama.
El ángel de July era inmenso y verle triste cuando por lo general procuraba ayudar a todos era desconcertante y hasta inusual, sin embargo, Gabriel la conocía lo suficiente como para saber que la chica saldría victoriosa de sus problemas con una sonrisa en el rostro.
Por otro lado, cuando July escuchó la puerta cerrase suspiro hondo. Sí, tal vez había sido inmaduro de su parte en reclamar algo que como Gabriel decía: no mortificaba a nadie. No obstante, el solo pensar que el bebé entre sus brazos le miró con tanta fijeza era rememorar un escalofrió completo recorriéndole la columna.
Matthew Killian era el nombre del pequeño de ojos tan azules como los de su padre y cabellos negros como el ébano, los cuales, seguro eran herencia de su abuela paterna y su tío, un hombre peculiar que le dolía rememorar. De cualquier forma, la inesperada noticia casi la había hecho caer al suelo cuando el bebé fue depositado en sus brazos. Demasiada inocencia, bondad y dulzura solo habían sido hechas para dar amor y felicidad, era tía, pero... no se encontraba del todo feliz.
Aun podía percibir la infantil fragancia de aquel cuerpecito tibio que apenas sentir manos extrañas, se había movido hasta despertarse por completo y dejar contemplar un par de zafiros que eran la viva imagen de su padre, un parentesco inconfundible, así como también la delicadeza de su hermana.
— Un bebé— se dijo a si misma mirándose las manos, evocando que por momentos se hubo olvidado de todo. No recordaba cuando había salido de la mansión y cuánto tiempo estuvo vagando por la ciudad, solo hasta que las náuseas le obligaron a vomitar dentro de un contenedor de basura, fue que salió de su ensueño—. Esto es descomunal, ridículo y enfermizo; Dios ¿por qué me sigues probando de esta manera?... maldición.
Dejó que su puño se estrellara varias veces contra el colchón, evidentemente esa noche no podría dormir.
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Todo habría sido simple si hubiera quedado en una sola visita, pero Serena no se daría por vencida, por lo que al menos dos veces al día dejaba recados en la contestadora de July o con Gabriel que ya se había cansado de insistirle a su compañera que dejara sus niñerías y afrontara lo que fuera que le estuviese afectando... aunque para ella no fuera tan sencillo, retornando las llamadas una vez por día era como lograba controlar la poca euforia de su hermana enferma y contener el aire unas pocas horas más. Todo hasta que ella volviera a llamar y a decir: "Te necesito".
July se encontraba en serios problemas y ni los ensayos de su obra lograban reanimarla o distraerla de sus verdaderos pensamientos, el asunto era complicado y difícil de resolver.
— Julianna, parece que el mundo se te ha caído encima.
— ¿Tú crees?— dijo suspirando mientras movía con lentitud su americano.
— Sí, y no es la primera vez que lo noto, al menos estos días has estado muy extraña.
Natalia era la protagonista dentro de las obras teatrales, excelente compañera de clase y en la actualidad de trabajo; la muchacha era confiable y bastante intuitiva para ser un poco insociable. July había aprendido con los años que la apariencia no lo dice todo, y aunque sobre las tablas Natalia pudiera dar vida a una princesa o una mendiga convertida en afortunada, en la vida real era muy diferente. La chica de largos cabellos azules teñidos y mirada gris gustaba del color n***o, así como también de los zarcillos y estrambóticos gustos musicales, bajo el escenario era una "Dark" en todo el sentido la palabra.
Buena amiga, aunque extraña, pero no por eso menos valorada por July. Así que sonriendo a su extraña compañera se animó a hablar un poco del tema que más que conocido era... lo mismo de siempre. Desde que la mejor amiga de July se hubo retirado para irse a radicar a Italia, Nat había pasado a sustituir la confidencia entre amigas, un lugar que se había ganado dentro del corazón de la rubia y verdaderamente lo agradecía.
— ¿Sucedió lo que temías?— preguntó ella mirando los tristes ojos de July decaer, lo cual era una muda afirmación de lo que ya presentía—. Lo siento mucho, en verdad que lo siento mucho.
July asintió palmeando la mano que con gentileza se posó en su hombro dándole la fuerza que necesitaba.
— No es el fin del mundo, después de todo ya lo veía venir.
— Mentirosa— musitó la chica de n***o, obteniendo una larga carcajada por parte de su compañera.
— Lo sé, lo sé, no se mentir bien, tal vez por eso no me han vuelto a llamar a los escenarios y mi vida es un fracaso.
— Si continúas pobreteándote solo lograrás mi lástima, y mira que odio ese sentimiento.
— Tu odias todo lo que es humano Natalia, excepto lo que empieza con "S".
El rostro pálido de la muchacha se coloreó momentáneamente de carmín al escuchar el reclamo de su compañera, la verdad no era muy sociable y sus amigos estaban contados con los dedos, pero en lo que se refería al sexo, la limitante jamás existía, era una debilidad que todos compartían...creo.
— ¿No estábamos hablando de ti?— susurró tras hacer un gracioso mohín para su amiga.
— Aja, siempre de mi ¿verdad?
— Tu eres quien me preocupa.
— Gracias, lo tomaré en cuenta para la próxima vez que quiera consejos para: c-o-g-e-r.
July rió abiertamente mientras su amiga volvía a sonrojarse, su habilidad de embromar a otros era legendaria y aunque no lo quisiera, también su única manera de sentirse mejor por un momento.
— Insoportable— masculló la dark tras incorporarse de su silla y marcharse del lugar.
— ¡Te veré después!— gritó la rubia aun riendo, recibiendo como respuesta un azotón de puerta.
Natalia podía enfadarse al igual que miles, embromados por July "la contadora de verdades" Wells y sin embargo regresaban, la camaradería ante todo, algo que impulsaba a la rubia a seguir día con día.
Pero cuando la soledad volvía, continuaba hundiéndose en sus cavilaciones y sentimentalismos ¿En dónde iría a parar con todo eso? Esa era la pregunta del millón y no existía nadie que pudiera responderla, a menos que fuera ella. En lo que le concernía, ya estaba cansada de darle una respuesta tonta a sus padecimientos, por eso se había aislado un año, el cual, si no había sido reconfortante al menos no había tenido que sentirse nerviosa, perseguida por su pasado y, sobre todo: "como una traidora."
Estaba volviendo a morir y lo peor de todo es que según ella, ya no había motivos factibles para hacerlo; el teatro comenzó a carecer de valor y sus sueños se habían ido volando lejos donde ninguna mano mortal fuera capaz de alcanzarlos; se estaba perdiendo y los más temible era que su corazón no dejaba de latir con violencia, anhelando una esperanza que se hallaba totalmente muerta.
— Sí, definitivamente estoy loca.
Bebiendo su café de un solo trago se preparó para salir del teatro. Aquel día los ensayos salieron perfectamente y el director les había concedido unos días libres antes del estreno; ella se lo merecía y en verdad que lo necesitaba, tal vez si iba un pequeño fin de semana a la finca donde todo el elenco asistiría, podría salir más fácilmente de aquello que le atormentaba o al menos no pensar innecesariamente en esa situación por la cual estaba pasando. Más la vida tenía otros planes y así se lo hizo saber su celular cuando iba saliendo del teatro.
— ¿Diga?
— Por fin la gran idiota se digna a responder una llamada.
La voz era inconfundible, así como el clásico insulto.
— ¿Qué quieres Killian?
No hacía falta preguntar como el ojiazul había conseguido su número, si el empresario la había encontrado con sencillez, un simple numero era pan comido.
— Al menos deberías hablarme con más respeto.
— ¿Te lo mereces acaso? Yo solo escucho la voz petulante de un hombre rico y mimado, así que si conoces a alguien a quien valga la pena rendirle respeto, házmelo saber.
July pudo escuchar perfectamente el gruñido de enfado que el castaño había lanzado al otro lado de la línea.
— No creas que es un placer llamarte— fue lo que el millonario contestó apenas tranquilizarse un poco.
— Ni para mí el escucharte— aseguró la rubia doblando la esquina y verificando que la luz del semáforo decía: pase.
— Entonces pon atención a lo que voy a decirte y más te vale que seas lo suficientemente madura para decidir con rapidez.
— Mira Killian a mí no me amenazas, es más, ni siquiera tienes el derecho de llamar a...
— Tu hermana está en fase terminal.
La rápida explicación del millonario le heló la sangre y provocó que su mirada se volviera instantáneamente acuosa.
— ¿Qué?— murmuró con la garganta cortada y Alex supo distinguirlo, aunque la otra se esforzara por ocultarlo.
— Que tu hermana está en fase terminal, su doctor me lo ha dicho hoy, ya no se puede hacer nada por ella.
July tuvo que sostenerse de una pared para no caer al piso, las personas la miraban, a ella y a su palidez extrema.
— Pero... ¿¡pero qué clase de doctor es ese!?— exigió la muchacha, cuya demandante voz contrasto con el sonido de los autos que transitaban a su espalda.
— El mejor de todo el continente; sabes perfectamente que solo le he dado lo mejor y como tal solo te comunico lo que me ha dicho.
— Tiene que ser un maldito error— su cuerpo temblaba y la mano que se aferraba con fuerza al teléfono estaba comenzando a enrojecer debido a la presión ejercida.
— No lo es y lo sabes.
Tan directo y frío como siempre, así lo había expresado Alex Killian y July tuvo que admitir que todo estaba por terminarse.
— ¿Qué voy a hacer?— murmuró la rubia sin pensarlo, mientras que las lágrimas de dolor e impotencia corrían por su rostro.
— ¿Que qué vas a hacer?, vas a tomar un maldito taxi ahora mismo y vas a venir a verme a la corporación; ¿te quedo claro?
— S... sí, estaré allí en 15 minutos.
Sin siquiera despedirse la chica guardó el aparato y de inmediato se dirigió al edificio principal de la Corporación K, en un vehículo que la dejó en tiempo record a las faldas de dicho edificio. Sin esperar a que alguna de las personas del lobby la recibirá se encamino rápidamente hacia los ascensores, los cuales maldijo por su extrema lentitud. Ni bien las puertas se abrieron ella ya estaba corriendo por el pasillo en busca de su cuñado, mientras corría evocado la imagen de su hermana y lo sentimientos encontrados que se almacenaban en su corazón igual que una esponja humedecida, no podía simplemente soltarlos, no hasta que le explicaran más a fondo aquella situación. El nerviosismo o el miedo de volver a mirar los zafiros que siempre le recibieron retadores y hasta con un brillo de indiferencia había quedado atrás, solo podía enfocarse en el presente y en lo que les esperaba a todos aquellos que convivían con Serena.
— Ya estoy aquí— comunicó abriendo la puerta de sopetón recuperando un poco el aire.
— Lo sé, ahora siéntate y escucha.
Sin rodeos, todo como era, y eso por primera vez en su vida July lo agradeció.
— Como te dije hace unos momentos, esto está llegando a su fin y desgraciadamente ya no hay nada que hacer.
— Pero debe haberlo; por Dios, ella no ha vivido tantos años para terminar así y menos ahora que tiene un hijo a quien cuidar.
Killian abrió los ojos sorprendido ante las palabras de la rubia, por lo que con la mirada interrogó a la chica.
— Sí, ella me lo presentó— explicó tras sentirse estúpida bajo la escrutadora mirada azul.
Un minuto de silencio aterrador e incomodidad.
— Yo... ¿dije algo incorrecto?— cuestionó nerviosa.
— No, nada, es solo que... olvídalo... prosigamos con lo que nos compete.
Alex cambió de lugar y se sentó frente a July cruzando los brazos, acomodándose de tal manera para hablar del tema que los había unido esa noche.
— ¿Entonces... no se puede hacer absolutamente nada?
Killian negó sin siquiera mirarla, un toque frio e impersonal que July hubiera valorado en otras circunstancias, pero no en esa, donde más necesitaba el apoyo de alguien.
— Es cuestión de tiempo solamente, y me temo que será más temprano que tarde.
La rubia se sentía culpable más que nunca por lo que había hecho, o mejor dicho, por lo que no había hecho en aquel tiempo que estuvo desaparecida, quizá no hubiera podido hacer mucho, pero al menos la estancia con su hermanita habría sido mucho más valorada que solo un recuerdo menguado con el dolor de perderla. Así pues, reclinándose en el sofá miró al techo y las imágenes de su infancia pasaron frente a ella.
Killian mientras tanto tenía la impresión de que como siempre, todo se estaba perdiendo. La noche anterior Serena había tenido un fuerte acceso de tos que había parado hasta que una mascarilla de oxígeno se posó en su nariz y boca. El equipo de médicos y especialistas le atendieron con presteza, no obstante, no le dieron esperanzas en cuanto a su recuperación y cuando contempló a su esposa mucho más pálida y débil que nunca, constato para sí, la pronta perdida que volvería a sufrir. Su interior era un mar de contradicciones. "¿Por qué a mí?" Cuestionó en su cabeza, sabiendo que nunca obtendría respuesta.
— Tengo que hacer algo— musitó la joven tras pensar las cosas con detenimiento.
— No puedes hacer nada, si los mejores médicos del mundo no pudieron, ¿qué te hace pensar que tu podrás?
— ¡Porque soy su hermana!
Alex no podía competir contra la obstinación y el brillo de determinación de la rubia, por lo que gruñendo trató de pensar en algo que pudiera beneficiarlos a todos.
— Tengo una idea, pero no será de tu agrado.
— Lo haré por ella.
Killian miró a July y no le cupo duda de que su determinación no se quebraría, así que paso a explicarle la revelación que había tenido.
— Ambos sabemos que medicamente ya no se puede hacer nada, solo que... tal vez haya otra cosa que pueda hacerle sus últimos días más...aceptables.
— ¿Qué tienes en mente?
— Digo que si ella tiene a su hermana a su lado, tal vez pueda soportar lo que viene con fuerza y valentía.
— ¿Pretendes que esté con ella?
— Así es, ya basta de huir Julianna, no hay tiempo que desperdiciar, tu hermana se está muriendo y eres la única que puede decidir qué hacer con el escaso tiempo que le queda.
July estaba consciente de ello, pero el solo meditarlo le causaba dolor, tenía que decidirse, era un golpe de tal magnitud desbaratándola dentro de su aparentemente estable existencia.
El reloj avanzaba y la respuesta se hacía esperar, así que Killian entendió que debía ser mucho más directo ¿Qué cómo había pensado en aquella posible solución? No lo sabía, sin embargo, le parecía cuerda y sensata, era lo que su esposa necesitaba.
— Ve a vivir a la mansión hasta que todo termine.
Fue la suave y directa afirmación que resonó en la mente de July.
— ¿Q-qué?
— Ya me oíste, de esa manera ella podrá verte cuando desee y tu estarás al pendiente de todo sin espera un aviso; es lo mejor que puedes hacer.
El asombro se evidenció en las facciones de la rubia y sin importar eso, continuaba pensado en una solución que no fuera vivir con su hermana y con Killian.
— Pero...
— El tiempo corre Julianna, no creí que fueras tan cobarde.
Aquello dolió de verdad y así sus ojos se lo hicieron saber al otro, que con dureza le miraba.
— No soy cobarde.
— Lo eres y bien lo sabes.
— Tal vez— asintió July con rabia—, pero al menos traté de enfrentar mis problemas y no rehuí de ellos como tú.
— ¿Estás segura?
De cualquier forma, ambos sabían demasiado uno del otro como para dañarse enserio, sin embargo, no era momento para eso, Killian se levantó y miró a su invitada con autoridad.
— Como sea depende de ti, la posible solución está en la mesa, cuando decidas, sea lo que sea házmelo saber.
Alex caminó hasta la puerta y la abrió, la indirecta era más que eso, la conversación estaba finalizada, así lo entendió la rubia quien involuntariamente se puso de pie y caminó hasta la salida. Todo era un remolino en su cabeza y mientras caminaba el mundo iba en cámara lenta, y pudo distinguir que de entre la soberbia y estoicidad de su anfitrión había un dolor que, si bien no se comparaba al suyo, realmente existía. Ya fuera eso o la intención de no volver a rechazar esa oportunidad se detuvo frente a Killian y habló desde el corazón.
— Acepto.
Apenas fue un murmullo, pero fue tan convincente y real que Alex cerró la puerta sin moverse un ápice de su lugar.
— ¿Estás segura?
— Completamente, lo haré por ella.
— Entonces ven conmigo, no hay tiempo que perder.
Ambos salieron del edificio para ir al mismo lugar, July ya no pensaba con mucha claridad y sintió que ya nada peor podía suscitarse, tan solo debía aguardar lo inevitable y tratarle de hacer un bien a la persona que no se merecía su indiferencia.