¿LE DIGO... QUE LO AMO?

2651 Palabras
De Vuelta en el castillo la luna roja aun brillaba en el cielo, las orillas de la isla del Gran Vysnia estaban cubiertas con flores de cerezo que se desprendieron del árbol durante la agitación del viento, el movimiento de las olas comenzaba a expandir las flores por toda la superficie del lago.  La fiesta fue trasladada en su totalidad a las terrazas, la orquesta, mesas con manteles azules y sillas forradas en organza blanca, enormes arreglos florales, sumados al fresco aire bañado con el aroma de las flores de cerezo hicieron el ambiente más relajado para los presentes que comenzaban a disputar los asientos con la mejor vista al lago.  Algunos emisarios y delegaciones de los clanes deseaban acercarse a la mesa principal, pero Sir Edward los interceptaba en el camino haciéndoles charla de temas banales, no iba a permitir que nadie incomodara aún más a esta familia que ya bastantes cargas llevan en sus corazones, después de todo para los asistentes nada era más peligroso que el capitán de la guardia real borracho, así que se resignaban a no poder llegar a ellos.  El sabio Hellgrun tomó lugar en la primera mesa que quedaba al extremo derecho frente al podio, desde allí dimensionaba con claridad al príncipe, por más que lo intentaba no podía descifrar lo que cruzaba por la cabeza del joven.  “Abuelo, ¿por qué el príncipe no acepta la profecía?  Jolmar, el nieto del sabio de Eyra de 34 años, mostraba en su frente la marca distintiva de los Eyra, tres gotas grises que formaban un triángulo, cabello castaño largo, atado a la nuca con una cinta de ceda plateada dejando al descubierto su frente, sus ojos cafés mostraban preocupación, de personalidad intuitiva, pensativo y reflexivo y de fuerte presencia, tras la muerte de su padre él se convirtió en el sucesor del Sabio Hellgrun como futuro líder del clan.  “Jolmar, eso es más misterioso que la misma profecía, hay algo muy extraño, no logro leer su mente, de alguna manera él me está bloqueando, pero ¿dónde y cómo aprendió tal técnica? A excepción de la reina Como el resto de los Kent Su Dagna es el fuego no el control mental, en su ceremonia de Dagna el año pasado no reveló ningún otro atributo, yo mismo precedí la ceremonia, ¿Cómo logra bloquearme? Si no tiene ese poder en su Dagna tuvo que haber aprendido una técnica prohibida y debe usar el mismo truco para limitar a la reina.  “¡Abuelo, no puedes…!”  La preocupación aumentó en el hombre que miraba con asombro a su abuelo, por reflejo sostuvo el brazo del anciano y bajó el tono de su voz.  “Está prohibido para el clan Eyra leer la mente de cualquier m*****o de la realeza, no te confíes de tu buena relación con la reina”.  El sabio de Eyra descubrió que la reina también poseía Dagna mental mientras era el director de la academia y la reina Alessa era apenas una estudiante de diez años, pidió reunión del concejo en el clan Kent solicitando convertirse en su mentor pues el poder mental es el Dagna de los Eyra y el como su líder era el mejor candidato para instruirla, así fue como se convirtió en el maestro y tutor de la ahora reina de Drákan.  “Lo sé Jolmar, no necesito que me recuerdes las reglas, pero no puedo evitarlo, este sentimiento es más fuerte que yo, el príncipe esconde algo y eso me inquieta, siento como si él quisiera retar su propio destino”.  “Sabio maestro, por favor no debes agitarte, si sigues usando tu poder en el príncipe la reina lo notará, si el príncipe está bloqueándote como dices es porque es más poderoso de lo que pensamos y puede resultar peor si decide tomar alguna acción, tu salud está deteriorada, pero insististe en venir al banquete. Debes cuidarte”.  Dama Alida De Eyra es la asistente personal del viejo Sabio, una mujer de mediana edad, la mitad de su cabello está atado en una media cola de caballo, mechones de cabellos que parecían hilos de plata eran visibles a los costados de su cabeza, de aura serena y gentil es además la hermana mayor de la madre de Jolmar, también es académica en el departamento de Historia de La Academia Real de Drákan donde Jolmar es el director.  “Abuelo, Dama Alida tiene razón, si el esconde su poder como sospechamos lo mejor será no seguir provocándolo por el momento, el príncipe Ángel no es un típico adolescente, es muy maduro, inteligente y sagaz, si a eso le sumamos su astucia  realmente no resulta extraño que allá aprendido técnicas prohibidas, por el momento hay que darle espacio y mantenerlo bajo vigilancia, me encargaré de eso en la academia,  lo mejor es retirarnos necesitas descansar, aun no estoy listo para tomar tu lugar como jefe del clan, te queda mucho por enseñarme”.  “Está bien, retirémonos, me siento muy cansado y hay demasiadas cosas en que pensar e investigar, este muchacho se está convirtiendo en un dolor de cabeza y enigma más grande que el que dejó su hermano”.  Justo antes de que la delegación de Eyra se retirara, Ángel se puso de pie.  “Padre, madre, saldré un momento”.  “¿A dónde vas?”  La presión que le estaba causando el viejo sabio tratando de entrar en su cabeza comenzaba a agotarlo y antes de flaquear y ser delatado debía salir de allí.  “Padre, iré a la terraza oeste, necesito tomar un poco de aire”.  “Infórmanos si te retiras a tus aposentos, tenemos que extender un poco más de tiempo la fiesta para guardar las apariencias, lamento muchísimo que tu banquete de cumpleaños haya resultado tan accidentado, sé que todo esto es difícil para ti, pero debemos garantizar la calma, hay emisarios de todos los clanes y de los reinos vecinos.”  El rey hizo una breve pausa, “esa delegación en especial, solo está a la espera y en acecho, lleva dos guardias contigo, estaré más tranquilo”.  La mirada del rey se posó sobre la mesa a 20 metros frente a ellos donde cinco personas no se perdían uno solo de sus movimientos, cuatro hombres y una mujer de cabello plateado  que vestía de purpura y n***o y cubierta de joyas de pies a cabeza no despegaba sus ojos del rey Ryuk.  “Solo necesito un momento a solas, estaré de regreso en unos minutos para despedir a los invitados, madre se ve muy cansada, está bien me llevaré los guardias”.  Todos escucharon que él es portador del dragón, debido a estos acontecimientos Ángel entendió la situación y no tuvo más opción que aceptar la solicitud de su padre, pero pidió a los guardias le siguieran de forma discreta y a una distancia prudente.  “¿Se retira?” intrigado Jolmar siguió con la mirada al Príncipe mientras se dirigía a la terraza oeste.  “Esos guardias parecen seguirlo, suficiente conmoción por hoy, presentemos nuestros respetos al rey y la reina y retirémonos. Jolmar encárgate de vigilarlo lo mejor que puedas y mantenme informado”.  La terraza oeste se encontraba vacía y a oscuras, iluminada solo con la luz roja de la luna, fue la única sección que no se habilitó para su uso ya que no tenía vista directa al lago, largas telas de organza colgaban de los pilares y eran mecidos por el viento y reflejaban espectrales la brillante luz roja escarlata de la noche dándole al lugar un aspecto casi erótico.  Estaba frente al bosque y sobre las barracas donde quedaban los campos de entrenamiento de los soldados, una vista no muy agradable para los espectadores.  Los sirvientes aprovecharon el espacio y colocaron muebles de repuesto en caso de necesitarse en el banquete, también había mantelería y algunos candeleros de pedestal.  “Que nadie entre”.  Ángel dejó a los guardias afuera, caminó hasta el fondo del lugar y al llegar a la baranda arqueó su cuerpo, se apoyó sobre ella con sus antebrazos, apretó sus ojos, inhaló y exhaló con fuerza mientras bajaba su cabeza y frotaba su frente con el revés de sus puños y se perdía en sus pensamientos mientras la luna roja bañaba su cuerpo.  “¿Tenía que pasar todo esto hoy? ¡y frente a todos! Incluidos los enemigos del reino, aun no se cumple el plazo, ¿por qué hoy? ¿porqué?”  “¿Cómo rayos los convenzo ahora? Teníamos un trato, ¿no pudiste esperar?  “¿Y que fue eso con los pétalos danzantes? ¿de quién era esa voz de mujer?  “No soy el portador, pero gracias al sabio de Eyra nadie lo creerá”  Su mente era un desastre de preguntas sin respuestas. Mientras erguía de nuevo su cuerpo Los Rayos de la noche escarlata se reflejaban sobre los botones de diamantes y en los hilos de oro bordados en su chaqueta, los destellos eran tan intensos que parecía que su cuerpo emitía luz propia.  Al extremo izquierdo de la baranda un par de ojos color miel veían el espectáculo sin poder parpadear.  Ángel sintió una presencia que lo sacó de sus pensamientos y rápidamente giró su cuerpo hacia esa dirección.  “¿Quién está allí? ¡te ordeno que te muestres!”  Unos segundos después se escuchó una voz apenas audible.  “SSS… SALVE, sss…su alteza, PRÍNCIPE ÁNGEL, sss… soy yo, Dahlia Targa”.  La chica dio unos pasos hacia el frente e hizo una reverencia, estaba temblando, con la piel de gallina y un pulso eléctrico le recorría la espalda, la dureza y la ira con la que el príncipe habló más el aura oscura y pesada que emite la impresionó, su hermano se quedó corto al describirle al príncipe cuando se encontraba en tal estado de ánimo.  “Yo… lamento haberlo perturbado, yo no… no esperaba que alguien más viniera a este lugar”.  Ángel permaneció de pie, firme y frío, con su ceño fruncido y apretando los dientes, dimensionó unos segundos a la chica, humedeció sus labios y se acercó a ella.  “Miss Dahlia, está bien, tampoco me percaté de que había alguien más aquí”.  Aunque no disminuyó el tono de su voz al menos hizo un intento por sonar amable. El corazón de la chica dio un brinco, ¿es eso una disculpa?  Dahlia entrelazó sus manos frente a ella y levantó su rostro, pero no se atrevía a mirarlo a los ojos.  “Miss Dahlia, ¿Qué hace aquí?”  Ángel no se dió cuenta si en algún momento expresó sus pensamientos en voz alta así que decidió sondear si la joven escuchó algo.  “Yo… solo comencé a caminar por los pasillos de las terrazas… mientras los sirvientes ordenaban las mesas, pero al volver mi padre estaba haciendo guardia en la mesa principal y discutí con algunas de las damas con las que compartí mesa en el salón, luego, no pude encontrar a Lady Marian para tomar asiento junto a ella… así que… regresé a aquí”.  “¿Por qué discutió con las otras damas?”  El temperamento de Dahlia es el de una joven sumisa, que dijera que discutió con sus amigas llamó la atención de Ángel.  “Ellas solo dijeron algunas cosas fuera de lugar”  Al decir esto Dahlia tenía las cejas juntas y las mejillas infladas, se veía molesta, pero adorable de alguna manera.  “¿Debo suponer que hablaban de mí y de todo lo que sucedió hoy?”  La expresión de Ángel cambió, su mirada se apagó y sus ojos azules antes claros por la copa de vino que tomó perdieron su brillo, sabía que a partir de este momento si vida volvería a dar otro giro acabando con la poca paz que le quedaba.  Dahlia no soportaba verlo así.  “Ellas solo cotilleaban cosas sin sentido, ni siquiera han hecho su debut en la corte y ya se están llenando de aire la cabeza”.  El comentario le sacó una sonrisa discreta a Ángel.  “Si no quieres decirme dejémoslo así entonces”  Dahlia no podía decirle a Ángel que el motivo de su pelea con las damas fue porque éstas comenzaron a hablar de cómo los clanes entrarían en una carrera por casarlas a ellas, sus hijas, con el príncipe heredero que además es el portador del dragón, entraron en una competencia ficticia de como cada una de ellas es más hermosa que la otra, que si sus padres son jefes de clanes con mayor poderío militar y de lo hermosos que serán sus hijos, pero lo que más le molestó fue que Miss Magda Serem, hija menor del jefe del clan Serem  le  dijera que prefería no tener un baile con el príncipe a que este lo hiciera por obligación y lastima por ser  la hija del amigo  huérfano del rey.  Esas palabras empañaron el hermoso momento que tuvo con él mientras estaba danzando en sus brazos, y en un impulso de osadía y con la cara roja de vergüenza que gracias a la oscuridad de la terraza no se podía ver, se armó de valor y habló.  “Alteza, ¿puedo… preguntarle algo?”  “Hum” respondió él asintiendo con su cabeza.  “¿Porqué… bailó conmigo esta noche? Su alteza no suele bailar en ninguna fiesta… entonces… ¿porqué…?  “Oh, ¿es eso?, mi madre me obligó a tener tres piezas de baile con tres damas diferentes esta noche”.  “Entonces la reina lo obligó, bailo conmigo por obligación” Dahlia no podía creer que la víbora de Magda Serem tuviera razón, aunque la razón fue diferente, bailó con ella obligado por la reina.  La decepción estaba escrita en todo su rostro y las lágrimas a punto de rodar por sus ojos y ángel se percató de su cambio.  “No malinterprete mis palabras, mi madre me pidió tener tres bailes así que lo hice con las tres damas cercanas a mí, mi madre, Lady Marian que es mi tía y desde luego ud, Miss Dahlia”.  “Me considera cercana a él” pensó Dahlia, mientras su corazón parecía salirse de su pecho.  Dahlia comenzaba a ser presa de sus emociones mientras para ángel sus palabras significaban un “desde luego, crecimos juntos, es lo más parecido a una hermana menor, aunque casi no cruce palabras con ella”.  “Su alteza… hay algo más que deseo decirle”.  Asombrada por su propia osadía rápidamente cubrió su boca con ambas manos mientras pensaba “Por Dios, mi boca se mueve por sí misma”.  “¿De qué se trata?”  “vamos Dahlia, díselo, ya llegaste hasta aquí, dile que… lo amas”  La joven se daba ánimos a sí misma.  “¿Y bien? ¿Qué es lo quieres decirme?  Ángel comenzaba a impacientarse.  “Su Alteza… yo lo… ¡LE DESEO UN FELIZ CUMPLEAÑOS!”  La última frase la dijo tan rápido que se quedó sin aliento.  Ángel Sonrió mostrando sus dientes.  “Gracias”  Hubo un incómodo silencio que duró unos segundos.  “¡Dahlia cobarde, COBARDE!” se auto recriminaba, al final no pudo sacar lo que hay en corazón.  “Volvamos a la fiesta, solo Salí unos minutos para refrescarme un poco, debo regresar para despedir a los invitados”  “Bien, alteza”  Ángel caminó delante de la chica y juntos se dirigieron a las terrazas del norte del castillo.  Los guardias que custodiaban la entrada se quedaron asombrados al ver salir a la pareja, Ángel no pasó desapercibida su reacción y pensó “debí revisar antes el lugar, haaa, que más dá”.
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