Hal.
Era más que difícil afrontar todos los problemas que habitaban en mi cabeza desde hace meses o incluso años incluyendo el hecho de que no tenía buena comunicación con mis padres, pero al estar frente a una cama en donde aquella chica que me devolvió esa paz y esas ganas de vivir la vida paso a paso me era más difícil que todo lo que rodeaba.
Solté un suspiro y apreté su pequeña mano entre la mía sin dejar de observar su rostro de perfil. Sus ojos cerrados con esas perfectas pestañas, su pequeña nariz con esas pecas sobre ella y aunque no podía detallar sus labios como quisiera ya que aquel tubo en su boca me lo impedía no dejaba de pensar en esa gran sonrisa que ella siempre llevaba.
─Aquí el poco comunicativo soy yo... ─susurré. ─No tú.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero esta vez las afronte porque para mí las lágrimas frente a una persona tenían un gran significado y eso era una despedida y aunque todos en aquel estado se despedían de Simone yo no lo iba a hacer.
─No quiero despedirme pequeña cosa ─susurré. ─No puedo hacerlo, es.. es muy difícil para mí buscar esas palabras para terminar con todo.
Apreté su mano entre las mías y la llevé a mis labios para dejar un beso corto en ellas. Observé su cabello n***o que ahora se encontraba bajo sus senos, mucho más largo de como la conocí, pero seguía igual de hermosa.
─¿Recuerdas aquella tarde en la que tocaste a mi puerta en busca de un departamento? ─pregunté y no pude evitar evitar una risita. ─Te odio maldita sea, claro que te odie porque eras todo lo que no me gustaba.
Me mantuve observando su rostro esperando alguna reacción, pero nada, su rostro continuaba igual y las máquinas a su lado con el mismo sonido.
─Hablabas demasiado, sonreías demasiado y me molestaba porque yo no podía hacerlo, yo no podía compartir esas expresiones, pero cada día a tu lado empezó a ser como una enseñanza de que yo podía lograrlo a pesar de toda esa mierda que me rodeaba ─solté un suspiro. ─Tengo que confesar que nuestro primer beso en mi habitación bajo los efectos del alcohol se convirtió en mi favorito.
Solté una risita.
─La última chica a la cual bese lleva por nombre Jamie y eso había ocurrido hace cuatro años, pero esa noche tuve la valentía de pasar página y darle esa oportunidad a mi mundo, esa oportunidad que tú me enseñaste y en la cual estuviste a mi lado día y noche a pesar de mis errores, de mis cambios de humor y de mis estupideces porque a pesar de que nos distanciamos tu siempre llegabas a mí por eso ahora estoy aquí esperando por ti, es mi turno de ser el que de ese paso por ti, por mí, por nosotros y por nuestro amor pequeña cosa.
No pude evitarlo y una lágrima descendió por mi mejilla así que no retiré con la mano de Simone entre las mías.
─Dije que no iba a llorar porque ya lo hice demasiado allá afuera, pero... ─me garganta se cerró y mi voz salió entrecortada ─No puedo hacerlo, no puedo imaginar que saldré por esta puerta con una despedida, no puedo imaginar que en tres meses no recuerde tu rostro y no puedo imaginar que en dos años ya te haya olvidado.
Mi visión se encontraba borrosa ya que las lágrimas no cesaban, ni siquiera podía detenerlas ya era algo normal en mí después de tanto tiempo.
─Lo lamento tanto pequeña cosa, fue mi culpa, no debí dejarte jamás, no debí obedecer a tu padre ─solté un suspiro sin dejar de observar su rostro. ─Eres lo mejor que me ha pasado y no estoy preparado para dejarte ir, nunca estuve preparado siempre mantuve una pequeña esperanzas dentro de mí en la cual te volvería ver frente a mis ojos con tu hermosa sonrisa.
Un pequeño golpe en la puerta se hizo presente y en cuanto me volteó el chico rubio vestido de doctor me mostró una sonrisa triste antes de aclararse la garganta.
─Tres minutos ─susurró antes de salir nuevamente.
Apreté la mano de Simone y solté a llorar de modo que recosté mi frente en su brazo dejando mis lágrimas en su brazo.
─No me hagas esto, vuelve... vuelve a mí ─susurré entre sollozos. ─No me dejes, te necesito a mi lado, no se hacerlo sin ti, sin ti no tengo nada no se quién soy.
Estuve unos segundos con mi frente sobre su brazo esperando alguna reacción, pero nada paso así que levanté mi rostro examiné el suyo una última vez y me levanté de la silla para acercarme y dejar un beso corto en su frente.
─Fuiste ese campo de luz que necesitaba para salir de la oscuridad pequeña cosa ─rocé su mejilla con mis nudillos. ─Fuiste el amor de mi vida.
Cerré mis ojos y solté un suspiro antes de darme la vuelta y empezar a caminar hacia la puerta y al momento en que giré la perilla pensé en voltear y ver su rostro por última vez, pero estaba seguro que eso me destrozaría más así que solo salí de la habitación sin mirar atrás.
─¿Ya se despidió? ─preguntó una enfermera y sólo asentí.
Caminé hasta la sala de espera en donde la madre de Simone se encontraba llorando desconsoladamente, Pía de igual manera entre los brazos de Sebas, Gerald en una silla cubriendo su rostro entre sus manos, Ashley junto a Aarón y Oliver y Roben en una esquina con sus ojos sobre los míos.
─¿Están listos? ─preguntó la voz del doctor tras de mí y la madre de Simone asintió.
─No voy a quedarme para ver este espectáculo ─solté antes de darme la vuelta y empezar a caminar hacia la puerta de salida.
En cuanto la brisa fresca golpeó mi rostro y la nieve empezó a caer sobre mi cuerpo solté un suspiro y continué mi camino hacía mi auto, entré en él y salí a toda prisa del hospital sin tener algún rumbo fijo.
Estuve conduciendo por casi media hora sin tener idea de adónde quería ir así que decidí estacionar mi auto cerca de una cafetería y mantenerme dentro del auto pensando en que en este preciso momento ya las cosas habían tomado su curso.
Negué con la cabeza y una carcajada salió de mí en cuanto algunos recuerdos se hicieron presentes.
Simone frente a mi puerta.
Esa noche en la cual tomamos el té a mitad de la noche.
Luego viendo aquella película en la que no dejaba de preguntar cosas hasta que salió Harry Styles y soltó un gritó que pude sentirlo junto a mí.
Aquella noche en la que subió a una mesa y bailo totalmente ebria y luego estuvo corriendo bajo la lluvia.
Nuestro baile frente a todos el día de mi cumpleaños.
El primer beso en donde supe que ya estaba perdido y no tenía vuelta atrás.
Sus gritos en todas mis peleas animandome y llenándome de adrenalina.
Esa noche en la que se convirtió en mi otra mitad.
Aquella boda de su prima en donde bailamos como una pareja cursi.
Todas esas noches de pasión, deseo y amor que nos acompañaban a ambos.
Y finalmente esa noche en donde su rostro estaba cubierto de lágrimas frente a mí y en el cual no tenía idea que vería por última vez.
Pasé ambas de mis manos por mi rostro hasta llevarlas a mi cabello y solté a llorar nuevamente, pegué mi frente al volante y dejé que todo saliera hasta que yo mismo supe que necesitaba hablar con alguien, necesitaba soltar todo y hacer que dejara de doler.
Encendí el auto y me dispuse en conducir con la luna de acompañante y los copos de nieve cayendo sobre mi parabrisas hacia ese lugar o mejor dicho aquella persona que me entendía lo suficiente al igual que Simone lo hizo una vez.
Luego de recordar las calles y no perderme en el camino estacione frente aquella casa con el perfecto jardín. Bajé del auto y pasé mis manos por mi rostro para así tener un buen rostro y no el de aquella persona muerta que habitaba en mí.
En cuanto estuve frente a la puerta le di un pequeño golpe y me mantuve esperando a que Jamie abriera, pero no ocurrió así que golpeé tres veces más y pude escuchar los pasos de alguien acercarse y cuando finalmente la puerta fue abierta mis ojos dieron a una mujer mayor de cabello blanco que reconocí gracias a aquella noche en la cual traje a Jamie.
─Buenas... buenas noches ─saludé. ─¿Se encuentra Jamie?
─Jamie no vive aquí joven.
Inmediatamente arrugue un poco mi frente ya que estaba seguro de que esta era la casa.
─Yo la traje hace dos...
─Jamie vive en aquella casa ─señaló una casa de color blanco a casi cinco metros de donde nos encontrábamos.
─Oh, gracias.
La señora asintió y yo me dediqué en caminar hasta mi auto, lo encendí y conduje hasta la pequeña casa de color blanco la cual no tenía jardín y desde afuera no era muy grande. Bajé del auto y caminé hasta la puerta, le di dos golpes y metí mis manos en mi bolsillo esperando a que alguien finalmente abriera.
─Un momento... ─la voz de Jamie al otro lado se hizo presente.
Desvié mi rostro a las casas alrededor y cuando la puerta fue abierta mis ojos dieron a Jamie quien llevaba un turbante en su cabeza, su expresión cambió en cuanto me vio ya que no me esperaba ahí.
─Ha... Hal...
─¿Mentiste sobre tu dirección? ─pregunté.
─¿Qué haces aquí?
Observé las pequeñas ojeras bajó sus ojos, su piel aún más pálida que la última vez que nos vimos y nuevamente al turbante en su cabeza.
─Necesito hablar con alguien y...
─Mamá ─la voz de un niño se hizo presente y Jamie volteó su rostro hacia dentro de su casa y luego me observó.
─¿Tienes un hijo? ─pregunté.
─Yo...
En una fracción de segundo mis ojos dieron a un niño de unos tres o cuatro años quien se posicionó alado de Jamie. Su cabello n***o caía sobre su frente en un corte que lo hacía ver muy tierno, su piel pálida me hizo recordar aquellas películas de vampiros y en cuanto quitó una de sus manos de sus ojos unos hermosos ojos café dieron a los míos.
─Vuelve a la cama cariño ya... ya estoy por ir ─indicó Jamie, pero el niño tenía sus ojos en mí e incluso no dejaba de observarme con una expresión fría.
─¿Un hijo? ─volví a preguntar a Jamie sin dejar de observar al pequeño frente a mí.
Ella lo tomó en brazos y al tenerlo a su lado pude apreciar que esos ojos cafés claramente los había heredado de ella solo que Jamie era castaña y el niño pelinegro.
─¿Qué haces aquí Hal? ─la voz de Jamie se quebró un poco y pude ver como sus ojos se humedecieron.
─¿Qué pasa Jamie? ─pregunté.
─Nada, yo...
Intentó cerrar la puerta, pero metí la punta de mi pies antes de que lo hiciera logrando así abrirla del todo.
─¿Por qué mentiste sobre tu dirección? ─pregunté. ─He ido a la casa en donde te dejé hace meses y la señora me ha dicho que no vivías ahí y...
─¿Qué necesitas Hal? ─preguntó.
─Mami bájame ─dijo el pequeño y ella lo hizo.
Observé al niño en cuanto corrió hacia la sala y luego mis ojos dieron a Jamie nuevamente.
─¿Cuántos años tiene? ─pregunté.
─No te interesa.
─Jamie, ¿Cuántos años tiene? ─volví a preguntar con voz seria.
─En dos meses cumplirá cuatro ─respondió.
Una punzada se hizo presente en mi estómago y aunque estaba tratando de pensar en algo más no podía ya que aún Simone estaba en mi cabeza.
─¿Dónde está su padre? ─pregunté.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, ella pasó una de sus manos por su rostro y negó con la cabeza.
─Jamie...
─Rompí contigo porque estaba embarazada ─soltó. ─Oliver me ofreció un cheque para que me alejará de ti ya que estabas clasificando y todo estaba bien con tus peleas, él no quería que yo te distrayera con algo así y por eso invente lo de mis padres y te dejé en tu departamento en Pennsylvania.
Llevé mis manos a mi cabeza y presioné la yema de mis dedos en la piel de mi cráneo.
─Me mude a este lugar y he cuidado de mi hijo desde entonces, te he seguido el rastro en internet y al ver que tu vida iba de maravilla junto a esa chica supe que tenía que continuar con mi vida y mi hijo ─continuó hablando.
─¡¿Cómo pudiste alejarme de él?! ─solté.
─Nunca quisiste una familia, ni siquiera hablabas con tus padres fue por esa razón que supe que tenía que tomar ese cheque y...
Inmediatamente me adentré en la casa y caminé hasta la sala en donde el pequeño estaba en el suelo con un tren de juguete y al ver que estaba a casi tres metros de él se levantó y corrió hasta una habitación.
Mi teléfono empezó a sonar en mi bolsillo trasero, pero no me importó, decidí dejarlo de lado.
─Anakin, ven con mamá ─habló Jamie.
Me giré hacia ella y ladee mi cabeza al escuchar ese nombre.
─¿Anakin?
─Sé que eres fan de Star Wars, conocí a Darth Vader y cuando mi hijo nació supe que tendría que usar ese nombre ─respondió.
Anakin salió de la habitación sin dejar de observarme y corrió hasta Jamie quien lo recibió con los brazos abiertos para luego cargarlo en brazos. Ella empezó a caminar hacía a mí, pero el pequeño escondió su rostro entre su pecho.
─Oye... ─susurré tratando de que el niño no se asustara.
─No te haré daño.
─Anakin ─murmuró Jamie. ─Él es Hal, es tu padre.