July no tuvo que indagar demasiado para adivinar de quien se trataba la visita, por eso en cuanto Gabriel se apartó del camino, pudo mirar a la personita más hermosa del mundo. — ¡Matt! — gritó prácticamente corriendo hasta dónde el pequeñín de cinco años la esperaba con un inmenso ramo de flores, tan grande que resaltaba sobre su abundante cabellera azabache. El niño, en cuanto escuchó la voz de la rubia, dejó caer el obsequio, corriendo a los brazos de aquella mujer que tanto quería. — ¡Mami July! — exclamó, siendo abordado por un millón de besos y un abrazo muy fuerte. No hubo palabras para ese momento, simplemente era perfecto y los presentes lo sabían, el amor maternal que July le profesaba a Matt era a extraordinario. — Mi lindo pequeño, ¿cómo estás? — Ya no soy un pequeño— ref

