—Basta —murmuró July entre divertida y dormida. —¿Basta?, ese juego no lo conozco—pronunció el otro, continuando con lo que hacía. —Pues es un juego bastante divertido, por cierto. —¿En serio?... no lo recuerdo. —Es porque no es s****l. —¡Ah!, entonces no me interesa —la rubia río, desistiendo de detener a su amante. —Alex, son las siete y media de la mañana... ¿no podrías dejarme dormir, aunque sea diez minutos más? El castaño, quien se deleitaba aprisionando y mordiendo a su amante, negó rotundamente. —No, no quiero dejarte dormir. —¿Acaso eres de piedra? —Pues...tú dime si soy de piedra—dijo, arrimándose. —¡ALEX! —riñó la joven, escuchando la carcajada del hombre a su lado—, eres incorregible, ¿lo sabías? —En dado caso tú también lo eres. July se rindió a las palabras del

