No me extraño que al llegar al “le figaro”, Olivia y Alex me atacaran con preguntas sobre qué era lo que había pasado la noche anterior, sin embargo, no estaba de humor, no era nada personal, pero, era un tema que no sabía cómo explicar, además estaba el tema de Isabella, quien no me habló cuando me vio aparecer totalmente molida por la tarde, sus ojos se limitaron a inspeccionarme con fastidio, y ponerme a trabajar sin descanso mientras yo, genuinamente intentaba con todas mis fuerzas, evitar a Noa, quien parecía estar extrañamente interesado en lo que estaba haciendo, además que en su mirada, pude descubrir cómo se le formaban las preguntas, unas que nunca emanaron de sus ojos, sabía que se moría por sacarme información sobre Damien, y yo, entendía que todo era demasiado extraño, pues, ellos sabían que él, no era cualquiera, sino el hijo de una poderosa familia rusa y noble que se daba sus gustos en el “le figaro” de vez en cuando, pero, lo que no podían comprender, era mi conexión con él, tema del que no estaba dispuesta a compartir, además, tampoco podía poner el riesgo mi trabajo por “distracciones”, como las de apenas una noche atrás, por lo que decidí enterrar ese tema, por más que Olivia y Alex insistieran en enterarse sobre qué era lo que había pasado.
Sin embargo, por más que lo intenté, no podía apartar a Damien de mis pensamientos, mucho menos luego de lo que había pasado entre nosotros, y, sobre todo, el hecho de que me lo había encontrado en el lugar menos pensado, y eso me afectaba de tal manera que se me dificultaba concentrarme, trayendo como consecuencia que Isabella me regañara un par de veces, pero, el que ella me reprendiera me ayudó a distraerme, mi mente estaba que no paraba y yo sentía que me estaba volviendo loca.
-Si bueno-, interrumpió Olivia mis pensamientos mientras llevábamos charolas en las manos a una mesa cercana -yo también estaría distraída todo el día si ese delicioso comensal de anoche me habla-. Dijo apartándome un poco con su cuerpo, sino terminaría chocando con una mesa con comensales, mi corazón respingó, le agradecí con la mirada, resople y forcé una sonrisa cuando dejé los platos en la mesa donde debían estar, y regresando limpie el sudor de mi frente con una mano con disimulo, pero Olivia y Alex me alcanzaron, con las manos en la espalda y un gesto elegante se acercaron entre sonrisas a los comensales.
- ¿Ya vas a contarnos de donde lo conoces? – Preguntó Alex sonriendo, solté un largo suspiro, a pesar de que no estábamos tan llenos y ya no había tanta carga de trabajo, no pude dejar de sentirme asfixiada, pestañé mirando a mi amigo poniendo los ojos en blanco.
-No lo conozco de nada-. Respondí rápidamente, mientras me acercaba a una mesa de comensales, a los que les pregunté si todo estaba bien, tanto Alex como Olivia soltaron un largo suspiro de fastidio, pero, eso no impidió que detuvieran sus interrogaciones.
-Eres una asquerosa mentirosa Stella-, replicó Alex poniéndose las manos en las caderas, Olivia sonrió, bufé mientras caminaba por el área de los comensales -eso que vimos anoche no fue de alguien que no conoces-. Se cruzó de brazos haciendo un puchero, pero Olivia se acopló a mi lado izquierdo, miró con reprimenda a nuestro compañero.
-Perdónanos amiga, pero, si nos asustamos por ti, anoche todo parecía muy serio-. Confesó ella haciendo que soltara un suspiro de agotamiento, al mismo instante en que llegábamos a la barra, donde nos apostamos los tres.
Los miré con los ojos irritados.
-Les pido me perdonen por preocuparlos, pero no hay nada que sea interesante que contar-. Dije sonriéndoles con ganas, ellos se miraron fijamente, soltaron un largo suspiro y asintieron con la cabeza.
-Espero que puedas tenernos la confianza de contarnos que está pasando-, interrumpió una voz adicional que me hizo tener un estremecimiento, cerré los ojos cuando reconocí la voz de Noa en mi espalda, me giré, topándome con sus hermosos ojos que me inspeccionaban completa -así podemos saber cómo ayudarte-. Noa alargó un brazo para tocarme el hombro, lo que me provocó un respingo nervioso, su mero tacto a pesar de todo, me sacaba de mi concentración, suspiré sintiendo la calidez de su mano.
-Se los agradezco-. Fue lo único que pude decirles.
Noa apartó su mano volviendo al trabajo junto a su compañero, mientras Alex soltaba un largo bostezo, paso su brazo por mi cintura y me estrechó a él con aprecio.
-Además, me gustaría si se pudiera, si me podrías presentar a esa sexy que venía con él-. Musitó con ojos brillantes, lo que me hizo sonreír involuntariamente, Annia no era para todos los hombres, pese a que siempre fue muy popular entre ellos, ella no era cualquier chica, por lo que me vi en la necesidad de cubrir mis labios con una mano, “Si tan solo supiera”, pensé, sintiéndome un poco más animada.
Pero el trabajo no esperaba, por lo que no paso mucho tiempo para que nos pusiéramos en marcha, pues, conforme se hacía más tarde, más comensales llegaban, por lo que el restaurante se llenó, no como solía hacerlo, pero si hubo trabajo por hacer.
Mitigué el temblor en mis manos cuando controlé la cascada de pensamientos que me seguían atacando como un torturador sin piedad, el trabajo y el apoyo de mis compañeros, había logrado ayudar un poco, pero lo que vivía constantemente, era demasiado como para pasarlo de largo, las palabras de Damien se repetían una y otra vez por mi cerebro, como una advertencia de lo que pasaba cuando él y yo estábamos juntos, una consecuencia que era tan poderosa como la explosión de una bomba atómica en mi corazón, Damien era único y sabía en lo que me metía si aceptaba la invitación de él, mi piel se erizó al recordar lo que pasaba, tuve que frenarme un poco en mi camino con charola en mano, mi cuerpo se sacudía deseoso cada que fragmentos de recuerdos delicioso se colaban por mi mente, accionando de nuevo mi cuerpo, el que me pedía a gritos regresar a ese pozo retorcido del que apenas había logrado salir viva, mientras mi mente, mi razonamiento me advertía por todo lo que había pasado para llegar hasta donde estaba, tragué saliva con dificultad, pero continúe con mi trabajo mientras decidía que era lo que debía hacer con mi destino a partir de ese día, Alex tronó sus dedos frente a mí, sacándome de mi letargo, parpadeé mirándolo con ojos bien abiertos.
-Stella-, me dijo pasando los platos sucios de mi charola a la suya -aterriza ya, necesito que levantes las copas de la barra, el idiota de Noa no sé dónde se metió y la entelerida de Marina no está para limpiar la barra-, musitó mientras terminaba -se supone que es su trabajo y está haciéndose tonta con la mesa del fondo-. Refunfuñó mi amigo sosteniendo la charola con una mano, para después empujarme levemente por la espalda.
-No hay problema Alex, yo lo hago-. Respondí sintiendo un poco de hartazgo, estaba cansada de ser incluso la mandadera de mis propios amigos, pero Isabella no parecía querer que eso cambiara, por lo que me puse en marcha, llegué comenzando a quitar las copas vacías que el compañero de Noa no quitaba.
-Braian-. Lo llamé sutilmente, el chico me miró con ojos aburridos.
- ¿Qué? -Respondió en medio de la preparación de un Martini.
-Se que no es tu trabajo, pero, podrías ayudar a Marina a limpiar un poco la barra-. Musité con el ceño fruncido, él soltó un bufido molesto mientras hacia un gesto con la mano sobre su frente, como si saludara a un capitán, fruncí los labios irritada.
Luego mientras terminaba de acomodar las copas sobre la charola, escuché una cantarina voz que me llamó desde mi espalda, tomé aire por la nariz y con una sonrisa me giré para atender a la comensal, sin embargo, mi sonrisa se vio afectada cuando miré un rostro de porcelana y un lustroso pelo rubio, parpadeé afianzando la charola en mis manos, la anterior mesera, la simpática y sonriente París me llamaba con una linda sonrisa en sus labios rosados ¿Qué mierda quiere aquí?, me relamí los labios, recorriéndola completa, en verdad era muy guapa y olía bien, su belleza resaltaba con su entallado vestido de coctel rojo y unos zapatos abiertos dorados, apreté los labios mirándola fijamente.
-Oh, hola ¿Puedo ayudarte en algo? – Logré preguntarle sin apartarle los ojos de encima.
-Ah, disculpa, pero-, ella entrecerró los ojos mirándome con interés -tú debes de ser mi “remplazo”-, soltó unas delicadas carcajadas, apreté los dientes ¿Remplazo? -oh, pero perdón, soy París-, me extendió una mano, la miré con una ceja levantada mientras le mostraba que tenía las manos ocupadas, lo que la hizo sonrojarse -bueno, solo espero que el trabajo te vaya bien-. Musitó mientras un dejo de envidia me envenenaba el cuerpo, incluso sonrojada lucía bellísima.
- ¿Puedo ayudarte? -Repetí con fastidio, no estaba de humor para atenderla, además de que todavía tenía trabajo por hacer.
-Oh si, perdón-, volvió a reírse con nerviosismo -pero, estoy buscando a Noa-, dijo haciendo que la sangre abandonara mi cuerpo -me dijo que estaría en la barra, pero, no lo veo por ningún lado ¿De casualidad tú sabes dónde está? -Pestañeó mirando por encima de mi cabeza, sin embargo, ella me había dejado muda, Olivia no se había equivocado, apreté mucho más la charola en mis manos, tanto que las copas vacías temblaron débilmente, mi corazón se sacudía dolorosamente.
-Yo…-, titubé, ella regresó su mirada a mí con confusión -perdona, pero yo no…-
- ¡Ey! -, me interrumpió la voz de Noa, lo que me erizó la piel, no me moví, solo miré como ella alargó su sonrisa mirándolo aparecer hacía la barra, un nudo se me formó en la garganta cuando la vi moverse de mí, actuando como si yo nunca hubiera estado allí, para arrojarse en un abrazo hacia Noa quien la miraba como él me había visto en aquel callejón, me mordí los labios con los ojos humedeciéndose -llegaste un poco temprano-. Escuché decir a Noa, París se sentó con coquetería en un banquito frente a la barra, sin dejar de mirarlo.
-Era para que me invitaras un coctel-. Dijo ella riéndose de su estúpida ocurrencia, pero al parecer funcionó, pues, Noa también rio con ella.
Tragué el nudo en mi garganta con dolor, aquel chico del que había quedado prendada de sus labios la otra noche, parecía que ahora era un desconocido, no pude evitar que no me doliera, ya había tenido suficiente con él, aquello me había demostrado que él no estaba interesado y que yo, no había sido más que mera calentura, una que ni siquiera había llegado a completarse, quise tirar la charola en el suelo de un aventón, pero me contuve, esas era sus elecciones y yo… debía hacer las mías.
Por lo que, completamente herida dejé la charola sobre la barra haciendo un ruido que distrajo la animosa atención de ellos y de algunos comensales que bebían, desconocidos a mis emociones.
- ¿Pasa algo Stella? – Peguntó Noa luego de entregarle una copa de Wiski a Paris, quien me miró por sobre su maquillaje de ojos con el ceño fruncido.
Pero yo no le respondí, solo me alejé, debía salir de allí o terminaría rompiendo en un llanto histérico, me encaminé al pasillo donde encontré a una Isabella atareada, ella me llamó pero la pasé de largo, haciendo que me mirara caminar con las manos en las caderas y una expresión de extrañeza en el rostro, ni siquiera la podía tolerar a ella, por lo que seguí mi camino hasta que llegué a la bodega de vinos, era el cuarto más alejado después de la despensa de carnes, por lo que agradecí que estuviera vacía.
Y con las manos temblorosas y las lágrimas amenazando con salir de mis ojos, saqué la elegante tarjetita que me había dado Damien del escote de mi blusa, y sacando mi celular marqué el número que estaba marcado en el papel.
No tuve que esperar, pues él levantó en el primer sonido de la línea.
- ¿Stella? – Dijo Damien desde el otro lado de la línea.
Contuve mis ganas de romperme, apreté los dientes esperando unos cortos segundos, unos en los que Damien aguardó pacientemente.
- Iré, esta noche-. Dije, él no respondió y yo, solo colgué.
Esa noche, regresaría al infierno.