El portal de los muertos

2640 Palabras
Veo a todos reunidos en la sala, mi hermano golpe un lado del sofá para que me acomode a su lado. Trato de mantener la calma, pero mis manos tiemblan sin control. ─ ¿Qué tienes pequeña? ─ la preocupación de mi hermano es evidente ─ no me siento bien ─ es lo último que digo antes de que todo a mi alrededor se vuelva oscuro. Despierto en un lugar muy sombrío, la neblina cubre mis pies. Hace frio y la desolación penetra mi piel. Estoy en lo alto de una montaña, en la base se observan muchas lapidas, es una especie de cementerio. Veo muchas sombras de persona y otras de animales caminar hacia unos arcos de luz que, se ubican al final del camposanto. Dos sombras ingresan en simultáneo a cada arco, pero cada par es constituido por una forma de humano y otra de animal. Al pasar el arco desaparecen y una luz destella hacia el firmamento explotando como si de juegos pirotécnicos se tratara. En el centro está él junto a su lobo. Camina con dirección al arco, pero se detiene cada que su lobo le aúlla a la luna. Su aullido es de súplica, de dolor, de ayuda. Lucha para no continuar, pero la fuerza que lo guía es más fuerte que la pujanza del humano que va con él. Siento que debo ayudarlo, que eso es lo que él espera. Desciendo, todo el lugar está cercado por rejas negras, no tiene base o algún soporte, están sobre la nada. Camino por un costado tratado de hallar una entrada. Cuando estoy a punto de perder la fe, lo observo, es un portón de rejas grises con antorchas en cada esquina. Hay un letrero que no logro leer, las letras danzan y son envueltas por la neblina. No me detengo a descifrar nada, empujo la puerta, se abre sin problema. Ingreso, la neblina se torna más oscura, más espesa y fría. Doy tres pasos y sombras en forma de manos toman mis tobillos logrando que mi cuerpo se hunda cada vez más. El miedo me invade, pienso en mi compañero, en Kaliza, en mi hermano, en mamá Milena, y todos los que me aman y que no están conmigo, es como si hoy hubiese caminado hacia mi propia muerte. Suspiro y sujeto muy fuerte mi collar. Todas mis vivencias vienen como recuerdos que me dicen que debo luchar, que este no puede ser mi fin. Una luz brota en medio de los espacios del puño que formo al sujetar el collar, lo suelto y veo como una luz purpura emerge de la piedra que tiene como decoración. Mi cuerpo se tensa y siento como esa luz rodea mi cuerpo, mi vestimenta cambia, ahora llevo un vestido largo color purpura claro. Estoy fuera de esa niebla, mis pies descalzos no tocan el suelo y las sombras tratan de tocarme, pero es como si un manto me cubriera. Recuerdo lo que mamá Milena nos dijo con tanta dificultad en su lecho de muerte, tratamos que descansará, que no hablará, pero ella era tan necia que insistió.    “Nunca olviden que yo estaré siempre con ustedes, una parte de mi vivirá para protegerlas del mal. Toda fuerza oscura que desee consumir su alma, no podrá con mi poder, este trascenderá y perdurará hasta el día que sean reclamadas por su pareja, pues ellas las protegerán. Recuerden que soy su manto de protección, lamento no poder seguir en sus caminos, pero mi tiempo llegó porque así lo quise. Prometan que cuidarán la una de la otra, pase lo que pase, no dejen de creer en ustedes. Amen y vivan mis pequeñas, sean tan felices como si el mal jamás las hubiese tocado.” Con esas palabras su voz se apagó para siempre. Jamás pensé que eran reales, para mí era parte de su proceso de despedida. Era una anciana sabia, pero como a todo ser, la muerte es algo de lo que no podemos escapar. Murió de vejez, nadie la ataco, nadie la daño, solo fue su voluntad, quería descansar y volver a ver a su amado Francisco. Gracias mama Milena, gracias por estar conmigo. ─ digo hacia la nada ─ Siempre mi pequeña, siempre ─ escucho su voz y una leve brisa toca mi cara, sé que es ella. Sonrió con nostalgia, la extraño tanto. ─ No dejes que tu loba tome el control, ella podría abandonar tu cuerpo y quedar atrapada en este lugar. ─ Así lo haré ─ confió en su advertencia, por eso seguiré su consejo. ─ Debes ayudarlos, no pueden cruzar el arco. Aunque no escuches mi voz, recuerda que camino a tu lado. ─ avanzo con firmeza y con las palabras de apoyo de mamá Milena. Con cada paso, la neblina despeja mi camino. Las sombras se agrupan formando un camino de honor, no puedo ver más que un pasadizo que conduce directo a un arco platinado, uno que no había visto. Me detengo, cierro mis ojos y concentro mi audición, solo así podré escuchar nuevamente a mi lobo. Sin Nalya las cosas se me complican, mis sentidos no son iguales, pero debo hacer un esfuerzo. Un aullido se escucha hacia mi lado derecho, giro y un camino se abre paso para dejar ver a ese lobo con mirada fija al firmamento. Camino, estoy a unos cuantos pasos. Pero el lobo desaparece, empuño mis manos y sé que es solo un juego para distraer mi verdadero objetivo… el hombre. Nuevamente me concentro, necesito escuchar el mínimo latido que pueda emitir su corazón o el sonido de su lenta respiración. ─ ¡Vamos, Shyllen! Tú puedes ─ digo con desespero. En el tercer intento, escucho el crepitar del piso, son pasos, pasos lentos y cansados. Fijo mi mirada en sentido diagonal y ahí esta él, mirando hacia la nada. Mi alma se alegra y siento como la oportunidad tenerlo en mis brazos es cada vez más real. Me acerco con temor, no quero que también sea una alucinación y desaparezca. ─ Alfa, soy yo, soy Nayla, soy tu Luna. ─ digo suavemente, pero él no reacciona. Señala el firmamento, su lobo aparece a su costado, me mira e inicia aullar, pero en el tercer aullido, todo desaparece.   ─ ¡Shyllen! ─ el grito de Kaliza me vuelve a la realidad, mi cuerpo esta empapado por el sudor. Mi hermano ingresa y por las ojeras bajo sus ojos, sé que no ha tenido una buena noche. ─ ¿Qué me pasó? ─ pregunto confundida, todo fue tan real. ─ Nos tenías muy preocupados ─ dice mi hermano son sus bellos ojos cristalizados. ─ Querida ─ dice la Luna que ingresa casi corriendo, se ubica en el poco espacio que dejan mis hermanos y me toma de la mano. ─ Llevas tres días dormida ─ las palabras de mi hermano me confunden más. ─ ¿¡Tres días!? ─ niego con mi cabeza, solo estuve unas cuantas horas en ese lugar, no puede ser. ─ ¿Tiene una biblioteca? ─ pregunto bajo la atenta mirada de todos. ─ Sí ─ contesta ingresando el Alfa. ─ Necesito que me lleven allá, por favor ─ digo suplicante. ─ No puedes ir en tu estado, llevas convulsionando todas estas noches, necesitas descansar ─ sé que Kaliza está realmente preocupada, pero no tengo tiempo que perder. ─ Estoy bien, tranquila, tranquilos ─ digo mirando a todos. ─ Pero necesito buscar algo y el tiempo corre en nuestra contra. ─ no sé porque mencione lo del tiempo, ni yo tengo idea de lo que voy a buscar o cuanto tiempo tengo. Llego a la biblioteca e inicio a bajar libro por libro, pero nada, no veo una imagen similar a la de mi visión. He pasado todo la noche y parte del mañana buscado algo que, me de indicios de es ese lugar, pero nada, es como si no existiera. ─ ¿Qué es lo que buscas, exactamente? ─ pregunta Antoine. He ignorado a todos, me sumergí en una búsqueda sin pista alguna. ─ Quizá sin nos dices algo, podemos ayudar. No sé un lugar, un dibujo, cualquier cosa. ─ comenta muy preocupada Kaliza desde los brazos de Alay. Él trata de consolarla, pues mi hermana está muy asustada con mi proceder. ─ Busco un lugar ─ digo resignada y consciente de que sin su ayuda no podré con esto. Pido que se acerquen, todos están muy expectantes y sé que solo me quieren ayudar. El Alfa tiene abrazada a su esposa Luna, Alay a Kaliza, mi hermano Varick está acomodado en una pared con los brazos cruzados, y por primera vez, Antoine está tranquilo recostado en el marco de la puerta que da ingreso a la biblioteca. De ser otra ocasión, ya habría retirado a mi hermana de los brazos de su amado. Con todos acá reunidos, decido hablar.  Lleno mis pulmones de aire, trato de recordar, así podré decir con detalles todo lo que vi. Antes de iniciar pido disculpas por ignóralos, estaba en otro planeta y me cegué por tratar de encontrar respuestas, que olvidé que ellos eran parte de mi vida y de la de mi compañero. Les cuento todo lo que vi, sentí y viví. Todos nos quedamos estáticos ante un comentario. ─ El portal de los muertos ─ dice la Luna de Lunas en lo que se levanta y toma un libro de un estante de vidrio.  Busca de manera desesperada y me pasa el libro cuando está segura que es lo que busco. Tomo el libro con desconfianza, he visto tantas imágenes similares, pero nada es lo que busco. Mi corazón late sin control, dejo caer el libro por la impresión y la alegría ─ ¡Por fin! ─ digo abrazando a Luna. ─ Gracias a todos ─ mi efusividad es tan grande que las lágrimas se hacen presentes. ─ Gracias de qué, si no hicimos nada. ─ agrega indignado mi hermano. ─ Por no dejarme sola, por entender. Perdonen si no los escuche antes, pero ni yo sabía que buscaba. ─ digo desde los brazos de la Luna de Lunas. ─ ¿Ahora nos puedes explicar? No entiendo nada de nada ─ ni yo ─ agrega Antoine al comentario de Kaliza. ─ Primero debo leer esto del portal de los muertos, descifrar algunas cosas y prometo que les diré lo que debemos hacer. ─ hago un gesto de promesa levantando la palma de mi mano derecha. ─ ¿Por lo menos, nos puedes decir si esto trata o tiene que ver con mi hijo? ─ confirmo con un movimiento de cabeza. ─ Creo que alguien aquí, no presto atención a todo lo que Shyllen conto. ─ dice en tono divertido Varick. ─ Perdón, ─ son las palabras del Alfa ante el comentario de mi querido hermano. Ya más tranquilos, todos se retiran del lugar. Mi hermano me obligo a comer y no se retiró hasta que lo hiciera, lo único fue que no quise tomar una siesta, todo minuto cuenta. Doy inicio a mi lectura. Leo que tiene otros nombres, también se conoce este tipo de portales como accesos a lo que se llama el plano astral o portal dimensional, es una entrada a otra dimensión en la que se comprimen varias realidades. Además, este concepto se relaciona con el viaje astral que realizan las almas para hallar la paz final. ─ Ahora comprendo ─ comento asombrada. Por eso el cuerpo del Alfa está en perfectas condiciones. El hechicero creo con ese impacto o vórtice, un estado de conciencia a tal punto que el alma, y el yo astral, o sea su parte animal, fue capaz de abandonar el cuerpo físico y realizar un viaje lejos de él. Le está haciendo creer que va atravesar una dimensión o plano que lo llevaría de nuevo a la realidad o a su existencia. Pero lo que en verdad está por hacer… es destruirlo, fundirlo con el firmamento. Cosa que, si debe pasar con las almas que habitad ahí, todos los que vi son los seres que, si deben abandonar este mundo, pero él no, él no está muerto, solo está en ese trance o estado de conciencia al que llego por culpa de ese maldito hechicero.   Sigo leyendo, debo saber cómo sacarlo de ser lugar, sé que este libro tiene la respuesta. El despertar del alma equivocada. ─ ese título llama mi atención. Me salto la parte introductoria y todo lo relacionado a la explicación que dan para cada alama de las demás especies, en este momento solo me interesa la nuestra. ─ Acá esta ─ digo emocionada. El despertar del alma de un licántropo. ─ me sumerjo en este capítulo. Se describe toda la historia, pero quiero llegar a lo que realmente me interesa, así que nuevamente me salto algunos párrafos, hasta llegar al que necesito, luego tendré tiempo de leer y conocer mejor la historia. Cuando un alma sucumbé por equivocación en el portal de los muertos, solo su compañera de vida, podrá traerlo de regreso. ─ culmino la explicación del laso creado y la unión hecha por la Diosa Luna al momento de designar la pareja. Leo como realizar el ritual de desconexión del estado de conciencia, así como la batalla perdida por los ancestrales y la profecía del nacimiento de los elegidos, entre otras cosas. Eso último lo leí, pero no sé qué relación tiene en este momento, solo sé que ya tengo la solución. Regreso a la habitación. Veo el calendario, la próxima luna llena es mañana, debo saber dónde fue la batalla, en ese lugar se creó el vórtice que provocó la separación de los tres elementos de mi compañero.   Salgo de la habitación, no sin antes prometerle que lo traeré de vuelta. No lo puedo tocar, si lo hago, provoco mi transmutación mental y en este momento eso no ayudaría. Llego al despacho del Alfa de Alfas y le pido que reúna a todos. No tardan ni un minuto en llegar. Hago un resumen de todo lo que leí. Por sus caras sé que están igual o más incrédulos que yo, pero debo convencerlos de esta idea loca que debe funcionar. ─ ¿Dónde fue la pelea? ─ mi pregunta va dirigida a sus padres. ─ No fue acá, fue en otro territorio ¿por qué la pregunta? ─ Debemos llevar el cuerpo de Breisthell a ese lugar, mañana es luna llena y antes de medianoche, él tiene que despertar, de lo contrario desaparecerá. ─   digo en tono acelerado.   ─ ¡Estamos a 16 horas! ─ que su madre se alteré no es algo que ayude mucho, pero la entiendo, voy dar mi opinión, pero mi hermano interviene. ─ ¡Pues que estamos esperando! Yo creó en ella y sé que podemos lograrlo, aún tenemos tiempo. ─ opino igual ─ les doy un gracias mudo, acompañado de una sonrisa tanto a Varick como a Antoine. ─ Yo también estoy de acuerdo ─ y yo ─ dicen Alay en apoyo a mi hermana y a mí. ─ ¿Y ustedes? ─ pregunto a sus padres. ─ Sé que puede ser una locura, pero cuentas con todo nuestro respaldo. ─ el apretón de manos del Alfa de Alfas, es acompañado por el abrazo que su esposa me da. ─ Quiero que sepas, que, si esto no funciona, igual agradezco todo lo que estás haciendo por ayudar a mi hijo. ─ se gira y se dirige a todos ─ Gracias, ahora sé que la Diosa Luna no sé equivoco en el momento que cruzo nuestros caminos. ─ Va a funcionar. ─ digo tomando sus manos. ─ Bueno muchachos tenemos un viaje que organizar. Llamaré para que alisten todo, partiremos tan pronto tengamos el avión medicalizado listo. ─ dice el Alfa saliendo del despacho. Luego de una hora todos subimos al avión y cada uno toma su lugar. Antes de sentarme, voy hasta el lugar donde está mi compañero, lo observo y le digo. ─ No sé qué haré si no despiertas. Sé que no llevo mucho a tu lado, pero quiero que sepas que te necesito, tus padres te necesitan, todos te necesitamos. ─ no puedo detener mis lágrimas, son tantas personas que confían en mí, no puedo fallarles. Solo espérame un poco más… por favor ─ digo antes de salir. Es así como todos partimos con la fe de lograr que él regrese a nuestras vidas. No pregunté a donde vamos, de hecho, nadie lo hizo, la verdad eso lo de menos, lo importante es llegar a tiempo.
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