La mañana siguiente fue perturbadora. Irían a visitar a la familia de Daska. Ese día, mientras avanzaba junto a Daska por los pasillos impecablemente decorados, Island mantenía la cabeza erguida, con expresión imperturbable. La noche anterior había sido un recordatorio cruel de la situación en la que se encontraba, pero no estaba dispuesta a mostrar ninguna debilidad ante él, ni mucho menos ante su familia.
—Recuerda mantener la compostura —dijo Daska, rompiendo el silencio, su tono tan frío como siempre—. No quiero que les des razones para cuestionarte.
Island lo miró de reojo, con una chispa de desafío en sus ojos.
—No soy yo quien debería preocuparse por dar razones —respondió secamente, dejando claro que no temía enfrentarse a él, incluso en un terreno desconocido.
Daska no respondió, pero Island notó cómo sus labios se apretaron en una fina línea. Era evidente que algo en la situación lo incomodaba, y aunque no podía poner el dedo en qué, esa pequeña victoria le dio a Island un respiro, una señal de que quizás no todo estaba bajo el control de Daska.
Finalmente, llegaron a una gran sala donde la familia Vlad estaba reunida. El ambiente era cálido, acogedor, muy diferente a la atmósfera que había reinado en la mansión Radoslav. Había risas, conversaciones animadas y una sensación de camaradería que Island no había experimentado en mucho tiempo.
—¡Ah, Daska! —exclamó una voz femenina, fuerte y alegre, que pronto identificó como la madre de Daska—. Y esta debe ser la famosa Island.
La mujer que se acercó a ellos era imponente, pero no por su estatura o apariencia, sino por la intensidad de su presencia. Tenía los ojos oscuros y penetrantes de su hijo, pero su sonrisa era cálida y sincera. Al tomar las manos de Island entre las suyas, la joven se sintió envuelta en una calidez que no había esperado.
—Mira qué belleza —dijo la mujer, mirándola de arriba abajo con una mezcla de admiración y aprobación—. Realmente eres digna del apellido Vlad.
Island no supo qué responder, así que simplemente mantuvo su rostro neutral, aunque sus pensamientos iban a mil por hora. ¿Digna? ¿De qué exactamente? La situación la confundía tanto como la incomodaba. ¿Es que el odio entre familias había quedado a un lado solo por un matrimonio?
—Espero que nos des muchos nietos pronto —añadió la mujer con una risa llena de vida, mirando a su hijo con una sonrisa cómplice—. No puedo esperar a ver pequeños Vlad corriendo por la casa.
Island sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. La insinuación era tan clara como perturbadora, y por un momento, no supo si debía reírse de la ironía o enojarse por la presión implícita. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo, notó el cambio en Daska.
La expresión de su esposo se volvió de piedra, su cuerpo se tensó y la frialdad en sus ojos fue tan evidente que incluso su madre pareció notarlo. La sala, que hasta ese momento había estado llena de risas y alegría, se sumió en un silencio incómodo. Nadie parecía entender qué había causado tal reacción en Daska, pero la incomodidad era palpable.
—Madre —dijo Daska finalmente, su voz cortante—, me parece que es un poco pronto para hablar de esas cosas.
La mujer parpadeó, visiblemente sorprendida por la respuesta de su hijo. Pero Island, quien había estado observando la escena con atención, vio algo más en la reacción de Daska: una chispa de protección, una intención de resguardarla de algo que no podía comprender del todo.
—Oh, claro, claro —respondió la madre de Daska, recuperando rápidamente su compostura y esbozando una sonrisa algo tensa—.
No quise apresurar las cosas. Es solo que… bueno, estamos tan emocionados de tener a Island con nosotros.
Island aprovechó el momento para esbozar una sonrisa helada, más dirigida a Daska que a su madre.
—No se preocupe, señora Vlad —dijo con una dulzura que sabía que irritaría a Daska—. Estoy segura de que Daska y yo encontraremos el momento adecuado para todo.
Daska la miró de reojo, claramente captando la burla en su tono. Pero antes de que pudiera responder, la madre de Daska los invitó a sentarse, restableciendo la conversación con una habilidad que solo una mujer de su posición podría tener.
A medida que la velada continuaba, Island se dio cuenta de que Daska evitaba cualquier contacto físico con ella, manteniendo una distancia cuidadosamente calculada, pero no podía dejar de observar cómo sus ojos la seguían cada vez que alguien se dirigía a ella.
Aunque no había ternura en su mirada, Island notó una especie de vigilancia constante, como si estuviera preparado para intervenir en cualquier momento.
Aquello la desconcertaba y, al mismo tiempo, la divertía. ¿Qué era exactamente lo que Daska estaba intentando proteger? ¿Su orgullo? ¿Su reputación? O tal vez, había algo más profundo en juego, algo que ni siquiera él estaba dispuesto a admitir.
Justo cuando creía que la cena estaba por terminar, las puertas del comedor se abrieron de golpe, revelando a una joven de cabello oscuro y ojos brillantes que entró con una energía desbordante.
—¡Daska! —exclamó la joven mientras corría hacia él, sin molestarse en ocultar su emoción—. ¡No puedo creerlo! ¿De verdad te has casado?
Daska apenas tuvo tiempo de levantarse antes de que la joven lo abrazara con fuerza. Island observó la escena con interés.
—Iris —dijo Daska, con una mezcla de sorpresa y resignación en su voz—. No esperaba verte aquí.
—¡Claro que no! —replicó Iris, liberando a su hermano del abrazo y girándose hacia Island con una sonrisa radiante—. Pero cuando escuché que te habías casado, no pude esperar para conocerte. ¡Hola! Soy Iris, la hermana de Daska.
Island apenas pudo evitar sonreír ante la calidez de Iris, aunque su mente ya estaba trabajando a toda velocidad, buscando la manera de usar esta nueva situación a su favor.
—Island —respondió con una inclinación de cabeza—. Es un placer conocerte, Iris.
—¡El placer es mío! —exclamó Iris, tomando las manos de Island y apretándolas con fuerza—. Estoy tan emocionada de que mi hermano finalmente haya encontrado a alguien.
Daska soltó un leve suspiro, claramente incómodo con el rumbo que estaba tomando la conversación.
—Tienen que quedarse esta noche —anunció con determinación—. Quiero pasar más tiempo con ustedes, conocer más a mi nueva cuñada. ¡Será tan divertido!
Daska abrió la boca para rechazar la invitación, su expresión seria y su voz cargada de autoridad.
—Iris, no creo que…
Pero antes de que pudiera terminar, Island lo interrumpió, su voz suave pero firme.
—Nos encantaría quedarnos, Iris. Será un placer pasar más tiempo contigo.
Daska la miró con una mezcla de sorpresa y molestia, claramente desconcertado por su respuesta. Island, sin embargo, mantuvo su expresión serena, disfrutando del desconcierto de su esposo. Si él había planeado salir rápidamente de la mansión, ella estaba decidida a hacerle la noche más incómoda de lo que ya era.