Michael la ayudó a ponerse el vestido de nuevo, tomándose su tiempo para alisar la tela contra su piel con una ternura que hizo que Alma sintiera que todo lo que acababan de compartir era algo más que un momento físico. Fue un acto lleno de cuidado y respeto, como si al devolverle la ropa estuviera también devolviéndole un pedazo de su identidad. Mientras se ajustaba los tirantes del vestido, Alma alzó la vista hacia él. Sus ojos se encontraron, y una leve sonrisa se formó en sus labios. —¿Siempre eres así de considerado? —preguntó ella, su voz suave y cargada de emociones. Michael ladeó la cabeza, una chispa de humor brillando en sus ojos. —Solo con las personas que me importan. Y así...solo contigo... Esa respuesta la hizo sentir algo que no había experimentado en mucho tiempo: calo

