Su hermano prefería ser un fénix, pero para Ángel ahora con dieciséis años después de su padre nadie merecía más que Asher ser el portador del dragón, de niños Ángel se burlaba de él diciéndole hermano acéptalo, serás el portador, no te queda de otra- con su sonrisa de oreja a oreja y una mirada aguda y penetrante obligaba a Asher a doblegarse, pero actualmente Asher ya no estaba.
Levantó la vista y repasó todo el salón, observó la expresión en el rostro de los presentes, los enormes candelabros de cristales que colgaban en el salón reflejaban la luz e iluminaban aún más cada rincón, rostros asombrados, otros con miradas destellantes llenas de frialdad y reproche, mientras algunos miembros de la familia no podían con la tristeza, Lady Marian estaba desconcertada y el rostro lleno de surcos por la avanzada edad del consejero Marcus Perce dejo de mostrar el orgullo con el que habló hace unos minutos y ahora solo mostraba decepción , Sir Edward le dió la más fría de las miradas eran agujas penetrantes que se le clavaban en el pecho, no se atrevió a ver a su madre, en un gesto de humildad hacia los presentes solo agachó la cabeza en una leve reverencia a modo de disculpa, no se arrepiente ni se avergüenza de lo que dijo, pero les debe respeto y devoción a los súbditos que dirigirá en el futuro en nombre de su hermano.
“Padre, madre, lamento el mal rato que en mi inmadurez e imprudencia les he hecho pasar, tío Marcus, también deseo de corazón que su sueño de ver con sus propios ojos al portador se haga realidad, llevaré a cabo mi rol como heredero con honor y dedicación, no defraudaré a mi pueblo, me haré digno de ser su representante, padre, tienes razón no importa quién sea el portador siempre y cuando sea para gloria del reino, trabajaré duro para ser llamado con dignidad tu hijo y llenar de honor y orgullo a nuestro clan, pero también quiero aclarar que no desistiré de mi hermano, mientras no tenga su cadáver frente a mí él sigue con vida”.
Habló con firmeza y convicción, arrogante y frío, debido a su edad su voz no era tan grave como la de su padre, pero aun así no carecía de fuerza, al terminar de hablar nadie podía despegar sus ojos de él, su espalda erguida, mirada altiva y penetrante, un rostro con expresión insondable, nariz delgada y mandíbula pronunciada, labios carnosos y masculinos, largas y pobladas pestañas al final de sus parpados mientras un par de cejas oscuras y estilizadas se erguían sobre sus ojos azul violeta, esos ojos y su cabello n***o que resaltaban aún más debido al blanco tono de su piel, hombros y espalda ancha, brazos y piernas increíblemente tonificados podían verse a través de su traje, por su postura se podía deducir lo firme y bien formado que están su abdomen y pecho, ha entrenado su cuerpo bajo un duro régimen desde los cuatro años, su estatura aun no iguala el 1.87 mts de su padre, pero su presencia ya es igual de opresiva y abrumadora, Sir Edward tiene razón, padre e hijo tiene la misma aura, tan imponentes, tan intocables e inalcanzables.
Los suspiros de las damas se comenzaron a escuchar por todo el lugar, el ambiente tenso de unos minutos atrás cambió de inmediato a un aire juguetón y relajado gracias a las ricitas tímidas y embelesadas de las jovencitas y las mejillas sonrosadas y coquetas por la típica vergüenza del primer enamoramiento que tiñeron de rosa el enorme salón del banquete.
“Damas y caballeros, estamos presenciando el incomparable poder de una cara bonita que puede tornar el ambiente de hostil nebulosa al más brillante de los atardeceres, con arco iris incluido”.
Lady Marian no pudo contenerse de hacer semejante comentario, continuó diciendo “querido sobrino lamento decirte que tu hijo te ha vencido en un campo en el que jamás pensamos que tendrías rival", haciendo alución a que el chico resulta mas encantador y roba corazones que su padre.
Las carcajadas por parte de los presentes no se hicieron esperar, al rey Ryuk le molestó la falta del uso de honoríficos por parte de la dama al dirigirse a él, pero le encantó la idea que el prospecto en cuestión era su propio hijo, carne de su carne, una hermosa combinación producto de su unión con la mujer de su vida, su único y gran amor, ¡qué resultado tan magnifico! Pensó, sus dos hijos poseen una belleza y encanto únicos.
Aprovechando la conmoción se acercó discretamente a la reina y tomándola suavemente por la cintura le susurró al oído: “yo lo hice”, en un segundo la reina Alessa pasó a ser una más de las damas con mejillas rosadas incandescentes, era imposible para su piel lechosa ocultar su vergüenza y timidez, sus ojos negros se expandieron con asombro y apenas pudo levantar su mano para cubrir su boca, había olvidado que su imponente esposo podía ser un completo desvergonzado, ese era un lado de él que solo ella y desde luego Sir Edward conocen.
Al joven príncipe no le importaron los comentarios ni la multitud de rostros que le regalaban sonrisas coquetas y miradas soñadoras, ha pasado por este tipo de situación tan odiosa para él desde que tiene uso de razón al grado que se acostumbró y aprendió a ignóralo, dejó salir un largo suspiro y comenzó a mover su nuca de izquierda a derecha para liberar la tensión que acumuló en tan estresante momento, podía escuchar como sus huesos de cuello y nuca tronaban en cada movimiento, tomo aire en un profundo respiro, cerro sus ojos y exhaló con los labios entre abiertos.
“Cambia ese semblante de hielo muchacho, hoy es un día de celebración, ¿por qué no le hechas un ojo a todas las damas de la corte? ve a bailar y elige una novia” - Una mano áspera y enorme le sacudió el hombro izquierdo, era Sir Edward.
“Ya va siendo hora que dejes de tener solo a tu hermano y a tus deberes en tu cabeza, ¿quieres que te ayude a elegir? Soy buen casamentero si no me crees mira por allá”.
Lo tomo por los hombros y lo giró hacia el lugar que le señala con un gesto poco ortodoxo de su boca y vió su a su padre el Rey mientras tomaba de la mano a la reina y le ofrecía un cómodo asiento en la mesa principal, este hombre rudo de 1.90 mts que con mover una mano pone a temblar la tierra estaba tratando de animarlo, su maestro y mentor en artes de defensa y lucha que durante sus jornadas de entrenamiento hizo que le dolieran huesos y músculos de de su cuerpo que no sabía que tenía, la esquina de su boca subió en una ligera sonrisa lateral marcando un hoyuelo en su mejilla, su mirada se ablandó al observar a sus padres.
¡Jajajá, ve a jugar muchacho! Insistía Sir Edward.
“Edward deja al chico en paz, lamento decirte que a él no lo vas a sonsacar como hiciste conmigo”.
El Rey Ryuk vino al rescate de su hijo mientras les daba una sonrisa y sacudía su cabeza en desaprobación.
- ¿Llamas sonsacar a más de veinte años de matrimonio? Mi Reina, tu esposa, te acaba de escuchar, - le replicó a su gran amigo mientras hacia hincapié en la frase “tu esposa”.
Rápidamente el Rey giró su rostro hacia la reina, Alessa golpeteaba con sus uñas la mesa con el ceño fruncido y los labios apretados y miraba fijamente a los dos hombres, con una expresión divertida y despreocupada Ángel le susurró a ambos – creo que “alguien” no dormirá en su alcoba esta noche.
El rey lo fulminó con la mirada, y habló alzando la voz –“sabes Edward creo que tienes razón, ya es hora de buscarle una prometida al príncipe, aprovecharé esta ocasión para hacer el anuncio, esta noche, hijo mío, sales de este salón con una futura esposa”
¡¿Qué?! Gritó Ángel con asombro mientras sentía que la sangre de su cabeza bajaba hasta sus pies.
“¿Una prometida para el príncipe? Alessa, mi Reina ¿quieres que organice en este momento a todas las doncellas para la selección?”.
La entrometida Lady Marian solo alcanzó a escuchar la última parte de la conversación, no supo distinguir entre una broma y la realidad en las palabras del Rey, esperaba emocionada con un brillo expectante en sus ojos negros la respuesta de su sobrina.
La reina Alessa con una sonrisa y expresión nerviosa mientras agitaba sus manos en el aire –“Lady Marian, querida tía, eso no será necesario, el matrimonio del príncipe es un asunto cuya discusión no estaba programada para esta noche, además al igual que nosotros, sus padres, el será libre de escoger a quien su corazón"le indique”.
"Ohh”, expresó la mujer algo decepcionada, - “que lástima, hace tiempo que no tenemos una boda en el reino”.
La sangre volvió al rostro de Ángel, todavía no estaba al mismo nivel de estos dos zorros, por lo que queda de la noche no volverá a meterse con ellos.
La fiesta trascurrió sin más percances, por la mañana le había prometido a su madre que al menos tendría tres piezas de baile con tres damas de la corte así que hizo uso de su astucia y muy a su manera cumplió su promesa.
Abrió el baile con la reina en sus brazos, su siguiente baile fue con Lady Marian quien sonreía de oreja a oreja, altanera y orgullosa de tan magnifico espécimen de su clan y su tercer pieza de baile la compartió con Dahlia Targa, joven doncella de quince años, hija menor de Sir Edward, ojos miel brillantes y boca pequeña con labios delgados color rosa, un rostro delicado con cabello largo ondulado color rojo fuego, una belleza, la jovencita no podía despegarle los ojos y sentía fuego en la piel de su cintura donde Ángel tenía su mano mientras bailaban, era un sueño hecho realidad.
Su hermano Einar le advirtió que debía mantener un perfil bajo frente al príncipe, conocía muy bien a su amigo y sabe que no lo pensaría dos veces en soltar una frase cual rayo para ponerla en su lugar si demostraba exceso de emociones hacia él, la lengua afilada de Ángel sumada a su expresión dura y arrogante haría añicos el corazón de su hermana, la joven tomó a bien las instrucciones de su hermano y se limitó a verlo y sentir el aroma que emanaba de su cuerpo, disfrutó al máximo de esos pocos minutos que duró la melodía sin decir una sola palabra.
Al terminar la pieza musical la joven pareja se separó, se hicieron una reverencia mutua, la chica tenía una en su rostro una discreta sonrisa, al levantar el rostro Ángel le devolvió el gesto.
¿Einar está en Altrara? le pregunto Ángel en tono amable.
“Sí, se encontrará con papá en Mullehn en un par de días”- le respondió Dahlia con un tono suave y tímido.
“También iré a Mullehn, lo veré allí entonces”.
Ángel puso su mano derecha en su pecho y se inclinó levemente despidiéndose así de la chica, dio la vuelta y caminó hacia la mesa principal donde lo esperaba un asiento al lado izquierdo del Rey, no bailó con nadie más en lo que quedó de la noche.
La joven Dahlia se quedó absorta por un minuto, su cuerpo temblaba, la alegría que sentía se le desbordaba por cada uno de sus poros.
“Dahlia, hija”- la ronca y grave voz de su padre sonó tras de ella.
“Hija, ¿estás bien? ¿ese mal humorado te intimidó?”
Sir Edward no pudo evitar interrogar a su hija al ver el estado en el que se encontraba, temblaba indefensa como liebre a punto de ser cazada.
¡Padre! Exclamó llena de euforia con lágrimas corriendo por sus ojos, mientras sonreía mostrando sus perfectamente alineados dientes.
“Hoy ha sido el día más feliz de mi vida, no solo baile con el príncipe, también fue amable y educado, no me ofendió en ningún momento, preguntó por mi hermano y dijo se reunirá con él en Mullehn, ha sido un sueño hecho realidad”.
“Mi pequeña”- la atrajo a su pecho y la abrazó con fuerza, el hombre sentía compasión por ella, amaba a su pequeña, pero sabía muy bien que el príncipe tan duro e impenetrable cual pared de acero no era el indicado para su hija.
En su camino hacia la mesa el príncipe fue retenido en saludo por varios mandatarios, la reina observaba a su hijo mientras pensaba en la forma que cumplió su promesa.
"Me volvió a engañar, le dije tres piezas de baile con damas de la corte, la próxima vez tendré que especificar que damas de la familia no cuentan, que bribón".
Una sombra de preocupación cubrió su semblante, el Rey Ryuk percibió su cambio de humor.
¿Te preocupa tu sueño? Le preguntó tomando su mano y dándole un beso en el dorso
“Me preocupa su silencio”- respondió.
Antes de ser la reina, Alessa ya poseía un estatus privilegiado en el clan Kent, siendo la hija del jefe de la segunda rama del clan poseía una habilidad única, sus sueños proféticos ayudaron a contrarrestar todo tipo de tragedias como fenómenos naturales y también a señalar acontecimientos de júbilo que incluían a todos los clanes, es una especie de sacerdotisa, pero nunca quiso ser reconocida como tal, el único titulo que aceptó es ser reina y esposa del hombre que ama.
Un sirviente se acercó a la reina y le informó: “Su majestad, ya está todo preparado en las terrazas, en unos minutos el cerezo sagrado estará en su esplendor, la luna roja está brillando en el cielo y pronto asomará su reflejo en el lago”.
Ella asintió con su cabeza. – “informen a los presentes que pueden pasar a las terrazas.”
“Sí su majestad”. El sirviente se retiró.
Los invitados se dirigieron a las terrazas para presenciar el gran evento, grandes pilares de mármol sostenían los arcos que adornaban el acceso, pisos de azulejos y mosaicos grises y negros tapizaban el suelo, una suave brisa fresca agitaba los cabellos de las damas que se esmeraban por reacomodar sus peinados, la noche era refrescante y clara, el gran evento estaba por comenzar, la familia real se ubicó en el podio preparado especialmente para ellos, la vista era esplendida, el palacio se erguía al norte del lago Vysnia con la ciudad de Drákan a sus pies, la ciudad rodeaba el lago y se podían observar las luces destellantes de los cálidos hogares de los diez clanes, en el centro del lago un único tramo de tierra de apenas setenta metros cuadrados que se conectaba a tierra firme por un camino empedrado, el suelo estaba cubierto de pasto verde y sobre el reposaba un enorme y frondoso árbol de cerezo, parte de sus su raíces se enredaban alrededor de un enorme bloque de mármol pulido, el Gran Vysnia le daba su nombre al lago, de más de 40 metros de alto, este se erguía imponente y el diámetro de su tronco era de casi 25 metros, gruesas raíces sobresalían de la tierra y se unían al tronco, algunas de sus ramas caían hasta tocar el suelo y otras reposaban sobre el lago, el gran guardián de cinco mil años del lago Vysnia, el árbol sagrado del clan Kent.
La luna roja teñía de escarlata el cielo que con el velo nocturno color magenta creaban un ambiente más solemne, en su paso ascendente en el cielo la gran luna roja daría inicio a un evento sin precedentes que se ha repetido en la misma fecha los últimos dieciséis años.
“¡Está comenzando! ¡miren el lago!”
El reflejo de la luna roja se abría paso en el espejo del lago en dirección a la isla del cerezo, las caras de asombro y las exclamaciones se escuchaban por todo el lugar.
“ ¡La luz de la luna ya llegó al Gran Vysnia!” Gritó una joven doncella, de pronto el árbol comenzó a tomar vida, al paso de la luna sus ramas comenzaron a florecer con capullos que poco a poco se abrían y se extendían al viento, el árbol de hojas verdes se tornaba rosa, las hojas secas caían en el agua y en el suelo en un efecto dominó, el aroma dulce y delicado se extendió por toda la ciudad con ayuda del viento, la luna llegó a su máximo punto en el cielo y el Gran Vysnia mostraba todo su esplendor, la floración lo hacía ver más enorme Y majestuoso.
Todos asombrados aplaudían en regocijo, los bitares no se hicieron esperar - ¡larga vida al príncipe Ángel!, ¡larga vida al Rey Ryuk!, ¡larga vida a la Reina Alessa! ¡paz y prosperidad para Drákan!
La primera vez que este evento sucedió fue la noche en que el Príncipe Ángel nació, desde entonces el Gran Vysnia florece fuera de temporada por una única semana al año, es una de las famosas señales de la que el viejo Marcos Perce hablaba.
¡Esperen, ¿Qué está pasando? ¿Qué es eso?!
Del fondo de la tierra bajo las raíces del Gran Vysnia emergía una poderosa y brillante luz que lo iluminaba de la base hasta la punta de su copa, el viento cesó por un momento y un silencio opresor se hizo presente, el viento apareció una vez más agitando las ramas del árbol, una ráfaga de pétalos que parecía tener vida propia se dirigía al podio, el temor se apoderó de la terraza, el Rey tomo en su abrazo a la reina mientras los guardias se formaban en posición de defensa frente a ellos, el joven príncipe estaba cubierto en sudor, su cuerpo temblaba y tenía una terrible expresión de dolor en su rostro, cerraba violentamente sus ojos una y otra vez mientras apretaba su mandíbula para soportar el desgarre que estaba experimentando, sentía que su cuerpo estaba siendo consumido por llamas y ese calor se abría paso por sus huesos, no podía moverse.
La ráfaga de pétalos se detuvo flotando en el aire en una suave danza frente a la pareja real, el dulce aroma de las flores bañó a todos en la terraza, la reina Alessa en un movimiento lento y delicado soltó el abrazo del Rey, la ráfaga de pétalos rodeó su cuerpo con elegancia sin llegar a rozar sus ropas.
Una voz delicada y suplicante de mujer se escuchó, sus palabras estaban dirigidas a la Reina:
¡Pronto, diles, despiértame a mí también, ayúdame a abrir mis ojos!
Los pétalos que hace un momento danzaban al alrededor de la reina ahora rodeaban el cuerpo del príncipe que seguía sin poder moverse y el aire comenzaba a faltarle.
El viento se paró, el movimiento ondulante de los pétalos en el aire se detuvo violentamente dejando caer los pétalos al suelo.
El dolor en el cuerpo del príncipe también se detuvo, tomó bocanadas de aire mientras su pecho se movía agitado.
Una sonrisa gentil apareció en el rostro de la Reina, tomando de la mano a su esposo dirigió sus pasos hacia su hijo.
“La noche anterior a ésta he tenido un sueño que se ha repetido los últimos ocho años, en mi sueño un bebé dragón de ojos azul violeta jugaba con mi cabello, entraba y salía entre mis mechones sueltos y sentía su caminar por mi espalda y yo reía de felicidad, de pronto el bebé dragón creció, extendió sus alas y se enredó en las ramas de un árbol de cerezo, se paseaba por sus ramas y aumentaba de tamaño en cada vuelta hasta que llegó a ser más grande que el árbol, su cabeza sobresalía de la copa y su cuerpo estaba alrededor del tronco , ya no estaba jugueteando entre sus ramas, lo estaba rodeando y protegiendo en un abrazo".
La Reina extendió su mano para acariciar la cara de su hijo, en un gesto gentil lleno de amor y con una lagrima que caía por su ojo derecho, humedeció sus labios, le dedicó una sonrisa y le dijo:
“¿hijo mío ¿tienes algo que decirnos?"