CAPÍTULO 5.

2126 Palabras
FEBRERO. Hal. Me encontraba frente a la mesa de la cocina con mis amigos frente a mí incluyendo el desayuno. Se supone que era para comer, pero hace tres meses que yo no sabía exactamente que era tener una buena comida dentro de mí estómago o inclusive pensar en algo más que no fuera Simone y estos tres meses en donde ella no despertaba. ─Tierra llamando a Hal ─la voz de Aarón me sacó de mis pensamientos. Giré mi rostro a él y me mostró una pequeña sonrisa antes de llevar una rebanada de su sándwich a su boca. ─Lo siento, yo... ─Si ya sabemos en que piensas y... El sonido del timbre del departamento interrumpió a Sebas y ni siquiera tuve que esperar a que un segundo sonido se hiciera presente ya que caminé hasta la puerta para ver de quien se trataba y en lo único que rogaba era que se tratará de Pía con muy buenas noticias. En cuanto la abrí la piel morena de Oliver estaba frente a mí y a su lado Roben. Ambos me observaron de arriba abajo y luego Oliver se aclaró la garganta así que me hice el ademán de invitarlos a pasar. Mis amigos los saludaron y ellos les devolvieron el saludo. ─Antes de que lo preguntes estamos aquí para saber que decisión has tomado Hal ─soltó Oliver. Pasé una de mis manos por mi cabello y luego la descendí hasta mi rostro ocasionando que la pequeña barba que llevaba en mi barbilla pícara en la palma de mi mano. ─No... no he pensado en nada aún. Hace dos semanas Oliver me había contacto para informarme que el campeonato en Las Vegas estaba a la vuelta de la esquina, prácticamente tenía una semana para darle una respuesta y así asistir a ese campeonato que siempre desee, pero en mi cabeza se encontraba esperar respuestas de Simone para luego de eso pensar en que realmente quería, pero Simone aún seguía en la nada. ─En una semana es el campeonato y si quieres estar ahí será mejor que empieces a empacar ─dijo Roben. Mis amigos tenían sus ojos sobre mí y yo solo estaba tratando de que las cosas dentro de mí se dieran solas, quizás que mi cerebro enviará una respuesta y mi boca la emitiera, pero nada de eso ocurría. ─¿Pueden darme unos días? ─pregunté. ─¿Días? ─exclamó Oliver. ─Te dimos dos semanas para que lo pensarás inclusive tuviste tres meses en los cuales podías pensar lo que querías y aún pides días. ─Lo sé, lo sé, pero tienen que entender que no puedo irme a ese campeonato sin tener noticias de Simone porque no podré concentrarme y todo puede irse a la mierda ─contesté. Roben se aclaró la garganta y empezó a caminar hacia a mí, pasó a mi lado y abrió la puerta para salir, pero antes me hizo un movimiento con la cabeza para salir con él así que lo hice. Al estar en él pasillo del hotel me recosté a la puerta y crucé mis brazos frente a mi pecho esperando por lo que tenía que decirme Roben. ─Sé que la amas, sé que estás enamorado Hal y sé que mientras ella no despierte no te moverás de aquí ─soltó antes de meter sus manos en sus bolsillos traseros. ─Renuncia al campeonato y quédate, tú y yo sabemos que eso es lo que realmente quieres, no hagas caso a lo que Oliver diga o incluso a lo que te estoy diciendo solo has lo que creas... ─Quiero ir al campeonato ─lo corté. ─Pero también la quiero a ella, se supone que Simone iría a Las Vegas conmigo y estaría ahí entre el público apoyándome. ─Las cosas suelen ser así Hal ─murmuró. ─Un día todo está bien y al otro todo está mal. La puerta fue abierta y Oliver salió, nos observó a ambos y luego cruzó sus brazos frente a su pecho. ─Supongo que ya tienes una respuesta ─soltó. Solté un suspiro y desvié mi mirada al suelo, observé mis zapatillas, las de Oliver y los zapatos lustrosos de Roben para después asentir lentamente. ─¿Y bien? ─preguntó Oliver. Al momento en que estaba por hablar Ashley salió del departamento con mi teléfono en su mano y por su expresión sé que era esa llamada que esperaba todos los días a la misma hora durante estos últimos tres meses. ─Es Pía ─murmuró. Inmediatamente tomé el teléfono y me aleje de Oliver y Roben para caminar hasta el otro pasillo, coloqué el teléfono en mi oído y solté un largo suspiro antes de hablar. ─Pía... ─Hal... ─su voz no sonaba igual. ─¿Qué pasa Pía? ─Tranquilízate y por favor ven lo más rápido que puedas al hospital se trata de... ─¿Ha despertado? ─pregunté y una pequeña sonrisa se dio paso en mis labios. ─De eso se trata, no ha respondido en estos tres meses y su madre ha decidido que es hora de dejarla ir. Frío. Frío. Frío. Pude sentir como un pequeño pitido se hizo presente en mis oídos mientras empecé a recostarme a una de las paredes del fondo. Podía escuchar la voz de Pía mediante el teléfono, incluso la voz de Ashley, Roben y Oliver quienes estaban frente a mí tratando de ayudarme a levantar, pero lo único que mi cabeza procesaba era esas palabras que Pía había dicho. Es hora de dejarla ir. ─¿Hal estás bien? ─preguntó Oliver a mi lado. Le di un empujón a él y a Roben antes de empezar a caminar a toda prisa hasta mi departamento en donde Aarón y Sebas no entendían que era lo que estaba pasando, tomé las llaves de mi auto y salí de este a toda prisa para adentrarme al ascensor. Escuché los gritos de mis amigos antes de que las puertas se cerrarán, pero eso no me impidió volver a ellos. Salí del ascensor empujando a todas las personas que se encontraban en mi camino hasta salir del hotel y llegar a mi auto para conducir como un loco por la carretera y finalmente llegar a ese lugar en donde no había estado desde hace meses. En cuanto bajé del auto ni siquiera me importó cerrar la puerta, me dispuse en caminar hacia la puerta de urgencias y al estar dentro de este empecé a buscar el cabello rubio de Pía entre las personas. Mis ojos picaban por llorar, pero no iba a hacerlo, no derramaría alguna lágrima porque no iba a despedirme, no estaba listo. Finalmente al llegar a la sala de espera mis ojos se toparon con los de Anabelle, la madre de Simone quien tenía unas grandes ojeras bajo sus ojos, Gerald estaba a su lado con sus ojos llorosos y luego pude apreciar a Pía quien se volteó a mí y corrió hasta rodear sus brazos en mi cuerpo. ─No... no la voy a dejar ir ─solté. Pía se encontraba llorando en mi hombro y no quería que me contagiara así que la aparte y caminé hasta la madre de Simone en pasos decididos. ─Usted no tiene ningún derecho en arrebatarle la vida ─solté. ─Ella puede despertar y... ─No responde a nada ─contestó. ─Ha estado tres meses en una cama con más de cinco máquinas ¿Crees que no me parte el alma ver a mi hija en ese estado? Apreté mis puños para tratar de no llorar y me mantuve observando a la mujer frente a mí. ─Hace una semana los doctores pidieron hablar conmigo para tomar una decisión y entré esas estaba dar la orden de desconectar las máquinas ─continuó hablando. ─Mientras que la otra era tener a mi hija en su habitación con todos esos aparatos y su piel pálida. ─No puede hacer eso por favor ─una lágrima rodó por mi mejilla. ─No puede... Sin pensarlo me coloqué de rodillas frente a la madre de Simone y me aferré a sus piernas al momento en que las lágrimas se dieron paso. ─No puede alejarme usted también de ella ─dije entre sollozos. ─Tenemos mucho por vivir y... Las manos de Pía llegaron a mis hombros para alejarme de Anabelle, pero mientras más lo hacía yo me aferraba más. ─He firmado Hal, ya no hay nada que hacer ─dijo Anabelle entre sollozos. Gerald intentó acercarse a mí para ayudarme a levantar, pero esquive su cuerpo antes de levantarme y negar con la cabeza. ─¡Usted no ama a su hija! ─grité. La puerta tras de mí fue abierta y un doctor junto a una enfermera se hicieron presentes, ambos nos observaron a todos y luego el doctor asintió en dirección a la madre de Simone. ─Pueden pasar uno a uno a despedirse, tienen diez minutos ─indicó el doctor. ─¡No! ─grité. ─¡Nadie va a despedirse! ─Hal... por favor ─Pía rodeó mi cuerpo para tratar de calmarme, pero nuevamente la alejé. Pasé ambas de mis manos por mi rostro hasta llevarlas a mi cabello y solté un gritó antes de salir de la sala de espera. Empecé a caminar hacia la puerta de salida con más de veinte miradas sobre mí y al salir de hospital pude apreciar la camioneta de Oliver estacionarse. Bajaron mis amigos, Roben y él y los ignoré a todos para empezar a caminar hacia mi auto. ─¡Hal! ─gritó Ashley. ─Déjalo solo ─indicó Roben. Entré a mi auto y coloqué mis manos en el volante antes de soltar a llorar y pegar mi frente a este. Pude sentir cuando la puerta del copiloto fue abierta y al levantar mi rostro Sebas entró al auto. ─Sé va... ─susurré. Sebas rodeó sus brazos en mi cuerpo y yo de igual manera le devolví el abrazo dejando que mis lágrimas inundarán su camisa. ─No puedo... dejarla ir. ─Lo sé, lo sé Hal. Estuve en ese auto en compañía de Sebas por casi media hora tratando de dejar de pensar en lo que tenía que hacer, pero cada vez me era más difícil hacerlo. Un golpe en la ventanilla se hizo presente y al voltear observé el rostro de Pía completamente rojo, bajé la ventanilla y ella dirigió su mirada a Sebas y luego a mí. ─Faltas tú ─susurró con un hilo de voz. Subí la ventanilla y nuevamente mis ojos se llenaron de lágrimas. ─Recuérdale todos esos buenos momentos que tuvieron juntos, recuérdale que gracias a que ella entró en tu vida eres un hombre de admirar cambiaste para bien, cambiaste por ella, tienes que agradecerle el hecho de que entro en tu vida ─dijo Sebas a mi lado. ─Nunca había imaginado el hecho de despedirme de ella ─solté. ─La última vez que nos vimos la trate como la mierda por mi culpa sufrió ese accidente, no puedo sentarme junto a su cuerpo con unas malditas maquinas que la mantienen con vida, para despedirme y luego ver como deja de vivir. ─Nadie está preparado para dejar ese gran amor ─murmuró Sebas. Solté un suspiro y pasé ambas de mis manos por mi rostro antes de abrir la puerta del auto de modo que Sebas también lo hizo y luego de eso ambos observamos a Pía frente a su auto sin dejar de llorar. ─Habla con ella lo necesita ─dije a Sebas refiriéndome a Pía y él asintió. Me dispuse en caminar hacia la entrada del hospital y al estar dentro de este aún seguían las miradas sobre mí. Caminé por el largo pasillo hasta llegar a la sala de espera en donde Aarón, Ashley, Roben, Oliver, Gerald y la madre de Simone se encontraban en aquellas sillas. ─Venga conmigo ─la voz de la enfermera se hicieron presente tras de mí. Le di una última mirada a las personas frente a mí y luego me giré hacia la enfermera para seguirlas, cruzamos una puerta donde decía personal autorizado y finalmente estamos frente a una puerta en color blanco con una pequeña ventanilla. ─Es esa puerta ─me indicó la enfermera. ─Solo diez minutos. Solté un suspiro, di dos pasos hacia la puerta, tomé el pomo y lo giré y en cuanto entré mi corazón dejó de latir por unos unos y las lágrimas se dieron paso nuevamente. No podía creer lo que veía frente a mí. Mi bonita estaba en una cama con un tubo en su boca, su rostro pálido con algunas cicatrices gracias a los vidrios del auto e inclusive su cabello estaba un poco más largo. Caminé hasta ella y tomé asiento en la pequeña silla a su lado, pasé una de mis manos por mi rostro antes de tomar una de sus manos y apretarlo para después dejar un beso de el dorso de ella. ─Pequeña cosa... ─susurré al momento en que las lágrimas continuaron su curso.
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