-Ven-. Susurraba a Noa mientras lo llevaba de la mano por los jardines frontales de la enorme mansión negra de fantasías, él me miraba como si estuviera envuelto en un hechizo peligroso, todo parecía irreal, vaporoso y acuoso, sus pies andaban como si estuvieran pisando nubes, Noa no sonreía, solo me miraba, como si no existiera nadie más que yo, había un brillo en sus ojos que resultaba espectral, como si fuera conducido por el camino de piedra por un fantasma, él no miró hasta que las puertas de doble ala se plantaron frente a su rostro, un rostro que miró con asombró el lujo exterior que se revelaba ante sus ojos, sonreí con malicia, luego, la pequeña puertita rectangular se abrió sobresaltándolo, los ojos del interior nos escrutaron por unos cortos segundos, para después abrirse en un

