Me despertaron los rayos del sol. Antes de abrir los ojos, recé internamente para que esto no fuera un sueño y que, de verdad, tuviera mi adorada libertad. Al abrir los ojos, observé que estaba en una habitación de una clínica, vestida con una bata blanca. Miré hacia el sillón y noté que mi madre estaba allí. Recordé cómo me desmayé mientras Sebastián me llevaba a la clínica. No quería que nadie me revisara, pero ya era muy tarde. Aún me dolía el cuerpo. —Mami —sollozé al verla. —Mi amor —se acercó a mí y me abrazó entre lágrimas. Hacía mucho tiempo que deseaba un abrazo de mi madre. Creí que nunca más la volvería a ver, ni siquiera estaba segura de si estaba viva. No pude evitar compartir sus lágrimas. —Mi amor, tranquila, ya estás conmigo. Ahora estás a salvo. Ese tipo no volverá a

