Los presentes solo pudieron escuchar el sueño revelador de la Reina, la pregunta que le hizo a su hijo fue casi susurrada, solo su esposo y el joven pusieron atención a esas últimas palabras.
- ¡No! -
Una respuesta corta y contundente como era su costumbre, pasaba su mirada de su madre a su padre con sus cejas unidas, su rostro mostraba lo mucho que le enfureció la pregunta hecha por su madre, un claro semblante que indicaba “no preguntes más”, la pareja no comprendió el comportamiento de su hijo o quizás lo sospechaban, pero querían darle una oportunidad, Ángel pensó “no es el momento para esto, debo encontrar a Asher antes”.
Su frente estaba mojada por el sudor, su respiración ya no era tan agitada pero su mano izquierda seguía temblando, la metió en su bolsillo en un esfuerzo por ocultar su tribulación y cerró su puño.
“Su majestad”- el sabio Hellgrun Eyra, líder del clan Eyra, un hombre de 70 años, vestía una túnica verde con pliegues en color plata, cabello blanco por la edad, una marca singular en la frente con forma de tres gotas grises que formaban un triángulo es la característica inconfundible del clan Eyra, ojos marrones y serenos y de andar firme se abrió paso entre la multitud.
“He escuchado el sueño de su alteza real la reina, el espíritu de la naturaleza del clan Zenji ha hablado por medio de la floración del Gran Vysnia, el clan Zenji…”
El Sabio hizo una pausa tomo una actitud pensativa al recordar al clan Zenji y prosiguió.
“Su sueño más que una señal es una revelación de que el dragón será de su linaje y despertará en esta era si no es que ya camina entre nosotros”.
Aunque sus siguientes palabras estaban dirigidas a la reina Alessa su mirada se fijó en el joven príncipe.
“El pequeño dragón jugando con sus cabellos indica como ya lo he dicho antes que el portador será de su sangre, su repentino crecimiento significa que será tomado por sorpresa al momento que el dragón lo elija, se le revelará quizás a una edad demasiado temprana por lo que se verá obligado a desarrollarse más rápido para poder controlar el poder que le será dado, el cerezo al que protege representa al reino de Drákan y también representa la gloria y corazón del extinto clan Zenji cuyo legado está obligado a mantener con vida, recordemos que con respecto al clan Zenji aún hay una profecía por confirmar”.
“¿La pareja real tendrá otro hijo? Aún son jóvenes, eso es posible”
“Los sueños proféticos de la reina siempre se cumplen”
“El sabio de Eyra jamás dice palabras a la ligera, el siempre interpreta con acierto los sueños de su majestad”
“Entonces ¿el rey Ryuk no es el portador?”
“¿Acaso no escuchaste nada de lo que el sabio de Eyra dijo?, será uno de sus hijos, deja de beber y presta más atención ,el futuro de Drákan depende de todo lo que está pasando esta noche”.
“¿Crees que el primogénito esté con vida? ¿y si es él y desapareció porque como dijo el sabio Hellgrun, está aprendiendo a controlar su poder? Después de todo eso ocurrió hace ocho años, el príncipe Asher era solo un niño de doce años, además ¡ya no estoy bebiendo! ¿Qué no viste que dejé caer mi copa cuando escuchamos esa voz de mujer? Aún tengo la piel erizada”.
Todos los presentes comenzaron a murmurar y no es para menos, el sabio de Eyra acaba de decir que el portador posiblemente ya fue elegido, el ultimo portador pisó estas tierras cinco mil años atrás y todos serían capaces de verlo en esta generación y el consejero Marcus Perce era el más emocionado con esta revelación.
“Si mis palabras aun no les resultan claras, rey Ryuk, reina Alessa, su hijo es el portador que el dragón escogió, él bebe dragón de su sueño tiene ojos azules no puede ser el príncipe Asher pues si más recuerdo al igual que nuestra reina él tenía los ojos negros, su majestad tampoco está embarazada y no veo otro bebé en su futuro, esto solo nos deja un candidato a elección…”
Después de unos segundos agónicos de silencio que a Ángel le parecieron siglos el sabio dijo lo que el ya sabía y tanto temía que saliera a la luz…
“¡El portador es el príncipe Ángel!” concluyó el anciano.
“¿El príncipe Ángel es el portador?”
“¿Cómo es esto posible?, ¿por qué no el rey Ryuk?”
“Es solo un adolescente no puede ser posible”
“La personalidad del príncipe es la adecuada es muy maduro y responsable, pero de difícil acceso”
“¡Por Dios! ¿esto realmente está pasando?”
Caras sorprendidas, comentarios que salían de la boca de todos sin siquiera darse cuenta, Lady Marian se desmayó, la impresión de los sucesos con la ráfaga de pétalos hablando sumado a lo que acaba de escuchar fue demasiado para ella, su esposo el consejero Marcus Perce logró sostenerla antes de caer al suelo, por primera vez en toda su vida Sir Edward se quedó petrificado con los ojos bien abiertos mientras su hija Dahlia se cubría la boca con ambas manos y estaba tan pálida que hacia visibles las venas en su rostro y su corazón latía mucho más rápido de lo que lo hizo hace unas horas mientras compartió ese baile con el príncipe.
La pareja real en cambio miraba a su hijo con afecto, algo descompuestos sí, pero no había ese asombro exagerado que mostraban los demás, la reina ha tenido ese sueño desde hace ocho años atrás y desde luego el rey estaba al tanto desde entonces, es solo que su hijo jamás ha dado signos de tal cosa, son los orgullosos padres de este joven de apenas dieciséis años que si bien es increíblemente maduro y más sobresaliente que los jóvenes de su edad y estatus en sus ojos es solo un muchacho en su pubertad, su amado hijo.
La reina no había soltado la mano del joven, le dedicó una dulce sonrisa, el rey sostuvo su hombro, cerro despacio sus ojos y movió su rostro hacia abajo y hacia arriba en muestra de aprobación, ambos padres le decían con estos gestos “estamos contigo, te apoyamos, sigues siendo nuestro amado hijo”.
Las lágrimas estaban a punto de derramarse por los ojos de Ángel, su rostro comenzó a reflejar tristeza, apretó los dientes y cerró sus ojos y de inmediato su mirada se endureció y comenzó a hablar.
“Sabio de Eyra, lamento refutar sus palabras, ya cometí un error esta noche y no es mi deseo ofender otro mayor de nuestro reino que también es un respetable líder de clan, pero me temo que sus conjeturas no son correctas, no soy el portador, como lo he dicho antes, no me corresponde tal honor”.
No soy el portador, esas palabras se repitieron en la cabeza de Ángel y en la del sabio Hellgrun.
“A su edad guarda muchos secretos, joven príncipe, si el dragón no se ha mostrado ante ud lo hará pronto, el tiempo lo dirá, se le manifestará antes de que alcance la adultez, solo le recuerdo que jamás me he equivocado al interpretar sueños y profecías y menos con los relacionados a la reina Alessa, después de todo soy su maestro”.
“Con el respeto que Ud y todos los presentes se merecen, le repito con plena seguridad una vez más, no soy el portador, no he sido elegido”.
“Realmente no lo soy”- se dijo a sí mismo- “deben creerme”.
“Que pase lo que tenga que pasar” la voz grave del rey Ryuk sacó a todos de trance.
“Esta noche ha estado llena de muchas emociones, esta es una celebración no un mal augurio, celebremos entonces” dijo el rey.
“Hijo estamos aquí para ti, te conocemos mejor que nadie, lo que sea que guardas cuando llegue el momento sabemos que nos lo dirás” el rey sonrió a su hijo y toco su rostro.
De inmediato las terrazas fueron reorganizadas por los sirvientes, el vino y bocadillos comenzaron a ser servidos.
Sir Edward arrebató a uno de los sirvientes una charola repleta de copas y se hizo de ellas una tras otra, su garganta jamás se había sentido tan seca, Lady Marian fue llevada hasta una de las enormes y afelpadas tumbonas de las terrazas que habían sido preparada para los invitados y asistentes al banquete, poco a poco recobró el conocimiento y lo primero que vió fue a su esposo con tal sonrisa en su cara que ni siquiera cuando nacieron sus hijos había mostrado.
“¿Que me sucedió?”
“Te desmayaste Marian”
Algo aturdida finalmente exclamó “¡OH POR DIOS!, ¿realmente escuché lo que creo que escuché? ¿mi edad me está jugando una mala pasada y estoy alucinando? El sabio Hellgrun… el príncipe… es realmente…"
“Eso es exactamente lo que el sabio dijo Marian”
El consejero no podía dejar de sonreír, su deseo se hizo realidad, ¡ha conocido al portador! ¡Y es su querido sobrino el príncipe!
“¿Pero ¿qué ha pasado?, que ha dicho el príncipe?”
“Él ha dicho que no lo es”
“¿Dijo que no?... entonces… ¿por qué tienes esa estúpida sonrisa en tu cara?
“¿Cuándo se ha equivocado el sabio Hellgrun? Es solo que el chico no lo quiere aceptar jejeje, no es su hermano como tanto lo desea, ¡es él!
Lady Marian abrió sus ojos de par en par y su mandíbula estuvo a punto de caerse, pensó que se desmayaría otra vez mientras su esposo estaba rebosante de felicidad.
La familia real se acomodó nuevamente en el podio, en cuestión de minutos se dispuso una enorme mesa con manteles de ceda en blanco, azul y gris, tres candelabros de oro incrustados con turquesas y rubíes y un enorme centro floral que tenía ramas en floración de durazno, hortensias de color lila y rosas azules adornaban y endulzaban con su aroma la mesa, acompañadas de una fina vajilla de plata y azafates repletos de bocadillos.
“Toma” el rey le ofrecía a Ángel una copa de vino.
“¿Le ofreces bebidas alcohólicas a tu hijo menor de edad?” respondió Ángel.
“En estos momentos veo a un hombre joven que necesita una copa más que nadie, acéptala y bébela, además, no creas que no he notado que cada vez que viene Sir Einar Targa al palacio falta alcohol en mis botellas del estudio”.
“¡Nos descubrieron!” pensó ángel, su rostro se puso caliente y sus orejas estaban más rojas que el vino en la copa.
“¿Desde cuándo lo sabes?” preguntó.
“Hace un año vi que tus ojos cambiaron ligeramente de color esa vez que Sir Einar vino de la campaña en Arang, tus ojos estaban más claros, luego noté que eso pasaba cada vez que él estaba en palacio y coincidía con botellas vacías de mi mejor vino, además en una ocasión el mayordomo Lenin encontró una botella rota escondida detrás del librero de finanzas”.
“Padre, ¡Sir Einar es mala influencia!”
Aunque realmente la mala influencia es el príncipe, él era el que hostigaba y manipulaba al pobre Sir Einar a hacer cosas fuera de sus principios. Asher tenía razón, este principito solo debía poner cara de iceberg y nadie creería lo que es capaz de hacer.
Tomó la copa de la mano de su padre y en efecto la bebió de un trago arrugando un poco la frente, exhaló aliviado y en un instante se sintió algo relajado, el rey alzó sus cejas asombrado ante la acción de su hijo, él ya sabía de las andanzas con el alcohol de su hijo, pero no lo había visto en acción, al otro extremo de la mesa la reina Alessa estaba sin palabras y maldiciendo a su esposo en su cabeza por inducir a beber a su hijo, pero al ver como cambió el semblante del muchacho cambio de opinión “realmente mi hijo lo necesitaba, te lo dejaré pasar esta vez” se dijo.
“Si, definitivamente tus ojos se vuelven más claros cuando tomas”
Ángel miró fijamente a su padre buscando algún efecto del alcohol en su rostro, pero no logró encontrar nada.
“Jajaja, principiante” se burló del joven.
Ángel no se quedaría con su orgullo herido.
“Hum, realmente no te causa nada el vino, pero… ¿qué tal si madre se entera que todos los viernes te tomas tres horas para salir con Sir Edward… quien sabe a dónde y a hacer quien sabe qué?”
Aunque sabía que su padre no haría nada indebido, esas salidas con el Capitán siempre salían a relucir en sus conversaciones con Sir Einar, después de todo se trataba de sus padres.
El rey se quedó perplejo.
“Recuerdo que tu madre también noto el cambio de color de tus ojos ¿Qué tal si le entera a que se debe?
Ambos hombres se miraron fijamente.
“jajaja” –El rey-
“jajaja”-Ángel-
“Seguiré saliendo con Sir Edward los viernes”
“tu licor seguirá desapareciendo del estudio”
“Definitivamente aun no estoy a su nivel” pensó ángel con respecto a su padre.
-En el fuerte militar de Altrara enclaustrado en una oficina llena de papeles hasta el tope un ocupado, cansado y desvelado Sir Einar comenzó de estornudar.
“¿Me resfrié? genial solo esto me faltaba”.
“¿Enfermo? Que va, alguien te está maldiciendo”
“YELIZ VARAY”
En seguida el joven teniente Yeliz Varay cerró la boca al ver la nube negra sobre la cabeza de su General de División.