La noche era perfecta para una celebración. Las luces de la mansión Vlad resplandecían como estrellas, iluminando los extensos jardines decorados con una elegancia impecable. Daska había organizado una fiesta que prometía ser recordada: la presentación oficial de Destiny Vlad, su hija, ante la élite de la sociedad. Sin embargo, mientras los invitados llegaban con sonrisas y cumplidos, solo Daska sabía que esa noche tenía un propósito mucho más profundo que solo presentar a su pequeña. Destiny, con apenas seis meses, era la imagen de la ternura. Vestida con un delicado vestido blanco de encaje y un lazo en su diminuto cabello, la bebé capturaba la atención de todos los presentes con su risa suave y curiosidad innata. Island, aunque aún cargaba cicatrices emocionales de lo ocurrido meses at

