Las gotas se deslizaban una tras otra sobre la lisa superficie de la ventana, desde hace tres días llovía sin parar e independientemente de los efectos que eso pudiera acarrear, él no podía ver más allá de lo que aquellas paredes le obsequiaban. Su hermano tuvo razón al darle aquel departamento, la vista y la calma que percibía eran únicas, no se habría imaginado que una simple construcción pudiera darle todo eso que necesitaba y más, convirtiendo lo que en un principio fue rechazo en un refugio aceptable que le proporcionaba quietud.
El aire libre que se respiraba en aquel lugar era diferente, sin igual, podía sentirse él mismo sin exponerse a mascaras frías que ocultaban lo que reglas y años de castigo habían empecinado en borrar. Sin embargo, el disfrute era momentáneo, o así lo creía él, ya que dadas las circunstancias no entendía porque había actuado de esa forma, no era que se jactara de ayudar a otros, su superioridad e infinito orgullo se lo impedían y esta vez lo hizo porque le había nacido quien sabe de dónde.
Sonrió a su reflejo, aun le costaba creer lo sucedido, no obstante, era tan real como él mirándose en la ventana; suspiró y tras cerrar los ojos se apartó de ahí, no necesitaba a su conciencia atormentándolo a cada segundo, haciéndole ver que tan "humano" se había comportado, o aceptar que era un tonto por auxiliar a alguien que lo precisaba y ya no quería recordar todo lo que Roderick le había inculcado acerca de carecer de sentimientos, había roto con el esquema, agregándole un motivo más para que el infeliz se retorciera en su tumba.
¿La razón?... la razón yacía ahí, recostada en su suave y amplia cama, durmiendo apaciblemente tras una fuerte fiebre y delirios inteligibles expresados con dolor; observaba a la chica que continuaba bajo el influjo del sueño profundo inducido por lo medicamentos.
— Idiota— le dijo, aunque verdaderamente supo que el calificativo era más para él que para ella.
No quedaba más que pensar o hacer, solo quedarse al lado de su cama y continuar mirando el bello rostro que en varios momentos le había abstraído al igual que una magnífica obra de arte, cuyos colores, matices y tonos contrastaban perfectamente con la austera decoración de su habitación. No podía darle nombre a lo que sentía, pero sabía que era algo novedoso, así que dejándose vencer por aquello que no comprendía en su totalidad dejo que su mano se deslizara por la tibia frente de la bella durmiente, comprobando que la fiebre por fin había bajado y que su descanso sería más prolongado y suave. El doctor de la familia sí que obró un milagro.
La sonrisa inconsciente de la joven ante las caricias le hizo imitarla sin siquiera importarle los miles de gritos y recriminaciones que su cabeza le lanzaba, no los atendería, esta vez no iba a apartarse de ahí como tantas otras veces durante esos días, permanecería junto a ella, acariciando o mirando embelesado si le apetecía, ya que era su decisión y contra sus decretos no podía nadie, ni él mismo.
Delineó las mejillas, los ojos cerrados mostrando sus largas pestañas, las finas cejas que terminaban con delicadeza y al final los labios semiabiertos y algo secos por la falta de líquido vital.
— Eres una chica muy mala ¿lo sabias?
Obtuvo un suspiro como respuesta y la confusión interna de haber dicho algo a quien no lo escuchaba, no era el tipo de persona de bellas palabras o acciones afectuosas, pero ahí estaba, disfrutando estúpidas cosas que eran ridículas a su ojo analítico de genio; el solo creía en las pruebas fidedignas, en todo lo que pudiera tocarse y mirarse con una crítica objetiva, aunque lo que hacía no se acercaba a nada de lo mencionado, creando al inicio un caos para terminar con una aceptación que comenzaba a formarse fuerte en lo que consideraba su vacío interior.
Así, mientras acariciaba las sedosas hebras doradas que esparcidas en su blanca almohada formaban algo bello, fue que rememoró los sucesos que lo llevaron a ese punto.
Hacía tres días que se habían encontrado, y la chica de nombre July apareció ante él, envuelta en desesperación y tristeza, muerta por dentro por motivos desconocidos, pero visiblemente importantes para ella; en medio del consuelo y después del fuerte abrazo que la sostenía, sin existir una razón viable, la conciencia de July se había desvanecido, provocando confusión y hasta temor en aquel que muchos creían que llevaba hielo en la sangre.
Estando en el estacionamiento de la universidad, con seriedad y no dispuesto a caer en un ataque de pánico, tomó a la rubia entre sus brazos y con agiles movimientos a pesar de su empapado cuerpo, llevó a la joven hasta su auto y partió del campus hacia ningún sitio en especial donde de pronto se dio cuenta que no sabía casi nada sobre la chica desmayada a su lado y como ultima y rápida alternativa, recordó su recién adquirida propiedad, siendo adecuada para tan repentina situación.
Llevó a su inesperada invitada a su departamento, donde haciendo uso de toda su caballerosidad, cambió y secó a July sin ver absolutamente nada para posteriormente recostarla en la cama, tenía un notable conocimiento sobre primeros auxilios por lo que al revisar la condición de la rubia descubrió que una altísima fiebre la había asaltado; tan rápido como pudo llamó a su doctor de cabecera, ese que en muchas ocasiones les había atendido a ambos hermanos debido a los golpes severos de su padre.
Con profesionalismo y discreción el maduro hombre revisó la salud de la chica y tras un ir y venir de medicamentos, fiebre o delirios incomprensibles, July salió al fin de ese cuadro, quedando entonces en la pasividad que en esos momentos Killian admiraba, y aunque seguía recriminándose, algo muy dentro de él le decía que había hecho lo correcto, mirándose a sí mismo acariciar la suave mano de la rubia que permanecía dormida, ajena a todo el proceso que se llevó a cabo por su causa.
— « Es gracioso» — pensó Alex cuando una pequeña sonrisa atravesó su faz —.« Que una persona tan molesta como tú de tantas complicaciones, pero aun así tenga tantas cosas por las cuales preocuparse».
Continuó acariciando la mano con gentileza, sin dejar de mirar el cuadro que tanto le... agradaba, no obstante, el momento se rompió cuando el timbre se escuchó. Depositando la extremidad de July sobre el colchón, Alex se dirigió a la entrada, regresando a mostrarse como el mundo lo conocía.
— ¿Puedo pasar?— inquirió Ed mirando a su señor.
Killian le dejó el paso libre a su hombre de confianza, el cual le traía un maletín n***o.
— ¿Trajiste lo indicado?
— Sí señor, todos los documentos que me pidió se encuentran aquí.
— Bien.
Sin mucha delicadeza Alex tomó el maletín abriéndolo y revisando lo que había mandado a pedir; por su parte Ed se dedicó a mirar a su alrededor, encontrando la chimenea encendida, así como una atmosfera de paz diferente a la percibida el día de la compra.
— Veo que le ha gustado señor, el joven Noa se encuentra muy entusiasmado al saber que ha estado aquí por tres días.
El castaño gruñó, había tenido que decirle a su hermano que se quedaría en el departamento, no podía decirle la verdad del por qué, habría sido demasiado para la imagen que el menor tenia de él.
— ¿Y cómo se ha sentido en su nuevo departamento, señor?
— ¿Cómo quieres que me sienta?. Contestó el ojiazul sin siquiera mirar a su guardaespaldas, quien entendió enseguida que su jefe no quería ahondar en el tema.
— Comprendo, me alegra que haya sido de su agrado.
Alex no dijo nada, sabía que podía confiar plenamente en Ed, aun así, no estaba listo para confiarle que se estaba haciendo cargo de una "gatita de la calle" que había salido con una fiebre altísima y reposaba tranquilamente sobre su cama; no, no lo diría ni aunque lo torturasen, sería un golpe demasiado grande a su ego.
— Ya puedes retirarte Ed, me mantendré en contacto con ustedes, sobre todo para estar al corriente con las terapias de Noa.
— Como guste, señor— aceptó Ed inmediatamente, deteniéndose antes de retirarse—. ¡Ah! sí, antes de que se me olvide, el doctor llamó y me hizo un comentario algo... extraño.
Killian miró nervioso a su guardaespaldas que habló libremente.
— Dijo que recordara los paños en la frente y que la dosis de ocho horas se recorriera a doce cuando la fiebre hubiese bajado, ¿tiene alguna idea de lo que significa, señor?
El médico era eficiente, tal vez el mejor que conocía, así que no podía culparlo de no aclararle que le informara a él personalmente en vez de llamar a la mansión, pero no lo admitiría.
— No, no tengo idea de lo que quiso decir, y en dado caso de que supiera, no te lo diría
— Entiendo, señor— Ed solo sonrió—. Le comunico que el joven Noa no está al tanto de eso, así que puede estar tranquilo.
Ed guiñó un ojo y tras despedirse salió del apartamento, algo sospechaba, sin embargo, no iba a hacerse ideas de algo que probablemente sabría después. Si su jefe deseaba privacidad, él lo respetaría... aunque no pudo evitar ver el cambio en sus ojos, que mostraban un brillo nunca antes visto y que evidentemente se mostró nervioso, algo bueno le sucedía y fuera lo que fuera se encontraba feliz por ese cambio.
Alex bufó ante la impertinencia de su guardaespaldas, sin poder enojarse realmente, Ed era lo más parecido que tenía a un confidente y lo agradecía de corazón, cuando el hombre salió dejó los documentos introduciéndose en la cocina para beber algo, aparentemente su hermano había pensado en todo, lo cual se dio cuenta en el momento que el médico atendía a July, había un amplio y surtido guardarropa, así como una alacena provista de comida; ambos eran genios, pero si él hubiera estado en el lugar de su hermano, habría dejado pasar por alto la alimentación y la vestimenta.
Noa era un ser muy importante para él, quizá la única persona que podía quererlo en realidad, no obstante verlo decaer y luchando para no seguir padeciendo le preocupaba, su hermano menor era la persona con la que había sufrido penurias y crueldades, lo era todo para él y pensaba que también merecía ser feliz.
Más en toda su vida no se imaginó que otro ser pudiera competir con eso que Noa poseía para dejar expuesto aquello que trataba de mantener oculto; la rubia que dormía en su habitación lo había hecho varias veces en cada una de las ocasiones que se habían topado riñendo sin motivo aparente. July era la culpable de que se sintiera extraño, pero a su parecer era una rareza aceptable pues al igual que el fuego en la chimenea, comenzaba a sentir su interior más cálido.
* * *
— ...solo faltan las últimas modificaciones del guion y la elección de Edmundo Dantes para que comiencen los ensayos, ¿qué le parece?
Dante estaba harto de la palabrería de la jefa de carrera, pero debía seguir sonriendo si quería la ayuda de la universidad.
— Sí, está bien lo que propone, solo hágalo.
— Estupendo— se emocionó la mujer al sentirse en libertad de elegir, dejando por fin solo al productor.
Cuando el italiano se sintió solo masajeo sus sienes para sentir la liberación de tensión, no se sentía muy bien, durante tres días las cosas no habían progresado casi nada y estaba comenzando a desesperarse. No era fácil estar en sus zapatos, mucho menos cuando estaba haciendo algo en lo que era sumamente inexperto, cada día le costaba mantener su sonrisa o adulación.
— Perdón, ¿interrumpo?— preguntó Grace al tocar un par de veces la puerta del despacho de la jefa de carrera.
— No, para nada.
— Venía a buscar a la profesora Victoria para... ¿le sucede algo, Dante?
Por alguna razón aquella chica era capaz de hacerlo sonreír en momentos de tensión.
— Solo estoy cansado, hay demasiadas cosas que hacer y tenemos una organización terrible.
En esos días mucho había cambiado para ambos, ciertamente no se conocían a fondo, pero estaba claro que entre ellos había nacido una extraña unión que solo ellos comprendían, lo que le hizo comprender a la chica que el joven necesitaba quien lo auxiliara.
— Tal vez pueda ayudarte en algo.
Al ojiverde le agradó las buenas intenciones de la pelinegra, necesitaba un enorme milagro y el capital de Killian para solucionar sus problemas.
— Gracias, pero ya lo solucionaré de alguna manera.
El suspiro cansino del mayor le indicó que el chico se encontraba seriamente exhausto, por ello y sin inhibición alguna, tal como su espontaneidad se lo dictaba, cerró la puerta y caminó hasta Dante dándole un masaje en los hombros que el italiano agradeció.
— Mmm, tienes las manos más maravillosas que alguna vez he sentido en mi vida.
— ¿Enserio?— murmuró la chica, sintiendo sus mejillas arder por el cumplido.
— Sí, y de ser por mi te tendría como mano dere... espera un minuto— agregó el muchacho tomando la mano de Grace para sentarla en la silla—. Se me acaba de ocurrir una gran idea.
— ¿Sí? ¿De qué se trata?— ella no entendía, pero debía ser bueno si los ojos de Dante brillaban de esa manera.
— Necesito un asistente.
— Es una excelente idea— el italiano tomó las manos de la ojivioleta y se acercó más de la cuenta.
— Grace, pediré esto, aunque no tienes que aceptar si no lo deseas, yo sé que quieres actuar, aun así, de todas formas preguntaré... ¿querrías ser mi asistente?
La pelinegra parpadeó un par de veces mientras el extranjero aguardaba una respuesta.
— Dante yo no soy asistente, no sé si verdaderamente te sea de ayuda y...
— Lo harás bien, en nadie podría confiar algo como esto, créeme, me estarías salvando la vida... te necesito.
Grace no pudo evitar sonrojarse, las palabras de Dante habían hecho eco en su corazón que de un momento a otro latió con bastante fuerza, por lo que no pudo negarse.
— Está bien, acepto ser tu asistente.
Sin embargo, la pequeña no se esperó el efusivo abrazo de Dante y los cientos de besitos que le daba en la mejilla agradeciéndole a todo pulmón la ayuda, tratando de negar el contacto que la estaba poniendo totalmente roja volteó para pedirle que por favor se tranquilizara, provocando que sus labios se tocaran por accidente, haciendo que el chico se separara rápidamente.
— Yo...
— Perdón, fue un accidente— aclaró Grace al ver al italiano apenado por su comportamiento.
Entre más rápido ella pusiera una distancia entre los dos más rápido dejaría de respirar agitadamente o de pensar que los labios de Dante eran realmente apetecibles como para desperdiciarse en un simple roce.
— Debo regresar a clase, te... veré en el almuerzo para ponernos de acuerdo.
— Sí, nos vemos más tarde.
Algo creía con velocidad y se estaba fraguando sin muchos inconvenientes, haciendo de cada momento único e irrepetible, no obstante, pasaría algo de tiempo para que uno de los dos aceptara lo que ya era un hecho dentro de su corazón.
* * *
Ed movió la torre dos espacios a su derecha, mientras Noa tomó su alfil y lo guío con estrategia hasta la reina.
— Jaque—indicó el azabache.
— Buen juego señor, pero... debería estar en sus terapias— expresó apenado el guardaespaldas.
— No hablemos de eso. El tono enfado de muchacho no detuvo a Ed de olvidarse del tema.
— Usted sabe que necesita su rehabilitación, han pasado tres días desde que les negara la entrada a los fisioterapeutas, ¿de verdad cree que es lo mejor?
Noa gruño enfadado, mientras se comía al rey de oponente.
— Estoy haciendo lo que creo que es mejor para mí; jaque mate.
— Su hermano está preocupado ¿Sabe que los terapistas ya le dijeron?
— Era de esperarse, están preocupados por su dinero.
— Quizá, sin embargo, no se quejaron de las terapias, se quejaron de su comportamiento.
— Es que no se saben una nueva... Alex debe saber que no voy a volver a admitir a esos idiotas otra vez en la casa, así que si quiere pagarles de a gratis que lo haga.
— Entonces le informaré cuando lo vea, aunque... no debería permanecer tanto tiempo sin terapias, sus músculos podrían...
— ¡Ya lo sé!— gritó exasperado el muchacho intentando dejar de lado el tema.
— De acuerdo.
— Lo siento Ed, no quise gritar, pero te preocupas más de la cuenta.
— Por supuesto, es porque me importa su salud, señor.
El chico elevo la mirada solo lo necesario para contemplar la faz de su guardaespaldas, y no pudo negar que su preocupación era genuina, porque Ed era una especia de amigo protector que siempre ayudaba cuando lo necesitaba, así que asintió y se reclino en su silla ya más calmado.
— Está bien, buscaré a otros "incompetentes".
— Excelente, señor— sonrió el custodio, al saber que se había salido con la suya.
— A cambio quiero pedirte un favor.
— Dígame.
— He estado pensando y ya sé que es lo que quiero para distraerme.
— ¿De qué se trata, señor?
— Bueno, cuando tenga mejor estructurado mi plan y pueda llevarlo a cabo, te lo diré.
El azabache se rió sabiendo que había frustrado la curiosidad de Ed, quien por su parte solo suspiró, ambos Killian estaba tomando rumbos diferentes y él estaría presente para verlos convertirse en personas distintas a lo que las convicciones de Roderick habían impuesto.
— Lo apoyaré en lo que decida, señor Noa
— Gracias Ed.
* * *
Sentía el cuerpo mitad cortado, mitad pesado y si agregaba el hecho de que le costaba abrir los ojos la situación se volvía cada vez más extraña, así que haciendo uso de todo su esfuerzo abrió los parpados enfocando una leve luz que le hizo pestañear; las mantas que la cubrían la proveían de un calor agradable, por lo que solo pudo sumergirse aún más en la almidonada almohada que sostenía con bondad su adolorida cabeza.
Todo parecía estar en paz, ningún ruido, sin nada que pudiera preocuparla o exaltarla, sin embargo, para una persona como ella que jamás tenía un momento de descanso, se sentó en la cama observando un lugar muy peculiar, el color, los cuadros e incluso el gran espejo de plata no se parecían a nada de lo que tenía en su pobre habitación, por ello abrió los ojos con gran espanto, levantándose bruscamente del lecho solo para caer de rodillas.
— ¿En dónde estoy?— se cuestionó July.