El silencio que siguió fue sepulcral. Algunos de los invitados, que no conocían los detalles de la situación, miraron con curiosidad y sorpresa; otros, conocedores de las tensiones entre los Vlad y los Radoslav, evitaron cruzar miradas con el patriarca. Daska dio un paso adelante, colocándose entre Radis y Island, como un escudo protector. —Esto no es un lugar para tus juegos, Radis. Si estás aquí, será para devolver lo que nunca debiste arrebatar. Radis sonrió con una frialdad que helaba la sangre. —Arrebatar... Una palabra fuerte, ¿no crees? Estoy aquí para mostrar la unidad de nuestras familias. ¿Acaso no querías recuperar al niño? Bueno, aquí estoy, con él. Island finalmente reaccionó, sus ojos estaban llenos de lágrimas mientras miraba al bebé en brazos de su padre. Su corazón se

