Capítulo 2

1093 Palabras
Island no dijo nada, pero su piel se erizó ante la cercanía de Daska. Sentía su calor, su presencia dominante, y una mezcla de odio y algo más que no podía identificar la invadió. La música comenzó a sonar, interrumpiendo el tenso intercambio. Los primeros acordes de una melodía clásica llenaron el aire, y las parejas empezaron a moverse hacia la pista de baile, girando y deslizándose con una gracia que Island no recordaba haber presenciado en mucho tiempo. Daska se giró hacia ella, extendiendo una mano. —Bailarás conmigo. No era una petición, sino una orden. Island lo miró con desafío, pero sabía que no tenía otra opción. La expectativa en la sala era palpable; todos esperaban ver a la "nueva pareja" en acción. Ya lo sabía, debían bailar el infame "baile del poder", pero él se empeñaba en ser odioso. Island rodó los ojos. —Preferiría bailar con un veneno en mis venas que contigo, pero es mi tarea por hoy, así que lo haré sin reproches —susurró, tomando su mano con una dureza que sorprendió a ambos. Daska solo sonrió más ampliamente. —Entonces, este será un baile mortal, encanto. La condujo hacia la pista de baile, donde todas las miradas los seguían. Island sintió como si el mundo entero estuviera conspirando en su contra, observándola, esperando que se quebrara. Pero no les daría ese placer. Daska la tomó por la cintura y comenzó a guiarla en la danza. Island, que había aprendido a bailar en el monasterio como parte de su rígida educación, se movía con una gracia innata, pero el roce constante con el cuerpo de Daska la mantenía en un estado de tensión insoportable. —¿Disfrutas siendo el centro de atención? —murmuró él, su voz acariciando su oído mientras la giraba suavemente. —Disfruto menos que me uses como un trofeo —replicó ella, manteniendo su voz tan controlada como sus movimientos. Daska la giró con un movimiento brusco, que hizo que Island casi tropezara, pero él la sostuvo firmemente, manteniéndola pegada a su cuerpo. —No eres un trofeo, Island —dijo, sus ojos clavados en los de ella—. Eres un arma. Y, si sabes cómo usarla, podrías ser más peligrosa de lo que imaginas. La intensidad de su mirada la dejó sin palabras por un instante. Island sintió cómo su corazón comenzaba a latir más rápido, no solo por la tensión de sus palabras, sino también por la cercanía de sus cuerpos. El odio seguía ahí, ardiendo en su interior, pero se mezclaba con una sensación que la inquietaba aún más. —No sé qué juegos estás jugando, Daska, pero no seré tu peón —logró decir finalmente, con la voz firme. —Oh, Island —murmuró él, con una suavidad que contrastaba con la frialdad habitual en su tono—, ya estás en mi juego. La cuestión es cómo piensas ganarlo. La música continuaba, y con ella, la danza entre ellos se volvía más intensa. Cada giro, cada paso, estaba cargado de una mezcla de odio y una atracción innegable que ninguno de los dos quería admitir. Los ojos de Island lanzaban dagas, pero su cuerpo reaccionaba instintivamente al de Daska, sincronizándose en una armonía incómoda y perturbadora. —¿Crees que puedes quebrarme? —dijo Island, su voz apenas un susurro mientras giraban—. No soy tan débil como te gustaría pensar. —Nunca dije que lo fueras —respondió Daska, su voz tan suave que parecía una caricia—. Es más interesante así. Daska la miró, sus ojos brillando con una mezcla de admiración y algo más oscuro. —Eso es exactamente lo que quiero ver, Island. Pelea. Pero recuerda, en este juego, solo puede haber un ganador. La música llegó a su fin, y con ella, el baile. Los aplausos llenaron el salón, rompiendo el hechizo que había mantenido a Island y Daska unidos en una burbuja de tensión. Daska la soltó, pero antes de que se alejara, la atrajo hacia él una última vez, inclinándose lo suficiente como para que solo ella pudiera escuchar sus palabras. —Este es solo el comienzo, Island. No olvides que lo que está en juego es mucho más que poder. Es todo lo que eres. Island lo miró, sin poder evitar sentir una mezcla de furia e incertidumbre. El odio era claro, pero había algo más, algo que la perturbaba profundamente. —No me subestimes, Daska. Puedo ser más peligrosa de lo que piensas —dijo solo para llevarle la contraria. El sonido de las puertas del salón abriéndose rompió la tensión entre ellos. La ceremonia había terminado, y ahora Daska debía llevarse su premio. Island sentía la mirada de todos sobre ella mientras Daska extendía su mano hacia ella, esperando que ella aceptara su destino. Por un momento, Island contempló la idea de rechazar su mano, de hacer una escena y humillarlo frente a todos. Pero sabía que eso no la llevaría a nada. Así que, con toda la dignidad que pudo reunir, colocó su mano en la de Daska, sintiendo el calor y la fuerza de su agarre. Daska la guio fuera del salón, dejando atrás las miradas, los susurros, y el frío asentimiento de Radis. El viaje hacia la mansión Vlad fue silencioso, cargado de una tensión que parecía palpitar en el aire. Island permaneció en su asiento, rígida y alerta, observando el paisaje que pasaba rápidamente a través de la ventanilla del lujoso automóvil. Daska, sentado a su lado, no había pronunciado una sola palabra desde que abandonaron el palacio Radoslav, y su silencio solo intensificaba el nudo en el estómago de Island. Finalmente, cuando las grandes puertas de hierro de la mansión Vlad se abrieron ante ellos, Island no pudo evitar un escalofrío. La mansión era una imponente fortaleza, una mezcla de arquitectura moderna y gótica que reflejaba tanto la riqueza como el poder de la familia Vlad. Las altas torres y los muros de piedra parecían desafiar al cielo, y la oscuridad que rodeaba la mansión solo acentuaba la sensación de aislamiento y peligro. El auto se detuvo frente a la entrada principal, y Daska fue el primero en salir. Island tomó una profunda respiración antes de seguirlo, decidida a no mostrar ningún signo de debilidad. Sin embargo, cuando sus pies tocaron el suelo, sintió el peso de la mansión sobre ella, como si la estructura misma la desafiara a entrar. —Bienvenida a tu nuevo hogar, Island —dijo Daska, con una voz tan fría como la brisa nocturna.
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