Hanna.
—¿Ha osado a irrumpir en tu hogar?— Preguntó Margaret sorprendida.
Di un pequeño suspiro antes de responder deteniéndome para a recostarme en una pared.
—Que te puedo decir, lo único que sé, es que está mujer no se quedará tranquila hasta no cumplir su objetivo cosa que me aterra mucho— Dije mientras afincaba mis manos a mis rodillas.
Margaret también se detuvo dejando caer sobre el suelo las grandes y pesadas bolsas que venía cargando desde hace rato.
—Calma mujer, que con suerte es cosa de unos días— Dijo intentando tranquilizarme— De seguro logramos hacer que está extraña desaparezca— Agregó sonando un poco alterada.
Podía entenderle después de todo yo también he de admitir que siento mucho miedo ante está peligrosa situación.
—No la mataremos Margaret, no somos unos salvajes como ellas, tenemos principios— Respondí exhausta.
Hoy me ha tocado acompañar a Margaret Al supermercado, he Aprovechado la ocasión para ponerla al tanto de todo lo que venía sucediendo desde hace un par de días.
—Los principios no servirán de nada si te logra atrapar en un hechizo que ni siquiera yo pueda romper— Replicó ya un tanto amargada.
—No es la gran cosa, además de que yo me preocuparía más por ti en realidad— Respondí aún con la mirada en el suelo.
—Oye, eso a dolido un poco, que se que no soy la mejor hechicera pero también tengo mis buenos trucos y si esa maniática intenta hacerme daño no se la pone tan fácil, que valoro mis principios pero amo más mi vida— Contestó elevando el tono de voz.
Me puse nuevamente de pie, acomodándome el vestido, sacando de la cartera el espejo de mano para revisar que todo estuviese en su lugar, acomodé mi castaño cabello el cual se ha espejando un poco por tanto movida.
—Entiendo perfectamente tu preocupación mi querida Margaret pero en el ahora ella tiene la ventaja, debemos estar alertas a sus movimientos y esperar el momento adecuado para atacarla, después de todo somos dos, eso nos da una mínima oportunidad de arreglar este pequeño asunto— Respondí para luego guardar el espejo en la cartera nuevamente.
—Esta bien Hanna, dejaré que seas la líder en todo este lío, solo prométeme que cualquier cosa que suceda lucharemos juntas hasta el final— Pidió para así finalizar la conversación.
—Vamos Margaret, eso enserio me a ofendido, obviamente estaremos juntas hasta en la peor situación, somos como hermanas— Contesté.
Margaret me abrazo de improvisto, se apartó para tomar nuevamente las bolsas llenas de comida y sin decir nada más empezó nuevamente la caminata.
Yo me acomode como pude los tacones para no quedarme atrás, sintiéndome realmente un poco más aliviada pues este día nuevamente he reafirmado que no estoy sola.
«No he llegado aquí sola después de todo».
Seguí a Margaret y empecé a hablar con ella sobre la nueva peluquería del centro comercial Nova y de lo increíblemente hermoso que dejan el cabello.
—Sus manos son como las de un ángel— Dije maravillada al referirme a aquel hombre de las manos milagrosas.
—Pues es cierto que te ha dejado el pelo demasiado hermoso— Contestó mirándome— Tal vez luego puedas acompañarme— Agregó riendo.
Sonreí junto a ella, disfrutando de la vida ajetreada de la gran ciudad.
Luego de un rato agarramos un taxi para así recortar el camino a casa.
«Además de que no lograba soportar ni por un segundo más los pies».
En el viaje estuve conversando con Margaret sobre lo increíble que ha Sido mi vida estos últimos años, me puse algo melancólica al recordar esos momentos dorados, los ojos casi que se me aguan por tan bonitos recuerdos que se venían a mi cabeza.
—No te preocupes Hanna saldremos adelante— Comentó Margaret mientras tomaba mi mano para tratar de calmarme.
—Estoy bien y se que será así pero es casi imposible no pensar en lo peor— Contesté alarmada.
Margaret sin saber que decir solo me brindo su apoyo sacando de la gran bolsa de comida un paquete de galletas, las abrió, me invitó a comer una ya que son de chocolate y se dice que el chocolate es bueno para retomar ánimos.
Acepté para no sonar grosera aunque en realidad si quería sentirme un poco mejor.
—Gracias Margaret— Dije dándole una pequeña mordida a la galleta que he tomado.
Ella solo asintió mostrándose alegré de poder hacer algo para subir mis ánimos.
—Señoritas, hemos llegado a la primera ubicación que me han dado— Dijo el chófer viéndonos desde retrovisor.
Ambas nos sorprendimos, el tiempo del viaje se había hecho muy corto, Margaret volteó a mirarme viéndome un poco insatisfecha.
—Bueno, creo que aquí nos despedimos— Dijo ella sonando un tanto triste.
—Supongo que tienes razón— Respondí sonriendo torpemente.
Margaret me abrazo diciéndome en voz baja que cualquier cosa que sucediera ella estaría allí para respaldarme, agradecí eternamente su devoción.
Tomó sus bolsas y bajo del carro, agradeciendo al chófer y luego despidiéndose de mí.
—Hasta pronto Margaret— Dije desde la ventana.
El auto empezó a rodar de nuevo, está vez tocaba dejarme en mi casa.
A recosté la cabeza al mueble en el que estaba sentada terminado por quedarme profundamente dormida.
—Oiga señorita, ya llegamos señorita, oiga— Decía el chófer intentando revivirme.
—Oh disculpe— Dije avergonzada— Me he quedado dormida sin darme cuenta— Seguí diciendo para luego bajar del auto.
Terminé de pagarle al señor y me despedí de él dándole las gracias por su tan buen servicio.
—No se preocupe señorita, siempre será un gusto para mí trabajar para gente con tan buenas vibras como usted y su amiga— Contestó entrando nuevamente el coche— Hasta luego— Dijo para luego arrancar el coche.
Me limpié la cara para ver si así podía quitarme el sueño del rostro, estuve un par de segundos parada afuera enfrente de la puerta tratando de botar toda la pereza, ya cuando lo logré me dirigí e entre a casa.
Adentró me dirigí a la cocina por un vaso de agua.
Mientras bebía mi agua, Robert llegó lo que me sorprendió pues aún era muy temprano.
Salí de inmediato de la cocina para recibirlo y verificar que todo estuviese bien.
—¿A ocurrido algo cariño?— Pregunté asustada.
—No, mi cielo— Contestó agarrándome entre sus brazos para cargarme y regalarme un apasionado beso.
Me bajo y luego se dirigió a la cocina en busca de comer.
Me quedé sorprendida por su repentina demostración de cariño aunque me alegraba verle tan feliz.
—¿Cómo ha estado tu trabajo?— Pregunté yendo a dónde él se encontraba.
—Increíble, hoy como la vecina a empezado a trabajar allá, se me ha permitido salir más temprano— Contestó encajando los dientes en una manzana.
—Espera ¿Qué has dicho?— Pregunté exaltada.
—Que se me ha permitido venirme más temprano— Respondió sorprendido.
—No eso cariño, lo que has dicho antes— Pregunté nuevamente.
—¿Qué la vecina a empezado a trabajar allá conmigo?— Contestó confundido.
Me quedé en shock, sin saber cómo reaccionar.
«Ella enserio está decidida a destruir mi vida».