Capítulo 5

2193 Palabras
No podía creerlo, era Ram Mare. Al principio no lograba reconocerlo, pues su aspecto físico después de varios años había cambiado significativamente. Lo había conocido hace unos cuatro o cinco años en una festividad de Oremurt que se celebra el día 27 de noviembre de cada año conmemorando su fundación. En esta celebración se llevan a cabo fiestas, ferias, bailes, desfiles, vendimias y otra gran cantidad de actividades. Desde que tengo memoria se ha tomado toda la semana del aniversario para celebrar; pero el día más concurrido es el 27. En esos días hay muchas personas en las calles y principalmente en la plaza que se encuentra en pleno centro de la ciudad la cual adornan con muchas luces y adornos para embellecerla, y claro como todos los años, pintan una gran iglesia que está justo al frente de la plaza, se puede decir que ya es una tradición entre su gente. Tanto jóvenes como adultos disfrutan de estos días y los aprovechan para pasar un rato diferente, sea en familia o con amigos. Recuerdo que para ese momento tenía 17 años de edad, dentro de pocos días cumpliría los 18. Había planificado salir con algunos amigos alrededor de las 6:00pm y pasarla bien. Conmigo iba mi amiga fiel Nicole Bell; no me gustaba mucho salir sola por allí, y el resto de las personas que irían eran algunos ex compañeros de la preparatoria. Quedamos en encontrarnos en la plaza, que es el punto de encuentro por excelencia de cualquier habitante de esta pequeña ciudad, nos reuniríamos aprovechando las festividades y nuestra juventud. Ese día me vestí muy sencilla, con un suéter gris claro entero, unos jeans azules y unos zapatos deportivos cómodos; tenía el cabello más largo entonces y me encantaba como lucia al caer tras mi espalda con cada pequeño rizo bien formado. Nicole iba más arreglada, con un vestido con diseños florales, unas sandalias doradas y el cabello recogido en una cola de caballo, siempre le ha gustado maquillarse y ese día no fue la excepción, se maquillo detalladamente colocando énfasis en sus ojos colocando tonos que combinaran armoniosamente con su vestimenta. Se veía espectacular. — ¿En serio iras vestida así? — era como la décima vez que me lo preguntaba. — ¡Si! Me siento bien como voy, no deseo llamar mucho la atención, solo pasar un buen momento contigo y los demás — le replique volteando los ojos. —Que testaruda eres — rio. — O sea, podrías conocer a alquilen especial y vas como si nada. —Es que no estoy interesada. Además estoy muy comoda y calentita como voy — me abrace y le hice puchero. — Eres imposible Dianita — dijo mientras me veía con desaprobación. — y aun así me quieres Ni. Nos quedamos en los bancos de la plaza hablando con un grupo de amigos, compramos unos helados que eran muy conocidos en aquel momento, venían en un vaso grande con un plástico decorativo encima que, generalmente, era de los signos zodiacales, y un pitillo grueso. La conversación se había extendido bastante, ya era tarde; pero el lugar estaba concurrido con muchas personas y música a todo volumen. Cerca de las 8:00pm vi Ferd, el hermano de Nicole acercarse a donde nos encontrábamos nosotros, iba acompañado de algunos de sus amigos, me imagine que el seguro también había salido ese día para aprovechar de disfrutar. Al llegar saludo a los que se encontraban allí y luego se dirigió a su hermana. —Ey, ya es tarde, ¿A qué hora piensas volver a casa? — sonaba como un ladrido. — No fastidies, nos la estamos pasando bien y ¿apareces aquí a regañarme? Ellos solían discutir mucho por casi cualquier cosa, él es el mayor, por eso siempre se la da de mandón con su hermana. —No eres más que una niña malcriada y berrinchuda. Ella lo ignoro. Mientras yo observaba el espectáculo, ya estaba acostumbrada a este tipo de cosas con ellos. — Mira, si aquí esta Ram. No esperaba verte por aquí — dijo Nicol entusiasmada mientras le daba un abrazo. Y allí lo vi, se trataba de un joven de tez morena clara, no tan alto, cabellos color chocolate ligeramente ondulado, ojos oscuros y tiernos, acompañado de una simpática sonrisa de dientes perfectos, por su contextura me di cuenta de que realizaba ejercicio de manera disciplinada. — Hola Nicol, llevaba tiempo sin verte. Cuanto haz crecido. — Lo mismo digo. Casi siempre estas ocupado. Me alegra verte por aquí — dijo sonriente. Por cierto, te presento a mi amiga Diana. — Mucho gusto, mi nombre es Ram, Ram Mare. — Mucho gusto también, mi nombre es Diana Caballero. Es un placer conocerte. Ese día pese a la insistencia de Ferd de que no quería que duráramos tanto tiempo en la calle, la pasamos bien. Hablamos, comimos, vimos algunos actos culturales y vimos cantidades de tiendas con cientos de cosas por comprar. Después de todo aquello nos despedimos de todos, y desde aquel momento no había sabido nada de este chico; por eso verlo aquí se había convertido en toda una sorpresa para mí. De todas las personas que me pude imaginar que vería, definitivamente él no estaba incluido. — ¡Diana! ¡Bienvenida! — dice en una voz alta y animada abriendo con energía la puerta. Luego se acerca y me da un abrazo fuerte, y largo. No entiendo esto y veo que él se da cuentas por la incomodidad y extrañeza reflejadas en mi rostro. — Ups, lo siento. Esto debe ser raro para ti teniendo en cuenta los años que llevamos sin vernos, ya luego te contare — ríe un poco y veo su amplia y simpática sonrisa de dientes perfectos. — ¿Quién lo habría dicho, que nos volveríamos a ver? Nicole me ha avisado de tu regreso, y pues también me encargaron que buscara quien te llevara hasta tu casa. Así que, aquí estoy. — Bueno… esto es muy raro de verdad. No me imagine que te volvería a ver y menos aquí. Has cambiado mucho, luces diferente. Ram se ve delgado, al punto que me costó reconocerlo. Lleva unos jeans azules algo ajustados y una camisa sencilla color ciruela claro, su cabello esta algo despeinado, venía con prisa hasta acá; lo noto ojeroso y cansado, ¿Qué le habrá pasado en todo ese tiempo? Este no es el momento de averiguarlo. Algo que no ha cambiado en nada es lo joven que luce, se ve como si tuviera unos 18 años o menos, eso sí que me sorprende. Necesito su secreto de la eterna juventud. — Tú también luces diferente — hace una pausa y me observa de arriba abajo — y no estas nada mal. Te ves hermosa en ese vestido. ¿Qué? No puedo evitar sonrojarme y sentir como el rostro se me calienta ante aquellas palabras. El me mira divertido. — ¡Ram! — grita Nicole detrás me mí. — Que bueno que ya llegaste, pensé que se haría de noche aquí. Mira que no nos ha dado tiempo de planificar nada en medio de toda esta locura de hoy, Diana debe estar hambrienta, ¿Tienes hambre Diana? — me miro y siguió hablando enérgicamente. — ¿Ves? — Pero ni siquiera ha respondido Ni, no la dejas hablar. — Soy su amiga y la conozco. Mira esa cara. — Ah…esto — intente decir sin éxito porque volví ha ser interrumpida. — La veo normal, además ya nos vamos. El auto nos está esperando fuera del edificio y estamos aquí discutiendo tonterías. Coloco los ojos en blanco, parecen unos niños discutiendo. Si tengo hambre; pero lo que más deseo en este momento es ya estar en mi casa tranquila y descansando de todo este día tan largo. Me siento en una silla nuevamente y los observo en su acalorada discusión ¡Dios!, que infantiles. Por favor, ya vámonos. Mi ser interior lo pide a gritos. — ¿Qué están haciendo? Ya es hora de irnos — apareció mi madre tras la puerta como una respuesta a mis plegarias silenciosas. — ¡Rayos! Debemos apurarnos o Jazmín no querrá llevarnos — Ram salió corriendo de la habitación dejándonos atrás. Mi madre salió luego junto con Ferd que ayudo a llevar mi equipaje hasta el auto. Nicol y yo salimos juntas, me informo que esa noche se quedaría conmigo en casa para hablar y ayudarme a desempacar, eso me alegro mucho. Aunque dudo mucho que eso llevara solo unas cuantas horas. Salimos en dirección al auto que nos espera justo en frente del edificio, es conducido por una mujer de mediana edad con la cual Ram está hablando. Ya han guardado el equipaje en el maletero, mi madre ya está dentro del auto sentada en los asientos traseros, Ram se acerca a la puerta y la abre para que subamos también, y él se sienta adelante. — Ya está todo listo, no falta nadie. Disculpa la demora Jazmín — Tranquilo, suele pasar — dijo ella con una sonrisa. — ¿A dónde nos dirigimos ahora? — Directo a Colinas de Cayenas. — Perfecto, allá vamos. Es un camino algo largo. Nos despedimos de Ferd que se iría solo a su casa, no vivían muy lejos de allí. Meter se encarga de cerrar las puertas del edificio cuando partimos. Por fin estábamos en camino a mi casa, la espera se me había hecho infinita, algunas emociones como la rabia y la tristeza se habían opacado, habían sido remplazadas con la emoción de ver a mi madre y mi mejor amiga, también con la sorpresa de ver a Ferd y a Ram. Por un momento cerré los ojos y respire profundo, todo esto ahora era nuevo para mí. Vi a mi lado, mi madre se veía contenta y al otro estaba Nicol escribiendo por su teléfono celular, Ram iba al frente dirigiendo a Jazmín por el camino. Ya había oscurecido y la vía se veía oscura, sobre todo al pasar un puente que es la entrada de la zona. Vi por la ventana y comencé a ver algunas luces de las casas a lo lejos, las siluetas oscuras de las grandes montañas, algunas nubes que pasaban, los árboles que hay por todo el camino, baje un poco el vidrio de la ventana para sentir la brisa ¡Sí! Tan fresca como siempre, sentía como el frio me acariciaba con suavidad, extrañaba esto. Esta es una zona tranquila, muchos se quejan por lo lejano que parece; pero sin duda vale la pena venir y apartarse del ruido y vida agitada de la ciudad. Aun no íbamos por la mitad del camino, siempre era derecho casi hasta llegar al final, pasamos frente a un pequeño estadio de baseball, y luego frente a algunas urbanizaciones, había gente en las calles caminando tranquilamente. Me sentía embelesada con todo aquello que volvía a ver, me sentí llena de amor en ese momento de tranquilidad. Me recosté del brazo e mi madre y ella me dio un beso en la cabeza, extrañaba eso, no pensé que me haría tanta falta, su afecto, su tacto. Ella también se debió haber sentido sola durante esos dos años, tenía un trabajo constante que la mantenía ocupada y generaba sus propios ingresos, pero ninguno de sus hijos estaba con ella y se comunicaban muy poco. Vivimos en una casa grande con un patio aún más grande, cuando uno está solo lo que se siente es un inmenso vacío y silencio. Anteriormente tuvimos animales, pero con el tiempo envejecieron y murieron. Lo último que habíamos tenido fue un gato que desapareció mucho antes de mi regreso, él era la compañía que había tenido ella, y hora no estaba. Pasamos al lado de un árbol inmenso, sabía que ya estábamos cerca de casa, comenzamos a subir un trecho largo y resto donde solo se veía una hilera de faroles uno tras el otro para iluminar el camino. Vi como comenzaron a caer unas pequeñas gotas. Estaba lloviznando, la noche seria fría. Amaba eso de este lugar. Cruzamos a la izquierda y entramos en un callejón sin salida, justo al fondo ahí estaba frente a mi casa, se veía en un pacífico silencio, la alumbraban por fuera dos bombillos para poder ver en la oscuridad. Ram bajo del carro y nos abrió la puerta, luego saco mi equipaje. Era tarde debían de bajar cuanto antes. — Muchas gracias por traernos Jazmín — le agradecí. — De nada, y felicidades por regresar. — También gracias a ti, Ram. Por encargarte del traslado hasta mí casa. — Tranquila, no es nada. Espero que tengas una buena noche y que Ni te deje dormir. Subió al auto junto con Jazmín, se despedían con alegría mientras con cuidado retrocedían para salir de la calle. Espero que les vaya bien en el camino. Entramos por la primera puerta que da a patio y camino hasta la entrada principal, siento como las piernas me tiemblan de la emoción. Al abrir la puerta, encendí la luz y ahí estaba parada en el medio de la sala, sintiéndome como una extraña en un lugar desconocido.
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