Sebastián me apretó la mano mientras comenzaba a relatar lo que había vivido. Cada palabra que salía de mi boca era como abrir una herida que nunca había sanado del todo. —Brandon me llevaba a varias mansiones —comencé, recordando los lugares opulentos y aterradores donde me había llevado—. Eran grandes, con jardines hermosos, pero siempre había un ambiente de amenaza en el aire. Cada vez que entrábamos, había hombres armados custodiando las puertas, vigilando cada movimiento. Solo conocía a uno de ellos: Drago. Era el más cercano a Brandon y, aunque no hablaba mucho, siempre me miraba con un desdén que me hacía sentir pequeña. El detective tomó nota, sus ojos entrecerrados como si estuviera disfrutando de la información. —¿Y cómo era tu relación con esos hombres? ¿Te sentías segura en

