CAPITULO XVII

1486 Palabras
🐺 ALDRIC 🌕 No debió decirlo.No en esa lengua. No frente a mi manada. La escucho otra vez en mi cabeza mientras los lobos caen de rodillas uno tras otro. “Velkaris nox sanguen.” Despierta, sangre de la noche. Mi estómago se contrae. “Aethera ven mor’kai.” Espíritu ancestral, acude al llamado. El viento se mueve como si hubiera respondido. Y luego… “Kaelis… thren vael?” ¿Cuál es mi verdadero nombre? No es un idioma que se enseñe. No es una lengua que se improvise. Es antiguo. Anterior a la división. Anterior a nosotros. Veo cómo casi toda la manada inclina la cabeza. Algunos se arrodillan. Otros tiemblan. Es inconcebible. Son mis lobos. Mi sangre. Mi territorio. Y aun así… Muy dentro de mí, mi propio lobo se inclina. No físicamente. Pero lo siento. Ese impulso primitivo de bajar la cabeza ante algo mayor. Lo aplasto. Lo reprimo. Riven lo nota. Lo sé porque me mira con algo que se parece demasiado a acusación. Como si mi vacilación fuera traición. No. No voy a permitirlo. Doy un paso hacia la plataforma y la arranco de ahí antes de que el silencio se convierta en culto. Ella se resiste. Golpea mi hombro. —¡Suéltame! No lo hago. La cargo sobre mi hombro sin delicadeza. Su cabello me golpea la espalda. Siento el calor de su piel aún vibrando con ese maldito brillo que empieza a apagarse poco a poco. Necesito respuestas. Y solo una persona puede dármelas. La bruja. La charlatana. La mujer que siempre consideré una superstición tolerada. Maldición. Riven se mueve a mi espalda. —¡Bájala, Aldric! Intenta sujetarme del brazo, pero lo aparto con un movimiento brusco. —No la toques. Caelan va a nuestro lado. —Lía, escucha… —Creí que había sido clara cuando dije que no quería que me trataran como un juguete —escupe ella, aún sobre mi hombro. Riven responde de inmediato. —Pues deja de comportarte como una loca. ¿Qué demonios tenías en la cabeza? Ella se incorpora lo suficiente para mirarlo. —¿Qué demonios tenías tú? ¿Cómo te atreviste a vestirme como un pedazo de carne que se te va a servir sin preguntar? Silencio tenso. Caelan exhala. —Perdónalo, Lía. Debí imaginar que haría algo así. Me detengo en seco. —Cállense los tres —gruño, la voz más grave de lo normal—. Estoy perdiendo la paciencia. El brillo en su piel permanece pero más tenue. Bien. Necesito que desaparezca. —Sabes que puedo caminar, ¿no, gigantón? —dice con sarcasmo. Gruño cuando me llama gigantón. La bajo de mi hombro, pero no la libero. Mi mano sigue cerrada alrededor de su brazo. Está tibia. Demasiado tibia. —Entonces camina —le digo, tirando de ella hacia el bosque. Riven viene detrás, todavía furioso. Caelan intenta mantener la calma, como siempre. Pero el caos nos sigue como una sombra. El brillo en su piel se desvanece paso a paso. Lo observo sin querer hacerlo. La luz plateada que antes parecía surgir de debajo de su carne ahora se extingue como brasas al final de una hoguera. Bien. Que desaparezca. Que vuelva a ser solo humana. Avanzamos entre los árboles. La tierra está húmeda y el bosque nocturno respira con nosotros. El olor cambia a medida que nos alejamos del claro. Ya no es humo y testosterona. Es musgo. Raíces abiertas. Resina fresca. Y algo más. Algo viejo. Cuando la casa aparece entre los árboles, mi mandíbula se tensa. Nunca me ha gustado este lugar. Es una estructura baja de madera oscurecida por el tiempo. El techo inclinado está cubierto de musgo espeso. Ramas secas y amuletos cuelgan sobre la puerta como advertencias. Pequeños frascos balanceándose con el viento. Huesos atados con cuerda roja. Plumas negras. El olor es insoportable. Salvia quemada. Hierbas trituradas. Cera derretida. Y debajo de todo eso… Sangre antigua. Lía también lo huele. Lo noto en cómo su respiración cambia apenas. —Esto es ridículo —murmura. No respondo. Porque no lo es. La puerta se abre antes de que toque. Odio eso. Odio que siempre sepa cuándo llegamos. La oscuridad dentro es densa, apenas iluminada por velas bajas. El humo dibuja espirales en el aire. Y entonces su voz sale desde el interior. Rasposa. Serena. —Sabía que volvería con ella antes de que la noche terminara, Alfa Aldric. Aprieto los dientes. Riven se mueve inquieto detrás de mí. Caelan guarda silencio. Yo no inclino la cabeza. No ante ella. No ante nadie. —Explícame qué demonios fue eso —exijo. Detesto este lugar. Detesto el olor. Detesto la forma en que las velas parpadean aunque no haya viento. Y sobre todo, detesto cómo ella siempre habla como si supiera más de lo que está dispuesta a decir. La vieja aparece desde la penumbra, apoyada en su bastón torcido. Sus ojos no me miran a mí. La miran a ella. Y sonríe. —Lía Moreno… —dice con una inclinación leve de cabeza, como si saludara a alguien de rango superior—. La Luna ha posado su mirada sobre ti. Me concede, por fin, el privilegio de conocerte. Sabía que mi vida no se extinguiría hasta presenciar el cumplimiento del antiguo designio. Aprieto la mandíbula. Otra vez. Acertijos. Siempre acertijos. —¿Qué está pasándome? —pregunta Lía. Hay algo distinto en su voz. No es sarcasmo. Es urgencia. Lo noto. Y me incomoda. La bruja no responde de inmediato. Se mueve con una lentitud irritante. Pasa a mi lado como si yo fuera parte del mobiliario. Y entonces lo hace. Un destello casi imperceptible. Un pequeño cuchillo. Un corte rápido en el dorso de la mano de Lía. Ella se queja. El olor a sangre llena la habitación. Todo en mí estalla. Riven ruge primero. —¿Cómo osas lastimarla? Su rabia es un reflejo exacto de la mía. Pero yo no hablo. Yo me muevo. Un paso al frente. Mi cuerpo ya está listo para romperle el cuello a la anciana si es necesario. Caelan llega antes que yo a Lía. Arranca un pedazo de su propia camisa y envuelve la mano herida con movimientos firmes. —No vuelvas a lastimarla —dice. Su tono no es alto. No es teatral. Es peor. Es frío. Nunca lo había escuchado así. La bruja, mientras tanto, recoge con absoluta calma la sangre que quedó en la hoja del cuchillo y la deja caer dentro de un pequeño frasco de vidrio oscuro. Una gota. Dos. Tres. Mi pecho se oprime. Es una sensación nueva. Desagradable. Como si algo se retorciera detrás de mis costillas al ver la sangre resbalar por su piel. No es solo instinto de alfa. Es otra cosa. Algo más profundo. Más posesivo. La bruja alza la vista. —Serenidad, alfas. Han venido por respuestas. Intentaré ofrecerles solo aquellas que la Diosa me permita revelar. Odio cuando menciona a la Diosa como si estuviera susurrándole al oído. —Habla de una vez —dice Lía, impaciente, aún con rabia en los ojos—. Estoy perdiendo la paciencia. La anciana la observa con una intensidad que me incomoda. Luego habla. Pero esta vez no suena como una loca murmurando al viento. Su voz se vuelve clara. Grave. Antigua. —Luz y sombra. Instinto y eternidad. Carne que cambia bajo el cielo y sangre que desafía al tiempo. Dos herencias nacidas de una misma Madre y separadas por ambición y temor. El aire se vuelve más pesado. —Dos territorios divididos, convencidos de su supremacía. Dos linajes que olvidaron su origen común. Mi estómago se contrae. —En el centro de esa fractura nace el vínculo. No como mezcla impura… sino como restauración. Aquellos que han perdido su alma en la búsqueda de poder regresarán para reclamar redención. Y los guardianes de la noche —sus ojos se endurecen levemente— llamarán aberración a lo que no logren comprender. Riven se queda inmóvil. Caelan también. Yo no parpadeo. —La guerra no es posibilidad —continúa—. Es consecuencia. Ya ha comenzado en el momento en que la Luna respondió. Mi pulso golpea con fuerza. —Y el instrumento ha sido revelado. No para destruir… sino para doblegar el orgullo de ambos reinos. Instrumento. Mis manos se cierran en puños. —¿La estás llamando arma? —mi voz sale más baja de lo que esperaba. La bruja me sostiene la mirada. —La estoy llamando equilibrio. Silencio. El frasco con la sangre de Lía parece más oscuro ahora. Más denso. Y por primera vez desde que entramos… Entiendo algo que no me gusta. No es solo que la manada se inclinara. No es solo que la luna la reconociera. Es que si esto es cierto… No podremos ocultarla. Y si no podemos ocultarla… Vendrán por ella. Y no estoy seguro de qué lado querrá reclamarla primero.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR