¿Ruptura?

964 Palabras
Esa tarde libre la pasé charlando con Ericka, emocionada por contarle lo que había pasado. No podía evitar sonreír mientras hablaba, mis palabras saliendo atropelladas por la emoción. Mañana empezaría como asistente del arquitecto, y aunque me sentía nerviosa, la felicidad era más fuerte. Charlabamos mientras salíamos de la empresa; sin embargo, tuve la sensación de que alguien me miraba. Sin embargo, Ericka parecía seria, algo que no pasé por alto. —¿No estás feliz por mí? —le pregunté, deteniéndome para mirarla. Ella suspiró, evitando mi mirada por un momento. —Claro que sí, Marlene... pero... —Su voz se apagó, como si estuviera pensando en cómo decirme algo. —¿Pero qué? Dime. Ericka me miró directamente, con una mezcla de preocupación y algo más que no pude identificar del todo. —Ya los empleados están hablando de ti, amiga. Dicen que tienes mucha confianza con Emilio y que, ahora, con lo de Cristóbal, las cosas van a empeorar. —¿Qué? —pregunté, sorprendida—. Pero yo solo soy amable con él, como lo soy con todos. —Lo sé, Marlene, pero ya sabes cómo es la gente aquí. —Ericka cruzó los brazos, como si dudara en continuar—. Te digo lo que están diciendo porque eres mi amiga y no quiero que te lastimen. —Dime, ¿qué dicen? —insistí, mi voz más baja. Ella suspiró de nuevo antes de responder: —Dicen que Emilio te tiene en un pedestal y que te está dando privilegios que nadie más tiene. Y ahora, con esto de ser la asistente de Cristóbal, muchos piensan que estás aprovechándote. Me quedé en silencio por un momento, procesando sus palabras. Sentí una mezcla de rabia e incomodidad. —Eso no es cierto, Ericka. He trabajado duro desde el primer día, y Emilio solo está reconociendo mi esfuerzo. —Lo sé, Marlene, pero la gente no ve eso. Solo ven lo que quieren ver, y ya sabes cómo son en este pueblo. Sus palabras me pesaban más de lo que quería admitir. Por un lado, sabía que no había hecho nada malo, pero por otro, no podía ignorar el hecho de que las habladurías podían complicar mi vida más de lo que ya estaba. —¿Tú también piensas eso? —le pregunté, con la voz baja. Ericka negó rápidamente. —No, claro que no. Pero me preocupa que esto te traiga problemas. Solo quería advertirte. Asentí lentamente, agradeciendo su sinceridad, aunque sus palabras me dejaron con una sensación amarga. No iba a dejar que los chismes me detuvieran, pero no podía evitar preguntarme cuánto más tendría que demostrar para que me tomaran en serio. Rodrigo llegó de repente mientras Ericka y yo charlábamos. En sus manos llevaba un pequeño ramo de flores silvestres que claramente había recogido del parque cercano. —¡Rodrigo! —exclamé, emocionada, y lo saludé con un beso en los labios y un abrazo cálido. —Son hermosas... —dije mientras tomaba las flores con cuidado. Ericka soltó una risita, cruzándose de brazos. —Son las del parque. Rodrigo la miró con un gesto molesto. —No son para ti. Ignoré su tono y sonreí, intentando mantener el buen ambiente. —Mi amor, tengo una súper noticia —le dije, emocionada—. Me ascendieron. Voy a ser la asistente del arquitecto nuevo. Antes de que Rodrigo pudiera responder, Ericka soltó un comentario que inmediatamente encendió el ambiente: —Si tienes suerte, ese guapo de Cristóbal seguro te pidió para el puesto. ¡Te comía con los ojos, amiga! Si eres la más hermosa de la empacadora, ¿quién podría resistirse? Me reí incómoda, intentando desviar el comentario, pero Rodrigo no pareció encontrarlo divertido. Su rostro se tensó, y su mirada pasó de Ericka a mí con una furia apenas contenida. —¿Qué significa eso, Marlene? —dijo en un tono que nunca antes había usado conmigo—. ¿Por qué ese tipo te miraba así? Fruncí el ceño, sorprendida por su reacción. —Rodrigo, no es nada de eso. Es solo trabajo. Emilio confía en mí, y Cristóbal... bueno, solo fue amable. —¿Amable? —repitió, alzando la voz. Dio un paso hacia mí, y aunque no me tocó, su presencia se sintió abrumadora—. ¿Desde cuándo necesitas que un desconocido sea "amable" contigo? —¡Rodrigo, basta! —le respondí, alzando mi propia voz, enfadada—. Esto es una oportunidad para mí, algo que llevo mucho tiempo esperando. No tienes derecho a reaccionar así. Él negó con la cabeza, los puños apretados. —¿Oportunidad? No me vengas con eso, Marlene. Ese tipo solo te quiere cerca por cómo te ves. ¿O es que acaso tú también estás interesada en él? Abrí los ojos, horrorizada por su acusación. —¡¿Qué?! ¿Cómo puedes siquiera pensar eso? Rodrigo, siempre he sido honesta contigo, pero no voy a dejar que tu inseguridad arruine algo tan importante para mí. —No se trata de inseguridad, Marlene. Se trata de respeto. Pero parece que ahora crees que eres mejor que todos nosotros solo porque un tipo de la ciudad te puso los ojos encima. Sus palabras me hirieron más de lo que quería admitir. Respiré hondo, intentando mantener la calma, aunque sentía que mi pecho iba a estallar. —¿Sabes qué, Rodrigo? Si no puedes alegrarte por mí y apoyarme, entonces quizás no deberías estar conmigo. Él me miró con sorpresa, pero antes de que pudiera responder, giré sobre mis talones y me alejé. No miré atrás, aunque sentía que el corazón me dolía. Pero sabía una cosa: no iba a permitir que nadie, ni siquiera Rodrigo, me hiciera sentir culpable por querer algo mejor para mi vida.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR