El pago más conveniente

3448 Palabras
En aquel lugar desconocido, July trataba de buscar con la vista sus ropas o algo que no fuera la enorme pijama blanca de seda que traía. Estaba asustada, desubicada y lo único que quería hacer era salir de ahí, ¿por cuánto tiempo había estado durmiendo?... un inesperado mareo le hizo quedarse donde estaba tomando su frente con la mano y cerrando los ojos para dejar pasar el malestar. — ¿Nunca te dijeron que no te movieras cuando estás enferma? — No, al menos no de forma tan tierna. El gruñido de exasperación hizo sonreír a la rubia que mantenía sus ojos cerrados y pese a eso sabia a quien le pertenecía aquella voz. — Regresa a la cama— ordenó Killian. — No— murmuró July tratando de incorporarse fallando en el intento. — Eres una necia ¿lo sabias?— inquirió el ojiazul muy cerca de su oído, pues la había atrapado para que no volviera a caer. — Lo sé— medio sonrió al saber que sería inútil apartarse de él o en su defecto discutir, no tenía fuerzas de nada. Sin siquiera pedir permiso o dar una excusa, Alex levanto en vilo el débil cuerpo de July y la regresó a la amplia cama. — ¿Esta es tu cama?— preguntó la de ojos melados al hundirse en la almohada. — Sí. — Es muy acogedora...me gusta— sonrió al percibir en el ambiente un aroma que antes no había notado. Alex no dijo nada, solo intentaba no sonreír al comentario bobo de aquella chica que tantas perturbaciones le causaba. — ¿Qué hago aquí?— fue la cuestión que tras unos momentos de silencio era inevitable hacer. — No estás en condiciones de hacer preguntas. — Pero quiero saber— agregó la rubia cuando se sintió con fuerzas para abrir los ojos y enfrentar a los azules que estaban a su lado—, estoy en mi derecho de saber. Killian no respondió, acercó su mano a July quien temió un golpe, sin embargo, se sorprendió ya que solo poso su mano en su frente. — La fiebre está volviendo a subir. — ¿Fiebre?, ¿quieres decir que estuve...? — Y ya te hace hablar de más. — Es que... — Calla, ahora regreso. Sin comprender nada la chica miró salir al ojiazul salir y casi inmediatamente regresar con agua y un paño. Sin mediar palabra alguna el castaño siguió las indicaciones del médico y atendió a la joven, era tan silencioso que se podía escuchar el tic-tac del reloj y algunas gotas de lluvia chocar contra la ventana, July se sintió a salvo, rodeada de la tranquilidad que necesitaba para abandonarse al descanso y no angustiarse de nada. — Lo siento— susurró. — ¿Qué? — Siento ser una molestia para ti. — Lo eres— afirmó el genio sin ningún gesto en sus facciones. — Lo sé. — Entonces cállate y duerme, se supone que necesitas reposo. July sonrió un poco pues supo que esa era la manera que Alex tenia de hablarle amablemente a alguien. Sin reclamos o sin agregar nada, se sentía tan bien estando ahí, por eso cerró los ojos y se dejó atender por aquel que hasta ese momento consideraba inhumano, que sorpresas daba la vida, y ella se estaba llevando una muy grande después de un gran golpe. Cuando Alex se aseguró que la rubia estaba dormida se atrevió a acariciar con la yema del dedo pulgar la mejilla sonrosada de aquella que todavía se encontraba convaleciente, podía ser una molestia o hasta una "gatita de la calle" asistida por su gentileza, pero ese aire de pureza era algo que casi no existía en las personas, le hacía sentirse en paz, y ciertamente quería seguir experimentando eso que solo July podía hacerle sentir con su sola presencia.   * * *   Dante estaba molesto mientras Grace trataba de sonreír penosamente a lo que pasaba. El auto se había descompuesto a cuatro cuadras de la casa de la pelinegra y la lluvia no mejoraba la situación. Habían estado hasta tarde planificando las nuevas maniobras para la obra, así como descartando actores que junto con el profesorado no consideraban aptos para algunos papeles; al final, las cosas habían resultado positivas para el italiano quien no dejaba de agradecer a la ojivioleta por su ayuda. — Sporcizia (Porquería)— maldijo el extranjero en su idioma, pero a Grace se le ocurrió algo para solucionar todo ese embrollo. — Mi casa no queda muy lejos, podríamos empujar el carro hasta allá y mañana llamar a un mecánico. — Suena bien... aunque, no habías mencionado que tu tutor es muy estricto, no se enojará. — Pues viendo las circunstancias seguro que lo entenderá. — Pero como te voy a hacer empujar con esta lluvia. — Es eso o quedarnos varados, ¿no crees? El de ojos jade habría querido negar la petición, no obstante, la chica tenía razón, no quedaba más que empujar. — Entonces hagámoslo de una vez. — Será divertido— sonreía Grace mientras el italiano comenzaba con la tarea también. — ¿Bromeas? — No, le he ayudado a July con un par de trabajos y a veces suceden estas cosas, es divertido. Dante no entendía, sin embargo, el camino, aunque tormentoso, lo sentía ligero en compañía de Grace, fue gracioso, porque eran los únicos en una tarde lluviosa empujando un auto bromeando y riendo de cuanta cosa de se les ocurría. — Sabes, una vez corrí un maratón— gritó Dante por encima del ruido de la lluvia. — ¿Sí?, pues yo fui comentarista de atletismo en la secundaria. — ¿Por qué siempre tenemos cosas en común? — No lo sé. Y así entre risas y esfuerzo con el vehículo al fin arribaron a casa de la señorita Miller. — Bueno, henos aquí. — Al fin, ¿No dijiste que tu casa estaba cerca? — Lo está, caminando, no empujando un auto. La risa de Grace se contagiaba al extranjero quien siguió a su compañera al interior de la gran casa. — Vaya que pintoresco lugar. — Gracias, mi abuelo tiene buenos gustos. Dante miró a su alrededor y podría haber jurado que entro en el despacho de su padre, el lugar estaba decorado con artefactos, pinturas y objetos antiguos. — Sabes, a mi padre también le gustan las antigüedades, tanto que mi familia promueve excavaciones en distintos lugares, además de la administración de museos y reliquias. — Que interesante, mi abuelo tiene estas cosas porque en su juventud fue arqueólogo— mostró con orgullo señalando en una foto con el dedo la figura de su abuelo junto a unas llamativas ruinas—, esa siempre fue su pasión, solo que el tiempo y una desagracia terminaron con eso, ahora su vida es las reuniones con sus antiguos colegas y la tienda. — ¿Tienda? — Aja, como llegamos por la parte trasera de la casa no la viste, hay una tienda de antigüedades del otro lado Dante sonrió, en verdad que aun la faltaba mucho por saber de aquella joven. — Ahora ven, estas todo empapado, déjame buscar algo que pueda prestarte. En un acto reflejo la pelinegra tomó la mano del muchacho guiándolo escaleras arriba hasta al baño. — Date una ducha o te resfriaras, no creo que mi abuelito tenga ropa que te sirva, pero ya encontraré algo. — Gracias, en verdad lo apreciaría y perdón por las molestias. — No es ninguna molestia, me alegra poder ayudarte. — ¿Y tú?— preguntó el extranjero al mirar las empapadas ropas de su anfitriona. — ¿Yo? — Sí, ¿no vas a tomar un baño? Y aunque la frase era natural ninguno de los pudo evitar sonrojarse al pensar más allá de la inocente cuestión. — Yo... me ducharé en el baño de mi habitación. — Sí... por supuesto... Grace salió del baño con la sensación de extremo calor. — Cálmate Grace, él es solo... un amigo y mi invitado— se dijo a si misma tratando de convencerse mientras se dirigía a su habitación para ducharse—. Aunque debo admitir que tiene una excelente complexión, me pregunto cómo se verá sin camisa... ¡NO PIENSES ESO!— se regañó, tratando de bajar el color carmesí de sus mejillas. Aquel tipo de pensamientos no dejaban la "sana" mentecita de la chica, quien no podía dejar de pensar en el joven que se estaba duchando, después de un baño rápido busco ropas adecuadas que le pudiera prestar, por ello dejando la ropa en un cesto enfrente de la puerta del baño que su invitado usaba, bajó a esperar a su abuelo, sin embargo, la nota en el refrigerador le hizo saber que su amado tutor no regresaría hasta la mañana, así que tendría la casa para ella... sola. — Dios deja de atormentarme— se quejó lastimeramente, pensando en lo que haría para perder el tiempo y no seguir pensando en... cosas indebidas. De la nada se le ocurrió, una cena, la comida siempre era buena para cualquier situación, por lo que se esmeraría manteniéndose concentrada en la preparación, más cuando el italiano bajó a reunirse con ella en la cocina perfectamente acicalado y seco, ni todas las ideas que uso para mantener alejada de su cabeza de pensamientos indecentes sirvieron para que cayera nuevamente. — ¿Se me ve bien?—cuestionó Dante al mostrar lo magnificas que se le vean las ropas. Grace en vez de responder, dejo el cuchillo sobre la barra y se acercó lo suficiente para observarlo mejor. — Te ves... muy bien. — ¿De verdad? — Sí, no pensé que esas viejas ropas pudieran... — Pues me han quedado a la perfección, ¿de dónde las sacaste?— inquirió con curiosidad que, aunque sencillas aquellas prendas le sentaban maravillosamente. La pelinegra se acercó con un dejo de tristeza intentando controlarse. — Son de mi padre, murió bastante joven, mi abuelo las tenía en un baúl. Dante recordó entonces que ella le había comentado una vez que solo tenía a su abuelo, eso quería decir que sus padres habían fallecido, y se sintió mal por ver a Grace así. — Yo... — Descuida— sonrió la pequeña—, es un placer habértelas prestado, igual no se iban a volver a utilizar. El italiano dejó el tema, así pues, entre risas y bromas ambos disfrutaron de una comida casera y un momento grato, si bien Grace se comportaba así con sus amigos, Dante no, estaba acostumbrado a relaciones frívolas por lo que la actitud de la chica lo confundía, pero quería más de eso que Grace le obsequiaba y lo mismo pasaba con la ojivioleta. Era una noche maravillosa como recompensa por sus años de soledad, ambos no pedían más que la compañía uno del otro, solo eso.   * * *   Se aproximaba la media noche y un mal sueño le hizo despertarse, la voz de Tom humillándola era algo que no podía olvidar fácilmente, no obstante no era lo único que la atormentaba, todos sus problemas y pensarse una basura le ocasionaba sentirse inferior y más sola que nunca. Respiró para evitar el llanto, su sonrisa se había ido o eso pensaba. — ¿Ya no tienes fiebre?— escuchó una voz que después de una sutil caricia le provocó bienestar. — No, creo que ya no, ya me siento un poco mejor— aclaró girándose para sentarse y mirar al muchacho que estaba instalado a su lado en una cómoda silla—, ¿cuánto llevas ahí, Killian? — No responderé eso— evitó el muchacho, acomodándose nuevamente en la silla. — Bueno, entonces dime ¿cuánto tiempo llevo yo aquí?, eso sí me puedes decir, tengo el derecho de saber. — Tres días— fue el resoplido molesto que July escuchó. — ¿¡Tanto!?, ¿y qué has hecho tú en todo ese... no me digas que tu...? July habría jurado que miró cierto sonrojo en la faz del castaño, e involuntariamente ella se estiró un poco para ver con mucha atención al castaño. — Yo... no sé qué decir— murmuró la rubia cuando supo que sus deducciones eran correctas, Killian había estado cuidándola desde hace tres días y muestra de ello eran las ojeras y la palidez que presentaba. — No digas nada— ordenó, depositando el libro entre sus manos en la mesita a su lado e incorporándose. — ¿Cómo dices que no diga...? — ¿Tienes hambre? — preguntó el joven intentando desviar su atención, le había estado nutriendo a base de vitaminas con la intravenosa, pero eso no quería decir que no necesitase comer, así que era una buena excusa. — Pues... a decir verdad sí— musitó la chica tras bajar el rostro, sentía que era una molestia. — Bien, te sugiero que tomes una ducha, aún si te di baños de esponja solo limpié superficialmente, hay cambios de ropa en ese armario— señaló. Sin decir más, el millonario salió de la habitación dejando a July bastante desconcertada, no creía lo que oía y veía, aun así, fue a hacer lo que le dijo, mientras se aseaba recordaba su melodrama en el estacionamiento de la universidad y sentía su orgullo herido por derrumbarse frente al frio sujeto, sin embargo, después de saber lo que éste había hecho por ella modificaba completamente el concepto que tenia del ojiazul. — Cuido de mi por tres días... aun cuando es una persona muy ocupada... y fría— se dijo en voz baja mientras se vestía, secándose adecuadamente y recargando su espalda en la cabecera de la cama al terminar — No July, él ya no es frio... es humano. ¿Quién habría pensado que el magnánimo Alex Killian iba a hacer su buena obra con ella?, nadie, ni siquiera la rubia, pero era la realidad y no pudo más que sentirse bien y agradecer la ayuda del muchacho que comenzaba a mirar diferente. Luego varios minutos Alex volvió con una charola, la cual depositó con cuidado sobre sus piernas. — Come— indicó con su sutil manera de ser. — Vaya, sopa crema, que rico— sonrió la de ojos melados, su glotón estomago le pedía comida después de tres días. Killian solo se sentó en la silla y tomó el libro que había dejado mientras July comía lentamente hasta terminar. — Felicitaciones al chef ¿quién hizo esto?, estuvo delicioso. El castaño ocultó su rostro detrás del libro y la rubia tuvo otro motivo para impresionarse. — ¿Tú? — Vuelve a dormir después de cepillar tus dientes— ordenó igual que una mamá tras incorporarse, dejarle un cepillo nuevo y recoger la charolar para llevársela. — Vaya, con que el riquillo es multitareas— musitó July, yendo a cepillar sus dientes,  recostándose en la cama evitando que su cabeza no doliera, aun no estaba tan bien del todo. Cerró los ojos dejándose embriagar por ese olor que había en el ambiente, era un aroma que ya antes había percibido, pero no distinguía de donde venía. Sintió de repente que el dueño de la habitación regreso a su puesto y olvidando toda riña o molestia que hubiera existido entre ellos antes de esa noche July abrió los ojos para mirar a su benefactor. — Te ves cansado. — Esto no es nada, puedo desvelarme cinco noches seguidas cuando estoy trabajando— se mofó sosteniendo su libro. — Mentiroso— murmuró la chica sonriendo un poco— lo veo en tus ojos, estás agotado, no es lo mismo trabajar que cuidar un enfermo. — ¿Qué sabes tú de...? — Ven. La sola palabra provoco que el castaño enarcara la ceja graciosamente y la chica extendió su mano para hacer más directa su propuesta. — Ven. Killian no supo por qué aceptó tomar esa mano casi en cámara lenta y cuando menos se dio cuenta ya se encontraba recostándose a lado de la joven que se movió para darle espacio. — ¿Qué es lo que pretendes? — No pretendo nada, quería que descansaras. — Pero ya te he dicho que... July negó mirando fijamente los ojos azules que temblaron ante la cercanía de los otros. — Te diré una cosa, tienes unos ojos muy hermosos, tu mirada es la más noble que he visto. — Yo no... — Aunque lo ocultes, puedo verlo... en cierta forma nos parecemos, tú con tu carácter de los mil demonios y yo con mi aparente altanería que solo me mete en problemas— sonrió haciendo bufar al ojiazul—, sin embargo, a pesar de todo, nos parecemos y tu mirada siempre me lo dijo. Alex no se esperaba nada de eso. — No sé cómo pagarte todo lo que has hecho por mí; me sostuviste cuando más lo necesitaba. — No te he dicho que me pagues nada— externó el genio, tratando de levantarse de la cama siendo detenido en el intento por la rubia. — Lo sé, pero quiero pagártelo de algún modo, de lo contrario jamás podría descansar. — Eso sería bueno. Espera, ¿era una sonrisa verdadera lo que July miraba en los labios de Killian?, eso la hacía sentir extraña y maravillosamente bien a la vez. Alex por su parte no se quedaba atrás, July le hacía experimentar cosas que nunca imagino, la chica frente a él era un prototipo diferente de persona al que estaba acostumbrado a tratar, era pura, sincera, expresiva... lo opuesto a su persona, tal vez eso fue lo que lo había llevado desde el principio a reñir con ella y días antes a protegerla. — ¿Dormirás, aunque sea un poco? — Trataré si con eso guardas silencio. — Pero lo harás ¿verdad? Killian suspiró y asintió, de todas maneras, no podía con la terquedad de la rubia. — Bien— sonrió la joven acomodándose un poco en la suave almohada. — Iré al sofá para que tú puedas... Y nuevamente fue detenido por su acompañante, quien jalándolo del brazo lo recostó completamente en la cama. — Hazlo aquí. — ¿Aquí? — Lo dices como si tuvieras miedo de compartir la cama— rió mirando el rostro fruncido del otro. — Yo no le temo a nada. — Demuéstralo. El reto al genio no le dejo de otra que quedarse, July sintió como el cuerpo de Killian se relajaba tras haberse despojado de su calzado y cubrir a los dos con las mantas, ahí fue cuando la chica percibió más notoriamente la fragancia que tanto le gusto antes. — Eras tú— murmuró ya medio dormida. — ¿Yo? — Aquello que huele tan bien, me gusta, me hace sentir segura. El ojiazul sonrió de lado, al parecer la rubia está hablando sin ser consiente, y la revelación le hizo sentir orgulloso. Giró entonces para mirar a la chica quien respiraba pausadamente como en esos últimos días y espontáneamente pensó algo impropio. — ¿July? — Mmm— respondió somnolienta. — Sé cómo puedes pagarme. — ¿Cómo?, solo espero que no sea mucho dinero, tardaría milenios en pagarte. El genio no hablaba de dinero. — Quiero algo... algo de ti. — ¿Qué es? Alex se acercó al oído de la rubia rozando la blanca mejilla con la punta de su nariz y murmuró algo que hizo a July abrir los ojos con un brillo intenso. — Si fuera otra persona y otra situación hubiera dicho que no, pero... está bien, lo acepto no solo porque te debo mucho, sino porque... me apetece desde el otro día en el elevador. Killian sonrió y sin aguardar más, se incorporó lo suficiente como para llegar hasta los labios de la joven que ya le esperaban entreabiertos y listos para disfrutar aquel "pago" que más bien parecía un deseo inconcluso entre los dos. Fue un beso lento y delicioso, fue uno de esos besos que quitan el aliento y que a pesar de la dulzura e intensidad dejaban deseando por más. July percibió el rubor en sus mejillas, sin embargo, no se atrevía a abrir los ojos para contemplar al otro, no en ese momento y menos cuando todo le daba vueltas y no precisamente por la enfermedad. — Buenas noches July. La aludida sonrió dejándose llevar por el exquisito sabor que dejo en su boca y el golpeteo rítmico de su corazón. — Buenas noches... Alex. Esa noche fue el comienzo de algo más, tal vez la barrera de miedos y caracteres había caído y aquel pago tan conveniente solo era principio de una historia bastante bella en el mejor capítulo de sus vidas.
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