El resto de lo que quedó de trabajo, por más que intenté acoplarme, no logré hacerlo, no podía ni siquiera hablar o seguirle el juego a Alex, estaba tan seria que no pasé desapercibida, lo único que deseaba era que terminara mi hora de trabajo para dejar de ver las risillas melosas y las coqueterías de París hacia Noa, sin embargo, una mano me tomo por el brazo trayendo mi atención, parpadeé mirando a quien me retenía, los ojos enormes de Isabella aparecieron en mi campo de visión.
- ¿Qué pasa contigo? -Me preguntó poniendo las manos en jarras.
-Perdona es que yo…- me rasqué la frente desviando los ojos sin querer hacia la cara sonriente de Noa -solo me distraje un poco-. Isabella frunció el ceño mirando a Noa, para luego regresar a mí con un profundo suspiro.
- ¿Estás celosa? - Preguntó, pero yo negué rápidamente con la cabeza.
-No no-, mi corazón se contrajo en mi mentira -es solo que me toma de sorpresa, ella apenas trabajó un día aquí-. Dije con un sabor amargo entre la lengua, Isabella puso los ojos en blanco en un evidente gesto de fastidio.
-Si bueno, se conocieron ese día, parece ser que están comenzando a salir-. Confesó haciendo que tuviera un mini infarto, levanté la cabeza hacia ella con sorpresa.
- ¿Co-comenzando a salir? Yo creí que él no…-
-Si yo también-, soltó otro suspiro cruzándose de brazos -pensé que no era ella con quien estaba saliendo-, Isabella me recorrió con los ojos, pero continúo -pero me parece que tienen un par de semanas, creo que Noa va enserio, no suele salir con alguien más de una semana-. Las palabras calaron tan hondo en mi mente como pinchos en mi cerebro, es doloroso, mis ojos se humedecieron, quería llorar, pero me mantuve inmóvil frente a “su mejor amiga”, incluso Isabella parecía estar conforme que ellos dos estuvieran saliendo, lo que me causó un revoltijo en el estómago, “incluso en eso es controladora”, apreté los puños de mis manos, debía dejarlo pasar.
Parpadeé levantando los ojos a los suyos, los que me inspeccionaban con detenimiento.
-Estoy por terminar, el restaurante cierra pronto, me iré en cuanto termine-. Le avisé, ella se descruzó de brazos, parecía ser que quería decirme algo más.
- ¿Quieres preguntarme algo? – Le dije tomándola por sorpresa.
Ella se mordió los labios mirando fugazmente a su rededor.
- Yo, tengo curiosidad-, sus palabras sonaron débiles, noté que titubeaba, entrecerré los ojos - ¿Tú de donde conoces al hijo del señor Ígor Romanov? – Se aclaró la garganta y puso la espalda recta para que no se notara su inseguridad, “a Isabella le gusta desde hace mucho tiempo”, repasaron las palabras de Olivia en mi mente, una punzada de venganza atacó mi corazón, ella me había lastimado, quería hacer lo mismo con ella, deseaba con todo mi ser ver la expresión de su rostro al decirle que sí, “que Damien y yo cogiamos como animales desde hace mucho tiempo”, la mera idea me sació pero, apretando los puños de mis manos, solo me limité a soltar un suspiro, no sería yo si actuaba de esa manera.
-Él… su familia-, corregí lo último aclarándome la garganta -viven en Montefiorelle, que es donde viví toda mi vida-, ella no parpadeaba, pendiente de mis palabras -Montefiorelle no es muy grande, al fin y al cabo, no deja de ser un pueblo, todos saben de todos, pero no es tampoco que los conozca de toda la vida-. Descaradamente mentí, era más que obvio que la pelea que habíamos tenido apenas la noche anterior no era de completos desconocidos, pero, pareció complacer a Isabella, la que soltó un aire contenido en sus pulmones.
Quise preguntarle sobre el porqué de su interés, aunque lo supiera, pero de nuevo reprimí la sarna que deseaba colarse de mi resentido cuerpo.
-Deja bien cerrado tu casillero cuando te vayas Stella, anoche lo dejaste abierto y tuve que cerrarlo yo-. Dijo apartando su mirada de la mía, asentí con la cabeza, y me aparté de su presencia, todavía me quedaban unas cosas por terminar y quería acabarlas antes de irme, por lo que seguí mi camino con la vista de Isabella clavada en mi espalda como cuchillas.
Evité mirar la barra que comenzaba a estar más vacía, incluso evité que las risas de París me distrajeran, por lo que así me mantuve hasta que di por finalizada mi jornada de trabajo. Olivia y Alex intentaron llegar hasta mí, parecían estar preparándose para salir a algún lugar, a juzgar por sus ropas de fiesta, mi amiga se me colgó del brazo cuando yo me giré para salir de los vestidores, lista para irme.
-Alto ahí fugitiva-, exclamó ella enredando su brazo contra el mío – Iremos a beber ¿Quieres acompañarnos? – Alex me miró parpadeando, mi corazón se sacudió, pero, mirándolos con atención le dirigí a ellos con pena;
-Esta noche no, ya tengo planes-. Dije.
-Ah ya, también tu nos desprecias, Noa saldrá con esa sexy París y tú-, puso los brazos en jarras con una ofensa fingida, aparté la punzada dolorosa que me llenó el pecho, tendría una cita, me aclaré la garganta.
Yo también.
-Me encantaría acompañarlos-, una alarma en mi celular me avisó que mi transporte había llegado -pero en verdad tengo que irme ya-. Esquivé el cuerpo de Alex evitando que dijera algo más, no quería ser grosera, pero tenía la rotunda necesidad de largarme de una buena vez, evité salir por la puerta principal, no quería verlos coqueteando aún en la barra, por lo que saliendo por el callejón donde Noa posó sus labios en los míos encontré mi Uber aparcado en la cera.
No miré hacía atrás, si lo hacía podría verlos sonreírse, y yo iría con Damien, a matar todos los sentimientos que tenía por Noa.
…..
De pie frente al anfitrión, me extendió de nuevo la máscara de conejo en la brillante charola de plata fina, en silencio la tomé y me la acomodé en la cara, para que este ser misterioso me dejara a continuación en medio de la fantasía que era el club, recordaba bien los pasillos, por lo que no se me dificultó llegar hasta la habitación cerrada, desde donde pulsaba el deseo que irradiaba Damien, como una ola de calor que llegaba hasta mí, no toque la puerta, simplemente entre en silencio.
La conocida habitación me recibió apagando la sensual música del pasillo, me saqué la máscara mirando a mi alrededor, dentro no había más que una mediana nota escrita en una preciosa caligrafía acomodada en el centro de la cama, tomé el grueso papel y leí su contenido;
Tienes 20 minutos.
Tu ropa está en el gabinete del baño.
-Damien.
El cuerpo me tembló completo, Damien solía dejarme notas así cuando “jugábamos” en la enorme mansión que tenía por casa, esto era una dinámica que conocía muy bien, por lo que agradecí que tuviera preparado un baño para mí, lo comprobé cuando miré que dentro del enorme y lujoso aseo, encontré una tina repleta de agua rosada, agradecida, me desnude para entrar en la deliciosa agua, perfectamente caliente y perfumada, donde lavé mi cuerpo lo mejor que pude, y, faltando 10 minutos para los 20 que me había dado Damien, salí de la tina con pesar, enredada en una toalla me fui al gabinete, un enorme ropero n***o que abrí de par en par, el aliento se me cortó cuando comprobé que dentro solo encontré una caja rellena de un suave cojín rojo de terciopelo, donde reposaba delicadamente una hermosa lencería negra.
Mi piel se erizó ante lo que mis ojos miraban, mi cuerpo reaccionó favorablemente, de inmediato sentí como el calor subió un par de peldaños cuando tomé la delicada ropa con ambas manos, trague saliva con dificultad estremeciéndome toda, pero, con habilidad me acoplé la apretada y reveladora prenda, mi corazón se estremeció cuando acomodé en mi cuerpo la tela que rodeaba cada curva de mi anatomía, resoplé excitándome de solo sentirla rodeándome los pechos, las piernas y las caderas, me relamí los labios mientras me miraba en el enorme espejo de cuerpo entero del baño, tenía tanto que no me miraba vestida de esa forma que en un primer momento no me reconocí, pero, enfocando mi mente, peiné mi cabello que no mojé para luego, acomodar mi maquillaje medio corrido por el vapor caliente del cuarto de baño.
Antes de salir, reacomodé las medias en mis muslos, estaba nerviosa y ya eran los 20 que me había dado Damien, mis piernas temblaron ligeramente, me maldije a mí misma, había hecho esas cosas muchas otras tantas veces, ¿Por qué mis nervios me vencían? Tragué saliva, pasándome el nudo que se me había formado en la garganta, y salí dándole la cara a lo que me esperaba.
Sin embargo, no estaba preparada para mirar lo que vi frente a mí.
Damien, me esperaba, sus ojos verdes de fiera me devoraron en cuanto me vieron aparecer, estaba sentado en el sofá pequeño frente a su cama, con una pierna cruzada sobre la otra y vestido completamente de n***o, sus pantalones y su camisa de vestir parecían estar pintados en su musculoso cuerpo de hombre, el aliento escapó de mi cuerpo cuando lo miré contemplándome en silencio, con un brazo apoyado en el descansa brazos y la mano derecha apoyada entre sus suaves labios, como si se contuviera de devorarse los dedos, entorné los ojos mirando como su seriedad irradiaba nada más que dominio, disciplina…deseo.
Mis piernas y mi cuerpo entero temblaron, Damien seguía siendo imponente, más ahora que había perdido el hilo, sin embargo, aquello no apago la llama que ya se había encendido en mi cuerpo, sentí como mojé las ligeras braguitas que se clavaban en mi anatomía sin piedad, resoplé, él no me quitó los ojos de encima, mientras en un silencio que comía, movió un poderoso brazo para apuntarme el suelo frente a él.
-Ven aquí-. Me ordenó rompiendo su voz de trueno el silencio, temblorosa y tremendamente nerviosa caminé hacia él.
Me planté ante Damien mirándolo sentado, mis ojos lo inspeccionaron con la flama de mi cuerpo haciéndose cada vez más grande a cada segundo, él era todo un perfecto espectáculo sensual, los tatuajes de sus manos salían de las mangas remangadas y su camisa medio abierta le daba esa apariencia casual que acentuaba su rostro pálido, y sus ojos felinos parecían querer devorar todo a su paso.
Comencé a respirar apresuradamente, deseaba poner mis manos sobre él, tocar cada espacio de su piel caliente, Damien era adictivo, peligroso y apasionado, una excelente combinación para morir, pero, era un gusto del que nunca me gustaba privarme, me relamí los labios saboreando el sabor miel que tenía, pues, cada parte de mi gritaba por él, pero Damien se mantenía siempre expectante, calculador de cada uno de mis temblores, de mi piel erizada y el ritmo rápido con el que subía y bajaba mi pecho.
Luego, la sangre abandonó mi cuerpo sacudiéndome cuando él se puso de pie, tan alto como era, para imponerse ante mi pequeño cuerpo femenino, apreté las piernas cuando me tomó del pelo suelto con una fuerza que solo él podía ejercer, mitigué un gemido que se estancó en el interior de mi garganta, ansiaba por él.
Damien miró con hambre mi rostro para después alargar una mano hacia mí, me ericé cuando tocó mi pecho izquierdo con dedos apenas perceptibles, torturándome con solo el rose de sus yemas por mi pecho despierto, un cosquilleo me hizo entreabrir los labios al mismo tiempo en que él esbozaba una perversa sonrisa de labios cerrados, ¡Por dios!, jadeé temblando, él rosaba sus labios contra los míos en un jugueteo peligroso, su lengua humeante pasaba por mi boca, probando lo que tenía enfrente, como un niño que solo vacilaba con la comida, para después devorársela completa.
Apreté los ojos ansiosa, desesperada, por lo que me impulsé hacia enfrente, a su boca, aplasté mis labios en una necesidad cegadora, fue cuando nos fundimos en un beso hambriento, uno que llevábamos guardado por casi 2 años, su lengua experta se coló por mi boca tomando toda de ella, hasta que me dejó sin aliento, Damien estrechó su poderoso cuerpo contra el mío para fundirme lo más que podía, mientras sus manos hiperactivas masajeaban cada parte de mi cuerpo que ansiaba el tacto masculino desde hacía mucho tiempo.
-Extrañé esto-. Resoplé entre sus labios húmedos, él abrió los ojos, su mirada era asesina, sanguinaria, y, de un rápido movimiento me tomó en un brazo, gemí al sentir mis pies descalzos en el aire, despegándome de sus dulces labios me llevó a la cama donde me recostó junto a él, miré expectante mientras a un costado mío pasaba mi pierna derecha sobre la suya, abriendo mis piernas, fue cuando se movió de su lugar para acomodarse de rodillas frente a mi cuerpo inferior expuesto, tomó mis piernas con sus brazos para poner mis caderas sobre sus rodillas, mi corazón bombeo en mi pecho tan fuertemente que lo escuché galopar en mis oídos.
-Yo era el que extrañaba esto-. Murmuró rompiendo mi ropa interior con ambas manos, el rasguido me alteró, lo vi entre la luz roja de la habitación meterse los dedos en la boca, mi piel se estremeció, él recorrió con su lengua el largo de sus dedos sin dejar de mirarme con ojos brillantes como los de un gato, dándole esa apariencia del demonio que en realidad era, no perdí detalle de él, era tan lascivo que me volaba la mente, la saliva goteo por sus labios rojizos cuando los sacó de su boca, sabía a donde pararían esos dedos, por lo que mi respiración se entrecortó cuando vi bajar su brazo cubierto de tatuajes a mi entrepierna despierta.
Tuve un espasmo cuando rozó sus dedos en mi feminidad humedecida, jadeé mirándolo a los ojos, un estremecimiento recorrió mi espalda cuando comenzó un paseo por toda mi entrepierna que reaccionaba ante sus estímulos.
- ¡Por todos los demonios, mételos ya! - Jadeé en imploro luego de regresar mis ojos a él, que jugaba con mi cuerpo, como estaba acostumbrado hacer, Damien era un torturador, siempre lo había sido, pero su expresión era la de un total depredador, lo que me consumía completa.
-No-. Dijo con voz severa al mismo tiempo en que se arrojaba sobre mi como el león a su presa, grité al sentir sus manos sobre mí, de un poderoso brazo me sometió poniéndome de panza sobre la cama, sus fuertes manos llevaron las mías a la espalda, la sangre abandonó mi cuerpo ¿Qué va hacerme?, pensé.
Metió un brazo bajo una de las almohadas, donde sacó del interior aquellas cuerdas con las que lo había atado apenas una noche anterior, la garganta se me seco, pero lo dejé atarme las manos en complicados nudos, el jugueteo y la espera, mientras me ataba, me provocaron un goteo constante en la entrepierna, todo era parte del juego, amaba esa sensación de expectación por lo que no era de extrañar que mi calentura no hiciera más que crecer desmesuradamente.
Damien se detuvo a comprobar su trabajo cuando terminó, con las rodillas a mis costados y sentado sobre mi trasero se inclinó para volver a tomarme del pelo, haló mi cabeza hacia atrás pasando su lengua por mi oreja, mientras me hacía sentir su entrepierna endurecida como una roca entre mis glúteos desnudos.
Resoplé comenzando a sudar ligeramente por la temperatura de mi cuerpo.
Añoré el vacío que dejó cuando se bajó de encima mío para abandonar la cama, pero me sirvió para poder tomar aliento, lo seguí con los ojos, él dejó que lo mirara, se detuvo ante mi para sacarse la camisa de a poco, dejándome ver su bien trabajado cuerpo lampiño que refulgía con miles de moretones de líneas que evidenciaban mi violencia sobre él, debían dolerle, debían molestarle cada que se movía, lo que me voló la cabeza, mi depravada mente amaba que le dolieran, que se vieran, lo que hizo que estuviera a punto de ebullición.
Damien se sacó la camisa tirándola a sus pies, para continuar con sus pantalones, los que desabotonó en mi cara, de poder me prendería de ellos, ansiosa por volver a sentir su entrepierna en mi boca, la frustración me hizo jadear sonoramente.
Sin embargo, aún faltaba mucho para que yo pudiera sentir su piel en mis labios.
-Tengo un regalo para ti mi querida Stella-, dijo sonriendo con perversión, no le contesté solo me limité a mirar como del interior de su buró junto a la cama sacaba una mediana cajita negra, con un listón blanco rodeándola -esto te va a encantar-. Damien desató la cajita para abrirla con un brillo macabro en los ojos, temblé sintiendo miedo de pronto.
Y debía de tenerlo, lo que sacó del interior me causó un infarto.
En una de las manos de Damien pude ver un reluciente plug con una cola de conejo en la base, me quedé sin aliento mientras él sonreía con malicia.
- ¿Qué mierda? -Logré mascullar a duras penas.
Damien volvió a inclinarse sobre el cajón para sacar una oscura mordaza de bola, lo vi moverse hacia mi haciendo que entrara en ansiedad.
-Relájate Stella, ya conoces de estos-. Ronroneó mostrándome el reluciente plug que brilló rojo ante la luz de la habitación mientras ponía una rodilla sobre la cama para volver a sentarse sobre mis piernas traseras, mi corazón bombeo sangre a todo mi cuerpo, sin embargo, cuando abrí los labios para protestar él me acomodó la mordaza, sujetándola con fuerza en mi cabeza, silenciándome, dejándome completamente vulnerable ante su perversión, pero, aquello no apago mi fuego, el miedo revuelto con lo erótico del momento no seco mi entrepierna para nada, en cambio, la mojó todavía más.
Sentí los dedos calientes de Damien tocando mi entrepierna atrapada bajo él, tocó mis glúteos erizándome, mis nervios se esparcieron por mi cuerpo, mi espina se sacudió mientras resoplaba entre jadeos sobre la mordaza que comenzaba a humedecerse de mi saliva, Damien pasó la suave mota blanca por el largo de mi columna, causándome un escalofrió, la puso sobre mi espalda, haciéndome sentir el peso del metal frio en mi piel.
Gemí apretando los ojos, moví las manos, pero eso tampoco detuvo mi segunda sorpresa, pues, el plug comenzó a vibrar en mi piel tan potentemente que sentí como sacudió mis vértebras, con los ojos bien abiertos moví mi cabeza hacia Damien que tenía el plug sobre mi espalda y con su mano libre un pequeño control que regulaba las vibraciones. Negué con la cabeza en pánico, pero estaba claro que no se detendría, aunque le suplicara.
-Espero que te haya gustado tu regalo-. Masculló lamiendo el plug sin apartar los ojos de mí, calentándolo con su boca y mojándolo con su saliva, Damien nunca amenazaba, siempre accionaba por lo que sabía que él no estaba jugando, y dándome un par de poderosos azotes me tomó por las caderas, apreté los ojos mientras él ronroneaba como un gato hambriento.
Grité entre la mordaza arqueando mi cuerpo inmóvil, mis ojos su humedecieron mientras mi cuerpo era invadido por aquel plug, temblé en las manos de Damien, él fue cuidadoso, pero eso no impidió que me hiciera reaccionar de dolor.
Tomé aire con dificultad, cuando el metal quedo incrustado en mi trasero, el peso de él me dejó inmóvil mientras asimilaba aquel objeto con el cuerpo tenso y erizado, sin embargo, hubo nuevos azotes que me hicieron volver a gritar, el plug se movía en mi cuerpo con cada nalgada, apreté los ojos y los puños fulminándolo con la mirada, Damien lucía apetecido, tremendamente excitado.
-No puedes negar que no te está gustando-. Me volvió azotar, esta vez con mucha más fuerza, grité queriendo patearlo, pero no pude, ni siquiera pude moverme - ¿Porque no brincas para mí? - Ronroneo, escuché enseguida un ligero chasquido antes de que me desgarrara la garganta gritando, debido a que aquel plug comenzó a vibrar en mi interior, él se regocijó completamente fuera de sí.
Sentí sus dedos hurgar en mi v****a, volándome la mente.
-Aún no he terminado Stella-. Pude escuchar entre la neblina de mi mente, como se bajaba la cremallera de su pantalón, exponiendo su hombría tremendamente grande y dura ante mis ojos que lo miraban desde un hombro.
Moriré.
Mi mente flotó en un mar de sensaciones ya olvidadas, en medio de una tormenta de placer torcido que continuó durante toda la noche, dejé que me llevara entre sus olas, entre el torrente que me ahogaba, Damien era siempre tan único, tan sucio, tan insulso que no se podía llegar a la imaginación de lo que era capaz, dejé que se hiciera de mi cuerpo todo lo que quisiera, era delicioso, tremendamente doloroso pero emocionante, regresé a mi zona de confort de siempre.
Damien era mi droga, una de la que era esclava, una de la que no me quería apartar.