Habían pasado varios meses desde el sepelio de Serena Killian, todos continuaron lo mejor que podían sus vidas, en especial aquellos que se encariñaron con la fallecida muchacha. — Naya, pásame eso por favor. La nana le extendió el pañal que la joven pedía, July agradeció y después miró al bebé que la seguía muy de cerca con sus grandes ojos expresivos. — Muy bien, señorito Matthew, ¿va a dejarse cambiar el pañal por las buenas?, ¿o tendré que usar la fuerza? Obtuvo una brillante carcajada por parte del acusado quien se movía con bastante ligereza y diversión. — Está bien señorito, usted se lo buscó— acuñó dirigiendo una de sus manos a los piececitos desnudos del niño y aplicando sus amplios conocimientos sobre el cuerpo humano, hizo sentir cosquillas al infante quien rió más que ante

